{"id":1019,"date":"2020-11-04T16:09:48","date_gmt":"2020-11-04T16:09:48","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=1019"},"modified":"2021-10-28T09:11:58","modified_gmt":"2021-10-28T09:11:58","slug":"alvarez-melquiades","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/alvarez-melquiades\/","title":{"rendered":"ALVAREZ (Melqu\u00edades)"},"content":{"rendered":"<p>Jurisconsulto y pol&iacute;tico, acreditado en lo primero como uno de los m&aacute;s competentes de Espa&ntilde;a y con fama en lo segundo que ha trascendido de las fronteras nacionales.<\/p>\n<p>De los pol&iacute;ticos contempor&aacute;neos, es uno de los m&aacute;s discutidos. En su primera juventud, que fu&eacute; la de sus campa&ntilde;as como republicano, s&oacute;lo tuvo como enemigos, m&aacute;s bien adversarios simplemente, a los mon&aacute;rquicos. M&aacute;s adelante, con la evoluci&oacute;n de sus ideas, la enemiga y la simpat&iacute;a se han extendido por los dos campos pol&iacute;ticos, discuti&eacute;ndosele de un lado y de otro, al punto de resultar cosa ardua emitir alguna opini&oacute;n sobre Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez que no encuentre argumentos en contra.<\/p>\n<p>Por lo relevante y discutida, la personalidad pol&iacute;tica de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez reclama un estudio extenso, serio y documentado que la sit&uacute;e en su posici&oacute;n y valor aut&eacute;nticos. Est&aacute; muy lejos de servir al caso el reciente libro de don Mariano Cuber. Vali&eacute;ndose &eacute;ste del nombre de su jefe pol&iacute;tico, se destina ese volumen, contra lo que se anuncia en la portada, como continente de un personal ideario pol&iacute;tico, al que sirven a manera de antesala unas cuantas p&aacute;ginas dedicadas a exaltar la figura del jefe; p&aacute;ginas de nulo valor documental, y en las que el paneg&iacute;rico sufre en su vuelo ca&iacute;das como &eacute;sta: &ldquo;Realmente, y sin hip&eacute;rbole, Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez es la encarnaci&oacute;n de la oratoria. Naci&oacute; orador, y por eso lo es, sin darse cuenta, sin preparaci&oacute;n alguna, en todo sitio y en todo momento, en el caf&eacute;, entre amigos, sin plataforma, sin expectaci&oacute;n y hasta sin p&uacute;blico.&rdquo; Y para que el ditirambo a un orador que habla hasta sin p&uacute;blico tenga toda la imaginable solidez, se transcriben del diario mon&aacute;rquico Informaciones, d&aacute;ndole categor&iacute;a de documento inexcusable para enjuiciar a un republicano, p&aacute;rrafos como &eacute;ste: &ldquo;A don Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez no se le aplaude por liberal o antiliberal, por mon&aacute;rquico ni republicano, sino por algo m&aacute;s simple, m&aacute;s elemental: por hombre civilizado.&rdquo; Ser&aacute; forzoso convenir en que el pol&iacute;tico asturiano encuentra hasta entre sus incondicionales plumas que, queriendo exaltarle, le combaten.<\/p>\n<p>Por los mismos d&iacute;as (1935) apareci&oacute; al p&uacute;blico otro libro&mdash;como el anterior, anotado al final de esta informaci&oacute;n&mdash;, consagrado en gran parte, al examen del ideario y la actuaci&oacute;n pol&iacute;tica de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez. Es su autor Antonio <a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/l\/\" target=\"_self\" title=\"Seud&oacute;nimo de Huelmo (Tadeo).\" class=\"encyclopedia\">L.<\/a> Oliveros, un viejo y luchador periodista que dirigi&oacute; durante diecisiete a&ntilde;os El Noroeste, de Gij&oacute;n, como &oacute;rgano de la pol&iacute;tica del se&ntilde;or &Aacute;lvarez en Asturias y en Espa&ntilde;a. Se trata de un estudio serio y documentado que, si bien coincidente con el que ya nosotros ten&iacute;amos redactado y en prensa para este &iacute;ndice, nos ha movido a reconstruirlo, porque esa obra de Oliveros en documento inexcusable para escribir sobre la vida pol&iacute;tica de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez. Con todo, no se puede decir que &eacute;ste cuente con un estudio completo, que tampoco puede serlo el presente, que ha de ser sint&eacute;tico, debido a su destino.<\/p>\n<p>Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez y Gonz&aacute;lez naci&oacute; en hogar humilde de la villa de Gij&oacute;n el 17 de mayo de 1864, hijo de un modesto empleado municipal, que le dej&oacute; hu&eacute;rfano, adolescente, con tres hermanos menores. A partir de entonces, mientras terminaba los estudios de bachillerato, grado que recibi&oacute; en el Instituto de Jovellanos en 1878, tuvo que compartir con la madre, peinadora de oficio, el esfuerzo de sostener el ruinoso hogar. La familia se traslad&oacute; a Oviedo, por ofrecer esta ciudad mejor campo para la defensa econ&oacute;mica y la educaci&oacute;n de los muchachos, y en ella estableci&oacute; la viuda una modesta casa de hu&eacute;spedes, a cuyos pobres ingresos sumaba Melqu&iacute;ades las escasas remuneraciones que obten&iacute;a con lecciones particulares, mientras segu&iacute;a y costeaba sus propios estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad, en la que alcanz&oacute; el grado de licenciado en Derecho Civil y Can&oacute;nico en 1883. Sigui&oacute; luego los estudios del doctorado, que no obtuvo al a&ntilde;o siguiente y con veinte de edad, como se acredita en la Enciclopedia Espasa y otros lugares, entre ellos la aludida obra de Oliveros, sino en abril de 1886.<\/p>\n<p>Apenas concluida la carrera, abri&oacute; en Oviedo bufete de abogado, que sostuvo con cr&eacute;dito creciente, y fu&eacute; a la vez profesor auxiliar de la Facultad de Derecho, con lo cual la vida de su hogar vino a ser m&aacute;s f&aacute;cil y llevadera. &ldquo;Seguidamente &mdash; dice Oliveros&mdash; acude a opositar una c&aacute;tedra. El favoritismo caciquil&mdash;y tambi&eacute;n quiz&aacute;s un prop&oacute;sito de persecuci&oacute;n pol&iacute;tica&mdash;se la birla. Repite el intento, y nuevamente se ve defraudado. A la tercera vez la conquista; con lo que afianza su situaci&oacute;n econ&oacute;mica y la de su familia.&rdquo; Esa c&aacute;tedra, de la que se hizo cargo el 12 de diciembre de 1899, era la de Instituciones de Derecho Romano, y regent&aacute;ndola, le cupo la suerte de figurar en el Claustro m&aacute;s ilustre de la Universidad de Oviedo, formado por hombres tan sapientes como Leopoldo Alas, Clar&iacute;n; Adolfo &Aacute;lvarez Buylla, F&eacute;lix de Aramburu, Adolfo Posada, Aniceto Sela, Rafael Altamira y otros.<\/p>\n<p>Desde estudiante, fraguado su esp&iacute;ritu en la adversidad y dotado de extraordinarias facultades oratorias, Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez comenz&oacute; a actuar en pol&iacute;tica como republicano, en lucha contra las miserias e injusticias del medio social, participando en actos de propaganda celebrados en Asturias y organiz&aacute;ndolos &eacute;l mismo. &ldquo;Los veinte a&ntilde;os de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, los treinta igualmente&mdash;escribe Oliveros&mdash;, viven un romanticismo pol&iacute;tico que influye emotivamente en el pueblo. Asturias oye su palabra tribunicia con arrobamiento; de pueblo en pueblo peregrinea los ideales republicanos, levantando en las masas oleadas de entusiasmo fren&eacute;tico. En ocasiones, sale de los villorrios en andas; en ocasiones, lo hace huyendo de las pedreas. Su oratoria subyugante, acompa&ntilde;ada de una m&iacute;mica espectacular, tiene la virtud de remover la conciencia p&uacute;blica en lo m&aacute;s hondo. No era un orador desbordante de cultura, como Castelar, sino un tribuno de verbo c&aacute;lido y apasionado, a prop&oacute;sito para enardecer a las multitudes y hacer vibrar en ellas la emoci&oacute;n y el coraje.&rdquo; tambi&eacute;n desarroll&oacute; en sus propagandas ejercicios de periodista en peri&oacute;dicos liberales, como La Democracia Asturiana, de Oviedo; El Eco de Gij&oacute;n y otros, y hasta lleg&oacute; a fundar y dirigir en Oviedo un semanario de corta vida, La Libertad (1885). Pero su instrumento m&aacute;s adecuado y principal era y continu&oacute; siendo la oratoria. Como dice Modesto S&aacute;nchez de los Santos en Las Cortes espa&ntilde;olas de 1907, es orador &ldquo;completamente, homog&eacute;neamente y fatalmente, sin esfuerzo, desde los pies a la cabeza y desde el nacer al morir&rdquo;.<\/p>\n<p>El objetivo principal de las campa&ntilde;as de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez consist&iacute;a en ir minando&mdash;derrumbar, parec&iacute;a entonces empresa de imposible realizaci&oacute;n&mdash;el retardatario y opresor caciquismo pol&iacute;tico de centenares de tent&aacute;culos que en Asturias ten&iacute;a su cabeza representada en Alejandro Pidal y Mon. Le favorec&iacute;an en esa lucha contra tal poderosa organizaci&oacute;n caciquil y otras de menor importancia, adem&aacute;s de sus propias cualidades personales, el ambiente de protesta y rebeld&iacute;a con acento republicano gestado por el citado Claustro universitario y que iba, aunque lentamente y con gran esfuerzo, despertando las conciencias de los asturianos en ansias de libertad y ciudadan&iacute;a. Pero los otros compa&ntilde;eros de claustro, y antes profesores de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, no hicieron de sus actividades pol&iacute;ticas un fin, sino un medio, continuando sus ocupaciones intelectuales en otras disciplinas. As&iacute; fu&eacute; como Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, destinado por el &iacute;mpetu de sus facultades oratorias a seguir la pol&iacute;tica como una finalidad, y asistido m&aacute;s o menos directamente de ese concurso universitario renovador, alcanz&oacute; r&aacute;pidamente una relevante personalidad en Asturias con fama que se desbordaba de los l&iacute;mites regionales, prestigiada por sus triunfos oratorios, &eacute;xitos jur&iacute;dicos y actividades en los cargos de concejal del Ayuntamiento, decano del Colegio de Abogados y profesor de la Universidad, y colaboraciones en las campa&ntilde;as de cultura popular sostenidas por la Extensi&oacute;n Universitaria.<\/p>\n<p>Como culminaci&oacute;n de esta primera etapa de su lucha pol&iacute;tica, y despu&eacute;s de algunas derrotas electorales frente al caciquismo imperante en Asturias, sali&oacute; triunfante como diputado a Cortes por el distrito de Gij&oacute;n en 1898; pero le fu&eacute; recusada el acta. En las elecciones siguientes&mdash;en 1901, y no en 1903, ni a los treinta y un a&ntilde;os de edad, como se anota en alg&uacute;n sitio, sino a los treinta y siete&mdash;triunf&oacute; por el distrito de Oviedo y fu&eacute; proclamado diputado a Cortes.<\/p>\n<p>El puesto de diputado le di&oacute; en seguida preeminencia al lado de las personalidades m&aacute;s descollantes del republicanismo espa&ntilde;ol, entre las que figuraban Pi y Margall, Salmer&oacute;n y Azc&aacute;rate. Su fama de gran orador qued&oacute; consolidada en la primera intervenci&oacute;n parlamentaria, con motivo de discutirse el mensaje de la Corona a las Cortes, en cuya ocasi&oacute;n pronunci&oacute; un elocuent&iacute;simo discurso que alcanz&oacute; el aplauso un&aacute;nime de los diputados y de toda la prensa espa&ntilde;ola. Otros &eacute;xitos oratorios rotundos en esa misma legislatura, particularmente al discutirse el Presupuesto de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, y los alcanzados al mismo tiempo como jurisconsulto ante los Tribunales de Justicia, le dieron categor&iacute;a de primer orador en esa &eacute;poca, considerado como el sucesor de Emilio Castellar. Desde entonces fu&eacute; frecuentemente requerido para participar en actos y solemnidades, ajenos algunos a la pol&iacute;tica, pudiendo citarse en este sentido la designaci&oacute;n de mantenedor de los Juegos Florales celebrados en Sevilla en 1904 y la iniciaci&oacute;n, en ese mismo a&ntilde;o, del curso de vulgarizaci&oacute;n extrauniversitaria de Valencia, ocasiones ambas en que conquist&oacute; resonantes &eacute;xitos. Como repercusi&oacute;n de aquel primer gran triunfo oratorio suyo recibi&oacute; en Gij&oacute;n el primer homenaje popular, consistente en un concurrid&iacute;simo banquete, que tuvo por ep&iacute;logo la simp&aacute;tica nota de que se abriese una suscripci&oacute;n para adquirir en propiedad la casa donde hab&iacute;a vivido Clar&iacute;n, en Oviedo, e inscribirla a nombre de la viuda de &eacute;ste, cosa que luego no se llev&oacute; a cabo.<\/p>\n<p>Aunque su intensa actuaci&oacute;n pol&iacute;tica le obligaba a residir en Madrid lo m&aacute;s del tiempo, continu&oacute; muchos a&ntilde;os de manera casi nominal como catedr&aacute;tico de la universidad ovetense, si bien no dej&oacute; de prestar a ese centro algunos servicios, como el de la representaci&oacute;n del claustro, compartida con Sela, en el Centenario de la Universidad Valenciana (1902).<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la Universidad asturiana y a los m&eacute;ritos oratorios y jur&iacute;dicos de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, vamos a transcribir una an&eacute;cdota recogida por Alfonso Cam&iacute;n, m&aacute;s por lo que tiene de s&iacute;mbolo que por lo afirmada en la veracidad, y es la siguiente: &ldquo;Un muchacho de Mieres, hoy gran abogado en Asturias, mal estudiante por cierto, en sus principios, se examinaba un d&iacute;a de Derecho Pol&iacute;tico. M&aacute;s aficionado a los peri&oacute;dicos y novelas que a los libros de texto, se acerc&oacute; al Tribunal sin haber abierto una p&aacute;gina. La Salvaci&oacute;n fue El Carbay&oacute;n que publicaba un discurso de Melqu&iacute;ades en el Congreso. El rapaz se acerc&oacute; a la mesa de examen. El catedr&aacute;tico le dijo: Lo que usted quiera. El examinando se puso a dar vueltas a El Carbay&oacute;n en las manos. Sin querer, sus ojos tropezaron con el discurso de Melqu&iacute;ades, y con disimulo se ley&oacute; las palabras del tribuno asturiano de pe a pa. Cuando termin&oacute;, se fu&eacute; con un sobresaliente y estas palabras del catedr&aacute;tico: &ldquo;Es la mejor lecci&oacute;n de Derecho Pol&iacute;tico que he escuchado hace mucho tiempo. Vale mucho ese rapaz.&rdquo; Los catedr&aacute;ticos no hab&iacute;an le&iacute;do El Carbay&oacute;n todav&iacute;a.<\/p>\n<p>Esta an&eacute;cdota sirve de reflejo de la actuaci&oacute;n pol&iacute;tica y oratoria de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, que permite descubrir siempre al jurista, al enjuiciador fundado siempre en normas preestablecidas, en lo que ha alcanzado cimas asequibles para pocos. Sus discursos han entusiasmado y hasta arrebatado mucho mas siempre por lo elocuentes que por la valent&iacute;a de los conceptos. Y esta actitud espiritual se va fortaleciendo desde que asienta en Madrid como diputado a Cortes. Desde entonces su republicanismo se va atemperando a la atm&oacute;sfera mon&aacute;rquica. No sin raz&oacute;n se anota en la Enciclopedia Esposa que &ldquo;a pesar de su filiaci&oacute;n republicana, figura entre los colaboradores del peri&oacute;dico mon&aacute;rquico El Diario Universal (1903). En sus embates contra las instituciones mon&aacute;rquicas se ha echado siempre de menos el arrojo de los grandes luchadores.&raquo;<\/p>\n<p>Mientras en Asturias el caciquismo sostenido por Pidal y Mon iba siendo reemplazado por el de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, aunque m&aacute;s limpio de intenciones y procedimientos, en Madrid el rep&uacute;blicoasturiano parec&iacute;a mostrarse dispuesto a colaboraciones con la Monarqu&iacute;a. Por s&iacute;ntoma en tal sentido puede tenerse la aceptaci&oacute;n del nombramiento de vocal por Real Orden, en 1903, del Instituto de Reformas Sociales. Y si, a&ntilde;os adelante, figura entre los principales elementos de la conjunci&oacute;n republicano-socialista, el fracaso de esta coalici&oacute;n pol&iacute;tica, al que contribuy&oacute; &eacute;l mismo, &ldquo;se&ntilde;ala el primer paso dado por Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez en el camino de la orientaci&oacute;n mon&aacute;rquica&rdquo;, como indica Oliveros.<\/p>\n<p>&ldquo;El tribuno&mdash;dice el citado escritor&mdash;se enrola en el Bloque Liberal de Moret, conservando compatiblemente su vieja significaci&oacute;n ideol&oacute;gica, aunque acariciando, como se comprob&oacute; despu&eacute;s, el prop&oacute;sito de un evolucionismo hacia la Monarqu&iacute;a, rememorador del posibilismo de Castelar, del que Castelar conoci&oacute; la tristeza del arrepentimiento en su lecho de muerte, pero la ambici&oacute;n de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez iba m&aacute;s lejos que la de Castelar, concretada la de &eacute;ste a una posible transformaci&oacute;n del r&eacute;gimen mon&aacute;rquico en republicano por la fuerza del sufragio. Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, por el contrario, aspiraba a ser el nuevo C&aacute;novas del borbonismo, con una distinta concepci&oacute;n liberal democr&aacute;tica de los sistemas pol&iacute;ticos. Todo parec&iacute;a ayudar su pensamiento. Las mentalidades preclaras que hab&iacute;an ornamentado la Rep&uacute;blica del 73 murieran, con excepci&oacute;n de Fern&aacute;ndez y Gonz&aacute;lez y de Azc&aacute;rate. El republicanismo espa&ntilde;ol se hab&iacute;a debilitado grandemente en luchas est&eacute;riles, y las masas, decepcionadas por el fracaso de la conjunci&oacute;n republicano-socialista, buscaban otras posiciones revolucionarias m&aacute;s eficaces. Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez abandonaba Valencia y Espa&ntilde;a; Lerroux, despu&eacute;s del fusilamiento de Ferrer, comprende que empieza a eclipsarse su estrella en Barcelona, donde hab&iacute;a sido por varios a&ntilde;os el &iacute;dolo de las multitudes. La ocasi&oacute;n no pod&iacute;a ser m&aacute;s propicia para los designios evolucionistas de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez; pero el bloque, que era como un puente de paso de la Rep&uacute;blica a la Monarqu&iacute;a, lo deshizo una h&aacute;bil maniobra de Jos&eacute; Canalejas, a quien el tribuno no perdon&oacute; en vida y no sabemos si le habr&aacute; perdonado en muerte aquella mala partida.&rdquo;<\/p>\n<p>Posiblemente, a la escasa firmeza del republicanismo de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez contribu&iacute;a lo d&eacute;bilmente que se acog&iacute;an entonces las ideas republicanas por el pueblo espa&ntilde;ol en general; pero la masa democr&aacute;tica interpretaba esos titubeos y acercamientos a la Monarqu&iacute;a como un deseo de ser candidato a consejero de la Corona, de lo que se hicieron eco algunas plumas y entre ellas la del poeta festivo Luis de Tapia: &ldquo;Que no tiene otro registro que llegar a ser ministro.&rdquo;<\/p>\n<p>Sin embargo, no faltan personas de su intimidad que aseguran que Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez ha huido siempre, con secreta precauci&oacute;n, de ponerse a prueba como hombre de gobierno. Y el citado Oliveros, que tantos motivos tiene para conocer hasta el fondo el pensamiento del pol&iacute;tico, coincide en esto: &ldquo;Contra lo que se ha supuesto mucho tiempo&mdash;dice&mdash;, y por mucha gente, no es hombre al que le seduzca la Jefatura del Gobierno. Pudo ser presidente del Consejo de Ministros dos veces y, cuando parec&iacute;a que el cargo ven&iacute;a hacia &eacute;l, Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez lo apartaba de s&iacute; como inspirado por un terror supersticioso. En este sentido interpreto yo la frase de Unamuno de falta de base f&iacute;sica; es decir, de que el tribuno carece de voluntad y de esp&iacute;ritu de sacrificio para subordinar las comodidades de una vida pl&aacute;cida y las ganancias positivas de su bufete de abogado a las torturas, ni bien agradecidas ni pagadas, de &lsquo;la Jefatura de Gobierno.&rdquo;<\/p>\n<p>Para el acercamiento decidido de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez a la Monarqu&iacute;a bast&oacute; un movimiento en torno suyo por los hombres de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza, algunos de los cuales, como Gumersindo de Azc&aacute;rate y Jos&eacute; Manuel Pedregal, le segu&iacute;an ya, movidos a &lsquo;&lsquo;organizar una fuerza pol&iacute;tica &mdash;dice Oliveros&mdash;que, recogiendo el pensamiento pol&iacute;tico europeo, se lanzase a la obra de transformaci&oacute;n evolutiva del r&eacute;gimen, por virtud de un pacto entre el borbonismo y la democracia liberal&rdquo;<\/p>\n<p>As&iacute; fu&eacute; como qued&oacute; constituido en 1913 el Partido Reformista, integrado por prestigiosos elementos intelectuales, como Ortega y Gasset, Aza&ntilde;a, Garc&iacute;a Morente, Zulueta, U&ntilde;a, Barcia, Leopoldo Palacios, el marqu&eacute;s de Palomares y otros. Este partido acogi&oacute; en su seno a republicanos y mon&aacute;rquicos, porque su postulado b&aacute;sico era la accidentalidad de las formas de Gobierno, sofisma en el que crey&oacute; de buena fe no poca gente. &ldquo;Una gran parte de la opini&oacute;n p&uacute;blica&mdash;dice Oliveros&mdash;, la m&aacute;s indocta, desde luego, no vi&oacute; en el reformismo sino una nueva postura de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez para dar un salto hacia la Monarqu&iacute;a. Aquella parte del juicio p&uacute;blico que penetra en las causas de los hechos pol&iacute;ticos, se di&oacute; perfecta cuenta del alcance nacional y trascendental del reformismo. El reformismo era una transacci&oacute;n entre la revoluci&oacute;n republicana, replegada en su impotencia, y la Monarqu&iacute;a borb&oacute;nica, caduca y desprestigiada, deseosa de renovar sus reservas de resistencia.&rdquo; Transacci&oacute;n &eacute;sta que la opini&oacute;n indocta vi&oacute; con mayor claridad que la ilustrada, porque el reformismo, en sustancia, ven&iacute;a a ser un nuevo partido pol&iacute;tico mon&aacute;rquico, con lo que se debilitaron las fuerzas del republicanismo en la misma medida que se robustecieron las mon&aacute;rquicas.<\/p>\n<p>&ldquo;Se encarg&oacute; el venerable Gumersindo Azc&aacute;rate&mdash;contin&uacute;a Oliveros&mdash;, que hab&iacute;a sido admirado por Alfonso XIII, de proponer a &eacute;ste la nueva alianza entre la Monarqu&iacute;a y el pueblo. Alfonso XIII la acept&oacute;, y Azc&aacute;rate, al salir de la entrevista con aqu&eacute;l, crey&oacute; poder decir al pa&iacute;s que se hab&iacute;an acabado los obst&aacute;culos tradicionales. Unos a&ntilde;os despu&eacute;s mor&iacute;a Azc&aacute;rate arrepentido, como Castelar, de su posibilismo, de haber proferido semejante frase.&rdquo; fu&eacute; esta frase otro de los postulados fundamentales del reformismo, confirmada por otros visitantes del rey con la misma finalidad, como don Manuel Bartolome Coss&iacute;o y el propio Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez. La f&oacute;rmula de gobierno del Partido Reformista y el pacto con la Monarqu&iacute;a fueron tan bien acogidos por los elementos din&aacute;sticos como mal por los verdaderos republicanos, y la actitud del jefe del reformismo, ya discutida anteriormente, fue desde entonces combatida con dureza y con el mismo tes&oacute;n defendida, calific&aacute;ndosele a &eacute;l de tr&aacute;nsfuga por unos y de vidente en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola por otros<\/p>\n<p>Lo cierto es que el Partido Reformista no lleg&oacute; nunca a tener una gran preponderancia nacional, aunque hubiese podido en algunos momentos llegar a gobernar o formar parte principal de un Gobierno, de no tropezar esto con los secretos designios del jefe. Este, contra la actitud de algunos elementos del Partido, que lo iban abandonando para volver a sus posiciones de verdadera democracia, persist&iacute;a en mantener la misma posici&oacute;n colaboracionista con la Monarqu&iacute;a sin dejar por completo de ser republicano. Como tal lleg&oacute; por primera vez al Parlamento y en &eacute;l continu&oacute; representando al distrito de Oviedo hasta que en las elecciones de 1910, electo diputado por los distritos de Oviedo, Gij&oacute;n y Alc&aacute;zar de San Juan (Ciudad Real), opt&oacute; por este &uacute;ltimo. Posteriormente, hasta el advenimiento de la Dictadura implantada por el general Primo de Rivera, represent&oacute; al distrito de Castropol.<\/p>\n<p>No obstante esa posici&oacute;n equ&iacute;voca, tom&oacute; parte en la Asamblea de Parlamentarios reunida en 1917 en Barcelona en franca actitud de rebeld&iacute;a contra la pol&iacute;tica personal y anticonstitucional que hac&iacute;a Alfonso XIII. Y cuando la huelga general revolucionaria de agosto de ese mismo a&ntilde;o, en que vino a culminar aquel movimiento de protesta, Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez acept&oacute; la representaci&oacute;n del comit&eacute; revolucionario para Asturias y Le&oacute;n, dirigiendo en estas provincias la revoluci&oacute;n, sin que flaqueara en el cumplimiento del tal mandato, que le cost&oacute; dos detenciones seguidas, ordenadas por el general Burguete, jefe de las fuerzas de represi&oacute;n. &ldquo;Me importa declarar en honor a la verdad hist&oacute;rica&mdash;afirma Oliveros&mdash;que en el movimiento de 1917 Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez tuvo una actuaci&oacute;n valerosa, sin una vacilaci&oacute;n ni un desmayo. Di&oacute; ejemplo de entereza a sus correligionarios, y los restantes directores de la huelga general hubieron de admirar su comportamiento y su lealtad, no superados por nadie y por muy pocos igualados, con el compromiso revolucionario contra&iacute;do. L&aacute;stima fu&eacute; para el reformismo que Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez no se hubiese lanzado despu&eacute;s a sacar de los acontecimientos de 1917 las consecuencias de alta pol&iacute;tica nacional que pudo obtener&rdquo;<\/p>\n<p>Tal vez fu&eacute; &eacute;ste el momento m&aacute;s propicio para que el Partido Reformista y, principalmente, su jefe, se afirmaran en una actitud francamente democr&aacute;tica frente a la Monarqu&iacute;a; pero entonces comienzan a estrecharse m&aacute;s sus relaciones con ella, arrastrados por la influencia de los elementos de derecha que militaban en esa fuerza pol&iacute;tica. &ldquo;despu&eacute;s de esa fecha &mdash;indica Oliveros&mdash;empiezan los acuerdos de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez con los oligarcas de Alfonso XIII, y el reformismo es llevado a pactos e inteligencias que le arrastran hacia el precipicio de su descr&eacute;dito.&rdquo; Por lo que respecta a Asturias, el baluarte m&aacute;s fuerte del reformismo, lleg&oacute; a producir un gran desconcierto la contradicci&oacute;n entre la conducta del reformismo y las campa&ntilde;as sostenidas por su &oacute;rgano de publicidad. A este respecto dice Oliveros, que lo dirig&iacute;a: &ldquo;Como mi posici&oacute;n doctrinal se ajustaba a la ortodoxia de los principios, era frecuente la contradicci&oacute;n de El Noroeste con la conducta del reformismo. Por eso Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez se ve&iacute;a obligado a salvar esa contradicci&oacute;n en las asambleas del partido negando a El Noroeste autoridad oficial.&rdquo; Como consecuencia de todo esto, la desconfianza de la opini&oacute;n que segu&iacute;a al reformismo fu&eacute; cundiendo, al punto de que en las elecciones a diputados a Cortes celebradas en 1918 el propio Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez fu&eacute; derrotado en los distritos de Gij&oacute;n y Castropol, qued&aacute;ndose sin representaci&oacute;n parlamentaria.<\/p>\n<p>El movimiento de protesta nacional derivado del desastre de Melilla, donde se perdi&oacute; en horas el terreno conquistado en doce a&ntilde;os y perecieron m&aacute;s de diez mil soldados espa&ntilde;oles, y el clamor de exigencia de responsabilidades por tal desastre, lejos de causar en el reformismo y su jefe alejamiento de la Monarqu&iacute;a, produjeron la &uacute;nica colaboraci&oacute;n con ella desde el gobierno. Al constituirse en 1922 el presidido por Garc&iacute;a Prieto, Pedregal ocupa la cartera de Hacienda y el propio Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez la presidencia del Congreso de los Diputados. &ldquo;A los seis meses de regir el pa&iacute;s esta coalici&oacute;n dem&oacute;crata-reformista, Pedregal plantea en un Consejo de Ministros el cumplimiento de la condicional libertad de cultos, seg&uacute;n se hab&iacute;a convenido. Todo se reduc&iacute;a a que en el art&iacute;culo onceno de la Constituci&oacute;n se cambiase o modificase una palabra: la de tolerancia por libertad de cultos, cosa en ese respecto bien m&iacute;nima por cierto, en orden a lo que la Iglesia tuvo que ceder con la Rep&uacute;blica a&ntilde;os m&aacute;s tarde. La propuesta doctrinal de Pedregal soliviant&oacute; al Episcopado espa&ntilde;ol, tan poco l&uacute;cido de inteligencia como intolerante. Asust&oacute; un poco a Alfonso XIII y caus&oacute; en los llamados dem&oacute;cratas el efecto de un clarinazo revolucionario. Pedregal tuvo que dimitir; pero Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, d&eacute;bil en la defensa de la ideolog&iacute;a del reformismo, acudi&oacute; al sofisma y al argumento casu&iacute;stico, para continuar mereciendo la confianza del r&eacute;gimen y esperar el momento de transformarlo desde la jefatura del Gobierno. La Dictadura de Primo de Rivera, planeada por Alfonso XIII, vino a frustrar inesperadamente las aspiraciones del tribuno del reformismo. La Dictadura encuentra al reformismo bastante diezmado ya en sus cuadros. Gald&oacute;s, Simarro, Fern&aacute;ndez y Gonz&aacute;lez y Zulueta (Jos&eacute;) han muerto; Ortega y Gasset y otros calificados intelectuales lo han abandonado. Su desaparici&oacute;n es inevitable, fatal. Debi&oacute; haberse disuelto, si no a la salida del Gobierno de Pedregal, en la hora y punto de haberse implantado la dictadura, que era la prueba m&aacute;s acusada de la deslealtad constitucional de Alfonso XIII.&rdquo; La inoportunidad y el desacierto de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez asumiendo en esos momentos la presidencia del Congreso de los Diputados y m&aacute;s la continuaci&oacute;n en ella no pudieron quedar m&aacute;s patentes.<\/p>\n<p>Durante los a&ntilde;os de la Dictadura (1923-30), Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez no di&oacute; muestras muy ostensibles de actividad pol&iacute;tica, pero tampoco se qued&oacute; en actitud totalmente pasiva. Si al comienzo &ldquo;condenaba la Dictadura, pero defend&iacute;a al rey&rdquo;, como afirma Oliveros, acab&oacute; por ver la complicidad del monarca, y particip&oacute; en actos y movimientos contra esa situaci&oacute;n anticonstitucional. &ldquo;Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez&mdash;seg&uacute;n Oliveros&mdash;debi&oacute; ser encarcelado varias veces, como lo fueron otras personalidades por mucho menos motivo. Pero Primo de Rivera respet&oacute; siempre a Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez. Ni siquiera le impuso una de esas multas con que sol&iacute;a castigar los desv&iacute;os de los hombres m&aacute;s conspicuos del borbonismo, como el conde de Romanones en primer t&eacute;rmino. Y es que Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez era respaldado por Alfonso XIII. El borbonismo quer&iacute;a conservar al jefe reformista como la reserva salvadora para el momento supremo, y toleraba sin enojo que adoptase aquellas posturas revolucionarias.&rdquo; Tom&oacute; parte en el banquete con que fu&eacute; homenajeado don Pedro S&aacute;inz Rodr&iacute;guez por su discurso de tonos antidictatoriales en la apertura del curso universitario de 1924, y, aunque Melqu&iacute;ades &ldquo;s&oacute;lo se propon&iacute;a pronunciar un discurso doctrinal contra la Dictadura&rdquo;, como dice Oliveros, la actitud revolucionaria de algunos pol&iacute;ticos e intelectuales asistentes al homenaje, entre los que figuraba en franca posici&oacute;n rebelde &Aacute;lvaro de Albornoz, fu&eacute; causa de que la polic&iacute;a suspendiese el acto. Este suceso &ldquo;permiti&oacute; conocer c&oacute;mo la opini&oacute;n p&uacute;blica&mdash;seg&uacute;n el tantas veces citado Oliveros&mdash;se bifurcaba en dos direcciones contrarias a la Dictadura: una de doctrinarismo constitucionalista compatible todav&iacute;a con Alfonso XIII y que se polarizaba en torno de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez y Jos&eacute; S&aacute;nchez Guerra, y otra, de un revolucionarismo republicano extremo, que tomaba a Albornoz de tipo representativo.&rdquo;<\/p>\n<p>Fue despu&eacute;s Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez uno de los jefes del complot llamado de la noche de San Juan, porque deb&iacute;a estallar ese d&iacute;a (24 de junio de 1926). Lo dirig&iacute;an con &eacute;l los generales Weyler y Aguilera. Respecto a este fracasado movimiento en que tan comprometido estuvo Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, Oliveros transcribe las siguientes palabras tomadas de labios del pol&iacute;tico: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; a m&iacute;&mdash;sol&iacute;a preguntarse en p&uacute;blico el tribuno&mdash;, que incluso en el acto del consejo de guerra, defendiendo a uno de los encartados, me confes&oacute; autor del manifiesto revolucionario firmado por Weyler y Aguilera, no se me detuvo ni proces&oacute; ni molest&oacute; por el complot de la noche de San Juan?&rdquo; No se le persigui&oacute; entonces, ni antes, ni despu&eacute;s, con motivo de sus actuaciones contra la dictadura porque no conven&iacute;a, como queda dicho, a los c&aacute;lculos de Alfonso XIII.<\/p>\n<p>Cuanto mayor iba siendo el descr&eacute;dito de la Monarqu&iacute;a, tanto m&aacute;s se aproximaba a ella Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez para sostenerla en su derrumbamiento, contra lo que pod&iacute;a esperarse de quien hab&iacute;a nacido a la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola y continuaba en ella con titulo de republicano. Remate de esa equivocada evoluci&oacute;n fu&eacute; su actitud despu&eacute;s de ca&iacute;da la Dictadura de Primo de Rivera. Llegado el momento, bajo el Gobierno presidido por el general Berenguer, de que los pol&iacute;ticos fijaran su norma para el porvenir, y despu&eacute;s de haberlo hecho S&aacute;nchez Guerra en el teatro de la Zarzuela con un discurso de acusaci&oacute;n al rey en el que propugn&oacute; la reuni&oacute;n de Cortes Constituyentes, Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez anunci&oacute; el suyo, que tuvo lugar (27 de abril de 1930) en el teatro de la Comedia. Este anuncio despert&oacute; una gran ansiedad en la opini&oacute;n liberal y republicana espa&ntilde;ola. Hasta dentro del Partido Reformista produjo un fuerte movimiento en tal sentido. &laquo;Jos&eacute; Manuel Pedregal y toda la izquierda del Partido&mdash;comenta Oliveros&mdash;entend&iacute;a que hab&iacute;a llegado la hora de cancelar todo compromiso moral con la Monarqu&iacute;a, puesto que &eacute;sta, produci&eacute;ndose contrariamente a sus promesas de evolucionismo democr&aacute;tico liberal, hab&iacute;a regresionado a un absolutismo intolerable.&rdquo; Pero el citado discurso caus&oacute; una defraudaci&oacute;n general. despu&eacute;s de enjuiciar la conducta de Alfonso XIII con argumentos jur&iacute;dicos demoledores e incontrovertibles, por lo que todos los oyentes esperaban como remate una declaraci&oacute;n de republicanismo, el orador se qued&oacute; situado donde estaba, al servicio del rey, al que, como dice Oliveros &ldquo;Tend&iacute;a un cable salvador&rdquo;. Y a&ntilde;ade el mismo Oliveros: &ldquo;Un revolucionario que asist&iacute;a al comicio lo apostill&oacute; con estas palabras: empez&oacute; bien el acto y termin&oacute; con la muerte pol&iacute;tica del actor. Se suicid&oacute; pol&iacute;ticamente, para la Rep&uacute;blica, Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez con ese discurso del teatro de la Comedia y suicid&oacute; al reformismo, que all&iacute; mismo debi&oacute; acabar.&rdquo; Se situ&oacute; entonces en la misma posici&oacute;n en que otros jefes pol&iacute;ticos mon&aacute;rquicos estaban situados: descontentos de la conducta del rey, se quedaron clamando por una convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes, cuando unas simples elecciones municipales, celebradas el 12 de abril de 1931, dieron al traste con la Monarqu&iacute;a para que las Cortes Constituyentes se reunieran, como se reunieron, bajo la Rep&uacute;blica, ya constituida con sorpresa de ellos.<\/p>\n<p>Su posici&oacute;n al advenimiento de la Rep&uacute;blica la razona Oliveros de este modo: &ldquo;Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, al que considero dotado de una facultad de visi&oacute;n extraordinaria para percibir, antes de producirse, los acontecimientos en las elevadas regiones de la pol&iacute;tica, mostr&oacute; siempre desd&eacute;n, si no desprecio, por las masas de opini&oacute;n p&uacute;blica, de las que no tiene otro concepto que el de meros peones movibles a voluntad desde las alturas. A eso se debe que Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, salido del pueblo, no quiera columbrar nunca las tempestades sociales y pol&iacute;ticas que se forman en el llano. La Rep&uacute;blica le sorprendi&oacute; como movimiento venido de abajo, y por ser de abajo, no s&oacute;lo no le ha abierto su conciencia, sino que lo vive de espaldas.&rdquo; Rechaz&oacute; los prop&oacute;sitos y esfuerzos de Manuel Aza&ntilde;a, ministro de la Guerra en el Gobierno Provisional, para que su antiguo jefe tuviese una posici&oacute;n decorosa en la Rep&uacute;blica; pero &ldquo;irreductible Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, rechaz&oacute; la mano amiga que respetuosamente le tend&iacute;a su ex correligionario, y se dispuso a defender de nuevo el cacicato de Asturias, como si la realidad nacional no hubiese cambiado sino de marbete&rdquo;.<\/p>\n<p>Entonces Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez se decidi&oacute; a cambiar el nombre de su partido por el de Partido Republicano Liberal Dem&oacute;crata, con cuyo motivo se celebr&oacute; un banquete, en el que el jefe expuso en largo discurso el programa pol&iacute;tico, discurso que no lleg&oacute; a concluir por haber sufrido un s&iacute;ncope que puso en grave peligro su vida. Negado a ir a elecciones en conjunci&oacute;n con republicanos y socialistas, el nuevo partido present&oacute; candidatura separada por la circunscripci&oacute;n de Asturias a las elecciones para Cortes Constituyentes que habr&iacute;an de efectuarse al mes siguiente, julio de 1931. A consecuencia de la interrupci&oacute;n tumultuosa, por elementos contrarios, del primer acto de propaganda celebrado en Oviedo, los candidatos acordaron retirarse de la lucha pol&iacute;tica, consider&aacute;ndose indefensos y desamparados por las autoridades. &ldquo;Cumpliendo el acuerdo de la reuni&oacute;n de Oviedo&mdash;explica Oliveros&mdash; Jos&eacute; Manuel Pedregal renunci&oacute; a la presidencia del Consejo de Estado; pero Gonz&aacute;lez Posada se neg&oacute; a hacerlo y se separ&oacute; del Partido.<\/p>\n<p>Luis de Zulueta y Pittaluga se dejaron elegir diputados en otras provincias por la conjunci&oacute;n republicano-socialista, y se separaron del partido tambi&eacute;n. Alejandro Lerroux pide entonces a sus correligionarios de Valencia que incluyan en la candidatura de all&iacute; a Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez; y con sorpresa de todos, &eacute;ste acept&oacute;; lo incluyeron y triunf&oacute;.&rdquo; Lo que quiere decir que fu&eacute; diputado contra lo acordado, &ldquo;pues el retraimiento electoral del Partido se extend&iacute;a a toda Espa&ntilde;a y ten&iacute;a el car&aacute;cter de un rompimiento con los hombres del Gobierno Provisional&rdquo;.<\/p>\n<p>Un a&ntilde;o despu&eacute;s, cuando el abortado movimiento mon&aacute;rquico del 10 de agosto, el nombre de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez figur&oacute; entre los de quienes lo hab&iacute;an orientado. Dejemos que el tantas veces citado Oliveros diga su opini&oacute;n: &ldquo;Dominado el pronunciamiento en Madrid y fracasada la sublevaci&oacute;n de Sanjurjo en Sevilla, Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez fu&eacute; aludido muy duramente en las Constituyentes, como complicado, por Aza&ntilde;a, y p&uacute;blicamente acusado por Indalecio Prieto, ministro de Obras P&uacute;blicas. Yo, que hab&iacute;a protestado con la m&aacute;xima energ&iacute;a desde El Noroeste contra la militarada el d&iacute;a que estall&oacute;, me vi en grave apuro para defender luego la inocencia de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, y la defend&iacute;, a pesar de todo, con un &eacute;xito que conmovi&oacute; al tribuno. Declaro que sent&iacute; una cierta satisfacci&oacute;n en haber contribuido a librar a Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez de una responsabilidad que le hubiese anulado mucho tiempo para la vida p&uacute;blica. Era ya terquedad m&iacute;a querer que la Rep&uacute;blica utilizase en su servicio la mentalidad superior de este hombre, atra&iacute;da, por m&oacute;viles siempre patri&oacute;ticos, por otras sugestiones. Presumo que Aza&ntilde;a, en cuyas manos estuvo entonces la tranquilidad de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, se detuvo ante el mismo pensamien&shy;to. Esta evoluci&oacute;n de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola fue enjuiciada por Indalecio Prieto, siendo &eacute;ste ministro republicano de Obras P&uacute;blicas, en un discurso pronunciado en Oviedo, al que pertenece el p&aacute;rrafo siguiente: &ldquo;Habr&iacute;a que retroceder a los tiempos mozos, ya muy remotos, del se&ntilde;or &Aacute;lvarez, para encontrar en las palabras briosas de su primera juventud pol&iacute;tica afirmaciones netamente republicanas. despu&eacute;s de eso, el se&ntilde;or &Aacute;lvarez no ha sido otra cosa que una cadena ininterrumpida, no ya de fluctuaciones, sino de claudicaciones. Y si hay alguien personalmente responsable de la tardanza en la implantaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola, de que la Rep&uacute;blica haya advenido con retraso y en dif&iacute;ciles circunstancias econ&oacute;micas del pa&iacute;s, tras las cuales es evidente que se esconden no pocos obst&aacute;culos y no peque&ntilde;as dificultades; si hay alg&uacute;n responsable destacado de que la Monarqu&iacute;a en Espa&ntilde;a, s&iacute;ntesis y compendio de todas las corrupciones pol&iacute;ticas, haya podido vivir hasta el a&ntilde;o 1931, ese responsable es don Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez. (Gran ovaci&oacute;n.). Las mudanzas pol&iacute;ticas de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez a que alude Indalecio Prieto calific&aacute;ndolas de claudicaciones, m&aacute;s bien se pueden considerar equivocaciones de buena fe, puesto que nadie se equivoca a sabiendas en su da&ntilde;o, por 1&deg; que esa responsabilidad que le atribuye pierde bastante de su fuerza acusadora. Para caer en claudicaciones es preciso sostener ideas con un tes&oacute;n y una bravura de que no di&oacute; muestras nunca el se&ntilde;or &Aacute;lvarez. Adem&aacute;s, es posible que no haya respondido nunca Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez en esos cambios a m&oacute;viles de lucro y medro personal, que son los que suelen acompa&ntilde;ar a las claudicaciones. Todo cuanto pueda decirse del se&ntilde;or &Aacute;lvarez para enjuiciarle pol&iacute;ticamente habr&aacute; de detenerse en su honorabilidad. Oliveros, que tantas razones tiene para conocer la vida del que fu&eacute; su jefe pol&iacute;tico, y que s&oacute;lo ingratitud ha recibido de &eacute;l, se expresa a este respecto en los siguientes t&eacute;rminos: &ldquo;Llegado a Madrid como diputado la primera vez y despu&eacute;s de su brillant&iacute;simo debut parlamentario, hubo de rechazar varias propuestas de consejero de Compa&ntilde;&iacute;as y Empresas. Y entonces&mdash;son sus palabras en mi casa apenas si ten&iacute;amos qu&eacute; comer. &mdash; Andando los a&ntilde;os, el bufete de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez fu&eacute; adquiriendo el prestigio y la importancia que &eacute;ste merec&iacute;a, hasta convertirse en uno de los primeros de Espa&ntilde;a. Evidentemente que la acci&oacute;n pol&iacute;tica influy&oacute; en el acrecentamiento del cr&eacute;dito profesional de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez. Pero Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, que debe cuanto es y posee a su honrado trabajo profesional, no es de los que se hayan lucrado con la pol&iacute;tica. De la concesi&oacute;n del monopolio telef&oacute;nico se hizo esc&aacute;ndalo de oposici&oacute;n a la Dictadura por quienes la combatieron. Si despu&eacute;s envolvieron a Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez en los ataques dirigidos a aquella, se debi&oacute; tambi&eacute;n a que el tribuno no quiso situarse en un plano revolucionario. Y la acusaci&oacute;n en las Constituyentes, que no prosper&oacute; por injusta, la inspir&oacute; el rencor partidista. Para los que seguimos pol&iacute;ticamente a Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez mucho a&ntilde;os, su conducta moral, honorable, es de las que en la vida p&uacute;blica espa&ntilde;ola pueden citarse de ejemplares. Por lo que a m&iacute; respecta, si no me hubiese acompa&ntilde;ado siempre esa convicci&oacute;n, no le hubiese seguido.&rdquo; .<\/p>\n<p>En las primeras elecciones ordinarias a diputados a Cortes, bajo la Rep&uacute;blica, celebradas en noviembre de 1933, Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez y otros elementos de su partido triunfaron por mayor&iacute;as en coalici&oacute;n con las fuerzas de dudoso republicanismo y hasta francamente mon&aacute;rquicas, enemigos unos de otros hasta muy poco tiempo antes. Esas mismas fuerzas de agazapado o descubierto antirrepublicanismo, con las que ha venido Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez a convivir bajo la Rep&uacute;blica, hab&iacute;an sido las que decidieron el triunfo de su candidatura, en re&ntilde;ida lucha, para decano del Colegio de Abogados, de Madrid.<\/p>\n<p>El otro aspecto de la vida de Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez, el de jurisconsulto, contrasta por los aciertos con el pol&iacute;tico. Su bufete es desde hace a&ntilde;os uno de los m&aacute;s famosos de Madrid y de Espa&ntilde;a, y apenas habr&aacute; habido asunto de gran importancia, en litigio, que no haya sido sometido al estudio y dictamen suyos.<\/p>\n<p>Tiene tambi&eacute;n en el haber su asturianismo, f&aacute;cil, seg&uacute;n se dice, al apoyo y protecci&oacute;n de cuantos asturianos acuden a &eacute;l, y siempre dispuesto a prestar su concurso y prestigio a cuanto propenda al enaltecimiento y progreso de la regi&oacute;n natal. Movidos de esa seguridad, los socios del Centro Asturiano, ya desaparecido, le nombraron su presidente por aclamaci&oacute;n en enero de 1917.<\/p>\n<p>Es acad&eacute;mico electo de n&uacute;mero desde noviembre de ese mismo a&ntilde;o de la Academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas, sin que haya tomado posesi&oacute;n de su plaza.<\/p>\n<p><span style=\"color: #333333;\">Preso en la c&aacute;rcel modelo de Madrid cuando la insurrecci&oacute;n militar y fascista de 1936 por supon&eacute;rsele implicado en ella, pereci&oacute; fusilado en la tarde del 22 de agosto al ser sofocado un movimiento subversivo de los reclusos.<\/span><\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen<\/strong><i>:<\/i><\/p>\n<p>I.&mdash;Partido Republicano: Reforma de la ense&ntilde;anza. (Madrid, 1905?; discurso en el Congreso de los Diputados.)<\/p>\n<p>II.&mdash;El acta de Medina del Campo. (Madrid, 1907; discurso.)<\/p>\n<p>III.&mdash;Discursos: Documentos parlamentarios. (Habana, 1912; compilaci&oacute;n hecha por su hermano Rom&aacute;n.)<\/p>\n<p>IV.&mdash;Dict&aacute;menes sobre derechos, deberes y responsabilidad de los corredores de comercio. (Madrid, 1914.)<\/p>\n<p>V.&mdash;El problema de Marruecos: Soluciones del Partido Reformista. (Madrid, 1914.)<\/p>\n<p>VI.&mdash;Discursos. (Valencia, 1915; recopilaci&oacute;n de Antonio D&iacute;az de Maseda, con pr&oacute;logo de Dionisio P&eacute;rez.)<\/p>\n<p>VII.&mdash; Mensaje de la Corona. (Madrid, 1916; discurso pronunciado en el Congreso de los Diputados el 1&ordm; de julio de ese a&ntilde;o.)<\/p>\n<p align=\"left\"><span style=\"color: #333333;\">VIII.&mdash; Pr&oacute;logo a &ldquo;La Dictadura y los procesos militares&rdquo; (Madrid, 1930)<\/span><\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas<\/strong>: &lsquo;<\/p>\n<p>An&oacute;nimo (Alfonso Cam&iacute;n).&mdash;Asturias en Madrid: Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez. (En la revista Norte, Madrid, noviembre de 1930.)<\/p>\n<p>Cam&iacute;n (Alfonso).&mdash;Una entrevista. (En su obra Hombres de Espa&ntilde;a, Madrid, s. a. 1923.)<\/p>\n<p>Cuber (Mariano).&mdash;Una semblanza. (En Norte, Madrid, 1934, n&uacute;mero 45.)<\/p>\n<p>&Iacute;dem.&mdash;Melqu&iacute;ades &Aacute;lvarez: El orador, el hombre, el pol&iacute;tico, sus ideas, su consecuencia y su integridad. (Madrid, 1935; un tomo en 8.&deg;)<\/p>\n<p>Oliveros (Antonio <a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/l\/\" target=\"_self\" title=\"Seud&oacute;nimo de Huelmo (Tadeo).\" class=\"encyclopedia\">L.<\/a>).&mdash;Asturias en el resurgimiento espa&ntilde;ol. Apuntes hist&oacute;ricos y biogr&aacute;ficos. (Madrid, 1935; un tomo en 8.&deg; mayor.)<\/p>\n<p>P&eacute;rez (Dionisio).&mdash;Un estudio. (Al frente del volumen Discursos anotado con el n&uacute;mero VI.)<\/p>\n<p>Prieto (Indalecio).&mdash;Discurso en Oviedo. (En los diarios madrile&ntilde;os El Sol y El Socialista de 16 de mayo de 1933.)<\/p>\n<p>Tapia (Luis de).&mdash;Aleluyas viejas. (En el libro Coplas, Madrid, 1914.)<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4769,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-1019","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/1019","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4769"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1019"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1019"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}