ESCRITORES Y ARTISTAS ASTURIANOS

ÍNDICE BIO-BIBLIOGRÁFICO

MENENDEZ (Francisco Antonio).

Pintor y escritor de la primera mitad del siglo XVIII. En lo primero alcanzó fama como miniaturista; en lo segundo tiene el mérito de haber sido un promovedor del estudio y la afición al cultivo de las Bellas Artes en España.

Fué probablemente el primero que propulsó en nuestro país la idea de fundar una Academia de Bellas Artes; en este empeño se asoció el escultor Juan Villanueva, también asturiano. Se refiere a ello Menéndez y Pelayo en el tomo VI de la Historia de las ideas estéticas en España con las siguientes palabras: “Proyectaron el establecimiento una Academia práctica de las Tres Nobles Artes a imitación de las que existían en París, Florencia y Roma. Menéndez imprimió en 1726 (número I) una larga y razonada exposición al rey en este punto y logró presidir en primero de setiembre de 1744 una junta preparatoria, pública y solemne, por lo cual algunos le consideran como el verdad fundador y primer director de la Academia de San Fernando, honra que debe compartir con el italiano Juan Domingo Olivieri”.

Nació Francisco Menéndez en Oviedo en el año 1682. Sus padres le enviaron, adolescente apenas, cerca del hermano Miguel, tres años mayor de edad, que residía en Madrid dedicado al estudio de la pintura. Fué el hermano quien le enseñó los rudimentos de ese ate. Pero a esta vocación, se unía en él una fuerte afición a la vida aventurera, por lo que, aprovechando una ocasión que se le presentó para pasar a Italia, marchó a este país en 1699, cuando andaba por los diecisiete años de edad.

En plan bohemio recorrió Milán, Génova, Venecia, Roma y Nápoles, En esta ciudad, territorio español entonces, la precaria situación económica le obligó a sentar plaza de soldado en la Infantería del ejercito sostenido allí por España. Todas las horas de descanso y ocio las dedicaba a ejercitarse en el dibujo y el manejo de los colores, en estudiar obras de arte y en visitar estudios de pintores.

Poco después de independizado Nápoles en junio de 1713, del dominio de España, Francisco Menéndez se trasladó a Roma. Casado con una napolitana y nacidas sus dos hijas Clara y Ana, gozando ahora de mejores condiciones económicas, se propuso dedicarse en Roma, por entero al cultivo de su arte. Entonces fué cuando se especializó la miniatura, modalidad con la que obtuvo éxitos muy lisonjeros.

El deseo de conquistar renombre en su país le determinó a dejar Italia. Llegó a España el 19 de octubre de 1717.

“No tardó mucho tiempo en manifestar su habilidad en la miniatura —se anota en el Diccionario enciclopédico hispano-americano—, y logró retratar al infante don Fernando, y después a Felipe V, a su mujer y a toda la corte, por lo que se le concedió el título de pintor de miniatura de SS. MM. para que volviese a retratarlos cuando conviniese al real servicio; y habiéndose ofrecido a retratar a una de las infantas, que estaba para irse a casar fuera del reino, pasó al Escorial y pintó dos retratos de ella para los brazaletes de la reina. Volvió a hacer los de todas las personas reales para poner en las joyas y regalos con que se había de cumplimentar a los embajadores y enviados extranjeros, y aunque los desempeñó con la mayor puntualidad y esmero, no pudo lograr sueldo fijo por el rey”.

Su maestría en el retrato en miniatura le puso de moda entre personajes palatinos y de la nobleza y su posición social y económica mejoró muy notablemente. Esta misma posición le favoreció en su empeño de propulsar los estudios y el ejercicio de las bellas Artes en España donde no se contaba con Academias oficiales bien dotadas a se fin; le animaba a ello el patriótico deseo de provocar en nuestro país el resurgimiento artístico de un siglo atrás o el que por entonces experimentaba Italia. Fué en este tiempo cuando escribió y publicó la representación al rey (número I) a que se alude “al comienzo del presente estudio.

Pero tan noble propósito no encontró el merecido eco y esto amortiguó un tanto su entusiasmo. Al fin, después de dieciocho años de lanzada la idea, en 1744, y con la cooperación del escultor Villanueva, el pensamiento se hizo realidad; en la llamada “casa de la Panadería”, la «Misma prevista por Menéndez, se constituyó una Junta preparatoria y se abrió al público una Escuela de Dibujo, en la que él ejerció de profesor u director. (Tales fueron los cimientos de la actual Academia de Bellas Artes, instituida oficialmente en abril de 1752, y que Menéndez no llegó a ver por haber fallecido el año anterior).

Entre sus obras pictóricas se cuenta Una borrasca, recuerdo de la sufrida por su familia en el viaje desde Italia, que fué depositada en el camarín de Nuestra Señora de Atocha, de Madrid.

Obras publicadas en volumen:

I.—Representación al rey nuestro señor, poniendo en noticia de S, M. los beneficios que se siguen de erigir una Academia de las Artes del Diseño, Pintura, Escultura y Arquitectura a ejemplo de las que se celebran en Roma, París, Florencia y otras grandes ciudades de Italia, Francia y Flandes, y lo que puede ser conveniente a su real sel vicio, al ilustre de esta insigne villa de Madrid y honra de la nación española. (Madrid, 1726).

II. —Noticias artísticas de Italia. (Madrid).