ESCRITORES Y ARTISTAS ASTURIANOS

ÍNDICE BIO-BIBLIOGRÁFICO

ALVAREZ (Valentín Andrés).

Escritor contemporáneo, nacido en la villa de Grado el 20 de julio de 1891, oriundo de antigua familia avilesina por parte de la madre, doña Victorina Alvarez, casada con don Casimiro Alvarez, leonés, farmacéutico de profesión. Como puede advertirse, el primer apellido de Valentín Alvarez no es Andrés, cual se supone y acredita corrientemente, sino también nombre, nombre del abuelo materno, como Valentín lo era del paterno

Como prólogo a la novela Naufragio en la sombra, Valentín Andrés Álvarez ha puesto una sustanciosa autobiografía, que vamos a utilizar en gran parte para estos apuntes.

“Lo primero que se vió en mí, recién nacido—dice—fué la gran semejanza con mi abuelo materno. Yo, por de pronto, no era un ser completamente inédito. A causa de este parecido extraordinario, comprobable en la fotografía de ambos, yo puedo saber hoy cómo será a los sesenta años, pues tengo ya un retrato de esa edad. Pero si salí a mi abuelo en lo físico, continuó a mi padre en lo moral. De él recibí mi falta de voluntad y mi carácter voluntario, así como la gran afición a diversiones y viajes. Mis virtudes y mis vicios son suyos. Ni por aquéllos tengo mérito, ni por éstos responsabilidad.

”De mi asistencia a la escuela recuerdo muy bien el día que me entregaron los dos primeros libros venidos a mis manos: uno de Aritmética y otro de lecturas. Cuantos libros leí después no se diferenciaron gran cosa de éstos. O fueron de cuentas o de cuentos. A los diecisiete años di fin, con gran provecho, a mis estudios secundarios, y con no menos aprovechamiento, a mis amoríos secundarios. Me fui a estudiar a Madrid con todo el bachillerato de la vida terminado, completamente graduado en adolescencia. En Madrid me interesaron tanto las clases de la Universidad como los bailes de Barbieri. La ciencia y la vida.”

Los estudios seguidos por Valentín Andrés Álvarez en Madrid fueron los de la Facultad de Ciencias, de los que se licenció en 1912, a los veintiún años. Dispuesto a seguirlos hasta doctorarse, ingresó en el Laboratorio de Investigaciones Físicas, dirigido por don Blas Cabrera, y se graduó de doctor en 1914. Entusiasmado con los maravillosos trabajos de investigación que se efectuaban en ese laboratorio, surgió en él una fuerte vocación de astrónomo.

“Comenzó a interesarme entonces—sigue él mismo—la Astronomía estelar. Me seducían esos aparatos sutiles que sirven para hacer análisis químicos en las estrellas. Por vez primera fijó una profesión: astrónomo. Si los astros encontraban en mí habilidad e inteligencia suficientes, me irían entregando sus secretos, como lo hacen a los rarísimos sabios elegidos. ¡Cómo me seducía la idea de ser un sabio de esos elegidos por las estrellas! Pero tenía yo tan poca habilidad y constancia, que no me eligieron, y tuve que renunciar a conseguir un cargo que habría de obtenerse por elección estelar. Nacieron entonces mis aficiones poéticas. Allí mismo, en el Laboratorio de Física, donde todo se medía, donde a cada cosa se aplicaba la métrica adecuada, aprendí a medir mis emociones en metros rubenianos. Preparaba mi primera evasión. Pero entre la poesía y la ciencia hay cierta región intermedia: la Filosofía, que unas veces es ciencia elevada a poesía, y otras poesía rebajada a ciencia. Salí del Laboratorio para seguir los cursos de don José Ortega y Gasset. Pasó de la Física a la Metafísica… Ortega y Gasset daba sus explicaciones universitarias colocado al extremo de una larga mesa, en torno de la cual nos sentábamos sus alumnos… Salíamos al anochecer, y yo, muchas veces, con la crítica de la razón pura bajo el brazo, me iba a bailar a Maxim’s. Los mismos oídos que recogieran momentos antes graves problemas metafísicos, recibían ahora tangos y foxtrotes. Dentro de mí tuvo lugar el contacto cósmico de la categoría kantiana y el tango argentino. Emparejamiento tan extraño no fué estéril. Tengo a todas mis obras por hijas de él.

”La ciencia me atrajo nuevamente. Volví a trabajar con Cabrera. Por su consejo me fui a París el año 19, a estudiar Astronomía, a especializarme en mecánica celeste. Pero volví con un libro de versos, Reflejos, publicado el 21. Había ido a París a hacer un curso de Mecánica celeste e hice celeste mecánica… Pero cuando regresó a Madrid no era tampoco la poesía lo que me inquietaba, sino la Economía política. Me picó y me intoxicó esta nueva afición una tarde en París, y en la Biblioteca de Santa Genoveva… Aquella tarde, en el pupitre de mi izquierda vi un libro abandonado. Era el Tratado de Economía política matemática, de Vilfredo Pareto. Lo hojeó, y tanto me interesó, que en dos meses no hice más que leer aquella obra.

”Por entonces, Díaz-Canseco me presentó a don Antonio Flores de Lemus, con quien estuve estudiando economía política durante algunos años; mientras, por consejo suyo, seguía la carrera de Leyes, que terminó el año 24. Pronto comencé a ser infiel a la economía, para coquetear de nuevo con la literatura; coqueteo que tuvo consecuencias, pues salió de él la novela Sentimental Dancing, publicada el 25. Como no había llegado a ser astrónomo, ni poeta, ni filósofo, tampoco sería economista. Ortega me dijo un día que yo soy el hombre que siempre está dejando de ser algo. Ciertísimo. Mas esos seres que maduraron en mí los recogieron otros. Conozco a los que yendo a la zaga mía ocuparon los puestos que varias veces me reservó el destino; sé quién es el astrónomo, el filósofo y el catedrático de Economía que yo no fui, esos que recogieron mis personalidades abandonadas y viven ahora posibles vidas mías.”

En 1925 fundó en Madrid, con Benjamín Jarnés. Guillermo de Torre y otros escritores jóvenes la revista literaria Plural, que tuvo corta vida. También por entonces colaboró, sin asiduidad, como es su característica, en otras publicaciones, tales como las revistas España y La Pluma. Y de esa fecha arranca su colaboración, más continuada, pero esporádica, en la Revista de Occidente. Posteriormente ha asomado su pluma, ésta es la justa expresión, a otras publicaciones. también ha hecho pinitos de conferenciante.

“Un padecimiento estomacal —sigue diciendo—me impuso, poco después larga temporada de asueto y severísimo régimen alimenticio. Al fin, tras de varios meses de abstinencia y reposo, el doctor me dió de alta un día, diciéndome que mi estómago no requería ya régimen alguno; es decir, que estaba ya en disposición de poder estropearlo otra vez.”

Valentín Andrés Álvarez contrajo matrimonio en Dóriga (Cornellana) con la señorita Carmen Corugedo, el 8 de septiembre de 1927.

Dos años después hizo su primer ensayo de comediógrafo, con la comedia ¡Tararí!, estrenada en el Teatro Lara, de Madrid, con gran éxito, al punto de ser el más resonante de aquella temporada. ¡Tararí! es una comedia de locos que está inspirada en el cuento de Edgar Poe, El sistema del doctor Brea y el profesor Pluma, comedia rebosante de agudezas y situaciones graciosísimas, y que algunos directores de compañía habían rechazado por irrepresentable. En el verano siguiente (1930) estrenó en Oviedo con mediano éxito otra comedia, al volver del gran viaje, que no llegó a ser puesta en escena en Madrid. Y en ese mismo año publicó una deliciosa novela. Naufragio en la sombra, que fué otra afirmación de sus excelentes cualidades de escritor. Porque entre lo que Valentín Andrés Álvarez no ha querido o no ha llegado a ser, ha conseguido ser algo: uno de los primeros escritores españoles de su generación.

Obras publicadas en volumen:

I.—.Reflejos. (Madrid, 1921; poesías.)

II.—Sentimental-Dancing. (Madrid, 1925; novela.)

III.—Tararí… (Madrid, 1929; farsa cómica en dos actos y un epílogo, estrenada en el Teatro Lara, de Madrid, el 25 de septiembre de ese año.)

IV.—Naufragio en la sombra. (Madrid, 1930; novela.)

 

Trabajos sin formar volumen:

  1. —Telarañas en el cielo. (En la Revista de Occidente, Madrid, 1925; narración.)
  2. —La templanza. (En el libro Las siete virtudes, Madrid, 1931, con Gómez de la Serna, Benjamín Jarnós, Díaz Fernández y otros.)

Referencias biográficas:

Alvarez (Valentín Andrés).— Prólogo a su novela Naufragio en la sombra. (Madrid, 1930.)