{"id":1165,"date":"2020-11-08T16:13:54","date_gmt":"2020-11-08T16:13:54","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=1165"},"modified":"2021-10-27T17:54:21","modified_gmt":"2021-10-27T17:54:21","slug":"campillo-y-cosio-jose-del","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/campillo-y-cosio-jose-del\/","title":{"rendered":"CAMPILLO Y COSIO (Jos\u00e9 del)."},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">El documentado bi&oacute;grafo de esta personalidad don Rafael Fuertes Arias escribe el apellido Cos&iacute;o con dos eses. Nosotros seguimos el uso general estableci&oacute; de una ese sola,<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si no fuese grave falta secular de los espa&ntilde;oles olvidarse f&aacute;cilmente de los grandes hombres que dieron brillo y prestigio a nuestro pa&iacute;s, para saber algo de lo mucho que fu&eacute; y represent&oacute; en su &eacute;poca don Jos&eacute; del Campillo y Cos&iacute;o nos bastar&iacute;a acudir a cualquier manual de Historia de Espa&ntilde;a, sin necesidad de tener que averiguarlo en tratados voluminosos, ni se dar&iacute;a el caso de que nuestras dos m&aacute;s monumentales Enciclopedias divulguen su memoria con cuatro pobres l&iacute;neas llenas de inexactitudes. La Enciclopedia Espasa le hace natural de una imaginaria Pe&ntilde;aranda asturiana y le da por fallecido un a&ntilde;o despu&eacute;s de su muerte. y el Diccionario Enciclop&eacute;dico Hispanoamericano ni siquiera sabe d&oacute;nde ha nacido. confesando que es cosa ignorada. Y esto sucede con una de las vidas espa&ntilde;olas m&aacute;s ilustres del siglo XVII.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Este caso, que es de los m&aacute;s excepcionales, tiene en parte una l&oacute;gica explicaci&oacute;n. El que poco menos que de la nada supo elevarse a ministro de Felipe V, como uno de los hombres de m&aacute;s claro talento y virtudes m&aacute;s acrisoladas de su siglo, que a su saber y dotes excepcionales de gobernante juntaba una conducta y un proceder rectil&iacute;neos en medio de un ambiente de intriga y corrupci&oacute;n, ten&iacute;a por fuerza que granjearse, como derivaci&oacute;n de la envidia, muchas malquerencias y persecuciones armadas de la difamaci&oacute;n y la calumnia, como le ha sucedido a &eacute;l, y sucedi&oacute;, y sigue sucediendo, y suceder&aacute; con muchos grandes hombres de veras, por los siglos de los siglos. Y lo frecuente de este fen&oacute;meno es que se queden en la penumbra de la Historia no pocas personalidades m&aacute;s dignas del primer t&eacute;rmino en que aparecen otras con brillo prestado o ficticio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En apoyo de esta opini&oacute;n, por lo que a Campillo y Cos&iacute;o se refiere, vamos a transcribir lo que dice el citado Fuertes Arias en su folleto biogr&aacute;fico: &ldquo;Claro est&aacute;&mdash;argumenta&mdash;que, con psicolog&iacute;a tan rectil&iacute;nea, sostenida en todo momento sin distingos de clases, no por soberbia 0 desp&oacute;tico orgullo, sino por ing&eacute;nito deseo de proceder bien en todos sus actos, revestidos del mayor grado de justicia, nada tiene de extra&ntilde;o que, al chocar contra ciertos intereses, las gentes envidiosas levantaran contra &eacute;l censuras, haci&eacute;ndole objeto de amenazas por venganza vil. en parte debido a sus ideas reformistas&hellip; De ah&iacute;, pues, que no sea aventurado suponer que otro muy distinto hubiera sido el concepto con que su nombre hubiera pasado a la posteridad si, plegando su voluntad a las conveniencias sociales, fueran o no justas, hubiera vivido de la intriga empujada por la adulaci&oacute;n, que a otros con menos m&eacute;ritos que &eacute;l tanto les sirviera para su medro personal. Pero, en realidad, este procedimiento, impropio de toda alma grande, y como grande generosa en procurar la felicidad de su pa&iacute;s, no pod&iacute;a convivir en la suya, disciplinada como estaba para la virtud de los grandes ideales por encima de sus propias conveniencias.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se da a Campillo y Cos&iacute;o como nacido en Pe&ntilde;amellera, lo que supone una noticia de toda vaguedad, ya que Pe&ntilde;amellera es un t&eacute;rmino, dividido actualmente en dos municipios. Naci&oacute; en Alles, capital del concejo de Valle Alto de Pe&ntilde;amellera. Sobre la fecha de nacimiento se anotan a&ntilde;os distintos, siendo el 1697 el que se pretende pasar por verdadero. Contra esto hay el testimonio de su contempor&aacute;neo J. Antonio Trespalacios y Mier al decir que muri&oacute; &ldquo;teniendo poco m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os de edad&rdquo;, puesto que su fallecimiento ocurri&oacute; en 1743. Ram&iacute;rez de Arellano, que da la impresi&oacute;n de haber manejado informaci&oacute;n aut&eacute;ntica, anota el a&ntilde;o 1693.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y hasta nosotros, guiados por testimonios tan falsos como los que sirvieron a otros, hemos dado la fecha de 1695 en el trabajo anotado al pie de este estudio. T&eacute;rmino a toda duda ha venido a ponerlo el citado Fuertes Arias, que transcribe en un ap&eacute;ndice de&nbsp; su folleto la partida de nacimiento de Campillo y Cos&iacute;o. Naci&oacute; &eacute;ste el 6 de enero de 1692, antes de lo que se dice y afirma, con lo cual quedan aclarados algunos hechos en la vida de esta personalidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Fueron sus padres don Toribio del Campillo y Mier y do&ntilde;a Magdalena de Cos&iacute;o y Mier, de origen noble y humilde posici&oacute;n econ&oacute;mica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De un escrito suyo de descargo sobre un proceso que le fu&eacute; instruido por la Inquisici&oacute;n de Logro&ntilde;o, y redactado en 1726, podemos sacar noticias de los primeros a&ntilde;os de su vida. Comienza diciendo que naci&oacute; &ldquo;en una casa tan pobre como honrada&rdquo;, respecto de lo cual advierte el citado Trespalacios y Mier que &ldquo;fu&eacute; un hombre noble, que en nuestro lenguaje tanto quiere decir como hijodalgo de padre y madre&rdquo;. Sigue diciendo Campillo y Cosio: &ldquo;A los ocho a&ntilde;os, por puro acto de voluntad m&iacute;a, me dediqu&eacute; al estudio de la Gram&aacute;tica, y a los diez y medio pose&iacute;a la lengua latina con la misma franqueza que la espa&ntilde;ola&hellip; Habiendo faltado mi padre, y soltando su muerte los eslabones de mi libertad, me resolv&iacute; a dejar la patria, entreg&aacute;ndome a la casualidad, y par&eacute; en C&oacute;rdoba el a&ntilde;o de ocho.&rdquo; Campillo y Cos&iacute;o entr&oacute; en esa ciudad al servicio como paje del can&oacute;nigo y escritor don Antonio Maldonado. Advertido &eacute;ste de las extraordinarias facultades del muchacho para el estudio, le relev&oacute; de tal servidumbre y le puso a estudiar en el Colegio de San Pelayo, donde curs&oacute; por espacio de cinco a&ntilde;os Filosof&iacute;a y Teolog&iacute;a con aprovechamiento que le proporcion&oacute; &ldquo;ser distinguido entre todos los disc&iacute;pulos&rdquo;. La intenci&oacute;n del can&oacute;nigo (obispo, seg&uacute;n Fuertes Arias) era encauzar la vocaci&oacute;n de su protegido hacia el sacerdocio; pero no iba por ah&iacute; la inclinaci&oacute;n del estudiante, y resisti&oacute; todas las sugestiones al punto de abandonar la casa en 1713, cuando, seg&uacute;n propia confesi&oacute;n, &ldquo;ten&iacute;a entonces diez y ocho a&ntilde;os&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como puede observarse en este dato, es falsa la cronolog&iacute;a que se viene siguiendo, El propio Fuertes Arias acepta esto sin reparar en la contradicci&oacute;n. En 1713, Campillo y Cos&iacute;o no pod&iacute;a tener diez y Ocho a&ntilde;os, aunque lo asegure &eacute;l mismo, si naci&oacute; en 1692. Por haber tomado como irrecusable el testimonio del propio interesado, ca&iacute;mos nosotros en el error de llevarle a nacer en 1695. No basta, como se ve, que el interesado diga una cosa para que los investigadores acepten el dato como incontrovertible. Campillo y Cos&iacute;o ten&iacute;a entonces veinti&uacute;n a&ntilde;os, y esto puede explicarnos que haya sido menos precoz de lo que parece,<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Dos a&ntilde;os despu&eacute;s de haber dejado la casa del can&oacute;nigo cordob&eacute;s (1715) entr&oacute; a servir en C&oacute;rdoba mismo, en calidad de criado, al intendente general de Aduanas don Francisco de Ocio, quien le confiaba pocos meses despu&eacute;s la Secretar&iacute;a, cargo que Campillo desempe&ntilde;a tan a satisfacci&oacute;n del jefe, que al ser &eacute;ste relevado dos a&ntilde;os despu&eacute;s en el destino, quiso llevarse con &eacute;l a Madrid al subordinado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero Campillo ten&iacute;a ya trazado un plan de vida para lo futuro: el de seguir la carrera administrativa de la Marina de Guerra, en lo que se inici&oacute; bajo la protecci&oacute;n del sucesor de Ocio, muy recomendado por &eacute;ste.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ya encauzado como funcionario del Estado en ese ramo, desempe&ntilde;&oacute; con acierto cargos y comisiones delicadas, primero en Sevilla, despu&eacute;s en Santo&ntilde;a, de donde fu&eacute; trasladado al real sitio de Guarnizo (tambi&eacute;n en la provincia de Santander) en el mes de marzo de 1726. Todos estos traslados significaron para &eacute;l ascensos, como testimonio de &laquo;creciente aprecio del rey y de los ministros, &ldquo;sin haber dado un memorial ni escrito una carta para ello&rdquo;, como &eacute;l mismo asegura.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Destinado en Guarnizo, la ojeriza de un subalterno suyo&mdash;don Zen&oacute;n de Somodevilla, despu&eacute;s marqu&eacute;s de la Ensenada&mdash; con el concurso de &ldquo;un mal sacerdote y cuatro frailes, que entienden m&aacute;s de refectorio que de doctrina&rdquo;, promovi&oacute; contra &eacute;l la formaci&oacute;n de un proceso por la Inquisici&oacute;n de Logro&ntilde;o, en la primavera de ese mismo a&ntilde;o (1726). Se le acusaba de leer libros prohibidos y de trato con herejes. Contra tales imputaciones se defiende el propio Campillo en carta particular y en un escrito oficial dirigidos al inquisidor, coterr&aacute;neo suyo, don Antonio Jer&oacute;nimo de Mier. En el primero de esos documentos dice en su descargo con gracioso desenfado: &ldquo;Libros prohibidos no hab&iacute;a yo o&iacute;do que obligasen a m&aacute;s que entregarse; y esperaba que antes se preguntase si hab&iacute;a o no licencia, que tengo y est&aacute; virgen como el se&ntilde;or inquisidor general la pari&oacute;, sin que yo haya usado de ella.&rdquo; Y por lo que se refiere al supuesto pecado de herej&iacute;a, dice en el segundo escrito: &ldquo;Con herejes, si no lo fueren los autores de esta maldita calumnia, jam&aacute;s he tratado.&rdquo; Resultado de ese proceso inquisitorial fu&eacute; que no se pudieran probar las acusaciones y que acabaran procesados los denunciantes. El honor de Campillo y Cos&iacute;o, que &eacute;ste custodiaba con extremado celo, sali&oacute; indemne de la prueba, y sirvi&oacute; &eacute;sta para que se consolidara su cr&eacute;dito de hombre de conducta pulera, adem&aacute;s de talentoso. Pero sirvi&oacute; no menos para vigorizar la envidia que tuvo en tal suceso el primer brote.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por entonces su personalidad comienza a cobrar altos vuelos. Es de suponer que no fuese ajeno a ello don Jos&eacute; Pati&ntilde;o, aquel excelente ministro de Felipe V que desempe&ntilde;aba a la saz&oacute;n las Secretar&iacute;as de Marina y Hacienda, entre otros elevados cargos, y que en sus acertadas medidas de gobernante estuvo la de ocupar los destinos del Estado con personas id&oacute;neas. Lo cierto es que dos a&ntilde;os despu&eacute;s del referido suceso anecd&oacute;tico alcanzaba la categor&iacute;a de comisario ordenador de Marina, con destino de superintendente en la F&aacute;brica de Bajeles, de Cantabria (1728). En ese mismo a&ntilde;o, en febrero, recibi&oacute; una regia gracia en la investidura del H&aacute;bito de Santiago. Poco despu&eacute;s se le confiaron importantes servicios en los Astilleros de la Habana. Antes de su regreso a Espa&ntilde;a, una vez cumplida su misi&oacute;n, contrajo matrimonio all&iacute; con la se&ntilde;orita santanderina Leonor Ambudioli y Arriola.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un nuevo ascenso en su Carrera tuvo lugar en 1734, al serle conferido el cargo de intendente del ej&eacute;rcito destinado a Italia bajo el mando general del duque de Montemar. De su gesti&oacute;n y conducta en Italia dice don Jorge Astrudi&mdash;protegido de Campillo all&iacute; y despu&eacute;s su secretario&mdash;que &ldquo;este Ej&eacute;rcito no pudo estar mejor asistido en todo, a costa de sus fatigas e imponderables desvelos&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al darse por liquidada por entonces la campa&ntilde;a de Italia, en 1737, Campillo regres&oacute; a Espa&ntilde;a. Viudo de su primera esposa, contrajo matrimonio con la noble se&ntilde;orita Mar&iacute;a Benitez de Rozas y Drumond, hija de los duques de Castel Blanco y San Andr&eacute;s.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Le fu&eacute; conferido despu&eacute;s el cargo de intendente general del Ej&eacute;rcito de Arag&oacute;n, con residencia en Zaragoza, donde acab&oacute; de confirmar sus excelentes dotes de gobernante, tanto por lo que se refiere a la administraci&oacute;n militar, misi&oacute;n m&aacute;s directamente ligada a su destino, como en el acometimiento de m&uacute;ltiples obras de utilidad p&uacute;blica, tales que la navegaci&oacute;n por el Ebro, la apertura de nuevos caminos terrestres, reedificaci&oacute;n del puente sobre el G&aacute;llego, explotando de una cantera de m&aacute;rmol y otras varias empresas, todas provechosas al enriquecimiento del Erario a la vez que al progreso de la regi&oacute;n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No obstante, fu&eacute; combatido. Provocaba el combate, al parecer, su car&aacute;cter r&iacute;gido y algo propenso a la irritabilidad. Fueron principales enemigos suyos el arzobispo de Zaragoza, que sent&iacute;a mermados sus privilegios, y el ministro de Hacienda, que le hab&iacute;a usurpado el puesto mediante intrigas, y a quien Campillo, despechado, daba en las correspondencias oficiales el simple tratamiento de &ldquo;Se&ntilde;or m&iacute;o&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A este ministro de Hacienda, que lo era don Fernando Verdes Montenegro, procur&oacute; Campillo atacarle por todos los medios, algunos, dicha sea toda la verdad, poco nobles. Tal vez lo fuera la causa, de atenerse por sobre toda consideraci&oacute;n a las conveniencias del pa&iacute;s frente a la ineptitud de un gobernante; pero el procedimiento le rebajaba al plano en que se hab&iacute;a puesto aqu&eacute;l para conseguir usurparle el puesto de ministro. Contra las disposiciones dictadas por Verdes Montenegro para restaurar la empobrecida Hacienda, Campillo envi&oacute; una secreta representaci&oacute;n al rey y otro escrito de car&aacute;cter particular al marqu&eacute;s de Scoti. Poco m&aacute;s tarde remiti&oacute; a dicho marqu&eacute;s, su amigo particular, para que &eacute;ste diera cuenta confidencial a la reina, con cuya simp&aacute;tica acogida contaban ambos, una extensa exposici&oacute;n de proyectos para remediar los males todos de la Hacienda p&uacute;blica y el modo de poder enviar a Italia un ej&eacute;rcito de cincuenta mil hombres, bien alimentados, vestidos y pertrechados, para restaurar los Estados de Mil&aacute;n, Parma y Plasencia. Tan risue&ntilde;os augurios halagaron a los reyes y a varios de los ministros, y Campillo acab&oacute; por ser encargado de la Secretar&iacute;a (Ministerio) de Hacienda en 1739.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entre las poes&iacute;as an&oacute;nimas que antiguamente circulaban manuscritas con chismorreos pol&iacute;ticos, despu&eacute;s albergados en los peri&oacute;dicos. Circul&oacute; en esa ocasi&oacute;n una&mdash;se conserva una copia en la Biblioteca Nacional de Madrid&mdash;, alusiva a la salida de Montemar y entrada de Campillo y Cos&iacute;o, que comienza as&iacute;: <\/span><\/p>\n<blockquote><p><em><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Salimos de Montemar, <\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">y al entrar en un Campillo, <\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">para poder ir al grano, echamos <\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">por esos trigos.&rdquo;<\/span><\/em><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sin embargo de esta pesimista predicci&oacute;n, tanto en la Secretar&iacute;a de Hacienda como en la de Guerra, Marina e Indias, que tambi&eacute;n tuvo a su cargo, Campillo fu&eacute; digno sucesor de Pati&ntilde;o, el otro gran ministro de Felipe V, y a cuya altura no rayaron otros gobernantes desde Alfonso de Quintanilla con los Reyes Cat&oacute;licos hasta Floridablanca y los condes de Aranda y Campomanes en tiempo de Carlos III.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sane&oacute; la Hacienda en la m&aacute;xima medida que las deplorables circunstancias de la econom&iacute;a nacional consent&iacute;an y gobern&oacute; con talento, rectitud y probidad ejemplares, adelant&aacute;ndose en conocimientos y normas en algunas d&eacute;cadas a los que habr&iacute;an de prevalecer como sistema de gobierno.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Adem&aacute;s, cumpli&oacute; lo que hab&iacute;a ofrecido respecto de la segunda campa&ntilde;a a desarrollar en Italia, acometida el 5 de noviembre de 1741, fecha en que sali&oacute; por tierra el ej&eacute;rcito de operaciones, al mando, como general en jefe, del duque de Montemar, que ya hab&iacute;a dirigido las de 1734.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ya en camino Montemar, recibi&oacute; &eacute;ste un nuevo plan de campa&ntilde;a hecho por el ministro Campillo de acuerdo con el rey. Fuertes Arias alude al suceso de esta forma: &ldquo;Molestado Montemar por la imposici&oacute;n del plan Campillo y por las &oacute;rdenes recibidas de &eacute;ste, se neg&oacute; a cumplirlo apoy&aacute;ndose en el parecer del Consejo de Oficiales Generales que reuniera aqu&eacute;l en el Campo de Fuente Urbano el 9 de julio de 1742, y por &eacute;sta y otras causas fu&eacute; relevado del mando y desterrado a Espa&ntilde;a. Es casi seguro que providencia tan rigurosa no la habr&iacute;a tomado el rey de no estar justificada dentro del terreno oficial. Por otra parte, las &oacute;rdenes dadas por el ministro Campillo no pod&iacute;an ser de su iniciativa personal, sino de antemano refrendadas por la augusta voluntad de S. <a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/m\/\" target=\"_self\" title=\"Seud&oacute;nimo de V&aacute;zquez de Mella (Juan).\" class=\"encyclopedia\">M.<\/a> como soberano absoluto. En todo orden de consideraciones conviene advertir que entre Campillo y Montemar, de caracteres opuestos&hellip; hab&iacute;a resentimientos y marcado antagonismo, recrudecido en la guerra anterior de Italia.&rdquo; La verdad es que si Campillo y Cos&iacute;o consigui&oacute;, como parece, trazar un nuevo plan de campa&ntilde;a m&aacute;s acertado, habr&aacute; sentido una gran satisfacci&oacute;n en anular el que llevaba el duque adversario suyo, anulando tambi&eacute;n la autoridad y el mando de &eacute;ste, ya que estaba a sus &oacute;rdenes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Este incidente fu&eacute; causa de que, seg&uacute;n Fuertes Arias, se &ldquo;malograran los comienzos de la campa&ntilde;a&rdquo;. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Pero despu&eacute;s el teniente general don Juan de Gages, sustituto de Montemar, &ldquo;con los elementos que recibiera de &eacute;ste y cumpliendo las &oacute;rdenes de atacar que le envi&oacute; la Corte, que Montemar incumpliera, sac&oacute; airosas las armas espa&ntilde;olas en la batalla de Camposanto&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A esta &uacute;ltima etapa de su vida corresponden los m&aacute;s de los estudios econ&oacute;mico-administrativos que conocemos suyos, ninguno de los cuales alcanz&oacute; en vida de &eacute;l la publicaci&oacute;n. Contin&uacute;an los m&aacute;s de ellos in&eacute;ditos, ya tal vez para siempre. Unos y otros le acreditan de escritor enjundioso y uno de los m&aacute;s ilustres hacendistas de su siglo. Del estudio Nuevo sistema de gobierno econ&oacute;mico para la Am&eacute;rica, que fu&eacute; cReferencias biogr&aacute;ficas:omo un clar&iacute;n de alarma despido, que s&oacute;lo tuvo resonancias en las ideas del conde de Aranda, dice don Manuel Colmeiro: &ldquo;Es un libro de corto volumen, pero de alt&iacute;sima importancia, nutrido de excelente doctrina en punto a la agricultura, industria y comercio de las naciones y Hu&iacute;a muy seguro para conocer a fondo la funesta pol&iacute;tica del Gobierno espa&ntilde;ol en cuanto al aprovechamiento de sus colonias.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Economistas tan eminentes como Cabarr&uacute;s y Canga Arg&uacute;elles reconocen en &eacute;l elevados m&eacute;ritos. El primero, que le combate por las duras medidas tomadas contra los absentistas y otras, dice de &eacute;l: &ldquo;Ingenio m&aacute;s singular que grande, m&aacute;s irritable que firme, m&aacute;s capaz que ning&uacute;n otro, por su vigor, de destruir los abusos y restablecer la Monarqu&iacute;a, pero incapaz por la inquietud y turbulencia de su car&aacute;cter, de aquella juiciosa y lenta meditaci&oacute;n que produce la verdadera actividad.&rdquo; Canga Arg&uuml;elles le acredita de gobernante en&eacute;rgico y muy conocedor de los negocios p&uacute;blicos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No obstante la soberbia y f&aacute;cil irritabilidad que se le achacan defectos a los que son propensos los hombres que se lo deben todo a s&iacute; mismos&mdash;, fu&eacute; persona de trato afable y sencillo, de conducta democr&aacute;tica y amante de las clases desamparadas, por cuya instrucci&oacute;n y bienestar vel&oacute; cuanto le fu&eacute; posible. Como a las notables prendas morales que le adornaban se un&iacute;an los aludidos defectos idiosincr&aacute;sicos, &eacute;stos contribuyeron, en parte al menos, a que viviera siempre rodeado de enemigos que le combat&iacute;an acerbamente. Y esta inquina le acech&oacute; hasta los postreros d&iacute;as de su vida. Pocos meses antes de su fallecimiento, en el de diciembre de 1742, recibi&oacute; un amenazador an&oacute;nimo concebido en estos t&eacute;rminos: &ldquo;Si Campillo no cumple exactamente todas las ofertas que hizo para entrar en el Ministerio, ser&aacute; castigado con la muerte hasta en su misma cama; igualmente su secretario si le oculta esta carta, lo que se sabr&aacute;. Sirvales este aviso de gobierno.&rdquo; Cierto que &eacute;l, por su parte, sab&iacute;a tambi&eacute;n mantener vivos sus resquemores, y no desperdiciaba ocasi&oacute;n para vengar agravios, Un episodio ocurrido por esos meses confirma esta aseveraci&oacute;n. Era embajador de Espa&ntilde;a en Francia el pr&iacute;ncipe de Campoflorido, de quien Campillo guardaba viejos resentimientos, y con la disculpa de que todo el dinero de la Hacienda era necesario para la nueva campa&ntilde;a de Italia y otros asuntos, a COmienzos de 1743 se le adeudaban al embajador las pagas de dieciocho meses, y parece que el ministro estaba dispuesto a que se le debieran muchas m&aacute;s. El pr&iacute;ncipe de Campoflorido, empe&ntilde;ado por falta de recursos y no encontrando medio posible de que el ministro ordenara el pago de sus emolumentos, aprovech&oacute; el encargo de unas joyas de la reina a Par&iacute;s para incluir con disimulo en el importe de la factura el de sus sueldos. Pero Campillo demor&oacute; cuanto pudo el pago de la factura, firme en el deseo de aburrir al embajador. Este acudi&oacute; entonces con sus quejas a la reina por medio del ministro de Estado, y enterado por ella el rey de que Campillo continuaba negado a pagar las joyas de la reina, orden&oacute;, sin conocimiento del ministro de Hacienda, que se abonara la deuda de los fondos que tuviesen los administradores generales de la renta del tabaco. Campillo acudi&oacute; entonces al rey con excusas, pero tambi&eacute;n con quejas por el desaire de que se cre&iacute;a objeto. Enojado el rey, le envi&oacute; secreta amonestaci&oacute;n, una hora despu&eacute;s de la entrevista. Esto caus&oacute; a Campillo y Cosio muy honda preocupaci&oacute;n, por parecerle que podr&iacute;a costarle la carrera. Sin embargo, entre sus &iacute;ntimos comentaba el caso festivamente diciendo: &ldquo;En fin, yo soy el sastre del entrem&eacute;s: tras de cornudo, apaleado.&rdquo; Pero gran da&ntilde;o debi&oacute; de ocasionarle el efecto final de la venganza tomada con el pr&iacute;ncipe de Campoflorido, porque muy breves d&iacute;as despu&eacute;s, en pleno vigor f&iacute;sico, el 11 de abril de 1743, dejaba de existir poco menos que repentinamente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Quien pudo serlo todo en vida, incluso potentado sin grandes esfuerzos ni riesgos, muri&oacute; casi en la pobreza, que no es uno de sus menores m&eacute;ritos. S&oacute;lo pose&iacute;a las cosas de comodidad y ornamento de su casa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Felipe V hab&iacute;a premiado los servicios de Campillo con honores excepcionales en varias ocasiones.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entre ellos le confiri&oacute; el nombramiento de comendador de la Oliva, de la Orden de Santiago, con cargo efectivo en esa comarca leonesa. Tambi&eacute;n le nombr&oacute; superintendente general del Cetro y lugarteniente general del infante don Felipe en el Almirantazgo de Espa&ntilde;a e Indias. Y, por &uacute;ltimo, al fallecer Campillo sin sucesi&oacute;n de ninguno de sus dos matrimonios, y como reconocimiento de los servicios prestados a la Monarqu&iacute;a, otorg&oacute; al hermano del difunto ministro, don Francisco, un se&ntilde;or&iacute;o en el t&eacute;rmino de Medina del Campo.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><span style=\"color: #ff0000;\">Lo que hay de m&aacute;s y de menos en Espa&ntilde;a para que sea lo que debe ser y no lo que es (Madrid, S.A.; 1899; extracto de 32 p&aacute;ginas, del manuscrito de ese t&iacute;tulo, con pr&oacute;logo de Jos&eacute; del Castillo y Soriano dirigido a Julio Nombelos en la colecci&oacute;n Biblioteca Popular Ilustrada). Dice este autor que deseoso de comprobar si realmente no se hab&iacute;a publicado esa obra, encontr&oacute; en el &iacute;ndice de una Biblioteca particular, &ldquo;Un manual de lo que hay de m&aacute;s y de menos en Espa&ntilde;a, por el orden alfab&eacute;tico; su autor Juan Jos&eacute; de Arechaga y Landa impreso en Madrid el a&ntilde;o 1842, en el Colegio Nacional de Sordomudos, y que consta de 140 p&aacute;ginas en 4&ordm;. Este Manual no es m&aacute;s que una copia sol pedem literae de la mayor parte del manuscrito de Campillo, cifras y presupuestos de muy dudosa exactitud, consignador en los Elementos de Geograf&iacute;a, de Antill&oacute;n, respecto de la poblaci&oacute;n de Espa&ntilde;a, lo &uacute;nico verdaderamente original que contiene esta obra es la advertencia inserta el respaldo de la portada, declarando, En propiedad del autor, quien perseguir&aacute; ante la ley al que la reimprima sin su consentimiento&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen:&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">I.&mdash;Nuevo sistema de gobierno econ&oacute;mico para la Am&eacute;rica. Con tos males y da&ntilde;os que causa el que hoy tiene, de los que participa copiosamente la Espa&ntilde;a. Y remedios universales para que la primera tenga ventajas considerables y la segunda mayores intereses. (Madrid, 1789; obra p&oacute;stuma; el manuscrito, fechado el a&ntilde;o 1743, en la Biblioteca Nacional, de Madrid.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Trabajos sin formar volumen:&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">1.&mdash;Cartas que escribi&oacute; D&hellip; al Sr. D. Antonio Jer&oacute;nimo Mier, inquisidor de Logro&ntilde;o. (En el tomo XXIV del Semanario Erudito, de Valladares, y en el libro Pati&ntilde;o y Campillo, de don Antonio Rodr&iacute;guez Villa, Madrid, 1882.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras in&eacute;ditas:&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Extracto de un tomo de cartas a don Jos&eacute; Pati&ntilde;o sobre las Expediciones en Italia, mandadas por el conde de Montemar desde 1734 a 1736. (MS. en la Biblioteca de El Escorial.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Inspecci&oacute;n de las seis Secretar&iacute;as de Estado y calidades de sus secretarios. (MS. fechado en 17309, depositado en la Biblioteca Nacional, de Madrid.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Cu&aacute;l de los capitanes de mar y tierra debe tener m&aacute;s aplicaci&oacute;n y estudio para las respectivas funciones de sus encargos. (MS. de 1740.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Lo que hay de m&aacute;s y de menos en Espa&ntilde;a, para que sea lo que debe ser y no lo que es. (MS. de 1741, depositado en la Biblioteca Nacional, de Madrid, y una copia en el Instituto de Jovellanos, de Gij&oacute;n, en 197 folios.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Espa&ntilde;a, despierta. (MS. de 1741, trabajo escrito como continuaci&oacute;n del anterior; copia de 113 folios en el Instituto de Jovellanos, de Gij&oacute;n.)<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">An&oacute;nimo.&mdash;Una glosa po&eacute;tica alusiva a Campillo como ministro. (MS. en el tomo XII de Varias poes&iacute;as, en la secci&oacute;n de manuscritos de la Biblioteca Nacional, de Madrid.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">An&oacute;nimo.&mdash;Tres poes&iacute;as a Sus gestiones Como hombre p&uacute;blico. (MS. en el tomo LXX de Papeles curiosos, de &iacute;dem.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Campillo y Cos&iacute;o (Jos&eacute; del)..&mdash; Representaci&oacute;n de D&hellip; en forma de inventiva, o escrito apolog&eacute;tico en defensa propia, sobre cierta calumnia con que le trataron, o la Inquisici&oacute;n suponi&eacute;ndole haber hecho proposiciones her&eacute;ticas y err&oacute;neas y conservar libros prohibidos. (MS. en la Biblioteca Nacional, de Madrid.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Concepci&oacute;n (Fr. Juan de la).&mdash; Oraci&oacute;n f&uacute;nebre. (Madrid, 1744.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Fuertes Arias (Rafael) .&mdash;Ensayo biogr&aacute;fico acerca del Excelent&iacute;simo se&ntilde;or don&hellip; (Madrid, 1927; folleto.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Laverde (Gumersindo).&mdash;Un estudio biogr&aacute;fico. (En la Ilustraci&oacute;n Gallega y Asturiana, Madrid, julio 30 de 1879; reproducido por El Carbay&oacute;n, Oviedo, mayo 3 de 1886.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pacios (P. de).&mdash;Los asturianos de ayer: Don Jos&eacute; del Campillo y Cos&iacute;o. (En la revista Asturias, &Oacute;rgano del Centro Asturiano, de Madrid, enero de 1906.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Rodr&iacute;guez Villa (Antonio). &mdash;Pati&ntilde;o y Campillo. Rese&ntilde;a hist&oacute;rico-biogr&aacute;fica de estos dos ministros de Felipe V. (Madrid, 1882.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su&aacute;rez, Espa&ntilde;olito (Constantino).&mdash;Asturianos de anta&ntilde;o: Jos&eacute; del Campillo y Cos&iacute;o. (En el Diario de la Marina, Habana, 28 de diciembre de 1932.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">T&eacute;llez (Tello). &mdash;Un ministro asturiano del siglo XVIII. (En El Carbay&oacute;n, Oviedo, 28 de agosto de 1897.)<\/span><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":5016,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-1165","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/1165","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5016"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1165"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1165"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}