{"id":1657,"date":"2020-11-15T19:54:55","date_gmt":"2020-11-15T19:54:55","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=1657"},"modified":"2021-12-19T16:42:49","modified_gmt":"2021-12-19T16:42:49","slug":"diaz-morodo-gumersindo","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/diaz-morodo-gumersindo\/","title":{"rendered":"DIAZ MORODO (Gumersindo)."},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Escritor contempor&aacute;neo, m&aacute;s conocido por su seud&oacute;nimo<em> Bor&iacute;<\/em>, al que el autor de este Indice se ha complacido en testimoniarle su gratitud en el pr&oacute;logo por los buenos servicios en cuanto a la adquisici&oacute;n de direcciones y noticias de escritores y artistas actuales de la villa y concejo donde &eacute;l ha nacido y reside.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El &uacute;ltimo de ocho hermanos, naci&oacute; D&iacute;az Morodo en Cangas del Narcea el 13 de enero de 1886, hijo de don Antonio D&iacute;az Gonz&aacute;lez y do&ntilde;a Josefa Morodo Gonz&aacute;lez, en hogar ni pobre ni rico. El padre, despu&eacute;s de algunos a&ntilde;os de emigrante en varios pa&iacute;ses americanos, regres&oacute; a Espa&ntilde;a en 1872.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Saturado el autor de mis d&iacute;as &mdash;nos ha dicho el propio biografiado&mdash;de ideales republicanos, al advenimiento de la primera Rep&uacute;blica (1873), desempe&ntilde;&oacute; la Alcald&iacute;a de este concejo, corriendo el peligro de ser fusilado por tropas carlistas, que invadieron la villa, por su negativa en facilitarles provisiones. Poco despu&eacute;s se estableci&oacute; en un peque&ntilde;o comercio, y luchando por sus ideales republicanos sigui&oacute; hasta su fallecimiento, ocurrido el <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">20 de enero de 1924.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los catorce primeros a&ntilde;os de D&iacute;az Morodo estuvieron dedicados a recibir la instrucci&oacute;n elemental, que fu&eacute; esmerada por su gran aplicaci&oacute;n, y algunas nociones de lat&iacute;n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1900, como tantos y tantos muchachos de su tiempo, emprendi&oacute;, la carrera que hab&iacute;a seguido el y padre: la del emigrante a tierras americanas, y march&oacute; a Cuba, donde ya resid&iacute;an los tres hermanos varones mayores que &eacute;l.&nbsp;<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Dedicado estaba a las tareas entonces esclavizadoras del mostrador, en medio de una gran desilusi&oacute;n de sus sue&ntilde;os de emigrante, cuando a comienzos de mayo de 1902 unos mareos con alta fiebre le llevan a la quinta de salud La Covadonga. Su enfermedad constituy&oacute; un verdadero caso raro, que dicen los m&eacute;dicos, los cuales llegaron a dar por concluida aquella vida expirante. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">El doctor Bango, director entonces de esa casa de salud de los asturianos, hab&iacute;a puesto toda su ciencia y todos sus entusiasmos en salvar la vida de aquel muchacho ya esquel&eacute;tico, exang&uuml;e, casi cad&aacute;ver, hasta perder la &uacute;ltima esperanza, cuando la brutalidad de un enfermero, contra todos los dictados de la Medicina, consigui&oacute; lo que la ciencia y los desvelos de todos no hab&iacute;an podido conseguir. La v&iacute;spera del seguro fallecimiento, el m&eacute;dico orden&oacute; que se le diera al presunto cad&aacute;ver un ba&ntilde;o bien templado. El ba&ntilde;o bien templado, por descuido del enfermero, se convirti&oacute; en ba&ntilde;o de agua hirviendo, y, poco despu&eacute;s, mientras rumiaba su disgusto y el temor a perder el empleo, ya advertido de su error, el cad&aacute;ver empez&oacute; a rebullirse en la cama y a cobrar algo de su perdida personalidad y a mejorar, hasta que volvi&oacute; poco a poco a la vida normal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero D&iacute;az Morodo hab&iacute;a salido de su lucha con la muerte totalmente sordo y en tal estado de debilidad, que los hermanos decidieron su repatriaci&oacute;n con la esperanza del completo curamiento en Asturias. Regres&oacute; a la villa natal, en la que repuso f&aacute;cilmente sus quebrantos f&iacute;sicos, menos el del o&iacute;do, que ya no ha vuelto a recuperar. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Este defecto fu&eacute; causa de que refugiase su esp&iacute;ritu en la lectura y, como consecuencia de esto, se form&oacute; en &eacute;l una segunda personalidad: la del hombre rebelde contra toda injusticia humana. Como &eacute;l mismo dice, entonces naci&oacute; Bori, seud&oacute;nimo con que ha mantenido enhiesto y contra todo riesgo su ideal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Siempre que el tiempo lo permit&iacute;a&mdash;nos ha dicho &eacute;l mismo&mdash;, con un cayado en la mano, algo de alimento en los bolsillos y unos libros bajo el brazo, escalaba las cumbres de las monta&ntilde;as que circundan la villa, y all&iacute;, en lo alto, cara al sol, en pleno contacto con la Naturaleza, le&iacute;a y me forjaba un mundo de ilusi&oacute;n. Y al leer febril y conmovido las obras de los ap&oacute;stoles de la justicia social, de Marx, Lassalle, Kropotkin, Bacounine, Reclus, Grave, Tolstoy, V&iacute;ctor Hugo, Zola, etc., mi esp&iacute;ritu sufri&oacute; recia sacudida y me sent&iacute; por completo rebelde. Mirando al mundo s&oacute;lo ve&iacute;a predominar la injusticia. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Y aqu&iacute; mismo, en este concejo, ten&iacute;a la plena prueba, pues todo era miseria y desolaci&oacute;n: media docena de se&ntilde;ores y se&ntilde;oritos manejaban como se&ntilde;ores feudales al resto de los habitantes, que desde hac&iacute;a muchos a&ntilde;os estaban privados hasta de la emisi&oacute;n en las urnas de su voluntad. Esclavos del terru&ntilde;o y esclavos del cacique; doble esclavitud que acrecentaba mi rebeld&iacute;a. Leyendo a Carlos Fox hab&iacute;a aprendido que el hombre tiene derecho a ser bien gobernado, e impaciente estaba yo por demostrar de no hay rinc&oacute;n en el mundo en el que no palpite su pensamiento. Y la casualidad vino en mi ayuda hacia 1908 . Dos a&ntilde;os antes de esta fecha se hab&iacute;a establecido en esta villa una imprenta moderna, en la que se editaba un semanario titulado El Narcea, sin matiz pol&iacute;tico alguno: un peri&oacute;dico que buscaba cubrir gastos en la suscripci&oacute;n, procurando estar bien con todos y enjabonando a aquellas personas que m&aacute;s le puedan favorecer. La imprenta cambi&oacute; de local y se estableci&oacute; muy cerca de mi domicilio. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Me fu&iacute; acercando a ella con timidez al principio y curiosidad despu&eacute;s, hasta encontrarme al poco tiempo y casi inconscientemente convertido en un regular tip&oacute;grafo, oficio que encaja admirablemente con mis gustos e inutilidad f&iacute;sica. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Los redactores de El Narcea se hallaban encantados con mi trabajo aunque mi intervenci&oacute;n en el Peri&oacute;dico se limitaba al trabajo de tip&oacute;grafo, en el que pon&iacute;a cuidado y entusiasmo. Si en contadas ocasiones llegaba alg&uacute;n escrito en el que yo viese palpitar un s&iacute;ntoma siquiera de rebeld&iacute;a, daba expansi&oacute;n a mi propio pensamiento rebelde y aparec&iacute;a el art&iacute;culo tan transformado, que resultaba cosa nueva al firmante del mismo; Pero como la reforma agradaba al interesado, no hab&iacute;a disgustos Por esa injerencia m&iacute;a.&rdquo;&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Pero el semanario local &mdash; sigue D&iacute;az Morodo&mdash;no serv&iacute;a para dar a mi esp&iacute;ritu toda la expansi&oacute;n que apetec&iacute;a. Una circunstancia de pol&iacute;tica nacional provoc&oacute; entonces mi lanzamiento a la lucha. Las proyectadas reformas de Canalejas en la cuesti&oacute;n religiosa provocaron la protesta de las gentes de iglesia, constituy&eacute;ndose por todas partes Juntas tituladas cat&oacute;licas, encargadas de organizar manifestaciones. Tambi&eacute;n aqu&iacute; se constituy&oacute; una de esas Juntas, la cual reparti&oacute; un manifiesto tan plagado de embustes, que ya no pude contenerme. Una noche me encerr&eacute; en la imprenta, y a la ma&ntilde;ana siguiente se reparti&oacute; profusamente por la villa un manifiesto firmado por mi, en el cual, entre otros florilegios, calificaba de Comedia de farsas y ambiciones las tituladas Juntas cat&oacute;licas. El revuelo que se arm&oacute; no es para descrito. La punter&iacute;a hab&iacute;a sido certera, y la manifestaci&oacute;n proyectada fracas&oacute; en esta parte de la provincia. Mientras desde el p&uacute;lpito se me dirigieron ataques por ap&oacute;stata, hereje, renegado, vendido al demonio, etc., mi manifiesto fu&eacute; reproducido y comentado en peri&oacute;dicos afectos a la pol&iacute;tica de Canalejas y en otros de matiz republicano, Lanzado, pues, a la lucha, en ella prosegu&iacute; ya sin titubeos.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Comenz&oacute; luego a colaborar en La Justicia, de Grado, semanario en el que sostuvo &ldquo;campa&ntilde;as virulentas en el derrumbe de &iacute;dolos y redenci&oacute;n de esclavos, en las que se pretendi&oacute; el silencio, ya con ofrecimientos de d&aacute;divas, ya con amenazas, ya con el atentado personal, sin que los mismos irredentos estimaran esa actuaci&oacute;n&rdquo;. Pero Bor&iacute; continu&oacute; arrojando a pu&ntilde;ados la semilla, seguro de que alguna fructificar&iacute;a, y extendi&oacute; sus colaboraciones a La Aurora Social, de Oviedo, y otros peri&oacute;dicos de lucha.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1914 pas&oacute; a su propiedad una vieja imprenta de prensa a mano y tipos anticuados que se hab&iacute;a desempolvado con motivo de la contienda electoral de entonces y el peri&oacute;dico editado en ella, El Distrito Cangu&eacute;s. &ldquo;Yo era todo en &eacute;I.&mdash;nos ha dicho&mdash; lo compon&iacute;a, lo imprim&iacute;a, lo administraba, lo distribu&iacute;a, lo empaquetaba y hasta lo llevaba a correos. Y no digo que lo escrib&iacute;a porque, aparte de algo de colaboraci&oacute;n, lo dem&aacute;s se compon&iacute;a sin cuartillas. No ten&iacute;a tiempo que perder. Cuando m&aacute;s, unas concisas notas me serv&iacute;an de orientaci&oacute;n para que, componedor en mano, saliesen de la caja el art&iacute;culo o los art&iacute;culos que deseaba, aunque pasasen del centenar de l&iacute;neas.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde el semanario El Distrito, y sin darle car&aacute;cter de escandaloso, Bor&iacute; sostuvo tenaces y valientes campa&ntilde;as en favor de cuanto significara mejoramiento social. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Caciques y explotadores ten&iacute;an en ese peri&oacute;dico la suma de todos sus desasosiegos y a no pocos les cost&oacute; la p&eacute;rdida del mal ganado predicamento. Pero tambi&eacute;n cost&oacute; a su director y redactor &uacute;nico abundantes disgustos y contratiempos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Momentos hubo de tener que defenderse pistola en mano, mientras llegaba el auxilio pedido a la Guardia civil, contra intentos de asalto a la imprenta para apoderarse de la edici&oacute;n del peri&oacute;dico. Menudearon las denuncias y los procesamientos, si bien todos fueron sobrese&iacute;dos a falta de verdadera materia punible. Las multas llegaron a alcanzar la suma de cien mil pesetas. Algunas veces se lleg&oacute; al atropello de la ley y se encarcel&oacute; al director. Este, sin embargo, continu&oacute; impert&eacute;rrito en la lucha. &ldquo;De todo lo que ocurr&iacute;a en el concejo &mdash;dice Bor&iacute;&mdash;resultaba yo el &uacute;nico responsable. Llegaba con mucho aparato el Juzgado a la imprenta, y se desarrollaban di&aacute;logos lac&oacute;nicos, sin apenas palabras, como &eacute;ste: &ldquo;&iquest;Edici&oacute;n? Agotada. &iquest;Moldes? En las cajas.&rdquo; Si ped&iacute;an el original o las cuartillas, se&ntilde;alaba mi cabeza, y si se persist&iacute;a en la demanda, presentaba un cuchillo al juez y, doblando el cuello, invitaba al corte para que se llevase el original.&rdquo; El combate era demasiado desigual para &eacute;l, y no le vali&oacute; de nada el marcharse con imprenta y peri&oacute;dico al Puerto de Leitariegos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un auto de procesamiento con embargo de imprenta y Peri&oacute;dico, sin dar tiempo para el dep&oacute;sito de fianza, acab&oacute; con el temible enemigo. Sin peri&oacute;dico propio, se acogi&oacute; a las columnas de El Noroeste, de Gij&oacute;n, donde continu&oacute; sus campa&ntilde;as.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando la huelga revolucionaria de agosto de 1917, se encontr&oacute; en situaci&oacute;n de perseguido y tuvo que huir, permaneciendo huido unos dos meses. &ldquo;M&aacute;s tarde supe que se me acusaba&mdash;dice&mdash;nada menos que de haberme hecho due&ntilde;o (&iexcl;yo solo, sin ayuda de nadie!) del cuartel de la Guardia civil al ausentarse las fuerzas, y de haber intervenido la oficina de tel&eacute;grafos e impedido la concentraci&oacute;n de tropas. La verdad es que yo no me supon&iacute;a tan h&eacute;roe. Al regreso a la villa pas&eacute; a ocupar una celda en la c&aacute;rcel, que ya me era bastante conocida.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Libre de ese contratiempo, volvi&oacute; a sus campa&ntilde;as desde El Noroeste, con lo que se renov&oacute; la serie de denuncias y procesos. En abril de 1918 se ordena por medio de exhorto desde Gij&oacute;n que sea detenido, &ldquo;Pasan d&iacute;as y d&iacute;as&mdash;son sus palabras&mdash;y nadie sabe por qu&eacute; estoy preso. El juez de aqu&iacute; (Cangas del Narcea), todo un buen juez, don Rodrigo Vald&eacute;s Pe&oacute;n protesta airado contra el atropello, protesta a la que se unen muy pronto El Noroeste y los peri&oacute;dicos de izquierda de Madrid. El maestro Castrovido se indigna en El Pa&iacute;s; Nakens me env&iacute;a una recomendaci&oacute;n para el infierno; El Socialista protesta tambi&eacute;n&hellip; Como el asunto provocaba esc&aacute;ndalo, el Gobierno orden&oacute; al juez de Gij&oacute;n que me pusiese inmediatamente en libertad. hab&iacute;an pasado veintis&eacute;is d&iacute;as, y al salir de la c&aacute;rcel me encontr&eacute; tan ignorante del motivo o pretexto de la prisi&oacute;n como al entrar en ella. Pero no concluy&oacute; ah&iacute; el asunto. En la sesi&oacute;n del Congreso del 26 de junio de ese a&ntilde;o, un diputado de izquierda se dirigi&oacute; a Romanones&mdash;ministro de Justicia en aquel Gobierno que, presidido por Maura, se llam&oacute; NacionaI&mdash; exponi&eacute;ndole lo que aqu&iacute; hab&iacute;a pasado. Intervino don Augusto Barcia considerando grave el caso y anunciando una interpelaci&oacute;n. Ante el nublado que se le ven&iacute;a encima, el ministro prometi&oacute; proceder sin contemplaciones, haciendo justicia. Y, efectivamente, Romanones hizo justicia: se traslad&oacute; al gobernador a otra provincia y al juez de Gij&oacute;n a otro Juzgado, con ascenso. No se pod&iacute;a exigir m&aacute;s.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Continu&oacute; sus campa&ntilde;as period&iacute;sticas en el citado diario gijon&eacute;s, en revistas asturianas editadas en la Habana, como El Progreso de Asturias, y en otros peri&oacute;dicos, hasta que sobrevino en 1923 la Dictadura impuesta por el general Primo de Rivera. Entonces el delegado gubernativo le prohibi&oacute; escribir para los peri&oacute;dicos so pena de desterrarle, y Bor&iacute; aprovech&oacute; la ocasi&oacute;n para desterrarse voluntariamente en viajes por Espa&ntilde;a, que invirti&oacute; en consolidar sus ideas pol&iacute;ticas y sociales. Nuevamente en Cangas, como continuaba la prohibici&oacute;n de que escribiera, se propuso seguir la lucha pr&aacute;cticamente, y, despu&eacute;s de algunas conferencias, consigui&oacute; en 1927 constituir la agrupaci&oacute;n obrera Nueva Vida, afecta a la Uni&oacute;n General de Trabajadores de Espa&ntilde;a. Pero la Dictadura clausur&oacute; la sociedad a los. pocos meses, por considerarla un foco revolucionario, prohibi&eacute;ndole a &eacute;l toda clase de actuaciones en tal sentido. En 1930 volvi&oacute; a renacer esa agrupaci&oacute;n, y desde entonces D&iacute;az Morodo le ha consagrado sus mejores esfuerzos, que han dado como resultado algunas mejoras en los salarios percibidos por los obreros cangueses.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tan resueltamente ha venido considerando en s&iacute; mismo una nueva personalidad conocida por <em>Bor&iacute;,<\/em> que ha construido un pante&oacute;n con esa sola inscripci&oacute;n en el cementerio civil de Cangas del Narcea, la villa natal.<\/span><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":5149,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-1657","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/1657","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5149"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1657"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1657"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}