{"id":1392,"date":"2020-11-10T20:39:04","date_gmt":"2020-11-10T20:39:04","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=1392"},"modified":"2021-11-10T11:26:54","modified_gmt":"2021-11-10T11:26:54","slug":"cienfuegos-y-sierra-alvaro","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/cienfuegos-y-sierra-alvaro\/","title":{"rendered":"CIENFUEGOS Y SIERRA (\u00c1lvaro)."},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">De todas las grandes figuras asturianas que fueron ornamento del catolicismo, ninguna tan conspicua como la de este sabio te&oacute;logo y cardenal. Su saber y su virtud le elevaron a categor&iacute;a de eminencia entre los hombres doctos de su &eacute;poca, no s&oacute;lo de Espa&ntilde;a, sino de Europa. Como eclesi&aacute;stico escal&oacute; las m&aacute;s altas dignidades e incluso figura en el llamado Libro de San Pedro, del Vaticano, con votos para ocupar la silla pontificia. En cuanto a escritor ha merecido de sus coet&aacute;neos y de la posteridad un&aacute;nimes y encendidos elogios. Baste decir que figuran ejemplos suyos en el Diccionario de Autoridades de la Academia de la Lengua.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El can&oacute;nigo Gonz&aacute;lez de Posada, al rese&ntilde;ar esta personalidad en la Biblioteca Asturiana, dice que don Juan Lucas Cort&eacute;s le tiene por &ldquo;el mejor poeta de su tiempo&rdquo; y que San Felipe, en la obra Palacio de Momo, le juzga de &ldquo;autor insigne&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nada, sin embargo, de la labor po&eacute;tica que haya podido producir Cienfuegos y Sierra ha llegado a nosotros. El citado Gonz&aacute;lez de Posada le atribuye en Memorias hist&oacute;ricas la siguiente composici&oacute;n, como Inscripci&oacute;n sepulcral al jabal&iacute; muerto a manos de una yegua de Espa&ntilde;a en la caza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aqu&iacute; yace un jabal&iacute;, a manos de una deidad; muriera de vanidad si otra vez volviera en s&iacute;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cazador que por aqu&iacute; en busca de fieras vas, vuelve los pasos atr&aacute;s ninguna hallar&aacute;s con vida, que &eacute;sta muri&oacute; de la herida, y de envidia las dem&aacute;s.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No es f&aacute;cil ni apenas admisible que escribiera esta poes&iacute;a Cienfuegos y Sierra, como no lo haya hecho en broma, porque, cu&aacute;l Su&aacute;rez B&aacute;rcena ha podido descubrir, se trata de un simple y desafortunado plagio de una d&eacute;cima de Juan de Salinas, muy anterior a don &Aacute;lvaro, que lleva por t&iacute;tulo el de Epitafio al jabal&iacute; que mat&oacute; la duquesa de Osuna, que fu&eacute; hermos&iacute;sima se&ntilde;ora, y dice as&iacute;:&nbsp;<\/span><\/p>\n<blockquote><p><em><span style=\"font-weight: 400;\">Un jabal&iacute; yace aqu&iacute;,<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">muerto por una deidad;<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">muriera de vanidad<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">otra vez a estar en s&iacute;.<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">No fu&eacute; s&oacute;lo el jabal&iacute;<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">el muerto; que no hallar&aacute;s<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">caminante que jam&aacute;s<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">quede en la selva con vida;<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">que &eacute;ste muri&oacute; de la herida,<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">y de envidia las dem&aacute;s.<\/span><\/em><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De todas maneras, la fama y gloria con que ha llegado el nombre de Cienfuegos y Sierra a la posteridad est&aacute; s&oacute;lidamente fundamentada en su sabidur&iacute;a de historiador y te&oacute;logo, que ha permitido a Fuertes Acevedo afirmar en Biblioteca de escritores asturianos que se trata de un &ldquo;te&oacute;logo eminente, una de las glorias m&aacute;s leg&iacute;timas de Asturias, cuyo nombre era celebrado en las insignes academias de Salamanca y Valladolid y dignamente respetado por los sabios m&aacute;s distinguidos de la capital del orbe cristiano&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sobre los nombres de los padres y sus apellidos verdaderos se han estampado muy contradictorias Opiniones, que quisi&eacute;ramos dejar dilucidadas aqu&iacute;. Gonz&aacute;lez de Posada, en Memorias hist&oacute;ricas, le antepone el apellido D&iacute;az, cosa que otros repitieron luego. A esto opone Aquilino Su&aacute;rez B&aacute;rcena que se hace &ldquo;sin que sepamos por qu&eacute;, pues ni se apellida as&iacute; en sus obras ni corresponde con los nombres de sus padres&rdquo;. Cierto que &eacute;l no ha usado ese apellido D&iacute;az; pero la afirmaci&oacute;n de que no corresponde a los padres es infundada. El abuelo paterno del cardenal se llamaba don Pedro D&iacute;az de Miranda, y el padre, del mismo nombre, ha usado en ocasiones ese apellido, A este respecto dice don Zoilo M&eacute;ndez en la obra Los siglos de oro de Tu&ntilde;a (Luarca, 1932), apoyado en documentos aut&eacute;nticos por &eacute;l examinados: &ldquo;Hemos de notar que dicho don &Aacute;lvaro us&oacute; indistintamente los apellidos D&iacute;az, Taja, Miranda, Cienfuegos, y en un escrito de 1656 se le da tambi&eacute;n el apellido Rodr&iacute;guez.&rdquo; Parecen olvidarse los que han escrito acerca de la inadecuada aplicaci&oacute;n del apellido D&iacute;az que en esos siglos se tomaban de los antepasados sin norma establecida para el uso de ellos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Otra duda hay sobre el verdadero nombre de la madre. Don Sen&eacute;n Alvarez de la Ribera, en una amplia nota marginal dedicada al estudio geneal&oacute;gico de este purpurado en el Libro de recepciones del Colegio de San Pelayo, de Salamanca, llega a la conclusi&oacute;n de que la madre se llamaba do&ntilde;a Mar&iacute;a de Villaz&oacute;n o Queipo Villaz&oacute;n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sin embargo, desde Trelles Villademoros ac&aacute;, todos est&aacute;n contentos en asegurar que la madre se llamaba do&ntilde;a In&eacute;s de Sierra, apellido &eacute;ste que figura generalmente como el segundo de don &Aacute;lvaro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esto permite la sospecha de si el padre habr&aacute; contra&iacute;do dos veces matrimonio, sospecha que nosotros no hemos podido aclarar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tambi&eacute;n sobre el lugar y la fecha del nacimiento de Cienfuegos y Sierra se han escrito errores.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Gonz&aacute;lez de Posada en Biblioteca asturiana anota por lugar el de Aguera en el concejo de Grado, donde no existe ninguno de ese nombre, si bien aparece rectificado esto acertadamente en Memorias hist&oacute;ricas. Y don Faustino Ar&eacute;valo, en un manuscrito anotado en el Ensayo para una Biblioteca, de Gallardo, le lleva a nacer en un imaginario Ag&uuml;ero y le da por fecha de nacimiento el 12 de febrero, cinco d&iacute;as antes de la verdadera.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Podemos, pues, anotar en conclusi&oacute;n que don &Aacute;lvaro Cienfuegos y Sierra naci&oacute; en la aldea de Ag&uuml;erina, del concejo de Miranda, el d&iacute;a 27 de febrero de 1657, hijo de don &Aacute;lvaro Cienfuegos Taja (apellidos m&aacute;s usados por &eacute;l), se&ntilde;or de Miranda, y do&ntilde;a In&eacute;s de Sierra, ambos descendientes de nobles linajes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ya en los estudios de la instrucci&oacute;n elemental y en los de Latinidad revel&oacute; Cienfuegos y Sierra una esclarecida inteligencia, que disciplin&oacute; luego brillantemente con los de Teolog&iacute;a y C&aacute;nones en la Universidad de Oviedo. Sin concluirlos, se traslad&oacute; a Salamanca, donde el 3 de octubre de 1672 ocup&oacute; la beca de capell&aacute;n en el Colegio Mayor de San Pelayo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el citado Libro de recepciones de ese Colegio se anota lo siguiente: &ldquo;Sujeto de la mayor nobilidad e ingenio que cuantos habitaban en su tiempo esta gran Universidad e insigne Colegio, en el cual estuvo algunos a&ntilde;os, hasta que, conociendo los peligros del mundo, se resolvi&oacute; a tomar puerto seguro en la docta religi&oacute;n del &iexcl;gran Ignacio.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Acerca de su determinaci&oacute;n a tomar el h&aacute;bito de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s se refiere la siguiente an&eacute;cdota: Ampliaban los jesuitas su residencia con una construcci&oacute;n que causaba da&ntilde;os materiales e inconvenientes al Colegio de San Pelayo, lo cual provoc&oacute; creciente protesta por parte de los colegiales. Los &aacute;nimos se excitaron de tal modo entre ellos y con tal calor tom&oacute; Cienfuegos y Sierra la defensa de los intereses hollados que, en una de las algaradas producidas, lleg&oacute; en su actitud a sostener un serio altercado con el sobrest&aacute;nte de la construcci&oacute;n, que lo era el coadjutor de los jesuitas. Y se dice que si, en el calor de la contienda, don &Aacute;lvaro lleg&oacute; a disparar un tiro de escopeta sobre su contrincante. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Entonces, el rector del Colegio, como castigo, lo envi&oacute; a los jesu&iacute;tas en calidad de residente, para que practicara con ellos las reglas de la humildad. El resultado de tales pr&aacute;cticas fu&eacute; que ellos se quedaron con &eacute;l o &eacute;l con ellos, ingresando en la Compa&ntilde;&iacute;a. Cualidades muy extraordinarias apreciar&iacute;an en el colegial de San Pelayo cuando le retuvieron para siempre dentro de la comunidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sin embargo, no le fueron concedidos los cuatro votos de la profesi&oacute;n completa de los jesuitas hasta el 24 de agosto de 1692, bastantes a&ntilde;os despu&eacute;s de su ingres&oacute; y a los treinta y cinco de edad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero no fu&eacute; esto causa para que se dejara de aprovechar su saber y su talento dentro de la Compa&ntilde;&iacute;a, a la vez que &eacute;l llegaba al t&eacute;rmino de su carrera. Poco tiempo despu&eacute;s de tomar el h&aacute;bito jesu&iacute;tico fu&eacute; destinado con el cargo de lector en Artes a Santiago de Compostela, donde permaneci&oacute; algunos a&ntilde;os en el ejercicio de la ense&ntilde;anza asociado al de los propios estudios. Regres&oacute; luego a Salamanca como maestro de estudiantes y, entretanto, acab&oacute; los estudios de Teolog&iacute;a y recibi&oacute; el grado de doctor en esta disciplina.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Seguidamente form&oacute; parte del Claustro de profesores de la Universidad salmantina como catedr&aacute;tico de V&iacute;speras de Teolog&iacute;a y de otras asignaturas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A partir de este momento empieza la fama de Cienfuegos y Sierra, conquistada en sus actividades de profesor y publicista, reconocido por todos como un sabio, al punto de ser &ldquo;consultado como or&aacute;culo por los mayores pr&oacute;ceres de Castilla&rdquo;, cual se afirma en el mencionado Libro de recepciones. En otros sitios se le califica de &ldquo;or&aacute;culo de forasteros y dom&eacute;sticos&rdquo;. Latinista, humanista, historiador te&oacute;loso, y en todo eminente. dotado adem&aacute;s de fino talento y pluma de magistral estilo, vivi&oacute; rodeado de las m&aacute;s altas y extensas consideraciones, por todos alabado. El P. Diego del Castillo y Sarmiento &mdash;citado por el P. Feij&oacute;o en Teatro cr&iacute;tico universal&mdash;le pondera como &ldquo;&aacute;guila de los ingenios, pico de oro de la elocuencia y sapient&iacute;simo de los prelados&rdquo;. En cuanto a poeta, ya hemos visto lo f&eacute;rvidamente que le ensalza don Juan Lucas Cort&eacute;s (Franckenan), como el mejor poeta de su tiempo, aunque la falta de testimonios no nos permitan apreciarle en esa facultad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De ese desconocimiento posterior de su labor po&eacute;tica y acaso de parte de sus obras de prosista &mdash;producci&oacute;n que estar&aacute; adjudicada a otros autores, si es que no se ha perdido&mdash;, ha sido causante probablemente el propio Cienfuegos y Sierra, que sol&iacute;a dar a la publicidad sus obras con nombre supuesto o en forma m&aacute;s an&oacute;nima, como ha sucedido con las dos m&aacute;s antiguas que se conocen suyas, La vida del V. P. Juan Nieto (1693) y La Leopoldina o Historia de Leopoldo I de Austria (1696), que figuran como suyas gracias a eruditas investigaciones efectuadas a fin de consignarles la verdadera paternidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Alcanz&oacute; don &Aacute;lvaro por ese tiempo una decidida protecci&oacute;n, en lazo de amistad fuerte y perdurable, del gran almirante de Castilla, don Juan Tom&aacute;s Enr&iacute;quez, quien le proporcion&oacute; en 1695 el traslad&oacute; a Madrid, donde le hizo objeto de grandes distinciones y consultor en los m&aacute;s graves asuntos de inter&eacute;s nacional. Tuvo all&iacute; entre otros cargos el de miembro de la llamada Junta de Medios.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">R&aacute;pidamente conquist&oacute; en Madrid nuevos brillos entre la gente docta, por su gran saber y esclarecido talento.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al estallar la guerra de Sucesi&oacute;n, por vacante del Trono a la muerte de Carlos II en 1700, entre Felipe de Borb&oacute;n, que vino a ocuparlo, y Carlos, el archiduque de Austria, Cienfuegos y Sierra sigui&oacute; la causa de este &uacute;ltimo, que era tambi&eacute;n la de su gran protector y amigo el almirante de Castilla. Tal adhesi&oacute;n incondicional a este magnate, que le arrastr&oacute; a defender la causa menos noble, como era la del archiduque, determin&oacute; en la vida de don &Aacute;lvaro un cambio radical y violento, al que debi&oacute; que su personalidad cobrara vuelos de fama universal, pero a costa del dolor de vivir expatriado en lo sucesivo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al caer en desgracia el almirante, su amigo, y tener &eacute;ste que huir a refugiarse en Portugal, pa&iacute;s en el bando de los que apoyaban al archiduque, don &Aacute;lvaro&mdash;de quien dicen algunos que volvi&oacute; a residir una temporada en Salamanca hacia 1702&mdash;, decidi&oacute; acompa&ntilde;ar en las vicisitudes del destierro a don Juan Tom&aacute;s Enr&iacute;quez, &uacute;ltimo almirante de Castilla, y a su lado y servicio vivi&oacute; en Portugal hasta que el 29 de junio de 1705 la muerte puso fin a las desventuras del ca&iacute;do.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Don &Aacute;lvaro Cienfuegos y Sierra continu&oacute; en Lisboa en calidad de embajador del archiduque de Austria. Cuando &eacute;ste pas&oacute; a ocupar el trono de Alemania, titulado Carlos IV, por muerte del emperador Jos&eacute; I en el a&ntilde;o 1711, no olvid&oacute; los servicios y la lealtad prestados por su representante en el reino lusitano, y le llam&oacute; a su lado con el prop&oacute;sito de premiarlos. Al tiempo le encomend&oacute; que, de camino, resolviera importantes comisiones cerca de las Cortes de Inglaterra y Holanda, desempe&ntilde;adas a satisfacci&oacute;n del emperador, y lleg&oacute; a Viena en 1715.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuentan que a su paso por Londres enferm&oacute; de alguna gravedad y que, como en la convalecencia alguien aludiese a su probable sentimiento de morir entre protestantes, dicen que dijo: &ldquo;Lo que es eso ya lo tengo prevenido; mando que me hagan la sepultura un poco m&aacute;s honda y un entierro entre cat&oacute;licos.&rdquo; Para que m&aacute;s de doscientos a&ntilde;os despu&eacute;s no nos parezca pueril la contestaci&oacute;n, e impropia de una esclarecida mentalidad, ser&aacute; preciso que no olvidemos su condici&oacute;n de sacerdote y la ideolog&iacute;a predominante entonces sobre extremos teol&oacute;gico-religiosos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Parece que en Viena, tal vez desenga&ntilde;ado de las luchas pol&iacute;ticas y escasamente interesado por las de un pa&iacute;s que no era el propio, vivi&oacute; apartado de la vida p&uacute;blica, .no obstante la protecci&oacute;n del emperador, consagrado a las pr&aacute;cticas y ejercicios de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s y a proseguir sus tareas de publicista, de lo que di&oacute; all&iacute; un espl&eacute;ndido fruto en 1717 con la impresi&oacute;n de una de sus obras m&aacute;s famosas, el Enigma theologicum, en dos tomos de tama&ntilde;o de folio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tambi&eacute;n en Viena conquist&oacute; r&aacute;pidamente un gran predicamento y su fama empez&oacute; a trascender a los principales pa&iacute;ses de Europa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Este prestigio le di&oacute; acceso a elevados cargos eclesi&aacute;sticos y tambi&eacute;n al de figurar como consejero de Estado, que gan&oacute; por su fidelidad de consejero privado del emperador.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En correspondencia a su talento, servicios y &laquo;merecimientos, Carlos IV le propuso al papa Clemente XI para la investidura de cardenal. Mientras unos aseguran que le fu&eacute; concedida dos meses despu&eacute;s de solicitada&mdash;rapidez ins&oacute;lita de tramitaci&oacute;n, entonces. en los asuntos de la Santa Sede&mdash;, otros. y entre ellos Moreri, aseguran que, por contener su obra Enigma theologicum proposiciones dudosas en opini&oacute;n de la curia romana, se demor&oacute; alg&uacute;n tiempo la concesi&oacute;n del capelo cardenalicio. Lo cierto es que fu&eacute; elevado en esa alta dignidad eclesi&aacute;stica con el t&iacute;tulo de cardenal de San Bartolom&eacute; in insula en diciembre de 1720. Por su parte, Carlos IV le concedi&oacute; simult&aacute;neamente la mitra de Catania y el condado Mesecuculi, seg&uacute;n unos, o de Mascallo, al decir de otros, ambos se&ntilde;or&iacute;os en el reino de Sicilia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A la muerte de Clemente XI en 1721 y elecci&oacute;n de nuevo pont&iacute;fice, don &Aacute;lvaro se traslad&oacute; a Roma, por su condici&oacute;n de cardenal, para concurrir a las reuniones del C&oacute;nclave. Tales fueron las muestras claras y patentes de saber y virtud que di&oacute; all&iacute; durante las ceremonias y la elecci&oacute;n de nuevo papa, que obtuvo algunos votos para ocupar la Silla de San Pedro, otorgada a Inocencio XIII.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1722 el emperador le nombr&oacute; ministro plenipotenciario cerca del Vaticano, donde permaneci&oacute; hasta que, con la dimisi&oacute;n del cardenal Gindice, pas&oacute; en 1725 a ocupar el arzobispado de Montreal, en Sicilia, y, como consecuencia del fallecimiento del dimitente en ese mismo a&ntilde;o, obtuvo la categor&iacute;a de cardenal primado de ese reino y el cargo honor&iacute;fico de protector de Sicilia y Malta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esas graves ocupaciones no le impidieron continuar sus trabajos literarios. En est&aacute; &eacute;poca public&oacute; en lat&iacute;n y castellano algunas de sus obras m&aacute;s encomiadas, entre ellas la intitulada Christus hospos stabile (n&uacute;mero VI), con el seud&oacute;nimo de Federico Granvosca.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En esta postrera etapa de su vida se acumularon sobre &eacute;l otras preeminencias y dignidades, como las de miembro de la Congregaci&oacute;n de Ritos, de la Congregaci&oacute;n de Inmunidad de Obispos Regulares y de la dedicada a examen de prelados. Las deferencias de Carlos IV, nunca entibiadas, le elevaron &uacute;ltimamente al rango de protector de Alemania y los reinos y dominios del Imperio y, adem&aacute;s, a testamentario del emperador. Para nada se tuvo en cuenta ni en Italia ni en Alemania su condici&oacute;n de extranjero.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En cambio, no parece que &eacute;l se haya extranjerizado por completo, porque fu&eacute; siempre en ambos pa&iacute;ses un gran protector de espa&ntilde;oles y de los intereses morales de Espa&ntilde;a, a cuyo intercambio de relaciones culturales contribuy&oacute; en buena medida. Favoreci&oacute; tambi&eacute;n cuanto pudo al obispado de Oviedo y tuvo para la iglesia de Ag&uuml;erina, la aldea natal, una deferencia muy estimada por los cat&oacute;licos, cual la donaci&oacute;n de una sagrada reliquia, consistente en el cuerpo de San Fructuoso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tal es la vida de este purpurado asturiano hasta su fallecimiento en Roma el 19 de marzo de 1739, y de quien el tambi&eacute;n sabio asturiano Caveda y Nava escribe que fu&eacute; &ldquo;muy versado en las letras sagradas y en la historia profana, poeta y humanista, excelente latino, h&aacute;bil pol&iacute;tico y uno de los mayores ingenios de su tiempo&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">I.&mdash;La vida del V. P. Juan Nieto. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">(Salamanca, 1693; obra publicada an&oacute;nimamente y acreditada de Cienfuegos por Moreri y Pol <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Weiss.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">II.&mdash;La Leopoldina o Historia de Leopoldo I de Austria. (Mil&aacute;n, 1696; tres tomos en folio.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">III.&mdash;La heroica vida, virtudes Y milagros del gran San Francisco de Borja, antes duque cuarto de Gand&iacute;a y despu&eacute;s tercer general de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s. (Madrid, 1709; obra reeditada en Madrid en 1717 y 1720 y en Barcelona en 1754.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">IV.&mdash;Enigma theologicum, seu potius enigmatum, obscurissimarum quoestionum compendium nunquan hactenus prorsus solutum, nec solis viribis ingenii plane solvendum, expeditissime enodatur modo, nova quandam via et singulari cogitatione. (Viena, 1717; dos tomos en folio.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">V.&mdash;Dictamen sobre el defensorio de la religiosidad de los caballeros militares, por el conde de Aguilar. (Roma, 1727.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">VI.&mdash;Vita abscondita, seu speciebus, Eucharusticis velata, per potissimas Sensuum operationes de facto a Christo-Domino ib&iacute;dem indesimenter exercita circa objeta altari, et amore civina. (Roma, 1728.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">VII.&mdash;Christus hospos stabile, beneficio, Eucharistiag apud selectissimas animas ponens domicilium&hellip; (N&aacute;poles, 1732; obra publicada con el seud&oacute;nimo de Federico Granvosca.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">VIII. &mdash; Epistola ad Eclesiam quinque eclesiensen. (Roma, 1737.)<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Trabajos sin formar volumen:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">1.&mdash;Pr&oacute;logo a antig&uuml;edades y cosas memorables del Principado de Asturias, del P. Luis Alfonso de Carballo. (Madrid, 1695; atribuido por Fuertes Acevedo a Cienfuegos y Sierra, contra lo que el P. Uriarte afirma que nada hay &ldquo;que autorice su aserto, ni aun siquiera lo haga probable&rdquo;.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">2.&mdash;Carta dirigida a D. Gregorio Mayans y Siscar. (En la obra Cartas morales, militares, civiles y literarias, 1773; lleva fecha en Roma a 12 de junio de 1732.)<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras in&eacute;ditas:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;De Theologia tractatus varli proesertim de scientia media perfectionibus Christi, voto et sinovia. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">(MS. de nueve tomos en 4.&rdquo;)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"> &mdash;Philosophia aristotelica, (MS. de dos tomos en 4.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;De perfectionibus Christi servatoris nostri. (MS.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;De scientia Dei (MS.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;De scientia media. (MS.) <\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Referencias biogr&aacute;ficas:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">An&oacute;nimo.&mdash;Elogio del cardenal Cienfuegos. (En el tomo X de Rerum Italiarum Scriptores.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&iacute;dem.&mdash;El cardenal Cienfuegos. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">(En El Independiente, Oviedo, 0ctubre y noviembre de 1856.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"><a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/g-p\/\" target=\"_self\" title=\"Seud&oacute;nimo de Garc&iacute;a Pulgar (Manuel).\" class=\"encyclopedia\">G. P.<\/a>&mdash;Los asturianos de ayer: El cardenal Cienfuegos, de Aglierina. (En El Carbay&oacute;n, Oviedo, octubre 2 y 5 de 1886.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Murillo (E.) y Vald&eacute;s y L&oacute;pez (F.).&mdash;Algunos datos biogr&aacute;ficos. (En la monograf&iacute;a Miranda. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Belmonte, tomo Il de la obra Asturias, dirigida por O. Bellmunt y F. Canella y Secades, Gij&oacute;n, 1897.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sandoval y Abell&aacute;n (Arturo). &mdash;Los jesuitas en Oviedo: Distinguidos jesuitas asturianos: El P. Cienfuegos y Sierra. (En El Carbay&oacute;n, Oviedo, 18 de agosto de 1886.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su&aacute;rez, Espa&ntilde;olito (Constantino).&mdash;Asturianos de anta&ntilde;o: &Aacute;lvaro Cienfuegos y Sierra. (En el Diario de la Marina, Habana, 14 de agosto de 1932.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su&aacute;rez B&aacute;rcena (Aquilino). &mdash;Biograf&iacute;a. El Eminent&iacute;simo cardenal D. &Aacute;lvaro Cienfuegos. (En la Revista de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, Madrid, 1857, n&uacute;meros 15, 17, 19 y 21; posteriormente en Revista Universitaria, de Madrid, y en Revista de Asturias, Oviedo, 1883, n&uacute;meros 2 y 3.)<\/span><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":4981,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-1392","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/1392","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4981"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1392"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1392"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}