{"id":1164,"date":"2020-11-08T16:10:08","date_gmt":"2020-11-08T16:10:08","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=1164"},"modified":"2021-10-27T17:36:46","modified_gmt":"2021-10-27T17:36:46","slug":"camin-alfonso","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/camin-alfonso\/","title":{"rendered":"CAMIN (Alfonso)."},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">No ser&aacute; mucho afirmar que Alfonso Cam&iacute;n es uno de los m&aacute;s grandes poetas que ha producido Espa&ntilde;a en el presente siglo. Poeta de verdad, de los que no pasan sin dejar obra perdurable tras de s&iacute;, de los que no necesitan encuadrarse en una moda determinada ni fingir lo que no se tiene, porque &eacute;l hace poes&iacute;a eterna, y con la emoci&oacute;n po&eacute;tica que a &eacute;l le sobra puede poner escuela otro cualquiera. Es adem&aacute;s cronista, cuentista, novelista&hellip; Pero siempre y sobre todo, poeta. &ldquo;La obra de Cam&iacute;n&mdash;dice Crist&oacute;bal de Castro&mdash;es opulenta y arbitraria, como su vida. Toda ella se inspira en el Arrebato. Los temas surgen del ambiente, del paisaje, de la calle, del cabaret, como impulso exuberante, feraz. Las im&aacute;genes brotan en tropel, con precisi&oacute;n antigua y modos nuevos. Es muy moderno en la elegancia y muy antiguo en la sustancia. Est&aacute; en la noble confluencia de un Rub&eacute;n Dar&iacute;o menos culto y m&aacute;s febril. Desordenado, pintoresco, vibrador, siempre con altas pulsaciones l&iacute;ricas, sorprende en estos tiempos de poetas con sordina y en voz baja. Cuando la moda intelectual receta pedantescamente la deshumanizaci&oacute;n del arte, Cam&iacute;n infunde al suyo, no calor, sino fiebre de humanidad.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El mismo autor, refiri&eacute;ndose a la estampa de Cam&iacute;n y su perge&ntilde;o, hace la siguiente semblanza: &ldquo;Veo a Alfonso Cam&iacute;n macizo, achaparrado, vibrante, atr&aacute;s el haldudo sombrero, avante el numeroso puro, y la garrota bailoteando en su mano &aacute;spera. Apenas divisa a un amigo exclama: &iexcl;En! Y le detiene en un remolinar de brazos, de gestos, de interjecciones, de chupadas de puro, de salivazos de chijate&hellip; Generosidad. Cordialidad. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Verbosidad. He aqu&iacute; el pr&oacute;digo tri&aacute;ngulo. Y luego, ese descuido indumentario, ese puro descascarillado, esos zapatones, esa garrota. Y adem&aacute;s, esos &iexcl;Eh!, ribeteados de interjecciones de todos los climas.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El poeta en bable Marcos del Torniello ha hecho tambi&eacute;n una semblanza de la pintoresca figura de Cam&iacute;n, que concluye as&iacute;:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><em><span style=\"font-weight: 400;\">Ye un mozu que gasta chambergo <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">sin plumes, <\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">que ti&eacute;n la sesera fant&aacute;stica y lloca; <\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">por toda fragancia (sin otros perfumes), la pipa en la boca;<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">que ti&eacute;n una cara con g&uuml;eyos de lince, <\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">que non est&aacute;n quietos de invierno y verano;&nbsp;<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">que ti&eacute;n una llengua que fala por quince&hellip;,y el palu en la mano.<\/span><\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Otro escritor que tiene para su arte y su figura frases cordiales es Astrana Mar&iacute;n. &ldquo;Hace muchos a&ntilde;os que conozco a Camin&mdash;dice&mdash;; tiempo, sin embargo, que no excede todav&iacute;a el l&iacute;mite de la juventud; me es familiar su figura desde los d&iacute;as en que la gran mentalidad de Alfredo Vicenti le salud&oacute; diciendo: De &eacute;l se hablar&aacute; tanto como de Rub&eacute;n Dar&iacute;o. Desde entonces he sido su amigo, su compa&ntilde;ero constante y su admirador siempre.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para completar esta impresi&oacute;n sobre la personalidad de Alfonso Cam&iacute;n, adem&aacute;s de sus aspectos de excelente poeta y rara estampa, hay que a&ntilde;adir que anida en &eacute;l un esp&iacute;ritu aventurero. Cam&iacute;n en el siglo XVI habr&iacute;a sido un conquistador en Indias o un espadach&iacute;n en Flandes. Naci&oacute; con m&aacute;s de tres siglos de retraso, y ese esp&iacute;ritu emprendedor y combativo ha tenido que ce&ntilde;irse a peque&ntilde;as empresas, que, no obstante, resultan extraordinarias con relaci&oacute;n al patr&oacute;n de vida actual, ya que en la de &eacute;l abundan aventuras y pendencias.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Naci&oacute; Alfonso Cam&iacute;n el 12 de agosto de 1890 en un barrio de la aldea de Roces llamado la Pe&ntilde;uca (concejo de Gij&oacute;n), que entonces pertenec&iacute;a a la parroquia de Trema&ntilde;es donde fu&eacute; bautizado. Fueron sus padres don Manuel Cam&iacute;n Lozano y do&ntilde;a M&aacute;xima Meana y Meana, agricultores.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Apenas nacido Cam&iacute;n, comienza a tener su vida un poco de aventura. Los padrinos que le llevaban a recibir las aguas bautismales ri&ntilde;eron en el camino y abandonaron al reci&eacute;n nacido en un prado, de donde lo recogieron un labrador y una ni&ntilde;a y se fueron con &eacute;l a la iglesia a cumplir el Sacramento. A esto alude el propio Cam&iacute;n para decir que &eacute;l no tiene padrinos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A los cuatro a&ntilde;os pas&oacute; a residir a la aldea La Bra&ntilde;a, del mismo t&eacute;rmino, y en ella recibi&oacute; la instrucci&oacute;n primaria y &uacute;nica en su &ldquo;ni&ntilde;ez de j&uacute;bilo y pobreza&rdquo;. Fu&eacute; como escolar tan travieso como aprovechado, asisti&eacute;ndole en ambas cosas una viva inteligencia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De su aplicaci&oacute;n sirve como testimonio el haber obtenido en una velada escolar del Instituto de Jovellanos, de Gij&oacute;n, un premio consistente en una moneda de oro de veinticinco pesetas y un texto de Historia Natural. A los doce a&ntilde;os tuvo que dejar la escuela para ganarse el sustento en una cantera de piedra, trabajando como un hombre. &ldquo;Un bello dia&mdash;dice Martinez Riestra&mdash;, acuciado por la visi&oacute;n lejana de nuevos horizontes, Alfonso Cam&iacute;n avent&oacute; el pico y huy&oacute; por siempre de la cantera. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Fu&eacute; un gesto el suyo de viril rebeld&iacute;a. El esp&iacute;ritu del poeta tremolaba sobre la humilde condici&oacute;n del aldeano. El rapaz baj&oacute; de la monta&ntilde;a y descendi&oacute; a los llanos astures con las pupilas embrujadas de azul y el alma transformada en una selva l&iacute;rica. En aquel entonces no conoc&iacute;a la historia pintoresca de los aedos, ignoraba la vida trashumante de los rapsodas, lo mismo que las rutas recorridas por los antiguos juglares; pero sent&iacute;a all&aacute; muy dentro de todo su ser el esp&iacute;ritu aventurero de la Raza; y cay&oacute;, al fin, en tierras de Am&eacute;rica para sembrar estrofas&nbsp; con la prodigalidad de su estro magn&iacute;fico.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando este viaje de emigrante a Cuba, en octubre de 1905, iba en Cam&iacute;n a medio formar un poeta de asombrosa espontaneidad. En las noches aldeanas, de calma y silencio absolutos, era frecuente que el muchacho, como rapsoda redivivo, se fuera por callejas y corradas cantando improvisadas canciones para regodeo de los vecinos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lleg&oacute; a La Habana recomendado a un t&iacute;o suyo, que le dej&oacute; como en dep&oacute;sito en una tienda de tejidos de la calle de Belascoa&iacute;n, a t&iacute;tulo de parante en espera de colocaci&oacute;n, lo cual no le imped&iacute;a trabajar como un empleado m&aacute;s.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su cometido en esa tienda era cuidar de los g&eacute;neros que se exhib&iacute;an en la parte de afuera a modo de escaparate al aire libre. Como un perro hiciese en una ocasi&oacute;n una travesura sobre una tela colgante, cost&aacute;ndole una rega&ntilde;ina del due&ntilde;o, al segundo perro que intent&oacute; hacer lo mismo lo dej&oacute; muerto en el acto con el palo de que dispon&iacute;a para descolgar las muestras, y esto le sali&oacute; al due&ntilde;o mucho m&aacute;s caro, porque hubo de indemnizar largamente por el perro muerto. En otra ocasi&oacute;n no anduvo lejos de hacer lo mismo con un negro que tuvo la mala ocurrencia de provocarle. Fu&eacute; necesario retirarle de su misi&oacute;n en la acera del establecimiento y dedicarle a ocupaciones de aprendiz en el interior.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hab&iacute;a transcurrido un a&ntilde;o, durante el cual Cam&iacute;n no hab&iacute;a tenido otro pensamiento que poder enviar algunas pesetas a la madre, para lo cual no hab&iacute;a hecho ning&uacute;n gasto, ni siquiera el de suplir, como otros compa&ntilde;eros, las deficiencias de la alimentaci&oacute;n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando quiso enterarse de lo que ganaba, para saber de qu&eacute; dinero dispon&iacute;a, fu&eacute; cuando supo que no ten&iacute;a asignada retribuci&oacute;n alguna, que s&oacute;lo le correspond&iacute;a la ropa que hubiese podido adquirir en la tienda durante ese a&ntilde;o y que en lo sucesivo ganar&iacute;a quince duros al mes. Al oponer que &eacute;l no hab&iacute;a tomado ninguna ropa, la contestaci&oacute;n recibida del jefe fu&eacute; que nadie le hab&iacute;a mandado ser bobo. El se sinti&oacute; estafado, ya qu&eacute; no hab&iacute;a adquirido ni un par de calcetines, y se dispuso a cobrarse lo que en justicia le pertenec&iacute;a, que eran doce meses a raz&oacute;n de los quince duros que entonces le fueron asignados. En poco tiempo adquiri&oacute; en la tienda g&eacute;neros de uso personal por el valor de esa cantidad, y cuando la hubo cubierto sali&oacute; un buen d&iacute;a de la casa para no volver, llev&aacute;ndose repuesto de prendas de vestir para algunos a&ntilde;os.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desempe&ntilde;&oacute; despu&eacute;s Cam&iacute;n diferentes colocaciones, todas en el comercio, una de ellas en el Embarcadero del r&iacute;o Cauto. Disgustado el t&iacute;o con estas continuas mudanzas, le retira la protecci&oacute;n, y Cam&iacute;n queda abandonado a su suerte en La Habana, pasando mil penalidades, en lucha a brazo partido con la vida, ocultando el hambre bajo capa de orgullo. Entonces comienza para &eacute;l una larga &eacute;poca de bohemia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A fines de 1908, un episodio sangriento pone t&eacute;rmino a esa primera etapa de vida bohemia. A consecuencia de un escabroso asunto en que mediaban las faldas, se encuentra acometido por un rival armado de rev&oacute;lver en el Vedado, barrio de La Habana. Cam&iacute;n entra en una carnicer&iacute;a inmediata, se arma de un cuchillo y hace frente al agresor, hiri&eacute;ndole gravemente en un brazo. En defensa de &eacute;ste acuden tres o cuatro empleados tranviarios empu&ntilde;ando diferentes instrumentos, Y se desarrolla una batalla, en la que salen todos heridos, incluso Cam&iacute;n, que es conducido al hospital y luego a la c&aacute;rcel. Los peri&oacute;dicos habaneros acogieron el suceso con grandes titulares y alguno le puso por t&iacute;tulo el de La epopeya de un loco.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al poco de ingresar en la c&aacute;rcel queda ciego a causa de la miseria que ven&iacute;a padeciendo. Era su compa&ntilde;ero de reclusi&oacute;n un negro que hac&iacute;a de jefe de los &ntilde;&aacute;&ntilde;igos de Matanzas, el cual le le&iacute;a libros para distraerle, y Cam&iacute;n, en pago de esto, le dictaba versos, d&eacute;cimas, sonetos y otras composiciones, que se pueden considerar como las primicias de su estro. Sin embargo, el dolor de considerarse ciego para siempre le pone en el trance de quitarse la vida, y lo dispone todo para una noche, a las diez, despu&eacute;s de hecho el silencio en la c&aacute;rcel, ahorcarse con una s&aacute;bana pendiente de la reja; pero una equivocaci&oacute;n al o&iacute;r las diez cuando el reloj daba las nueve fu&eacute; causa de que su compa&ntilde;ero descubriera y evitara el intento de Suicidio. Al fin desapareci&oacute; la ceguera; pero sigui&oacute; a &eacute;sta penosa enfermedad a causa de la inanici&oacute;n que padec&iacute;a, y que le tuvo en trance de muerte. Repuesta su salud, se dedic&oacute; a imaginar un medio que le permitiera recobrar la libertad, y como no ten&iacute;a a nadie que le sirviera en tal sentido, apel&oacute; a pedirla en un soneto a la esposa del presidente de la Rep&uacute;blica, do&ntilde;a Am&eacute;rica Arias de G&oacute;mez, y otro a la camarera de la Virgen de Guanabacoa, &iacute;ntima amiga de la primera. El resultado fu&eacute; que obtuvo poco despu&eacute;s el indulto, conmovidas estas se&ntilde;oras ante la situaci&oacute;n del pla&ntilde;idero poeta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ya en libertad, se dispuso a la lucha por la vida mediante cualquier clase de trabajo. En el ingenio Tuinuc&uacute; necesitaban cubrir una plaza de mec&aacute;nico y otra de ayudante de &eacute;ste, Como desconoc&iacute;a en absoluto la labor de los dos, pens&oacute; que le ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil mandar que obedecer, y que adem&aacute;s le pagar&iacute;an mejor, y se present&oacute; como mec&aacute;nico. El primer trabajo que se le encomienda consiste en instalar parrillas nuevas al horno del ingenio. Se le ponen a las &oacute;rdenes suyas dos ayudantes y dos peones de alba&ntilde;iler&iacute;a. Atento a desempe&ntilde;ar bien su papel de jefe y a que los dem&aacute;s hicieran un trabajo que ignoraba, procur&oacute; suplir el desconocimiento con atraerse la simpat&iacute;a de los otros. Entre orden y orden, entre consulta y consulta, &eacute;l los fu&eacute; distrayendo con poes&iacute;as alusivas y procurando enterarse a la vez de c&oacute;mo se pon&iacute;an parrillas a un horno. Uno de los ayudantes era asturiano, y con &eacute;ste, burla burlando, se fu&eacute; imponiendo del asunto dialogando en bable, que los otros no entend&iacute;an.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ya improvisado de mec&aacute;nico, y con cr&eacute;dito en el ingenio por el &eacute;xito de esa tarea primera, al comenzar la molienda de ca&ntilde;a de ese a&ntilde;o (1910) se le encomienda el cargo de maquinista, que le pone en el dilema de aceptarlo o huir; todo, menos dejar al descubierto su enga&ntilde;o. Acepta el puesto, en cuyo desempe&ntilde;o se vale para suplir su ignorancia de lo que sabe el ayudante aceitero a sus &oacute;rdenes. El ingeniero jefe de m&aacute;quinas, un yanqui que no sab&iacute;a el espa&ntilde;ol, est&aacute; satisfecho de su tarea y algunas veces le dedica frases de encomio, que Cam&iacute;n no entiende, y por suponerlas &eacute;ste de censura corresponde entre dientes con insultos. De esto le pone en evidencia ante el ingeniero jefe el ayudante aceitero, y Cam&iacute;n pierde la plaza y el ayudante alguna muela. No obstante, continu&oacute; trabajando en otras ocupaci&oacute;nes en el mismo ingenio Tuinuc&uacute;, y al concluir la zafra, o sea la molienda, pudo regresar a La Habana con unas econom&iacute;as que ascend&iacute;an a mil duros.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mientras dur&oacute; esa riqueza, Cam&iacute;n vive en La Habana lo mejor que puede, d&aacute;ndose grandes hartazgos de lecturas que acaban de madurar al poeta que hab&iacute;a en &eacute;l.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando el dinero toca a su fin, marcha a Santiago de Cuba. Vuelve aqu&iacute; a trabajar en el comercio, la ocupaci&oacute;n m&aacute;s re&ntilde;ida con su esp&iacute;ritu, obligado por la necesidad. Por entonces da al p&uacute;blico en letras de molde sus primeras composiciones po&eacute;ticas (1912) en el diario El Cubano Libre. Al estallar en ese mismo a&ntilde;o la revoluci&oacute;n provocada por los negros, deja el comercio y sienta plaza de soldado voluntario en las fuerzas al mando del capit&aacute;n Valiente, del que llega a ser el hombre de confianza con la categor&iacute;a de sargento. Acabada esa revoluci&oacute;n, regresa a La Habana.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde entonces, Cam&iacute;n no vuelve a tener m&aacute;s ocupaci&oacute;n que la de las letras, aunque las circunstancias le hayan hecho improvisarse otras actividades. Colabora desde entonces en el Diario de la Marina, Diario Espa&ntilde;ol y otros peri&oacute;dicos habaneros. Desde 1913, en que publica su primer libro de poes&iacute;as, Adelfas, a libro por a&ntilde;o, va afirmando su personalidad de &nbsp; poeta, que nadie discute. Sin embargo, las letras no le resuelven el problema econ&oacute;mico, y se improvisa en vendedor de sus propios libros por los pueblos de la isla, modo de sacarles el mejor partido y hasta posiblemente el &uacute;nico medio de vender las ediciones. En sus correr&iacute;as por Cuba se detiene en Cienfuegos y funda la revista La Tierrina, de la que s&oacute;lo se publican dos n&uacute;meros, por haber fallado los elementos dispuestos a sostenerla. Tanto por la necesidad propia como por ayudar a un amigo comerciante que se encontraba con exceso de g&eacute;nero y compromisos de pago vencidos, en esa misma ciudad vuelve moment&aacute;neamente al comercio como vendedor de calle de los g&eacute;neros del amigo, en lo que obtiene un &eacute;xito rotundo, al extremo de que estuvo a punto de uniformar a medio Cienfuegos por la gran cantidad de personas que se encontraron vistiendo las mismas camisas e iguales calcetines.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Instalado nuevamente en La Habana, contin&uacute;a sus colaboraciones po&eacute;ticas en los peri&oacute;dicos antes citados y se inicia como escritor en prosa en el diario La Noche.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1915 funda y dirige la revista Apolo, exclusivamente dedicada a poes&iacute;a, que vive corto tiempo, porque surge en &eacute;l la idea de trasladarse a Espa&ntilde;a, y m&aacute;s concretamente a Madrid, en busca de m&aacute;s amplios horizontes para su personalidad po&eacute;tica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Amparado en ofrecidos apoyos econ&oacute;micos de una empresa period&iacute;stica que luego no tuvo, emprendi&oacute; su viaje a Espa&ntilde;a, dispuesto a darse a conocer en Madrid, donde era preciso hacerlo para ser luego conocido en todas partes, incluso entre la gente de su trato diario en Cuba. Pas&oacute; en Madrid una larga temporada de bohemia, abundante de privaciones y calamidades; pero logr&oacute; el objeto que se propon&iacute;a, pues fu&eacute; preciso que se le reconociera un gran poeta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pendenciero, de vida desordenada, todav&iacute;a no madurada su personalidad culturalmente, pero saludado por todos con aplauso a trav&eacute;s de algunos poemas publicados en la revista ilustrada La Esfera, el diario El Liberal y alguno que otro peri&oacute;dico &laquo;madrile&ntilde;o, publica el cuarto libro de poes&iacute;as, La ruta, y regresa a Cuba.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cierta deslealtad de un amigo, de las que van contra el honor, se&ntilde;ala en la vida de Cam&iacute;n, a los pocos meses de su regreso a Cuba, otro hecho de sangre, a Call sa del cual, como agresor, es encarcelado y procesado. Puesto alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s&nbsp; en libertad provisional, aprovecha &eacute;sta y se traslada a M&eacute;jico (1917), donde reside por espacio de unos cuatro a&ntilde;os. Su vida en esta rep&uacute;blica es continuaci&oacute;n en todos SUS aspectos de la vida anterior, vida de bohemio que hace versos maravillosos.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El antes citado Mart&iacute;nez Riestra, que fu&eacute; amigo de Cam&iacute;n desde poco despu&eacute;s del arribo de &eacute;ste a M&eacute;jico, dice de &eacute;l refiri&eacute;ndose a esa &eacute;poca:&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Es un poeta fuerte, fragoroso: uno de los mejores l&iacute;ricos de Espa&ntilde;a y de Am&eacute;rica. Acaso no haya dos que le superen en inspiraci&oacute;n, en armon&iacute;a y plasticidad. No tiene gran cultura; pero tiene juventud para adquirirla. Como todos los grandes cantores del Parnaso, b&aacute;stale con ser emotivo, ecl&oacute;tico, para producir estrofas de gran elevaci&oacute;n mental&hellip; A m&aacute;s de poeta, Alfonso Cam&iacute;n es un polemista tremendo&hellip; La pol&eacute;mica le encanta, porque maneja la diatriba con maestr&iacute;a insuperable. En cuatro renglones dice las m&aacute;s desorbitadas audacias con excesiva rapidez de juicio. La pluma en sus manos es maza que aplasta. La met&aacute;fora es tambi&eacute;n su baluarte. En ella se atalaya para herir por manera despiadada y hermosa. Los cretinos andan despavoridos. S&oacute;lo tiran mordiscos en la sombra. La pistola&mdash;&iexcl;oh esa descomunal pistola, que reclama el Museo de Artiller&iacute;a&mdash;es para ellos otro motivo de pavor. &iexcl;Vaya un ap&eacute;ndice m&aacute;s pesado y macabro! &iexcl;Pobres ri&ntilde;ones de Cam&iacute;n!&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se da a reconocer como poeta, porque conocido lo era ya, en diversas publicaciones literarias, principalmente en la revista espa&ntilde;ola Rojo y Gualda, de la que fu&eacute; director durante un a&ntilde;o; colabora luego en diarios tan importantes como El Universal y Exc&eacute;lsior, y dirige la tambi&eacute;n revista espa&ntilde;ola Castillos y Leones (1919). Publica all&iacute;, adem&aacute;s, otros dos libros de versos: Quosque tamdem? y Alabastros.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El entusiasmo que despierta su poes&iacute;a Chapultepec en el general Jos&eacute; Cabrera mueve a &eacute;ste a ofrecer al poeta un gran banquete en 1919. Acuden unos doscientos comensales, entre los que figuran personalidades descollantes en el Ej&eacute;rcito, la pol&iacute;tica, las letras y las artes, de las que el poeta consigue verdaderas ovaciones a los postres con la lectura de algunos poemas suyos, Este suceso contribuy&oacute; mucho a la extensi&oacute;n de SUS amistades en ese pa&iacute;s, entre ellas algunos generales en las diversas fases de la larga revoluci&oacute;n mejicana, casi todos fusilados, por lo que Cam&iacute;n, en sus posteriores viajes a M&eacute;jico, ha tenido que dedicar alg&uacute;n tiempo a visitar tumbas de amigos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1920 contrae matrimonio con una se&ntilde;orita mejicana, y un a&ntilde;o despu&eacute;s regresa a Espa&ntilde;a. Vuelve a fijar su residencia en Madrid y a luchar aqu&iacute; por la afirmaci&oacute;n de su nombre literario y de su posici&oacute;n econ&oacute;mica. Colabora&nbsp; en algunos diarios y revistas importantes, publica otros dos libros, ambos en prosa, uno de ellos su&nbsp; primera novela de ambiente asturiano, La moza del casta&ntilde;ar, y funda y sostiene alg&uacute;n tiempo la revista Castillos y Leones, que quiere ser como la continuaci&oacute;n de la dirigida en M&eacute;jico con este mismo t&iacute;tulo. Vuelve a ser hu&eacute;sped de una c&aacute;rcel, entonces la de Madrid (1923), por un motivo que antes enaltece que deprime: la defensa noble, pero a garrotazos, que hace de un escritor peruano, amigo suyo, que es agredido.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como su esp&iacute;ritu no se aviene con la vida quieta y sosegada, que parece la m&aacute;s propia de un pocta, en 1924 vuelve a M&eacute;jico, y de aqu&iacute; pasa a Cuba. Divorciado de su primer matrimonio en M&eacute;jico poco antes, contrae nupcias con la se&ntilde;orita cubana Lorenza Gonz&aacute;lez Camero, y regresa con ella a Espa&ntilde;a en 1926, con breves paradas en Puerto Rico y Santo Domingo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde entonces, su firma de cronista, poeta y cuentista aparece frecuentemente en revistas ilustradas, como Nuevo Mundo y La Esfera, y diarios, como El Imparcial, La Libertad, La Voz y otros. Contin&uacute;a tambi&eacute;n la ya larga serie de sus obras en volumen: libros de versos, de entrevistas, novelas asturianas y una de ambiente mejicano, entre volcanes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1928 acepta el encargo de La Esfera de marchar a M&eacute;jico a preparar un n&uacute;mero especial de la revista dedicado a esa rep&uacute;blica, en la que pasa algunos meses consagrado a este asunto y alcanza un rotundo &eacute;xito art&iacute;stico y&nbsp; econ&oacute;mico para la empresa y para &eacute;l mismo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En noviembre de 1929 funda en Madrid la revista mensual Norte,&nbsp; dedicada a la difusi&oacute;n y exaltaci&oacute;n de los valores de las provincias norte&ntilde;as, especialmente de Asturias, que contin&uacute;a public&aacute;ndose actualmente (1935). Las atenciones informativas y publicitarias de la revista le han obligado a redoblar sus actividades en viajes a M&eacute;jico, a Cuba y a diversas regiones espa&ntilde;olas, lo que va muy bien a su h&aacute;bito de hombre andariego, y a una intensa producci&oacute;n period&iacute;stica, que, a fin de presentarla como fruto de m&aacute;s de una pluma, ha venido firm&aacute;ndola con diversos seud&oacute;nimos, entre los que figuran los de Bances Juvenal, Juan de On&iacute;s, Juan Franco, Alonso S&aacute;nchez de Huelva, Crespo Calvo de Olloniego, Ra&uacute;l Acebal, Juan de la Bra&ntilde;a y Juan del Mar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esto no le ha impedido sostener sus colaboraciones en la prensa madrile&ntilde;a, especialmente en La Libertad, donde ha venido publicando una copiosa serie de cr&oacute;nicas sobre m&uacute;ltiples momentos y personalidades de la revoluci&oacute;n mejicana. Tampoco ha sido motivo para dejar de dar al p&uacute;blico nuevos libros en verso y en prosa, nunca menos de uno cada a&ntilde;o, y a&uacute;n dispone de tiempo para ordenar y publicar la colecci&oacute;n de sus Obras completas, algunos de cuyos vol&uacute;menes aparecen de tal modo refundidos, que suponen. el trabajo de haberlos escrito de nuevo.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">l &mdash; Adelfas. (Habana, 1913; Poes&iacute;as; segunda edici&oacute;n, aumentada, en M&eacute;jico, 1919.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">II.&mdash;Crep&uacute;sculos de oro. (Habana, 1914; poemas.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">III. &mdash; Cien sonetos. (Habana, a 1915; sonetos a manera de pr&oacute;logos de Luis G. Urbina, Jos&eacute; <a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/m\/\" target=\"_self\" title=\"Seud&oacute;nimo de V&aacute;zquez de Mella (Juan).\" class=\"encyclopedia\">M.<\/a> Carbonell y <a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/m\/\" target=\"_self\" title=\"Seud&oacute;nimo de V&aacute;zquez de Mella (Juan).\" class=\"encyclopedia\">M.<\/a> M&uacute;zquiz Blanco como segunda edici&oacute;n, Madrid, 1932, en la colecci&oacute;n de obras completas.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">IV.&mdash;La ruta. (Madrid, 1916; pr&oacute;logo de Emilio Carrere; poemas.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">V.&mdash;De la Asturias simb&oacute;lica. (Habana, 1917; poemas; dos ediciones posteriores: M&eacute;jico, 1918, y Madrid, 1925, esta &uacute;ltima con el a t&iacute;tulo de la Asturias simb&oacute;lica y nuevos poemas.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">VI.&mdash;Quosque Tamdem? (M&eacute;jico, 1920; poes&iacute;as.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">VII.&mdash;Alabastros. (M&eacute;jico, 1921; ) poemas.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">VIII.&mdash;Hombres de Espa&ntilde;a. (Madrid, 1923; entrevistas con personalidades; segunda edici&oacute;n en La Habana, en 1925, con el t&iacute;tulo de&nbsp; Hombres de Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">IX.&mdash;La moza del casta&ntilde;ar (Madrid, 1923; novela asturiana.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/x\/\" target=\"_self\" title=\"&nbsp; Seud&oacute;nimo de Delbrouck (Aurelio), Espina (Eladio), Huelmo (Tadeo) y otros escritores.\" class=\"encyclopedia\">X.<\/a>&mdash;Los conquistadores de Am&eacute;rica: El criollo. (Madrid, 1924; novela corta, cubana, en la colecci&oacute;n Los Contempor&aacute;neos, n&uacute;mero 786.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XI&mdash;El collar de la emperatriz. (Madrid, 1924; novela corta en la colecci&oacute;n Los Contempor&aacute;neos, n&uacute;mero 807.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XII. &mdash; La Carmona. (Madrid, 1926; novela asturiana; reproducida en follet&iacute;n por el peri&oacute;dico Asturias, de Buenos Aires, 1933.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XIII.&mdash;Carteles. (Madrid, 1926; poemas.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XIV.&mdash;Los hombres y los d&iacute;as. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">(Madrid, 1927; entrevistas.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XV.&mdash;Entre volcanes. (Madrid, 1928; novela de la revoluci&oacute;n mejicana.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XVI.&mdash; Xochitl y otros poemas. (Madrid, 1929)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XVII.&mdash; Antolog&iacute;a po&eacute;tica (Madrid, 1930; selecci&oacute;n de composiciones, con pr&oacute;logo de Luis Astrana Mar&iacute;n y ep&iacute;logo de Enrique Fern&aacute;ndez Ledesma.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XVIII.&mdash; Carey. (Madrid, 1932: poemas cubanos, publicado como tomo primero de sus Obras completas.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XIX.&mdash; La danza prima. (Madrid, 1932; poemas.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XX.&mdash; La pregonada. (Madrid, 1932; novela)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XXI.&mdash; El gallo de Mate&oacute;n. (Madrid, 1933; cuentos asturianos, en la colecci&oacute;n de sus Obras completas.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XXII.&mdash; Los poemas del indio Juan Diego. (Madrid, 1934)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XXIII.&mdash; Los poemas lozanos. (Madrid, 1935; poes&iacute;as)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XXIV.&mdash; Pelayo. (Madrid, 1935; biograf&iacute;a completa y poem&aacute;tica del h&eacute;roe de Covadonga.)<\/span><\/p>\n<p><strong>Trabajos sin formar volumen:<\/strong><\/p>\n<p>1.- Peric&oacute;n de Cornellana. (En el Imparcial, Madrid, 3 de octubre de 1926; novela corta)<\/p>\n<p>2.- Xuan&oacute;n de Caba&ntilde;aquinta. (En &iacute;dem, 5 de diciembre de 1926; novela corta)<\/p>\n<p>3.- Nuestros intelectuales: La aventura de Am&eacute;rica. (En &iacute;dem, 26 de junio, 10 de julio, 11 de septiembre y 2 de octubre de 1927)<\/p>\n<p>4.- Tipos y costumbres de Cuba. (En Heraldo de Madrid, 29 de Febrero de 1928; informaci&oacute;n sobre la vida de los &ntilde;&aacute;nigos.)<\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/strong><\/p>\n<p>Astrana Mar&iacute;n (Luis) .- Pr&oacute;logo de la Antolog&iacute;a po&eacute;tica, de Cam&iacute;n. (Madrid, 1931)<\/p>\n<p>Castro (Crist&oacute;bal de) .- Galer&iacute;a de poetas contempor&aacute;neos: Cam&iacute;n o el arrebato. (En la revista Norte, Madrid, abril de 1931; reproducci&oacute;n de Blanco y Negro.)<\/p>\n<p>Mart&iacute;nez (Emilio) .- Cam&iacute;n-Norte. (En la revista Horizontes, Habana, 1933)<\/p>\n<p>Mart&iacute;nez Riestra (C.) .- En torno de un poeta. (En el libro Amor y dolor, El Paso, Texas, 1923)<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":4776,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-1164","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/1164","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4776"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1164"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1164"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}