ESCRITORES Y ARTISTAS ASTURIANOS

ÍNDICE BIO-BIBLIOGRÁFICO

CARAMES (Francisco).

Escritor contemporáneo, de batalladora pluma al servicio de los humildes y de las reivindicaciones sociales. Nacido en Presa, lugar de la parroquia de Santa Cecilia de Seares (Castropol), el 4 de octubre de 1896. Fueron sus padres don Manuel Caramés Amor y doña Concepción Riopedre Fernández.

Su infancia y adolescencia, que transcurrieron desde pocos meses después de nacido en Ribadeo, fueron de una tristeza desoladora.

“Mi padre—nos dice él mismo— hacía herradas que mi madre vendía los sábados en el mercado de Vegadeo, comprando luego distintas cosas que revendía en Ribadeo para ganar algo con que contribuir al sostenimiento de la casa. Tengo la casi seguridad de que era ella la que más aportaba.” El padre llevaba una vida desarreglada por sus aficiones al alcohol. “Las disputas en el hogar eran diarias. Más de cien noches, mi madre, mis hermanos y yo dormimos en los portales de las casas vecinas, y no han sido tampoco escasas las que nos sirvieron de camas los bancos de los muelles de Figueirua y de Porcillán, en Ribadeo, porque así, el día sorprendía a mi madre más cerca de los pescadores, a los cuales compraba la pesca. Mis padres eran el fruto de ignorancia y abandono en que les tenían sumidos los que de la ignorancia de las clases humildes vivían y viven, los que tanto blasonan de amor a sus semejantes. En mi pueblo, los representantes de lo tradicional—salvo raras excepciones—no se fijaban ni poco ni mucho en el ejemplo que este matrimonio daba a sus hijos. Aún recuerdo como una pesadilla el día en que alguien me aconsejó darle un palo en la cabeza a mi padre cuando se hallaba embriagado.”

Toda su instrucción se redujo a la asistencia durante algunos meses a una escuela pública instalada en un caserón frío, tétrico, situado en un rincón conocido por O Patín. Mi afición al estudio — continúa Caramés —era extraordinaria. Cuando reunía algún dinero, compraba libros de cuentos y pagaba a quien me los leía. Cuando ya logré hacerlo solo, una verdadera hambre de lecturas me retenía muchas noches en los portales que tenían luz eléctrica.” Más tarde le proporcionaban libros en préstamo algunas personas ilustradas. “Un Agustíno, el P. Víctor Martínez, hizo por mí, en cuanto a ilustración, más que mi padre. Un sacerdote, entonces recién ordenado, estimulaba igualmente mis ansias literarias.” 

“A los doce años—continúa—ya estaba de criado en casa de un comerciante apodado C… Tenía un establecimiento mixto de bebidas y venta de ropas de aguas popularísimo en las cuatro provincias gallegas, y entre los marineros de Vizcaya y Asturias. Al rótulo principal del establecimiento se añadía en inglés: Salones para hombres solos, y solía decirse en el pueblo: “Cuando no hay pescado en casa de C… no lo hay en el mar.” En esta casa conocí las primeras amarguras de mi vida. Lo mismo despachaba en el mostrador que me tenían media tarde acarreando baldes de agua desde la fuente cercana de Guimarán, o veían, sin la menor piedad, cómo me reventaban las manos y los pies con el frío al limpiar el depósito de acetileno. Cuando esto sucedía, C…preparaba una endiablada mezcla de café y ron que actuaba en mi estómago de motor, y a trabajar a las lanchas que tenía para transportar marineros entre los vapores pesqueros y los muelles o a las gabarras destinadas a la descarga de los buques.”

“C… me enseñó todas las maldades de la picaresca, desde robar algunas merluzas sin que se dieran cuenta los pescadores, hasta bautizar el vino, mediante un habilísimo escamoteo, ante los mismos ojos de los que habían de beberlo. En una ocasión estuvimos varios días desvalijando la tienda, pues la había traspasado a un señor sin hacer el inventario, y después de tanto trabajo, resultó que el nuevo dueño no quiso el negocio, porque el saqueo había sido demasiado visible.”

Alternadas con el trabajo propio del establecimiento estuvo dedicado a faenas marineras y después durante algún tiempo a la pesca de la sardina. En estas ocupaciones corrió numerosos riesgos de perecer ahogado. Después, al establecerse en Ribadeo una panadería mecánica, ingresó en ella para cuidar del caballo que tiraba del cabrestante o malacate y transportar por las mañanas el pan a Figueras y Castropol. Le servía de barquero para atravesar la ría otro joven que escribía ya en los periódicos locales, Pedro G. Arias, incluído también en este índice, a quien Caramés admiraba y con quien se aficionó en las conversaciones a las cosas literarias. La representación, por entonces, del drama El místico, de Rusiñol, primero, y de la escenificación de Marianela, de Pérez Galdós, después, fueron “motivos, un tanto inconscientes, para fortalecer en él esa vocación. Sus iniciaciones de escritor nos las refiere él mismo del siguiente modo: “Las horas que tenía en la panadería de descanso entre una y otra hornada las dedicaba a escribir para ejercitarme en la redacción de cartas. Tomaba como modelo lo que más me agradaba de cada una de las chicas de Ribadeo y también de las villas inmediatas Castropol y Figueras, Las cartas, naturalmente, iban todas a un sobre que yo conservaba con todo cariño. Cierta tarde, corriendo sobre una lengüeta de arena que queda entre Galicia y Asturias a bajamar, que llaman O Tesón, llevaba la chaqueta al brazo y el sobre de las cartas se cayó. Una mujer de buen humor —era reformista—, llamada La Esmeralda, cogió el sobre y fué entregando una por una las cartas a las jóvenes por mí aludidas. En bastante tiempo no me fué posible salir a la calle sin ser objeto de las ironías y las pullas y las risas mortificantes de ellas.” En el verano de 1914 se trasladó a las minas de Villaodrid, del mismo partido judicial, a trabajar también como panadero. Como el trabajo no era excesivo, pudo dedicarse a la lectura con verdadero ahínco y robustecer notablemente su ilustración. Por fin se decidió a ejercitarse en la literatura, y compuso un soneto que un semanario local publicó entre los anuncios, pese a lo cual, todos sus amigos lo leyeron, Trasladado más tarde a Muras, de la misma provincia de Lugo, llegado por la aspiración de ganar cinco reales de jornal, continuó aquí sus ejercicios literarios con el envío de algunas crónicas al decenario de Vivero Juventud. 

En Muras llevó a efecto una aspiración muy acariciada: la de ser suscriptor del periódico El Motín, que dirigía en Madrid don José Nakens. “Yo no contaba con las dificultades—dice—, Allí el cura era muy amigo del cartero y ambos se las arreglaban para leer el semanario revolucionario y anticlerical madrileño que yo había pagado, sin dejarlo llegar a mis manos.”

Siempre a expensas de su oficio de panadero, regresó más tarde a Ribadeo y pasó luego a Tapia (Asturias). Por entonces comenzó a colaborar en Las Riberas del Eo, editado en la primera de esas poblaciones. Posteriormente se trasladó a Gijón y después a Candás.

En esta villa, ya interesado por los problemas sociales, fué donde verdaderamente se inició en su ya larga ocupación de periodista. Colaboró frecuentemente desde allí en el citado periódico, en Castropol, La Semana Luarquesa y Río Navia, editados respectivamente en las villas indicadas en los títulos.

Entonces y después ha solido emplear algunas veces el seudónimo de Gil Blas.

“En el año 1920—continúa él Mismo—marché a Langreo y en La Felguera fundó un periódico intitulado El Valle de Langreo, de vida efímera. Este mismo año estrené en Sama mi drama Augusto Marqués. Digo mi drama y no un drama porque, efectivamente, Augusto Marqués podía ser el Francisco Caramés de entonces. La obra tuvo un éxito que sorprendió a su propio autor, como diría cualquier gacetero amigo. Me llenaron de elogios y ningún empresario quiso aceptarla, pese a las veces que lo intenté. Decepcionado, escribí el cuento alusivo Buitres, que mereció muchos comentarios. En agosto de 1922 volví a Ribadeo y estrené allí la obra con una compañía que rotulaban Nieves Barbero y Manuel Trujillo. Mis vecinos antiguos me llenaron de elogios. Con ellos—con los elogios—y algunas pesetillas mías llevé la compañía a Tapia a representar la obra que una semana antes se había representado en Ribadeo. Perdí mis pesetas y las que habían ingresado en taquilla; pero me di por satisfecho con el triunfo obtenido. Ya es sabido que los soñadores O aspirantes a soñadores no dan demasiada importancia a esto del dinero.”

En Tapia contrajo matrimonio el 12 de marzo de 1923 con la señorita María García Galán. “A los quince días de casado emprendí un viaje, pudiéramos decir de circunvalación a España, que duró cerca de dos años. Las comadres lamentaban el que hubiera dejado a mi compañera tan pronto. El viaje fué con mis propios medios, naturalmente. Desde este momento corrí lo mío.” Gran parte de ese viaje, desde Oviedo por San Sebastián, Zaragoza, Barcelona, Valencia, Alicante y Sevilla, lo desarrolló a pie de pueblo en pueblo, participando en algunas de esas ciudades en las tareas y movimientos de carácter social. Desde Sevilla regresó embarcado a Gijón. Unido en Tapia con su esposa, se trasladó con ella a La Felguera y poco más tarde a Oviedo, requerido para formar parte de la Redacción del diario Región. Desde entonces viene consagrado al periodismo, con residencia habitual en la capital de la provincia. Perteneció luego por espacio de cuatro años a La Voz de Asturias y uno más luego a Región. Entre otras representaciones de periódicos de fuera de la provincia tuvo en ella las del diario madrileño La Libertad y el semanario barcelonés La Calle.