{"id":1286,"date":"2020-11-10T09:59:38","date_gmt":"2020-11-10T09:59:38","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=1286"},"modified":"2021-11-08T11:15:42","modified_gmt":"2021-11-08T11:15:42","slug":"carreno-de-miranda-juan-2","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/carreno-de-miranda-juan-2\/","title":{"rendered":"CARRE\u00d1O DE MIRANDA (Juan) (Hijo)."},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">La personalidad m&aacute;s eminente entre los artistas asturianos de todos los tiempos. No s&oacute;lo gloria de Asturias, sino de Espa&ntilde;a. Tras la primera fila que forman en la pintura nacional los genios de Vel&aacute;zquez, Greco, Murillo y Goya, Ocupa Carre&ntilde;o de Miranda uno de los primeros puestos, y en la llamada en pintura escuela de Madrid, creada por Vel&aacute;zquez, es la figura m&aacute;s preeminente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Uno de los pocos pintores de m&eacute;rito distinguido&mdash;dice Jos&eacute; Caveda y Nava en Memoria de varones ilustres asturianos&mdash;que despu&eacute;s de la muerte de Vel&aacute;zquez sostuvieron la reputaci&oacute;n de la pintura espa&ntilde;ola en su deplorable decadencia bajo Carlos II.&rdquo; Y Mayer, en Historia de la pintura espa&ntilde;ola, se expresa as&iacute;: &ldquo;El sucesor propiamente dicho de Vel&aacute;zquez en la Corte de Madrid fu&eacute; don Juan Carre&ntilde;o de Miranda, sin duda el personaje art&iacute;stico de mayor importancia en la segunda Mitad del siglo XVI.&rdquo; Esta misma idea la desarrolla con mayor amplitud Bernardino de Pantorba al afirmar: &ldquo;La figura de Carre&ntilde;o aparece en el segundo plano de nuestro arte, naturalmente ensombrecida por la luz que irradia el genio de Vel&aacute;zquez. Tr&aacute;tase de una figura simp&aacute;tica y valiosa, que pugna por sostener en sus manos la pintura de buena casta, la profunda pintura espa&ntilde;ola que deja en pie el autor de Las Meninas, la honrada y noble pintura que a&uacute;n aletea unos a&ntilde;os y tiene su &uacute;ltimo defensor en Claudio Coello y cae herida al fin por la ramploner&iacute;a borb&oacute;nica, que no sabe proteger sino a la mediocridad extranjera. Mediocridad extranjera que se hunde merecidamente cuando suena otra vez, con Goya, la hora del genio espa&ntilde;ol.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Juan Carre&ntilde;o de Miranda es una de las poqu&iacute;simas grandes figuras asturianas que han encontrado en nuestro tiempo su bi&oacute;grafo. Para gloria de su nombre y recuerdo de sus m&eacute;ritos por la posteridad, Carre&ntilde;o de Miranda cuenta, por excepci&oacute;n, con una obra digna de todas las alabanzas como fuente de consulta y como alarde bibliogr&aacute;fico: &laquo;El pintor don Juan Carre&ntilde;o de Miranda: 1614-1685: Su vida y sus obras&raquo;, de don Daniel Berjano Escobar, &ldquo;obra excelente, honra de su autor, honor de Asturias y timbre de gloria para las artes y las letras espa&ntilde;olas&rdquo;, como la juzga el tan parco siempre en elogios como abundante en destempladas censuras don Julio Somoza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Adem&aacute;s de recoger esta obra rica documentaci&oacute;n aut&eacute;ntica sobre la vida y la obra del c&eacute;lebre pintor, reproduce numerosos cuadros suyos en negro y a todo color. Es obra cara, de corta edici&oacute;n, que a&uacute;n permite, para el mayor y m&aacute;s extenso conocimiento de este insigne artista, la publicaci&oacute;n de un libro accesible a las modestas posibilidades.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De esa obra de Berjano Escobar nos servimos principalmente para esta informaci&oacute;n, porque nos da hecho con maestr&iacute;a lo que habr&iacute;amos de ir espigando en Comentaristas diversos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Berjano Escobar caracteriza de esta manera el arte de Carre&ntilde;o de Miranda: &ldquo;La nota t&iacute;pica de Carre&ntilde;o de Miranda es la identificaci&oacute;n y concordancia con todas las manifestaciones de la vida nacional coet&aacute;nea, de la que fu&eacute; la expresi&oacute;n m&aacute;s fiel, como excelso Pintor de la raza en aquella saz&oacute;n; de tal manera, que para conocer y vivir su &eacute;poca tienen m&aacute;s fuerza reconstructiva sus cuadros que todos los documentos muertos y apilados en los archivos y los relatos fr&iacute;os de los historiadores.&raquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&laquo;En cuanto a su acci&oacute;n art&iacute;stica en la esfera pict&oacute;rica, apuntada sagazmente por el se&ntilde;or Sentenach, encontramos en &eacute;l al Rembrandt espa&ntilde;ol, salvando siempre sus caracter&iacute;sticas nacionales. Ambos cerraron el ciclo est&aacute;tico, llamado cl&aacute;sico, y con su arte, vivo y decorante, abrieron resueltamente la ruta al arte nuevo y din&aacute;mico, denominado barroco, siendo la omega de aqu&eacute;l y el alfa de &eacute;ste.&rdquo; <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Acerca de la formaci&oacute;n art&iacute;stica, oponi&eacute;ndose en este aspecto a la opini&oacute;n circulante como m&aacute;s autorizada, Berjano Escobar escribe: &ldquo;La definitiva y consolidada formaci&oacute;n, el cuaje, dig&aacute;moslo as&iacute;, de su personalidad art&iacute;stica, fu&eacute; obra suya, de su fuerza r&aacute;cica, como sucedi&oacute; con Vel&aacute;zquez, Zurbar&aacute;n y Murillo, y m&aacute;s tarde con Goya, verdaderas autodidactas, estudiando por s&iacute; las obras maestras de los grandes pintores flamencos e italianos que atesoraban los palacios reales, los que fueron sus consejeros e inspiradores, no por mudos menos comprendidos y escuchados que sus maestros directos. Todos los cr&iacute;ticos de arte, excepci&oacute;n hecha del malogrado Beruete y Moret, Wyzewa e, incidentalmente, Mayer, coinciden en se&ntilde;alar como maestros ideales de Carre&ntilde;o a Rubens, Van-Dyck y Vel&aacute;zquez, prefiriendo, en nuestra opini&oacute;n, el m&aacute;s decisivo, al que suministr&oacute; a su retina la solera de su cromatismo y a sus pinceles la t&eacute;cnica del colorido por capas decrecientes, en que los matices se funden mel&oacute;dicamente, que fu&eacute; el gran Tiziano&hellip; Sobre ese fondo y a su calor fundidos agr&uacute;panse luego, selectivamente depurados, la &aacute;urea amplitud rubeniana, la suma elegancia de Van-Dyck y el supremo verismo de Vel&aacute;zquez, que fue el decisivo forjador de su estilo y manera final, conservando, no obstante, en toda su evoluci&oacute;n, su definida personalidad y car&aacute;cter.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En apoyo de esa observaci&oacute;n sobre la influencia de Tiziano en Carre&ntilde;o aduce el mencionado bi&oacute;grafo rastros que la se&ntilde;alan en algunos lienzos, y hasta cita una copia del cuadro El Sepulcro. Trae adem&aacute;s a colaci&oacute;n un juicio de Jovellanos sobre una Concepci&oacute;n de Carre&ntilde;o, &ldquo;cuyo colorido puede competir con lo mejor de Tiziano&rdquo;. Tambi&eacute;n le estima influido por Zurbar&aacute;n, sobre todo en los temas religiosos. Y, por &uacute;ltimo, considera tambi&eacute;n a Murillo maestro suyo: &ldquo;Nosotros llamar&iacute;amos a Carre&ntilde;o el Murillo castellano, y A Murillo, el Carre&ntilde;o andaluz.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Fu&eacute; el artista peninsular&mdash;prosigue Berjano&mdash;m&aacute;s naturalista, m&aacute;s culto, en el sentido l&eacute;xico que a este adjetivo otorgaban a: la saz&oacute;n Lope de Vega y Graci&aacute;n; m&aacute;s llano, aunque jam&aacute;s vulgar, y menos ceremonioso de su tiempo.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por lo que se refiere a la vocaci&oacute;n de Carre&ntilde;o por su arte dice: &ldquo;No fu&eacute; nunca Carre&ntilde;o pintor por ganarse la vida, ni con &aacute;nimo de lucro, ni aun siquiera por pasi&oacute;n de gloria y aura popular. Carre&ntilde;o pint&oacute; por &iacute;ntimo placer, como cantan los p&aacute;jaros y florecen los rosales, por movimiento natural de su ser, enamorado de la verdad y de la belleza, profesando su arte como los monjes su regla.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&laquo;Por eso son sus obras a manera de oraciones, como la&uacute;des y salmos entonados para la glorificaci&oacute;n de la naturaleza divina en Su reflejo de lo contingente: para &eacute;l, en la creaci&oacute;n, no hay diferencias, ni categor&iacute;as, ni precedencias. En sus cuadros presta igual atenci&oacute;n a la figura principal que a los m&aacute;s humildes accesorios;con la misma verdad y acabamiento pinta la Virgen ni&ntilde;a aprendiendo a leer con sus padres Santa Ana y San Joaqu&iacute;n, en el cuadro que hizo para el convento de San Mart&iacute;n, y que hoy conserva el Museo del Prado, que el tapiz en que asienta sus pies; con el mismo esmero y donaire retrata a la altiva y lujosa marquesa de Santa Cruz que a la idiota y monstruosa enana Eugenia Mart&iacute;nez; al rey, que al buf&oacute;n Baz&aacute;n.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sobre la preferencia por el retrato como tema pict&oacute;rico expone su bi&oacute;grafo: &ldquo;Fu&eacute; siempre en Carre&ntilde;o afici&oacute;n primaria la del retrato&hellip;, y esa afici&oacute;n perdur&oacute; en &eacute;l hasta la vejez, porque de ella son precisamente sus mejores retratos: el del embajador moscovita lleva la fecha de 1682; el de Carlos II con armadura, del Museo del Greco, de 1683, y el del nuncio monse&ntilde;or Millini, propiedad antes del se&ntilde;or Beruete, hoy en Londres, la de 1684, a los sesenta y un a&ntilde;os de su vida y uno antes de su muerte. Lo mismo en el de Diego Valentin D&iacute;az, que es el m&aacute;s antiguo que conocemos, que en los tres expresados, y&nbsp; en todos, en fin, los que de &eacute;l se conservan, presenta las mismas caracter&iacute;sticas de objetividad, porque Carre&ntilde;o abstrae y esfuma su personalidad en la de la persona retratada, a la que imprime de tal manera su car&aacute;cter y fisonom&iacute;a, que nos parece estar contemplando el propio original revivido. Es un espejo, pero con la ventaja sobre el cristal de saber recoger lo que pudi&eacute;ramos llamar el momento psicol&oacute;gico del modelo, Veraz hasta la exageraci&oacute;n, y tan justo, que excluye la m&aacute;s m&iacute;nima adulaci&oacute;n o favorecimiento si &eacute;ste ha de obstar a la exactitud de la reproducci&oacute;n, No le han impedido estas cualidades, sin embargo, presentar al retratado en la actitud m&aacute;s habitual, con la innata elegancia y simpat&iacute;a que fluye de sus pinceles.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Berjano Escobar recoge en su obra opiniones sint&eacute;ticas sobre Carre&ntilde;o de Miranda de los cr&iacute;ticos y tratadistas espa&ntilde;oles Madrazo, Ara&uacute;jo S&aacute;nchez, quien afirma que es uno de los pintores &ldquo;mejores que ha habido en Espa&ntilde;a&rdquo;; M&eacute;lida, Ce&aacute;n Berm&uacute;dez, Cossio, Sentenach, Domenech, Tormo, S&aacute;nchez Cant&oacute;n y Beruete y Moret, y de los extranjeros Viardot, Siret, Burger, Solcay, Wizewa, Leford, Gillet y Calver.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como juicio propio de Berjano Escobar, vale por todos esta reflexi&oacute;n: &ldquo;Justa y consoladora iron&iacute;a de la realidad: los soberbios; los intrigantes, los ambiciosos, los fatuos palaciegos que menospreciaban a Carre&ntilde;o y, consider&aacute;ndolo poco m&aacute;s que a un: menestral, dificultaban el pago de sus obras, pasaron al mont&oacute;n an&oacute;nimo de la nada; el humilde pintor, sufrido, callado y apostemado, vive la vida perenne y gloriosa del Arte y es m&aacute;s conocido y apreciado que los mismos reyes y magnates a quienes, generoso, di&oacute; relativa perpetuidad con su pincel, que de otra manera no hubieran obtenido.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Proced&iacute;a Carre&ntilde;o de noble alcurnia, condici&oacute;n de la que no se sabe que haya hecho uso nunca, ni menos ostentaci&oacute;n, por imped&iacute;rselo su car&aacute;cter sencillo y el cifrar en su arte la suma de todos sus orgullos. Desde muy remotos tiempos (1288) gozaban sus antepasados del privilegio, otorgado a Garci Fern&aacute;ndez de Carre&ntilde;o por Sancho IV el Bravo, de recibir todos los a&ntilde;os el traje que vistiera el rey en Viernes Santo. Posteriormente, los reyes concedieron otras mercedes importantes a la familia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aunque siempre dentro del a&ntilde;o 1614, se anotan muy diversas fechas del nacimiento de Carre&ntilde;o de Miranda, que tuvo lugar el 25 de marzo en la villa de Avil&eacute;s. Nada sabemos de su infancia hasta que, viudo el padre, de igual nombre y apellidos, de do&ntilde;a Catalina Fern&aacute;ndez Berm&uacute;dez, se traslad&oacute; a Madrid en edad de nueve a&ntilde;os (1623).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Dice Ce&aacute;n Berm&uacute;dez en Historia de la pintura que, observando el padre que al muchacho &ldquo;nada le llamaba tanto la atenci&oacute;n como la pintura, determin&oacute; ponerlo en la escuela de Pedro de las Cuevas, adonde concurr&iacute;an los hijos de los caballeros. Pero antes quiso que estudiase la Latinidad y las Matem&aacute;ticas, como se efectu&oacute;, sin dejar de frecuentar la casa de los Desamparados, donde Cuevas ten&iacute;a su escuela, llevado de su inclinaci&oacute;n. Muy pronto di&oacute; se&ntilde;ales de su talento y disposici&oacute;n para ser un gran profesor, pues hizo progresos en poco tiempo en el dibujo que fueron la admiraci&oacute;n de los inteligentes. Para comenzar a pintar pas&oacute; a casa de Bartolom&eacute; Rom&aacute;n, buen colorista&hellip; Con tan buenos maestros, con su genio y aplicaci&oacute;n, el joven Carre&ntilde;o, a los veinte a&ntilde;os de edad, pint&oacute; cuatro cuadros de composici&oacute;n para los &aacute;ngulos del claustro del Colegio de Do&ntilde;a Mar&iacute;a de Arag&oacute;n, que le acreditaron en la corte de pintor consumado&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sobre esta primera &eacute;poca de la vida art&iacute;stica de Carre&ntilde;o, Palomino&mdash;contempor&aacute;neo suyo y a quien Ce&aacute;n habr&aacute; seguido en muchos pormenores, como le siguen todos&mdash;indica que sostuvo la vocaci&oacute;n de pintor &ldquo;contra la voluntad de su padre&rdquo;, cosa probable, seguramente cierta, pagado como era &eacute;ste de su alcurnia. Tambi&eacute;n dice Palomino que a esa edad de veinte a&ntilde;os &ldquo;di&oacute; muestras en las Academias de esta Corte de su habilidad y aprovechamiento&rdquo;, y&nbsp; las obras citadas por Ce&aacute;n Berm&uacute;dez agrega otras para el convento del Rosario. Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de muerto Felipe IV (27 de septiembre de 1669, seg&uacute;n Ce&aacute;n Berm&uacute;dez), la Regencia le nombra pintor de Su Majestad. &ldquo;Sentada plaza de palaciego&mdash;dice Berjano&mdash;, le otorgan a la muerte de Manuel Herrera, el 17 de diciembre del mismo a&ntilde;o (1869), el empleo que &eacute;ste desempe&ntilde;aba de ayuda de la furriera, o sea uno de los que tienen a su cargo las llaves y muebles del Palacio Real y van delante del rey abri&eacute;ndole las puertas, que tambi&eacute;n desempe&ntilde;&oacute; su cooperador Francisco Rizi, y despu&eacute;s de &eacute;l Claudio Coello, pintor del rey y de C&aacute;mara. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, y por muerte de Sebasti&aacute;n Herrera, consigue el suspirado cargo, &uacute;nico, de pintor de c&aacute;mara del rey Carlos Il, que le otorga su madre, la reina regente, motu proprio y sin consulta, pero con molestia por ello de la C&aacute;mara y Consejo de Castilla.&rdquo; La fecha de este nombramiento la fija Ce&aacute;n el 11 de abril de 1671.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por entonces, obligado como estaba a pintar a los miembros de la real familia y altos personajes palatinos, se fortaleci&oacute; grandemente la aptitud de Carre&ntilde;o de Miranda como retratista, que es la modalidad en que ha producido m&aacute;s y mejores obras y la que permite apreciar aquella sociedad aludida en la siguiente copla an&oacute;nima:<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p><em><span style=\"font-weight: 400;\">Rey inocente, <\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">reina traidora, <\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">pueblo cobarde, <\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">grandes sin honra.<\/span><\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De Carlos II y de su madre, do&ntilde;a Mariana de Austria, ha dejado varios retratos en diversas posturas y ocasiones. Pintando uno del primero, ni&ntilde;o todav&iacute;a, fu&eacute; cuando tuvo lugar aquella conocida an&eacute;cdota reveladora del orgullo que cifraba Carre&ntilde;o en su arte, y que anota su contempor&aacute;neo y disc&iacute;pulo don Juan Palomino de esta manera: &ldquo;En la menor edad, retrat&aacute;ndole en presencia de la reina nuestra se&ntilde;ora, su madre, dijo Su Majestad c&oacute;mo hab&iacute;a conocido diferentes pintores de c&aacute;mara y a Vel&aacute;zquez, que hab&iacute;a sido del h&aacute;bito de Santiago, y entonces dijo el rey: &mdash;Y t&uacute;, Carre&ntilde;o, &iquest;de qu&eacute; h&aacute;bito eres?&mdash;. Y &eacute;l respondi&oacute;: &mdash;Yo, se&ntilde;or, no tengo m&aacute;s h&aacute;bito que el de ser, se&ntilde;or, de Vuestra Majestad. &mdash;Pues &iquest;por qu&eacute; no te lo pones?&mdash;replic&oacute; el rey con la sencillez de aquella edad. Y dijo el Almirante, padre, que estaba presente: &mdash;Ya se lo pondr&aacute;, se&ntilde;or&mdash;. Y pareci&eacute;ndole al Almirante que &eacute;sta era merced redonda, le envi&oacute; a Carre&ntilde;o una venera muy rica de su h&aacute;bito, que era de Santiago, dici&eacute;ndole que, ya que se hab&iacute;a de poner el h&aacute;bito, por la merced que Su Majestad le hab&iacute;a hecho, que se holgar&iacute;a fuese el suyo. A lo que respondi&oacute; Carre&ntilde;o, despu&eacute;s de estimar la honra que le hac&iacute;a el Almirante, que &eacute;l no hab&iacute;a menester m&aacute;s h&aacute;bito que la honra de criado de Su Majestad. Instado de algunos amigos, dici&eacute;ndole que siquiera por dar ese honor a la pintura se lo pusiese, respond&iacute;a: Que la pintura no necesitaba que nadie le diese honores, que ella era capaz de darlos a todo el mundo.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Este orgullo de su propio valer conviv&iacute;a en Carre&ntilde;o con la modestia y generosidad m&aacute;s puras, como descubre esta otra an&eacute;cdota, recogida tambi&eacute;n por Palomino y, como la anterior, recordada por Berjano Escobar. &ldquo;A un pintor de muy corta habilidad de aquella era, llamado Gregorio Utande, le mandaron hacer un cuadro; h&iacute;zolo como supo y pidi&oacute; por &eacute;l cien ducados; pareci&oacute; demasiado precio a los due&ntilde;os de la obra, y despu&eacute;s de varios debates se convino Utande en traerlo a Madrid y que ellos nombrasen quien lo tasara. Convenidos en esto, vino a Madrid a toda prisa nuestro Gregorio con su lienzo y una cantarilla de miel, la cual entreg&oacute; a Carre&ntilde;o para paladearle, pidi&eacute;ndole que se sirviese retocar aquel cuadro, sin manifestarle el motivo. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Carre&ntilde;o, con su gran bondad y honrado genio, lo hizo tan bien, que todo el cuadro revolc&oacute; de arriba abajo, porque otro retoque no ten&iacute;a. En esto nombraron los due&ntilde;os para tasadores a Carre&ntilde;o y Sebasti&aacute;n de Herrera. Carre&ntilde;o, que no se pod&iacute;a descubrir, call&oacute;, y, llegado el caso, dijo que &eacute;l no pod&iacute;a tasar aquel cuadro porque el que lo hab&iacute;a hecho era muy &iacute;ntimo amigo suyo y no quer&iacute;a aparecer apasionado, y as&iacute; se conformar&iacute;a con lo que dijese su compa&ntilde;ero. Herrera, que conoci&oacute; la carta y supo el cuento, tan s&oacute;lo en doscientos ducados, los cuales, o poco menos, le dieron por el cuadro al buen Utande; pero a los tasadores s&oacute;lo les di&oacute; las gracias de palabra, sin que el pobre Carre&ntilde;o, que lo hab&iacute;a trabajado, le valiese m&aacute;s que la dicha cantarilla de miel, del cual supe yo todo este cuento a la letra&mdash;dice Palomino&mdash;, que lo contaba con mil gracias; y es tan notorio en Alcal&aacute;, que todos los del arte y aficionados le llaman a aquella pintura el cuadro de la cantarilla de miel.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A esta &uacute;ltima y m&aacute;s fecunda &eacute;poca de Carre&ntilde;o de Miranda corresponden, adem&aacute;s de algunos cuadros de asunto religioso, los m&aacute;s famosos retratos que salieron de su paleta: varios de los reyes, los de la marquesa de Santa Cruz, don Juan de Austria, el privado don Fernando Valenzuela, el patriarca Benavides, el buf&oacute;n Baz&aacute;n, el embajador ruso Ivanowitz Potemkin, la enana Eugenia Mart&iacute;nez, vestida y desnuda; el duque de Pastrana y Otros.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Fu&eacute; hombre de gran laboriosidad, del que se puede afirmar que s&oacute;lo vivi&oacute; para su arte. El tantas veces citado Berjano Escobar alude a esto de manera precisa: &ldquo;Le vemos afanoso, trabajando, hasta que la enfermedad le rinde, en su taller instalado en el Palacio Real, en el Cuarto del Pr&iacute;ncipe, en la b&oacute;veda llamada del Tigre, con vistas al Campo del Moro y a la lejana sierra del Guadarrama, y le contemplamos luego en su hogar, feliz; en el altillo de Palacio, en la casa de la marquesa de Villatorre, decoradas sus estancias con lienzos suyos, unos originales, otros copias de Sus maestros predilectos, ocupando preferente lugar en su estrado, am&eacute;n de algunos relicarios, un grupo escult&oacute;rico de la Asunci&oacute;n de la Virgen, de madera estofada; rodeado de su familia y acompa&ntilde;ado de sus camaradas, los jefes de servicios palatinos, y de sus disc&iacute;pulos Y admiradores, entre los que se destacan, por su asiduidad y afecto, los pintores Palomino, Jer&oacute;nimo Ezquerra y el humilde Juan L&oacute;pez, el Mudo, galardonados estos dos &uacute;ltimos por la viuda del maestro, el primero, con la espada y daga que &eacute;l usara, y el &uacute;ltimo, con el coleto de ante que abrigara su torso.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Adem&aacute;s de los citados, contaba entre sus disc&iacute;pulos a Mateo Cerezo, Juan Martin Cabezalero, Jos&eacute; Jim&eacute;nez Donoso, Francisco Ruiz de la Iglesia, Jos&eacute; Ledesma, Bartolom&eacute; de Vicente y Luis Sotomayor.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como demostraci&oacute;n de que viv&iacute;a profundamente entregado a su arte, refiere Palomino la an&eacute;cdota siguiente: &ldquo;A don Juan Carre&ntilde;o, cuando estaba pintando, era menester llamarle a comer media hora antes y repetirlo muchas veces para que llegase a tiempo; y un d&iacute;a de ayuno, habi&eacute;ndole sacado chocolate por la ma&ntilde;ana, estando divertido en su pintura, y hall&aacute;ndose all&iacute; dos amigos de buen humor, d&iacute;xole a la criada lo pusiese sobre un bufete que estaba cerca de uno de los amigos, el cual, viendo a Carre&ntilde;o tan divertido en su pintura y que sin duda se le hab&iacute;a olvidado el chocolate, puls&oacute; la j&iacute;cara, y, hall&aacute;ndola ya templada, se la sorbi&oacute; con disimulo y la volvi&oacute; a sentar en el plato; vino la criada, y, hallando desocupada la j&iacute;cara, llev&aacute;basela, y su amo le dijo: &mdash;&iquest;Ad&oacute;nde vas, si aun no lo he tomado? &mdash;&iquest;C&oacute;mo no&mdash;dijo la criada&mdash;, si la j&iacute;cara est&aacute; vac&iacute;a?&hellip;&mdash;. Y volviendo a los circunstantes Carre&ntilde;o dijo: &mdash;Con efecto, se&ntilde;ores, &iquest;lo he tomado?&mdash; Los cuales le aseguraron que si con todo disimulo; y respondi&oacute;: &mdash;Les aseguro a vuesas mercedes con toda verdad que estaba tan divertido que no me acordaba&hellip;&mdash;. Y habiendo pasado un buen rato le desenga&ntilde;aron; con que se resarci&oacute; del da&ntilde;o y se celebr&oacute; el chiste.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No tuvo Carre&ntilde;o descendencia de do&ntilde;a Mar&iacute;a de Medina, y este desconsuelo del matrimonio vino a atenuarlo en la &uacute;ltima &eacute;poca el haber recogido a la puerta de la casa a una ni&ntilde;a reci&eacute;n nacida, que llamaron Mar&iacute;a Josefa y que criaron con solicitud de verdaderos padres hasta la edad de ocho a&ntilde;os que ten&iacute;a cuando falleci&oacute; el pintor. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">El matrimonio vivi&oacute; rodeado de estrecheces hasta el &uacute;ltimo momento. &ldquo;Al morir Carre&ntilde;o&mdash;dice Berjano&mdash;constitu&iacute;an todo su Capital los cr&eacute;ditos que le adeudaban los reyes por sus trabajos, y para pagar su entierro y sepultura en San Gil, cuyo solar forma hoy parte de la plaza de Espa&ntilde;a, tuvo su viuda que pedir prestados dos mil reales, por carecer de numerario para ello.&rdquo; <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Hizo Carre&ntilde;o su testamento el d&iacute;a 2 de octubre, y falleci&oacute; el siguiente, del a&ntilde;o 1685. Est&aacute;n equivocadas cuantas fechas se anotan de su &oacute;bito, aunque todas dentro del a&ntilde;o verdadero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Yo le vi expirar&mdash;escribe Palomino&mdash;, a cuyo tiempo arroj&oacute; una postema por la boca, que en los que frecuentan los palacios con la modestia de Carre&ntilde;o no es maravilla que se traguen postemas de muchas cosas que no se pueden digerir.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En Avil&eacute;s se ha honrado su Memoria rotulando con su nombre hace algunos lustros la calle en que se supone naci&oacute; el pintor, y poniendo tambi&eacute;n su nombre en 1934 al Instituto de Segunda Ense&ntilde;anza al pasar de la categor&iacute;a de local a nacional. Adem&aacute;s se agita la idea en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os de erigirle un monumento.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La obra de Berjano Escobar da a conocer un cat&aacute;logo bastante extenso de la producci&oacute;n de Carre&ntilde;o, producci&oacute;n como pocas muy desperdigada por provincias y el Extranjero, en da&ntilde;o de quienes quisieran apreciar y estudiar seriamente a este insigne artista. De ese cat&aacute;logo, nosotros nos hemos de limitar a la lista de los que se conservan en el Museo del Prado y los existentes en Asturias. <\/span><\/p>\n<p><strong>En el aludido Museo se guardan los siguientes:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Retrato de Carlos III, ni&ntilde;o, de cuerpo entero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&iacute;dem &iacute;dem, de medio cuerpo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&iacute;dem de do&ntilde;a Mariana de Austria, de cuerpo entero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&iacute;dem del buf&oacute;n Baz&aacute;n, de cuerpo entero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&iacute;dem del embajador moscovita Potemkine, de cuerpo entero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&iacute;dem de la enana Eugenia Mart&iacute;nez, vestida, de cuerpo entero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&iacute;dem del duque de Pastrana, de cuerpo entero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Santa Ana ense&ntilde;ando a leer a la Virgen ni&ntilde;a.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">San Sebasti&aacute;n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Juicio de un alma.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Asunto m&iacute;stico.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Los cuadros que se sabe existen en Asturias son:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Retrato de Carlos II (Palacio de los Selgas, El Pito, Cudillero.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La Magdalena penitente. (Casa solariega de los Jovellanos, Gij&oacute;n.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Adem&aacute;s, en el Instituto de Jovellanos, de esa villa, se conservan seis bocetos a l&aacute;piz negro y rojo.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">An&oacute;nimo.&mdash;Una hermosa y simp&aacute;tica iniciativa en marcha. (En el diario El Comercio, Gij&oacute;n, 15 de agosto de 1931; con motivo de la idea de erigir a Carre&ntilde;o de Miranda un monumento en Avil&eacute;s.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Berjano Escobar (Daniel). &mdash;El pintor don Juan Carre&ntilde;o de Miranda: 1614-1685, Su vida y Sus obras. (Madrid, s. a. 1925; un tomo en cuarto con 52 l&aacute;minas en negro y colores.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Canella y Secades (Ferm&iacute;n.)&mdash;Noticias del pintor asturiano Juan Carre&ntilde;o de Miranda. (Avil&eacute;s, 1870; folleto inclu&iacute;do despu&eacute;s en el libro del mismo autor Estudios asturianos.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ce&aacute;n Berm&uacute;dez (Juan Agust&iacute;n).&mdash;Historia del arte de la pintura. (MS. de 1824, tomo VI, en la Academia de la Historia.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Palomino de Velasco (Juan).&mdash;Vidas de pintores y escultores espa&ntilde;oles. (Madrid, 1715.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pantorba (Bernardino de).&mdash;Los grandes pintores asturianos: Juan Carre&ntilde;o de Miranda. (En la revista Norte, Madrid, abril de 1931.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Salme&aacute;n (A.) &mdash;Nuestros artistas: Don Juan Carre&ntilde;o de Miranda. (En la revista Asturias, &Oacute;rgano del Centro Asturiano, Madrid, enero de 1899.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Santamarina (Crisanto). &mdash; Un estudio. (En el Bolet&iacute;n del Centro de Estudios Asturianos, Oviedo, enero de 1925.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tormo (El&iacute;as). &mdash; Sobre Delacroix, Vel&aacute;zquez y Carre&ntilde;o. (En el Bolet&iacute;n de la Sociedad Espa&ntilde;ola de Excursiones, Madrid, 1916.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&iacute;dem. &mdash; Las Anunciaciones de Carre&ntilde;o y Claudio Coello. (En &iacute;dem, 1920.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"> C.&mdash;Carre&ntilde;o de Miranda. (En El Artista, Madrid, 1836.) <\/span><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":5000,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-1286","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/1286","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5000"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1286"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1286"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}