{"id":1367,"date":"2020-11-10T19:11:56","date_gmt":"2020-11-10T19:11:56","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=1367"},"modified":"2021-11-10T08:50:03","modified_gmt":"2021-11-10T08:50:03","slug":"cean-bermudez-juan-agustin","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/cean-bermudez-juan-agustin\/","title":{"rendered":"CEAN BERMUDEZ (Juan Agust\u00edn)."},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se ha regateado la categor&iacute;a intelectual de este ilustre investigador y publicista, acaso porque se ha tenido poco en cuenta la ya remota &eacute;poca de su florecimiento, desfavorable para investigaci&oacute;n hist&oacute;rico-art&iacute;stica por falta de tradici&oacute;n en estos estudios. Casi pudiera decirse que la investigaci&oacute;n en esa rama del saber erudito comienza en este gran trabajador intelectual, cuya consideraci&oacute;n aumenta con el correr del tiempo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Men&eacute;ndez y Pelayo es acaso de los que con m&aacute;s reservas juzgan su personalidad y su labor. Al referirse a Ce&aacute;n Berm&uacute;dez en el tomo VI de la Historia de las ideas est&eacute;ticas en Espa&ntilde;a, dice que &ldquo;pertenec&iacute;a a la clase de hombres laboriosos y medianos que, bajo la direcci&oacute;n e impulso de un hombre superior (alude a Jovellanos), desarrollan sus facultades en una direcci&oacute;n &uacute;til&rdquo;. Le juzga &ldquo;autor seco y sin imaginaci&oacute;n alguna, pero escrupuloso y pacienzudo&rdquo;. Y aun a&ntilde;ade que &ldquo;en la cr&iacute;tica est&eacute;tica, Ce&aacute;n carece de toda iniciativa propia&raquo;. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Sorprende y desconcierta la autoridad de esta opini&oacute;n, que tanto rebaja los m&eacute;ritos de Ce&aacute;n Berm&uacute;dez, ya que el propio Men&eacute;ndez y Pelayo se ve obligado a confesar que &ldquo;si alguna vez llega a escribirse la historia de las artes espa&ntilde;olas, a Llaguno y a Ce&aacute;n deberemos siempre los fundamentos&rdquo;. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Y es tan cierta esta &uacute;ltima afirmaci&oacute;n de Men&eacute;ndez y Pelayo que los diversos manuscritos de Ce&aacute;n Berm&uacute;dez que se guardan en las Academias oficiales, especialmente la Historia de la pintura, han servido a muchos para entrar a saco en ellos, porque antes que &eacute;l se ha escrito muy poco de verdadero m&eacute;rito en esas materias.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pese a todos los reparos, su labor de investigaci&oacute;n resulta fundamental e insustituible, porque, como dice el fabulista, &eacute;l es el que ha tra&iacute;do las gallinas&hellip; Esto es lo que hay que ver en Ce&aacute;n Berm&uacute;dez sobre toda otra consideraci&oacute;n, y as&iacute; proceden en justicia quienes, como el tambi&eacute;n estudioso y documentado Ossorio y Bernard (Galer&iacute;a biogr&aacute;fica de artistas espa&ntilde;oles del siglo XIX), est&eacute;n conformes en asegurar que Ce&aacute;n fu&eacute; &ldquo;una de las leg&iacute;timas glorias de nuestra patria&hellip;, que consagr&oacute; su vida a ilustrar la historia art&iacute;stica de Espa&ntilde;a&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En cuanto a que Ce&aacute;n Berm&uacute;dez debe gran parte de su fama y gloria al apoyo encontrado en Jovellanos, nada m&aacute;s cierto. Pero resulta pueril aducir argumentos de esta naturaleza para rebajar los m&eacute;ritos de una personalidad, por aquello de que no hay hombre grande sin otro hombre grande. Es como si quisi&eacute;ramos disminuir los altos merecimientos del propio Jovellanos, por ejemplo, en consideraci&oacute;n al apoyo que tuvo en Cabarr&uacute;s, Lo mejor ser&aacute; juzgar a los hombres por el rastro que han dejado de su vida. y en cuanto al dejado por Ce&aacute;n Berm&uacute;dez s&oacute;lo encomios se podr&aacute;n escribir. Aunque Gij&oacute;n, su patria, y Asturias hayan hecho poco por enaltecer su memoria, enalteci&eacute;ndose con ello, Ce&aacute;n Berm&uacute;dez es uno de los hombres egregios que sirven como timbre de orgullo a los pueblos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Don Juan Agust&iacute;n Ce&aacute;n Berm&uacute;dez&mdash;de quien Cejador asegura que fu&eacute; &ldquo;pintor madrile&ntilde;o&rdquo;&mdash;naci&oacute; en Gij&oacute;n el 17 de septiembre de 1749, hijo de don Francisco de esos apellidos y do&ntilde;a Manuela Mar&iacute;a de Cifuentes, que constitu&iacute;an un hogar de m&aacute;s escaseces que abundancias. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Curs&oacute; en la villa natal las primeras letras y Latinidad con notable aprovechamiento. Pas&oacute; luego a Oviedo, al Colegio estableci&oacute; all&iacute; por los jesuitas, en el que sigui&oacute; los estudios llamados entonces de Filosof&iacute;a, equivalentes al bachillerato. Pero la empresa de seguir una carrera universitaria supon&iacute;a un esfuerzo superior a las posibilidades paternas, y tuvo que renunciar a ese prop&oacute;sito, por el momento, para entrar en calidad de paje al servicio de Jovellanos (que ten&iacute;a cinco a&ntilde;os m&aacute;s que Ce&aacute;n Berm&uacute;dez), cuando este gran patricio terminaba sus estudios en Alcal&aacute; de Henares (1765).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Jovellanos descubri&oacute; desde el primer momento en aquel muchacho de diecis&eacute;is a&ntilde;os una inteligencia digna de cultivo, asociada a una gran apetencia de estudio, y le dispens&oacute; en seguida un trato m&aacute;s de amigo que de se&ntilde;or y una decidida protecci&oacute;n que permiti&oacute; al criado seguir en esa Universidad sus interrumpidos estudios. As&iacute; comenz&oacute; la cordialisima amistad que uni&oacute; para toda la vida a estos dos personajes, y que permiti&oacute; a Ce&aacute;n Berm&uacute;dez la gloria de ser el mejor bi&oacute;grafo del preclaro asturiano, con documentaci&oacute;n y observaci&oacute;n leg&iacute;timas que luego aprovecharon otros plagi&aacute;ndole en muchos Casos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando en marzo de 1768 pasa Jovellanos a Sevilla a ocupar su destino de alcalde del crimen en la Audiencia, Ce&aacute;n Berm&uacute;dez marcha tambi&eacute;n a la ciudad andaluza acompa&ntilde;ando a su protector y amigo. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Aqu&iacute; fu&eacute; donde despertaron en Ce&aacute;n Berm&uacute;dez&mdash;mozo de dieciocho a diecinueve a&ntilde;os&mdash;sus grandes aficiones por las artes, especialmente la pintura, que habr&iacute;a de durar lo que su vida. Recibi&oacute; las primeras lecciones del pintor Juan Espinal y, con otros pintores en cierne de su edad, fund&oacute; una Academia de pr&aacute;cticas de dibujo y pintura, dedicada a la mutua Correcci&oacute;n y perfecci&oacute;n de las obras de todos. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">No debi&oacute; ser tan escasa como apuntan algunos su aptitud para la t&eacute;cnica pict&oacute;rica, cuando, advertido Jovellanos de sus buenas disposiciones, le facilit&oacute; en 1776 el traslad&oacute; a Madrid. cerca del famoso pintor bohemio Rafael Mengs, del que recibi&oacute; lecciones hasta la marcha de &eacute;ste a Roma, dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Trat&oacute; Mengs de llevarle consigo, cosa que tambi&eacute;n confirma su destreza para el arte; pero &eacute;l prefiri&oacute; regresar a Sevilla al lado de Jovellanos. Breve fu&eacute; esta su segunda permanencia en Sevilla, porque destinado poco despu&eacute;s Jovellanos como alcalde de Casa y Corte, le acompa&ntilde;a a Madrid en el mes de octubre de ese mismo a&ntilde;o 1778. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Desde antes y despu&eacute;s de esta fecha Ce&aacute;n Berm&uacute;dez consagra a la pintura sus m&aacute;s caras devociones, aunque sin la pretensi&oacute;n de conquistar el aplauso p&uacute;blico. Los cuadros pintados por &eacute;l entonces los destina a engalanar la casa paterna, la que habita Jovellanos en Madrid en la calle de Juanelo, la iglesia de Gij&oacute;n donde hab&iacute;a recibido las aguas bautismales y a obsequio de alguno que otro amigo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En dicho a&ntilde;o 1778 o el siguiente le fu&eacute; conferida una plaza de oficial en la Secretar&iacute;a del Banco Nacional de San Carlos, m&aacute;s tarde Banco de Espa&ntilde;a, empleo del que ascendi&oacute; a oficial mayor de la misma Secretar&iacute;a en 1785. Esos cargos le proporcionaron la ocasi&oacute;n de recorrer, muy de su gusto, algunas ciudades de diversas regiones, especialmente de Valencia, Andaluc&iacute;a y Extremadura, viajes que le permitieron adquirir extensos conocimientos sobre el tesoro art&iacute;stico nacional. Estas impresiones y los consiguientes frutos de sus estudios determinaron una evoluci&oacute;n en sus aficiones por las Bellas Artes, en las que acab&oacute; por desaparecer el pintor para que surgiera el tratadista, influido en esto como en todo por el autorizado parecer de Jovellanos. As&iacute; fu&eacute; como se dedic&oacute; en lo sucesivo a una disciplina escasamente cultivada antes, cual la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica del desenvolvimiento de las artes en Espa&ntilde;a, ocupaci&oacute;n en la que habr&iacute;a de alcanzar la m&aacute;s alta categor&iacute;a intelectual de cuantos a ella se dedicaron en Espa&ntilde;a hasta mucho tiempo despu&eacute;s de hacerlo &eacute;l.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando m&aacute;s tarde, a fines de 1790, se le destin&oacute; a Sevilla para ordenar el Archivo de Indias, aprovech&oacute; todos los momentos que le dejaba libres su destino para ordenar y redactar con el tesoro de materiales que pose&iacute;a su obra m&aacute;s famosa&mdash;joya de la bibliograf&iacute;a espa&ntilde;ola&mdash;con el t&iacute;tulo de Diccionario hist&oacute;rico de los m&aacute;s ilustres profesores de las Bellas Artes de Espa&ntilde;a. Tambi&eacute;n escribi&oacute; entonces algunas monograf&iacute;as, publicadas a&ntilde;os despu&eacute;s, unas, e in&eacute;ditas todav&iacute;a otras. En ese citado a&ntilde;o le lleg&oacute; el m&aacute;s antiguo honor de los que se sepan que han realzado su personalidad, testimonio a la vez de que no le ten&iacute;a en olvido la villa natal, y fu&eacute; el nombramiento de juez noble de Gij&oacute;n, eximi&eacute;ndole de la obligaci&oacute;n de cumplir personalmente con los deberes de dicho cargo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Con la elevaci&oacute;n de Jovellanos en 1797 a ministro de Gracia y Justicia obtuvo Ce&aacute;n Berm&uacute;dez, propuesto por su amigo al rey, una plaza de oficial de la Secretar&iacute;a de Indias de ese Ministerio, cargo que ocup&oacute; con gran satisfacci&oacute;n, no s&oacute;lo por servir a Jovellanos desde un puesto de confianza, sino porque le permit&iacute;a fijar de nuevo en Madrid su residencia, cosa que le era necesaria y &uacute;til para sus proyectos. Figuraba como el primero y principal de &eacute;stos el de presentar a la Academia de Bellas Artes de San Fernando su Diccionario manuscrito, como as&iacute; lo hizo. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Advertida la Academia del extraordinario m&eacute;rito de esta obra. se apresur&oacute; a imprimirla por su cuenta, lo que hizo en seis tomos de tama&ntilde;o octavo en 1800. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">La publicaci&oacute;n de este libro fuente insustituible para el estudio del desarrollo de las Bellas Artes en Espa&ntilde;a, di&oacute; a Ce&aacute;n Berm&uacute;dez un creciente renombre en los c&iacute;rculos intelectuales y art&iacute;sticos, y desde entonces su personalidad estuvo rodeada de todas las consideraciones.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por contraste con este prestigio, en la esfera de sus actividades al servicio del Estado se hac&iacute;a caso omiso de tan bien ganado predicamento. Como consecuencia de la persecuci&oacute;n desatada contra Jovellanos, preso y desterrado a Baleares en marzo de 1801, la situaci&oacute;n para Ce&aacute;n Berm&uacute;dez, ya angustiosa por este ensa&ntilde;amiento con su amigo, se hizo dif&iacute;cil, y hubo de renunciar a su cargo oficial y marchar a Sevilla. Se dice que fu&eacute; confinado a residir en esta ciudad, desatadas contra &eacute;l las furias que llevaron a caer en desgracia a su protector; pero no hemos podido comprobar tal extremo. Lo probable es que haya ido a Sevilla, desolado por el infortunio de su amigo y ex jefe, como refugio predilecto que era para &eacute;l la ciudad del Betis. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">En ella prosigue sus estudios y producciones de car&aacute;cter hist&oacute;rico-art&iacute;stico, algunas de las cuales fueron publicadas por entonces (1804) con laudatorios juicios cr&iacute;ticos, como las intituladas Descripci&oacute;n art&iacute;stica de la catedral de Sevilla y Descripci&oacute;n art&iacute;stica del Hospital de la Sangre, de Sevilla. De esta &eacute;poca son, adem&aacute;s, algunos de los trabajos que han quedado manuscritos y la monograf&iacute;a n&uacute;mero V.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1808, ya levantado el confinamiento de Jovellanos, y acaso invadida ya Espa&ntilde;a por los franceses, Ce&aacute;n Berm&uacute;dez retorna a Madrid, donde vuelve a ocupar su destino del Ministerio de Gracia y Justicia. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Sorprende bastante que no haya rastros de que el gran episodio nacional de la invasi&oacute;n napole&oacute;nica influyera en la vida de Ce&aacute;n Berm&uacute;dez. No debi&oacute; de reaccionar en el sentido de la mayor&iacute;a de los espa&ntilde;oles. Por lo menos, no s&oacute;lo no se sabe nada de que haya participado de alguna manera en ese movimiento nacional, sino que los indicios llevan a suponer lo contrario. Cosa que contrasta con la conducta de su amigo y mentor, Jovellanos. Mientras &eacute;ste reh&uacute;sa cuantos cargos y honores le ofrecen el invasor o los afectos a los franceses, &eacute;l vuelve a ocupar su cargo oficial.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su vida, realmente, ahora como antes, aparece absorbida por sus actividades de investigador. Su ocupaci&oacute;n principal por entonces, miembro ya de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, es de colaboraci&oacute;n en las tareas de este Instituto. Poco m&aacute;s tarde comparte esas actuaciones con las de miembro de la Academia de la Historia, que le da ingres&oacute; el 5 de junio de 1812, con cuyo motivo ley&oacute; a manera de discurso de recepci&oacute;n su estudio Vida de Juan de Herrera, considerado como Soldado de Carlos I, insigne arquitecto de Felipe I y uno de los mejores matem&aacute;ticos de su tiempo, que permaneci&oacute; in&eacute;dito en la citada Academia hasta que cincuenta y ocho a&ntilde;os m&aacute;s tarde lo recogi&oacute; en un volumen con otros estudios (n&uacute;mero XI) don Manuel Rem&oacute;n Zarco del Valle.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En esta &uacute;ltima etapa de su vida residi&oacute; Ce&aacute;n Berm&uacute;dez habitualmente en Madrid, entregado a las tareas acad&eacute;micas especialmente. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">En la de Bellas Artes desempe&ntilde;&oacute; el cargo de conciliar, y en la de la Historia, los de tesorero (1818) y de censor (1825). Tambi&eacute;n fu&eacute; miembro correspondiente de las Academias de San Luis, de Zaragoza, y de San Carlos, de Valencia, y numerario, adem&aacute;s de fundador, de la de Bellas Artes, de Sevilla.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entre las obras publicadas entonces merece especial menci&oacute;n la hermosa y documentada biograf&iacute;a de Jovellanos, fundamento de todas las escritas posteriormente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las otras, did&aacute;cticas o hist&oacute;ricas sobre aspectos diversos de las Bellas Artes, constituyen otras tantas fuentes para el conocimiento y la historia de esas disciplinas. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Es digno de anotaci&oacute;n con elogio un suceso de esta &uacute;ltima &eacute;poca de su vida, por lo que afirma de un modo ejemplar su pureza de esp&iacute;ritu. Don Eugenio Llaguno y Amirola pose&iacute;a copiosos materiales, frutos de paciencia y perseverante estudio, sobre el arte de la arquitectura en Espa&ntilde;a, excluido a propio intento por Ce&aacute;n de su Diccionario. Creyendo Llaguno que Ce&aacute;n era la persona m&aacute;s indicada para aprovechar esos materiales, por su capacidad de tratadista, se los don&oacute; graciosamente. Y, en efecto, Ce&aacute;n utiliz&oacute; el voluminoso manuscrito en provecho de la cultura espa&ntilde;ola; pero fu&eacute; tal su probidad, que, despu&eacute;s de ordenar y corregir esas apuntaciones y enriquecerlas con su propio caudal de conocimientos, di&oacute; al p&uacute;blico la obra (n&uacute;mero IX) bajo el nombre de Eugenio Llaguno y Amirola. Gran lecci&oacute;n desaprovechada por cuantos han plagiado al propio Ce&aacute;n Berm&uacute;dez. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Ese fu&eacute; el &uacute;ltimo trabajo publicado antes de su fallecimiento, ocurrido en Madrid, a los ochenta a&ntilde;os de nacido, el 3 de diciembre de 1829.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El mayor volumen de su producci&oacute;n ha quedado y contin&uacute;a in&eacute;dito. El trabajo m&aacute;s importante, seguramente, publicado despu&eacute;s de su muerte, es el Sumario de las antig&uuml;edades romanas que hay en Espa&ntilde;a, en especial las pertenecientes a las Bellas Artes, impreso por real orden de 1832. No merec&iacute;an menor gracia los varios manuscritos de este insigne tratadista que han permanecido in&eacute;ditos en las Academias de Bellas Artes y de la Historia, hasta que, agotados como fuentes por otros investigadores, vinieron a quedar en recuerdos hist&oacute;ricos y literarios de su ilustre pluma.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen:&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">I.&mdash;Cartas a don Gaspar Melchor de Jovellanos. (Madrid, 1795; reproducidas en Obras de Jovellanos, edici&oacute;n de Rivadeneyra.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">II.&mdash;Diccionario hist&oacute;rico de los m&aacute;s ilustres profesores de las Bellas Artes de Espa&ntilde;a. (Madrid, 1800; obra publicada por la Academia de San Fernando, de Madrid, y de la que, con materiales para una segunda edici&oacute;n, public&oacute; el conde de la Vi&ntilde;aza unas Adiciones en cuatro tomos.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">III.&mdash;Descripci&oacute;n art&iacute;stica de la catedral de Sevilla. (Sevilla, 1804; obra que alcanz&oacute; dos ediciones en vida del autor y otras dos p&oacute;stumas.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">IV&mdash; Descripci&oacute;n art&iacute;stica del Hospital de la Sangre, de Sevilla.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">(Valencia, 1804; folleto.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">V.&mdash;Carta de don Juan A. Ce&aacute;n Berm&uacute;dez a un amigo suyo sobre el estilo y gusto de la pintura de la escuela sevillana y sobre el grado de perfecci&oacute;n a que la elev&oacute; Bartolom&eacute; Esteban Murillo, cuya vida se inserta y se describen sus obras en Sevilla. (C&aacute;diz, 1806.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">VI.&mdash;Memorias para la vida del excelent&iacute;simo se&ntilde;or don Gaspar Melchor de Jove-Llanos y noticias anal&iacute;ticas de sus obras. (Madrid, 1814.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">VII.&mdash;Di&aacute;logo sobre el arte de la pintura. (Sevilla, 1817.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">VIlI.&mdash;Colecci&oacute;n de cuadros del rey de Espa&ntilde;a que se conservan en los Reales Palacios, Museo y Academia de San Fernando, con inclusi&oacute;n de los del Real Monasterio del Escorial. (Madrid, 182628.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">IX.&mdash;Noticia de los arquitectos y arquitectura de Espa&ntilde;a desde su restauraci&oacute;n, por el excelent&iacute;simo se&ntilde;or don Eugenio Llaguno y Amirola, ilustradas y acrecentadas con notas, adiciones y documentos. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">(Madrid, 1829; cuatro tomos en cuarto.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/x\/\" target=\"_self\" title=\"&nbsp; Seud&oacute;nimo de Delbrouck (Aurelio), Espina (Eladio), Huelmo (Tadeo) y otros escritores.\" class=\"encyclopedia\">X.<\/a>&mdash;Sumario de las antig&uuml;edades romanas que hay en Espa&ntilde;a, en especial las pertenecientes a las <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Bellas Artes. (Madrid, 1882; obra p&oacute;stuma, impresa de Real orden en ese a&ntilde;o.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XI.&mdash;Ocios sobre Bellas Artes. (Madrid, 1870; volumen editado por don Manuel Ram&oacute;n Zarco del Valle, que contiene la Vida de Juan de Herrera, escrita en 1812; Respuesta a <a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/m\/\" target=\"_self\" title=\"Seud&oacute;nimo de V&aacute;zquez de Mella (Juan).\" class=\"encyclopedia\">M.<\/a> <a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/h\/\" target=\"_self\" title=\"Seud&oacute;nimo de Sol&iacute;s Pulido (Alberto).\" class=\"encyclopedia\">H.<\/a> Le Bas, arquitecto de Par&iacute;s, escrita en 1819, y Tres di&aacute;logos entre Juan de Herrera, arquitecto de Felipe H, y Bautista Antonelli, su ingeniero, sobre las grandes obras que ejecutaron y lo mal premiados que por ellas fueron.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Trabajos sin formar volumen:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">1.&mdash;Traducci&oacute;n con notas e ilustraciones de la obra Arte de ver en las Bellas Artes del dise&ntilde;o, seg&uacute;n los principios de Sulzer y Mengs, escrito en italiano por Francisco de Milizia. (Madrid, 1827.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">2.&mdash;Juicio cr&iacute;tico acerca de Pablo de C&eacute;spedes. (En el tomo XXXII de la Biblioteca de Autores Espa&ntilde;oles.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">3.&mdash; Ap&eacute;ndice a las Memorias para la vida del excelent&iacute;simo se&ntilde;or don Gaspar Melchor de Jovellanos, de lo que dej&oacute; de publicarse en las impresas en Madrid. (En la obra de Julio Somoza Jovellanos, nuevos datos para su biograf&iacute;a, Madrid, 1885.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">4.&mdash;Extracto de unos diarios en que escribi&oacute; Jovelllanos desde 20 de agosto de 1799 hasta 20 de enero de 1801. (En &iacute;dem &iacute;dem.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><strong>Obras in&eacute;ditas<\/strong>:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Apuntamientos sobre las primeras expediciones hechas por los espa&ntilde;oles al Malaco, sacadas de los documentos originales que se guardan en el Archivo de Indias de Sevilla, (MS., en la Academia de la Historia.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Di&aacute;logos sobre el origen, formas y progresos de la escultura entre los antiguos. (MS. de 1822, en la Academia de San Fernando.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Di&aacute;logos sobre el estado de perfecci&oacute;n a que elevaron la escultura los griegos y de su decadencia en el imperio de los romanos. (MS. de 1822, en &iacute;dem.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Carta sobre el conocimiento de las pinturas originales y de las copias. (MS., en &iacute;dem.) &mdash;An&aacute;lisis de un bajo-relieve atribuido a Torrigiano. (MS., &iacute;dem.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Noticia hist&oacute;rica del famoso cuadro llamado &ldquo;El pasmo de Sicilia&rdquo;, de Rafael de Urbino. (Manuscrito, &iacute;dem.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Ilustraci&oacute;n sobre la custodia de la catedral de Sevilla fabricada por el c&eacute;lebre Juan de Arfe y Villaja&ntilde;&eacute;, con la historia de las alteraciones que se hicieron en el plan y forma de aquella preciosa joya. (MS., &iacute;dem.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Sobre el nombre, forma, progresos y decadencia del churriguerismo. (MS., en la Academia de la Historia.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Historia general de la pintura. (MS., en &iacute;dem.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Cat&aacute;logo de las pinturas y esculturas que se conservan en la Academia de San Fernando. (Manuscrito de 1824, en esa Academia.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Descripci&oacute;n de las primeras cuarenta y seis estatuas de la &ldquo;Colecci&oacute;n litogr&aacute;fica&rdquo; de cuadros del Museo de Pintura. (MS., en la Academia de San Fernando.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Cat&aacute;logo razonado, dividido por escuelas, de la preciosa colecci&oacute;n de estatuas del Museo Nacional. (MS., &iacute;dem.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Di&aacute;logos entre los retratos del cardenal Espinosa y el pintor Carre&ntilde;o y entre los c&eacute;lebres pintores Mengs y Murillo. (MS. de 1821, en la Academia de la Historia.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Di&aacute;logo sobre la primacia entre la pintura y la escultura. (MS., en la Academia de San Fernando.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">An&oacute;nimo. &mdash; Los asturianos de ayer: Don Juan Agust&iacute;n Ce&aacute;n Berm&uacute;dez. (En El Correo Espa&ntilde;ol, de Buenos Aires, reproducido por El Carbay&oacute;n, de Oviedo, 19 de diciembre de 1892, y por Asturias, &oacute;rgano del Centro Asturiano, Madrid, enero de 1893.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mi&ntilde;ano (Domingo Sebasti&aacute;n de). &mdash; Vie de Ce&aacute;n Berm&uacute;dez. (1814.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Reinoso (F. J.).&mdash;Eleg&iacute;a&hellip; (En La Estafeta de San Sebasti&aacute;n, 1831.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Seoane (Rafael). &mdash; Correspondencia epistolar entre don Jos&eacute; Vargas Ponce y don Juan Agust&iacute;n Ce&aacute;n Berm&uacute;dez. (Madrid, 1905.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su&aacute;rez, Espa&ntilde;olito (Constantino).&mdash;Asturianos de anta&ntilde;o: Juan Agust&iacute;n Ce&aacute;n Berm&uacute;dez. (En el Diario de la Marina, Habana, 18 de agosto de 1932.)<\/span><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":4986,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-1367","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/1367","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4986"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1367"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1367"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}