ESCRITORES Y ARTISTAS ASTURIANOS

ÍNDICE BIO-BIBLIOGRÁFICO

MARTINEZ RIESTRA (Ceferino).

Escritor contemporáneo, que se ha formado intelectualmente en Méjico, donde residió muchos años. Nació en la aldea de Orizón, inmediata a Nava, el 29 de julio de 1880, en hogar de modestos labradores don Teodoro y doña Vicenta.

Cuando andaba por los doce años, sin más bagaje que una deficiente instrucción primaria y una viva imaginación, emigró a Cuba, al amparo problemático de un lejano pariente.

Su protector le empleó como ayudante de un carretero de arena pero en vista de la débil resistencia física del muchacho fué preciso relevarle de ella, y al pariente le consiguió entonces un puesto de aprendiz a dependiente en un comercio de El Rosario, en la provincia de Pinar del Río, Bastó una injusta reprimenda para que abandonara esa colocación, escapándose una noche con dirección a Bahía-Honda, donde toma un vapor con rumbo a La Habana. Esta aventura tuvo un epilogo de folletín. El vapor en que viajaba, pequeño y viejo, llamado El Tritón no tuvo fuerzas para resistir los embates de una tempestad desatada en alta mar, y se fué a pique; entre las personas salvadas de la catástrofe figuraba Martínez Riestra.

Algún tiempo después de su llegada a La Habana decidió trasladarse a Veracruz (Méjico), por si le servía de algo un tío que allí tenía. En Veracruz encontró trabajo en una casa de comisiones, se hizo tenedor de libros y muy pronto regresó a Cuba.

Fué aquí ahora donde se inició como cronista en el Diario de la Marina, de La Habana, y colaboró con más crónicas y Cuentos en otras publicaciones habaneras.

Nuevamente volvió a establecerse en Veracruz, donde ocupó buena parte de sus momentos de ocio como redactor-corresponsal del diario El Mundo, de La Habana, Por espacio de unos seis años.

Más tarde se trasladó a Tampa y decidió aprender el ofició de tabaquero, la dedicación de más seguro rendimiento y porvenir en esta población. Mientras ponía su mayor empeño en aprender tal oficio sostuvo una fuerte campaña periodística en la que abogaba por el mejoramiento económico de la clase proletaria a que pertenecía. Muchos de esos artículos aparecieron bajo el título de En pro del obrero y con la firma de Hasta mañana. El resultado de la empresa fué que se le diera de baja en la fábrica donde venía trabajando y que se le cerraran las puertas de otras por agitador.

Había que buscar otro modo de vida. Entonces hizo oposiciones a una plaza de escribiente en la aduana de Veracruz y la obtuvo. En las oficinas de la Aduana trabajó por espacio de varios años, llegando a desempeñar el puesto de secretario.

En ningún momento olvidó sus actividades de publicista. Además de sus colaboraciones en diversos periódicos de Veracruz y Méjico fundó, con el también escritor asturiano Ricardo de Alcázar, en la primera Ciudad una revista literaria y artística con el título de Gente Nueva, que alcanzó un año de vida solamente, con gran esfuerzo y sacrificio de los dirigentes y colaboradores. Por esta época Martínez Riestra, que ha firmado casi siempre sus escritos con el verdadero nombre, empleó algunos seudónimos, entre ellos y con mayor asiduidad el de Mercurio.

Además de la labor destinada a los periódicos se inició como «novelista con la publicación de Los dos huérfanos. Algunos años después hizo una selección de cuentos y crónicas en un volumen titulado Productos de la afición. Ambos libros merecieron elogio de la crítica.

Poco después de iniciada en noviembre de 1910 la revolución dirigida por Francisco Madero contra el dictador Porfirio Díaz, Martínez Riestra se trasladó a la capital de Méjico, atraído por la nobleza de la causa revolucionaria. Al servicio de ella puso románticamente su pluma como redactor de unas hojas volanderas que aparecían firmadas por La Comisión Revolucionaria. Esta empresa, al triunfar la contrarrevolución dió lugar a que fuera perseguido y encarcelado largo tiempo en una y mazmorra de la prisión militar de Santiago Tlaltelolco, de la que todas las noches eran sacados por grupos los detenidos para, sin formación de causa ni otros requisitos legales, ser pasados por las armas. Fueron muchos los días angustiosos que Martínez Riestra esperó el momento de ser fusilado. Pero tras algún tiempo de prisión se le puso en libertad.

Tan pronto como la recobró se incorporó a las fuerzas constitucionales, en las que alentaba el espíritu de Madero, dispuesto a correr la ventura o la desventura de ellas. Cuando las huestes de Venustiano Carranza entraron en Veracruz y fundaron como órgano oficial de ellas el periódico El Pueblo, Martínez Riestra fué designado para formar parte de la redacción.

El triunfo de Carranza le permitió reintegrarse al cuerpo administrativo de Aduanas y ejerció durante varios años el puesto de secretario de la Dirección General, primero, y el de jefe de la Sección de Juicios, después en Méjico capital.

A más de sus abundantes colaboraciones periodísticas, de este tiempo datan su segunda novela, A la vera de la muerte, y una zarzuela, La gran plancha, que obtuvo el aplauso del público en el Teatro Lírico y en otros escenarios mejicanos.

A realzar la personalidad literaria de Martínez Riestra contribuyeron dos galardones, consistentes en dos primeros premios, en los cursos celebrados por el diario El Imparcial, por sus cuentos Tacho Y El tema obligado, el último de los cuales se ha reproducido en Cuentistas asturianos, obra del autor de esta semblanza. También contribuyó la robustecer su personalidad la dirección de la revista española Rojo y Gualda, que había fundado Ricardo de Alcázar, y cuya dirección traspasó luego al poeta Alfonso Camín.

Hacia 1919 se le trasladó a instancia suya a la Aduana fronteriza de Ciudad Juárez con el cargo de contador. Iba buscando mejor clima y más tranquilidad para el restablecimiento de su quebrantada salud pero hubo de dejar el destino y llevó a cabo un viaje a España con la esperanza de reponerse. A España vino en calidad de redactor-viajero de El Día Español, de Méjico.

Desde 1923 Martínez Riestra tiene establecida su residencia habitual en Madrid, sólo interrumpida por algunos viajes dentro de España, uno a Méjico y temporadas veraniegas en Asturias. Con el mismo fervor de siempre viene cultivando las letras, y desde su regreso a España ha publicado nuevas novelas y segundas o terceras ediciones de otras y al laborado en numerosas publicaciones, entre ellas: El Comercio y El Noroeste, de Gijón; La Voz de Asturias, de Oviedo; ABC, El Liberal Y otros diarios madrileños; algunos periódicos americanos, como Correo de Asturias, de Buenos Aires, El Progreso de Asturias, de La Habana La Prensa, de San Antonio (Texas) y otros.

Obras publicadas en volumen:

I—Los dos huérfanos. (Veracruz, 1907? ; novela).

II.—Productos de la afición. (Veracruz, 1909; cuentos y Crónicas),

III.—A la vera de la muerte. (Méjico, 1995? ; novela).

IV.—La gran plancha. (Méjico, 1917?; zarzuela en un acto y Cuatro cuadros, en colaboración con Leoncio Viña y música del maestro Gascón, estrenada en el Teatro Lírico, de Méjico).

V.—El poder de una carta. (El Paso, Texas, 1920; novela, dos ediciones posteriores).

Vl.—La mió tierrina. (El Paso, Texas, 19227; colección de crónicas de tema asturiano; otra edición posterior con semblanza de Fernández Cué). .

VII.—Amor y dolor. (El Paso, Texas, 1922? ; novela).

VIII.—Se adoraban. (Avila, 1924; novela).

IX.—El hombre que no encuentra mujer. (Madrid, 1925; novela, “editada en 1930).

X.—Ella tuvo la culpa. (Madrid, 1928; novela).

Trabajos sin formar volumen:

1.—El tema obligado. (Cuento reproducida en Cuentistas asturianos,   Madrid, 1930, del autor de este Indice) .

2.—El chalecón de Melandru (cuento). (En “Región”).

Referencias biográficas:

Fenández Cue (Baltasar). —Una semblanza. (En el tomo VI de Anterior relación).

Suárez (Constantino).—Una semblanza. (En Cuentistas asturianos, Madrid, 1930).