{"id":1873,"date":"2020-11-18T08:30:45","date_gmt":"2020-11-18T08:30:45","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=1873"},"modified":"2021-11-19T18:43:52","modified_gmt":"2021-11-19T18:43:52","slug":"fernandez-barcia-jose-f","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/fernandez-barcia-jose-f\/","title":{"rendered":"FERNANDEZ BARCIA (Jos\u00e9 F.)."},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Escritor contempor&aacute;neo, gijon&eacute;s, nacido el 15 de marzo de 158\/, hijo de don Celestino Fern&aacute;ndez D&iacute;az, alto empleado de una importante empresa fabril, y do&ntilde;a Rosal&iacute;a Barcia Lombau.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sin vocaci&oacute;n al estudio y lleno el esp&iacute;ritu de ansias de libertad y aventura, en el a&ntilde;o 1901, con catorce de edad, emigr&oacute; a la Argentina. Acerca de su vida en Am&eacute;rica ha escrito un libro autobiogr&aacute;fico con el t&iacute;tulo de Andanzas, del que vamos a dar extracto, por lo cargada de inter&eacute;s que resulta esa primera &eacute;poca de la vida de Jos&eacute; EF. Barcia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El primer lugar de su residencia en la Argentina fu&eacute; El Bragado, al amparo de unos t&iacute;os, que, llevados del deseo de dotarle de m&aacute;s amplia instrucci&oacute;n antes de dedicarle al trabajo, le matricularon en una Escuela de Comercio de esa Poblaci&oacute;n. Pero Barcia no estaba dispuesto a seguir estudios sistematizados, sino los que &eacute;l eligiera libremente, y abandon&oacute; la escuela para ocupar el puesto de <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Aprendiz a dependiente en un comercio de comestibles en Pehuaj&oacute; (1902), que le Proporcionaron los tios. Trabaj&oacute; luego en una f&aacute;brica de jabones que ten&iacute;an los citados parientes en Chivilcoy, y pas&oacute; despu&eacute;s a una estancia de los mismos en Los Toldos. Ocup&oacute; seguidamente otras varias y diversas colocaciones, todas ellas por breve tiempo. Refiri&eacute;ndose &eacute;l mismo al desvelo de los t&iacute;os por encauzarle en el trabajo, dice: &ldquo;Es un match original, en el cual volcamos todos nuestro integro caudal de energ&iacute;as para la consecuci&oacute;n de la victoria. La misi&oacute;n de ellos se reduce a buscarme empleos. La m&iacute;a, a dejarlos.&rdquo; Este ir y venir por varias provincias argentinas, particularmente la de Buenos Aires, de un destino a otro, dur&oacute; cerca de tres a&ntilde;os, hasta que en el de 1804 una aventura cambi&oacute; el norte de su vida errante.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Concurrente en Buenos Aires con otros desocupados a un music-hall, conoci&oacute; en &eacute;l a una bailarina andaluza, a la que, enamorado y correspondido, no titube&oacute; en seguir a Montevideo, adonde ella marchaba contratada. Entonces le ocurri&oacute; en la capital del Uruguay un episodio sorprendente, que dejaremos nos lo refiera &eacute;l mismo. &ldquo;Paseaba yo la otra noche matando el tiempo hasta la hora de ir a recoger a mi dama, cuando, al doblar una esquina, me dieron el alto tres individuos. La primera impresi&oacute;n fu&eacute; de que eran tres atracadores; pero bien pronto tuve ocasi&oacute;n de cerciorarme de que eran soldados&hellip; Me condujeron hasta un cuartel, y una vez all&iacute;, se despidieron de m&iacute; con un hasta ma&ntilde;ana, compa&ntilde;ero, que me lleg&oacute; al coraz&oacute;n. Pas&eacute; el resto de la noche en el cuerpo de guardia, y al d&iacute;a siguiente, muy de ma&ntilde;ana, me tomaron la filiaci&oacute;n, me entregaron un uniforme y un armamento, y me vi as&iacute; convertido de golpe y&nbsp; porrazo en una unidad m&aacute;s del tercer batall&oacute;n de guardias nacionales.&raquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tan ins&oacute;lito suceso lo explica &eacute;l mismo de este modo: &ldquo;Cuando las circunstancias lo requieren, es decir, cuando as&iacute; lo exige la seguridad del pa&iacute;s, seg&uacute;n aqu&iacute; se dice, aunque lo que peligre no sea otra cosa que el partido pol&iacute;tico que est&aacute; en el poder, el parlamento dicta una ley estableciendo con car&aacute;cter transitorio la Guardia nacional.&rdquo; Los extranjeros que carezcan de documentaci&oacute;n personal son enrolados en esas tropas, y Barcia carec&iacute;a de ella. D&iacute;as despu&eacute;s sali&oacute; a campa&ntilde;a y tuvo su &ldquo;bautismo de fuego&rdquo; en la defensa contra los revolucionarios de la ciudad El Salto. Sigui&oacute; la campa&ntilde;a en diversos puntos de la rep&uacute;blica uruguaya, pasando por todas las penalidades propias de la guerra, durmiendo a la intemperie muchas noches de lluvia, en que &ldquo;el agua corre por encima y por <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">debajo de nosotros con entera libertad&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Despu&eacute;s de unos meses de andar en continua peregrinaci&oacute;n de un lado a otro de la Rep&uacute;blica, como una tribu trashumante, comiendo muy mal y durmiendo peor&rdquo;, Barcia qued&oacute; de guarnici&oacute;n en la ciudad fronteriza Rivera. La muerte de Aparicio Sarabia, jefe de los rebeldes, di&oacute; fin a la contienda, y apenas se encontr&oacute; licenciado march&oacute; a la Argentina y corri&oacute; a refugiarse al lado de los parientes en Chivilcoy, extenuado y casi desnudo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En seguida volvi&oacute; a las correr&iacute;as de pueblo en pueblo, tan pronto colocado como cesante. estando en estas circunstancias en Buenos Aires (1905), le atrajo un anuncio que solicitaba hombres para cuidar del ganado a bordo en una expedici&oacute;n que saldr&iacute;a para R&iacute;o Janeiro, y cuya ocupaci&oacute;n se remuneraba con &ldquo;cien pesos papel y el viaje de regreso&rdquo;. Qued&oacute; admitido en este empleo, y cuidando ganado a bordo de un buque lleg&oacute; a la capital del Brasil.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una iniciaci&oacute;n afortunada en el juego le arrastr&oacute; a dedicarse a &eacute;l como profesi&oacute;n, y del juego vivi&oacute; espl&eacute;ndidamente una buena temporada en R&iacute;o Janeiro; pero un d&iacute;a la fortuna le fu&eacute; adversa; los d&iacute;as de p&eacute;rdida se sucedieron como se hab&iacute;an sucedido los de ganancia, y lleg&oacute; a encontrarse &ldquo;sin m&aacute;s riquezas&mdash;dice &eacute;l mismo&mdash;que las ropas que llevaba&nbsp; puestas&hellip;, sin tener d&oacute;nde dormir, ni d&oacute;nde comer, ni a qui&eacute;n recurrir en demanda de socorro&rdquo;. Apel&oacute; entonces a la argucia de acudir al c&oacute;nsul de la Argentina fingi&eacute;ndose argentino de nacimiento, y obtuvo de &eacute;l pasaje y dinero para los gastos del viaje, y as&iacute; fu&eacute; como pudo llegar otra vez al refugio de sus t&iacute;os de Chivilcoy, en 1906.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al finalizar ese a&ntilde;o, reconoci&eacute;ndose decididamente sin la menor inclinaci&oacute;n Por el comercio ni sumisi&oacute;n para la disciplina que sujeta a los emigrantes en Am&eacute;rica, decidi&oacute; abandonar la Argentina.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como carec&iacute;a de dinero, se meti&oacute; de poliz&oacute;n en el transatl&aacute;ntico Lafayette, que part&iacute;a con rumbo a Marsella. Descubierto ya en alta mar, fu&eacute; destinado a trabajar entre los fogoneros, en cuya extenuadora ocupaci&oacute;n lleg&oacute; a Francia vestido de harapos y falto de todo recurso econ&oacute;mico. Cinco d&iacute;as pas&oacute; en Marsella &ldquo;vagando sin direcci&oacute;n fija por calles y plazas, sin probar alimento y maldurmiendo en los quicios de las Puertas de los barrios pobres, donde la vigilancia nocturna era menos severa&rdquo;, hasta que la protecci&oacute;n fortuita de un obrero italiano le puso en camino de reintegrarse a la vida social, proporcion&aacute;ndole trabajo en la f&aacute;brica de aceites donde &eacute;l estaba de operario,<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La preparaci&oacute;n cultural de Barcia, superior a la de los otros obreros, le di&oacute; pronto un ascendiente que aprovech&oacute; para iniciar la lucha en favor del mejoramiento de una clase obrera inicuamente explotada hasta entonces, y, de acuerdo con el sindicalismo marsell&eacute;s, fund&oacute; el Sindicato de los Obreros del Aceite. &ldquo;Con perseverancia y tenacidad&mdash;dice&mdash;fu&iacute; formando adeptos para la causa y, antes de seis meses de propaganda, ya estaban afiliados al Sindicato m&aacute;s de la mitad de los obreros aceiteros. Como mi condici&oacute;n de ciudadano extranjero me imped&iacute;a ocupar la Presidencia de nuestro sindicato, me sirvi&oacute; de testaferro un boticario italiano, naturalizado franc&eacute;s, y yo figur&eacute; como secretario.&rdquo; Esto suced&iacute;a en 1908.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las condiciones de trabajo de la industria aceitera all&iacute; entonces era, sin duda, un oprobio: &ldquo;Trabaj&aacute;bamos de seis a seis, una semana de noche y otra de d&iacute;a, alternativamente. De esas doce horas se nos daba una y media de descanso para desayunar y almorzar, o merendar y cenar, seg&uacute;n trabaj&aacute;semos de d&iacute;a o de noche. Nos quedaba, pues, una jornada diaria de tarea bestial, por el irrisorio estipendio de cuatro francos. Es decir, que nos mat&aacute;bamos trabajando para apenas ganar con qu&eacute; malcomer.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La primera batalla sindical contra los patronos aceiteros preparada por Barcia fu&eacute; la de pedir cincuenta c&eacute;ntimos m&aacute;s de jornal y ocho horas de jornada en tres equipos de obreros. Hubo que recurrir a la huelga, que dur&oacute; mes y medio, tiempo que los huelguistas pudieron resistir gracias a la ayuda de los otros oficios sindicados, al cabo de cuyo tiempo los patronos decidieron aceptar las condiciones exigidas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero estas luchas crearon a Barcia un enemigo encarnizado en el elemento patronal, y al a&ntilde;o siguiente se vi&oacute; obligado a marchar de Marsella, donde ya le era materialmente imposible vivir, y satisfizo con ello un ya viejo deseo de regresar a Espa&ntilde;a. Pero permaneci&oacute; poco tiempo en su pa&iacute;s. En ese mismo a&ntilde;o decidi&oacute; trasladarse a Alemania. En Hamburgo fu&eacute; profesor de espa&ntilde;ol en la Escuela Berlitz, puesto que hubo de aceptar con la mezquina retribuci&oacute;n de treinta y seis marcos semanales y que cambi&oacute; poco despu&eacute;s (1912) por otro mucho mejor retribuido, que fu&eacute; el de jefe de correspondencia espa&ntilde;ola en una importante casa de exportaciones. En ella prestaba servicios cuando, al estallar la guerra mundial de 1914, se vi&oacute; precisado a regresar a Espa&ntilde;a y refugiarse en Gij&oacute;n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tambi&eacute;n dur&oacute; poco esta segunda permanencia en la villa natal, pues al a&ntilde;o siguiente resolvi&oacute; regresar a Hamburgo afrontando toda clase de dificultades y riesgos en Hamburgo se encontr&oacute; con que ya no exist&iacute;a la casa donde hab&iacute;a trabajado, pero sus conocimientos en el comercio de esa plaza le facilitaron pronto ocupaci&oacute;n. Fu&eacute; esta la gerencia de una casa de comercio en Barranquilla (Colombia), lo cual le di&oacute; ocasi&oacute;n para volver a Am&eacute;rica cuando menos lo esperaba. Concibi&oacute; entonces por primera vez en su vida la idea de reunir un capital que le consintiera vivir con entera independencia; pero el clima y, sobre todo, los mosquitos de Colombia, le pusieron en el trance de abandonar el pa&iacute;s, y al a&ntilde;o siguiente pas&oacute; a los Estados Unidos (1917), donde concluye este per&iacute;odo aventurero de la vida de Barcia, relatado detalladamente en el libro Andanzas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su vida posteriormente ha sido pac&iacute;fica y casi sedentaria, sobre todo desde su matrimonio en Oviedo con la se&ntilde;orita Victorina Fern&aacute;ndez &Aacute;lvarez, en febrero de 1920. Actualmente (1934) desempe&ntilde;a un cargo de funcionario en la Junta de Obras del Puerto de Gij&oacute;n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su iniciaci&oacute;n como escritor data desde los quince a&ntilde;os, poco despu&eacute;s de su llegada a la Argentina, y ha recogido sus primeros escritos el Diario Espa&ntilde;ol de Buenos Aires. Despu&eacute;s, aunque sin asiduidad, escribi&oacute; en numerosas publicaciones. De El Noroeste, de Gij&oacute;n, fu&eacute; m&aacute;s constante colaborador con cr&oacute;nicas de viaje desde distintos pa&iacute;ses. Luego fu&eacute; alg&uacute;n tiempo redactor de ese diario.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tambi&eacute;n merece recuerdo la secci&oacute;n fija Filosof&iacute;a trasnochada que redact&oacute; en el semanario humor&iacute;stico gijon&eacute;s Epipl&oacute;n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Adem&aacute;s del libro citado ha editado otro, en forma de novela, de ambiente gijon&eacute;s (n&uacute;mero 1), por el que, a causa de su tendencia sat&iacute;rica, fu&eacute; combatido por desafecto a la villa natal, y en este sentido se public&oacute; un folleto contra &eacute;l, redactado por pluma o plumas intransigentes que hacen del patriotismo un amor ciego.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">I.&mdash; Andanzas. (Gij&oacute;n, 1924; memorias en forma de cartas de su vida en el extranjero.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">II.&mdash;Sonatina gijonesa. (Madrid, 1929; novela de ambiente local.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Barcia (Jos&eacute; F.). &mdash; Andanzas. (Gij&oacute;n, 1924; memorias.)&nbsp;<\/span><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":5117,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-1873","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/1873","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5117"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1873"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1873"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}