{"id":2344,"date":"2021-03-09T10:41:27","date_gmt":"2021-03-09T10:41:27","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=2344"},"modified":"2021-11-28T17:44:13","modified_gmt":"2021-11-28T17:44:13","slug":"gonzalez-fr-ceferino","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/gonzalez-fr-ceferino\/","title":{"rendered":"GONZALEZ (Fr. Ceferino)."},"content":{"rendered":"<p>Sabio fil&oacute;sofo tomista del siglo XIX. Gloria de la Orden de Santo Domingo y una de las personalidades m&aacute;s descollantes de la literatura especulativa espa&ntilde;ola de los tiempos modernos.<\/p>\n<p>Su panegirista Alejandro Pidal y Mon, en un trabajo intitulado El Padre Ceferino. dec&iacute;a: &ldquo;Es casi el nombre de un confesor de monjitas, y, sin embargo, como las viejas banderas espa&ntilde;olas, este nombre ha dado la vuelta al mundo&hellip;&rdquo; &ldquo;El Padre Ceferino -dice Edmundo Gonz&aacute;lez Blanco &ndash; fu&eacute; nuestra m&aacute;s respetada autoridad filos&oacute;fica durante la segunda mitad de la pasada centuria&hellip;<br>\nComo publicista era uno de los pol&iacute;grafos m&aacute;s aventajados y concienzudos; destac&oacute; principalmente por su sentido cr&iacute;tico excepcional y por sus vastos conocimientos de &iacute;ndole variad&iacute;sima, que le colocaron siempre en un nivel cient&iacute;fico muy superior al de los fil&oacute;sofos espa&ntilde;oles de su tiempo&rdquo;.<\/p>\n<p>Le han achacado defectos de car&aacute;cter, que Edmundo Gonz&aacute;lez Blanco se ha cre&iacute;do en el caso de rechazar. &ldquo;Se le acus&oacute; &mdash;dice&mdash; de tener un car&aacute;cter agrio, displicente, duro, casi montaraz, lo cual no es cierto. Lo es, en cambio, que busc&oacute; siempre el silencio y el retiro, para, en ellos, entregarse de lleno a la activa quietud de sus estudios. &iquest;C&oacute;mo un fil&oacute;sofo genuino no ha de ser un solitario impenitente? Pero al Padre Zeferino le ocurr&iacute;a lo que a todos los solitarios de esa &iacute;ndole, que son, a ratos y espor&aacute;dicamente, los hombres m&aacute;s comunicativos del mundo&rdquo;.<\/p>\n<p>El citado Pidal, que fu&eacute; su &iacute;ntimo amigo, le retrata de esta manera: &ldquo;un fraile joven, seco, de mediana estatura, de ojos vivos, mirada penetrante, morena tez, gesto adusto, frente concentrada y saliente, pelo negro, rostro barbilampi&ntilde;o y bronca y desapacible voz&rdquo;. Y despu&eacute;s de afirmar que era poco locuaz, pero que, inspirado por un tema grato, &ldquo;lanza una palabra y aquella palabra es luz&rdquo;, agrega: &ldquo;Por eso el Padre Zeferino sorprende al principio, cautiva luego y admira al fin. Es como el tosco pedernal en que duerme oculta la chispa brillante y creadora&rdquo;.<\/p>\n<p>Naci&oacute; Fr. Ceferino en San Nicol&aacute;s de Villoria (Laviana) el 28 de enero de 1831 en modesto hogar de labradores. Desde muy ni&ntilde;o estimulado por el ambiente familiar y por el ejemplo del hermano mayor Jos&eacute; Ram&oacute;n, fraile dominico, revel&oacute; una vocaci&oacute;n profunda hacia el sacerdocio. Cursada la instrucci&oacute;n primaria, se prepar&oacute; para seguir esa vocaci&oacute;n con estudios de Latinidad en Cia&ntilde;o, con uno de aquellos d&oacute;mines que ense&ntilde;aban a palos.<\/p>\n<p>Sin tener la edad fijada para la toma de h&aacute;bito, antes de los catorce a&ntilde;os, el 28 de noviembre de 1844, ingres&oacute; como novicio en el 13 convento de Oca&ntilde;a (Toledo), y en &eacute;l hizo la profesi&oacute;n de votos el 13 de febrero del 46. Pero habiendo profesado sin cumplido la edad can&oacute;nica, tuvo que renovar los votos el 9 de abril de 1848, adoptando entonces como nombre en religi&oacute;n el de Antonio de Florencia, que no trascendi&oacute; ni a los actos de su vida ni a su obra. Con tan extraordinaria aplicaci&oacute;n hab&iacute;a seguido los estudios en esa casa, que aprob&oacute; antes de la edad acostumbrada los tres a&ntilde;os de Filosof&iacute;a de la carrera eclesi&aacute;stica, (entre los compa&ntilde;eros de estudios se le distingu&iacute;a con el sobrenombre de Tragalibros).<\/p>\n<p>El 5 de junio de 1848 se le destin&oacute; a las misiones establecidas por la Orden en Filipinas, para donde se embarc&oacute; en C&aacute;diz, a bordo de la fragata Fama Cubana. Este viaje dur&oacute; m&aacute;s de ocho meses y fu&eacute; una traves&iacute;a llena de peripecias y calamidades, destacando como m&aacute;s graves los plantes e insubordinaciones de la tripulaci&oacute;n, que culminaron en la atrocidad de prender fuego a la nave, salv&aacute;ndose de perecer abrasados los pasajeros gracias al auxilio de otro barco.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; Fr. Ceferino a Manila el 9 de febrero de 1849. En el colegio de Santo Tom&aacute;s de la capital filipina prosigui&oacute; los estudios eclesi&aacute;sticos hasta ordenarse de presb&iacute;tero en 1854. Desde mayo de 1851 fu&eacute;, a la vez que colegial, profesor de Humanidades, y despu&eacute;s, a partir del 12 de junio del 53, ejerci&oacute; de lector de Filosof&iacute;a. Ya sacerdote, por su demostrada competencia en el profesorado, se le elev&oacute; al cargo de rector. En 1858 o en 1859 se le nombr&oacute; catedr&aacute;tico de Teolog&iacute;a de la Universidad, puesto que desempe&ntilde;&oacute; brillantemente por espacio de siete u ocho a&ntilde;os. Al mismo tiempo ocup&oacute; cargos reglamentarios dentro de las atenciones de la Orden.<\/p>\n<p>Sin perjuicio de atender con todo celo y entusiasmo a sus deberes docentes y religiosos, se entreg&oacute; por esta &eacute;poca al estudio de diversas disciplinas de especulaci&oacute;n cient&iacute;fica, como lo acredita la disparidad de temas de los cuatro primeros trabajos publicados en volumen, anotados al final de este estudio. Poco despu&eacute;s di&oacute; el primer paso en firme en su carrera de fil&oacute;sofo con la publicaci&oacute;n de unos Estudios sobre la filosof&iacute;a de Santo Tom&aacute;s. Esta obra, recibida con gran elogio por comentaristas espa&ntilde;oles y extranjeros, fu&eacute; la que ech&oacute; el cimiento de su personalidad intelectual.<\/p>\n<p>Enfermo de alg&uacute;n cuidado, a causa del exceso de trabajo y estudio, se le concedi&oacute; licencia para regresar a Espa&ntilde;a en 8 de diciembre de 1866.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; a Madrid precedido de fama y prestigio en los medios intelectuales, renombre que robusteci&oacute; muy pronto un hecho imprevisto. Hab&iacute;a acudido al Ateneo a o&iacute;r una conferencia del pol&iacute;tico liberal don Segismundo Moret sobre temas filos&oacute;ficos, y disconforme con las argumentaciones y consecuencias del disertante, solicit&oacute; que se le permitiera discutirlas, cosa que le fu&eacute; concedida, y rebati&oacute; aquellos juicios con tal caudal de conocimientos y tan ardorosa palabra, que obtuvo sobre el contrincante un triunfo subrayado con la aprobaci&oacute;n un&aacute;nime del auditorio.<\/p>\n<p>Contribuyen tambi&eacute;n por entonces a consagrar su personalidad las colaboraciones en varias publicaciones religiosas, como: La Ciudad de Dios, La Ciencia Cristiana, La Cruzada, La Defensa de la Sociedad y otras, entre ellas algunas extranjeras. Pero su producci&oacute;n cient&iacute;fico-literaria culmin&oacute; en esta &eacute;poca con la publicaci&oacute;n de la obra en tres tomos en lat&iacute;n Philosophia elementaria (n&uacute;mero VII), refundida y abreviada de texto y puesta en castellano por &eacute;l mismo a&ntilde;os adelante, numerosas veces reeditada en ambas formas.<\/p>\n<p>En 1868 los superiores le destinaron a regentar el colegio de Oca&ntilde;a. En los tres a&ntilde;os reglamentarios que desempe&ntilde;&oacute; el puesto, este centro de ense&ntilde;anza de la Orden alcanz&oacute; un esplendor que no hab&iacute;a tenido nunca. &ldquo;Aplicando la filosof&iacute;a a la administraci&oacute;n &mdash;dice Pidal y Mon&mdash;, hizo subir las rentas del colegio, y aplicando las rentas a la filosof&iacute;a, mont&oacute; c&aacute;tedras de lenguas vivas y muertas, gabinetes de F&iacute;sica, Qu&iacute;mica e Historia natural, y a la ense&ntilde;anza s&oacute;lida de la ciencia antigua uni&oacute; el conocimiento de la moderna&rdquo;.<\/p>\n<p>El cumplimiento de sus deberes en Oca&ntilde;a no interrumpi&oacute; sus dedicaciones de publicista y en ese tiempo, adem&aacute;s de algunos trabajos destinados a los peri&oacute;dicos, edit&oacute; cinco folletos (n&uacute;mero VII al XI) sobre diversos temas filos&oacute;ficos. Al dejar el rectorado en noviembre de 1871 y establecido nuevamente en Madrid, se consagr&oacute; con asiduidad a sus especulaciones filos&oacute;ficas, primer fruto de lo cual fu&eacute; la obra Estudios religiosos, filos&oacute;ficos, cient&iacute;ficos y sociales (n&uacute;mero XII), que recoge algunos trabajos publicados sueltos anteriormente y otros in&eacute;ditos hasta entonces. Public&oacute; tambi&eacute;n la refundici&oacute;n castellana (n&uacute;mero XIV) de la Philosophia elenmentaria.<\/p>\n<p>Ya se le consideraba por este tiempo una gloria de la Orden de Predicadores, y en Roma se pensaba en &eacute;l para ocupar puestos de alto dignatario de la Iglesia, a lo que se opon&iacute;an su empe&ntilde;o de consagrar todo el tiempo a los estudios y una absoluta falta de ambici&oacute;n. Sucesivamente renunci&oacute; a las mitras de Astorga (1873) y M&aacute;laga (1874) y, como dice Angel Mar&iacute;a Segovia, &ldquo;hasta busc&oacute; el apoyo de importantes personajes para lograr que no se turbasen sus meditaciones con el peso de tama&ntilde;os cargos&rdquo;. Pero en 1875 hubo de aceptar el obispado de C&oacute;rdoba. A la oposici&oacute;n de cuantos temieron que las atenciones pastorales impidieran al fraile continuar su obra, el papa opuso: &ldquo;Por lo que escribi&oacute; le hice obispo; que lo sea y que escriba adem&aacute;s&rdquo;. Y en efecto, fu&eacute; obispo, un buen obispo, y adem&aacute;s continu&oacute; escribiendo.<\/p>\n<p>Sus cartas pastorales est&aacute;n reputadas de admirables piezas filos&oacute;ficas. De la que escribi&oacute; al tomar posesi&oacute;n de la silla episcopal de C&oacute;rdoba, rica en concepto y de forma bella, dice el citado Segovia que &ldquo;reproducida por los peri&oacute;dicos, arrebatada de las manos, pedida de todas partes, fu&eacute; preciso ordenar su reimpresi&oacute;n para satisfacer el general deseo de poseerla&rdquo;, Y siendo obispo de C&oacute;rdoba public&oacute; otra de sus obras m&aacute;s importantes, Historia de la Filosof&iacute;a (n&uacute;mero XVII).<\/p>\n<p>Su episcopado en C&oacute;rdoba fu&eacute; uno de los m&aacute;s brillantes de esa Sede. Entre sus m&aacute;s importantes iniciativas figura la reuni&oacute;n del S&iacute;nodo y la fundaci&oacute;n del Seminario de San Jos&eacute;.<\/p>\n<p>En marzo de 1883 pas&oacute; a ocupar el arzobispado de Sevilla. En este mismo a&ntilde;o fu&eacute; recibido como acad&eacute;mico de n&uacute;mero de la Academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas. Como tal arzobispo le correspond&iacute;a el cargo de senador por derecho propio, pero &eacute;l renunci&oacute; a este derecho, llevado como en otras ocasiones de su modestia y exclusiva dedicaci&oacute;n a las actividades religiosas e intelectuales. El 10 de noviembre de 1884 fu&eacute; investido de la alta jerarqu&iacute;a de cardenal y el 27 de marzo del a&ntilde;o siguiente se le design&oacute; para regir la iglesia metropolitana de Toledo. Como esta dignidad le obligaba al desempe&ntilde;o de otros elevados y brillantes cometidos, como los de patriarca de las Indias, capell&aacute;n mayor del rey, vicario del Ej&eacute;rcito y de la Armada y otros, lo que exig&iacute;a de &eacute;l esfuerzo y atenci&oacute;n mayores de lo que consent&iacute;a su salud ya un tanto delicada. renunci&oacute; a ese arzobispado para volver en enero de 1886 al de Sevilla, poblaci&oacute;n de clima y ambiente m&aacute;s de acuerdo con su Salud y sus gustos.<\/p>\n<p>Una grave afecci&oacute;n a la laringe, que al cabo le acarre&oacute; la muerte, oblig&oacute; a Fr. Ceferino al abandono de gran parte de sus actividades, y as&iacute; en diciembre de 1889 renunci&oacute; al arzobispado y a todos sus honores y dignidades, excepto la de cardenal, retir&aacute;ndose a Madrid.<\/p>\n<p>En estos &uacute;ltimos a&ntilde;os le llegaron otros testimonios del universal reconocimiento de su talento y sabidur&iacute;a. La Academia romana de Santo Tom&aacute;s le incorpor&oacute; a su seno; el Ayuntamiento de Manila (1885) le declar&oacute; hijo adoptivo, y otras entidades y corporaciones le concedieron parecidos honores. Despu&eacute;s de abandonar Sevilla continu&oacute; la exaltaci&oacute;n de su nombre: el Gobierno espa&ntilde;ol le concedi&oacute; en 1891 las insignias del Collar de la Orden de Carlos III; la Academia de la Lengua le eligi&oacute; en febrero de 1893 acad&eacute;mico de n&uacute;mero, plaza de la que no lleg&oacute; a tomar posesi&oacute;n.<\/p>\n<p>Por este tiempo public&oacute; (n&uacute;mero XXII) otra de sus m&aacute;s importantes obras, La Biblia y la ciencia, empe&ntilde;o de conciliaci&oacute;n del que sali&oacute; airoso merced a su flexible esp&iacute;ritu cr&iacute;tico y predominio de las disciplinas que le sirvieron de auxiliares. Refiri&eacute;ndose a esta producci&oacute;n escribe Edmundo Gonz&aacute;lez Blanco: &ldquo;Nuestro fil&oacute;sofo se mostr&oacute; tan docto como imparcial y tan enterado del estilo de la cuesti&oacute;n es independiente en su criterio. Intent&oacute; la conciliaci&oacute;n que buscaba, pero sin sacrificar la ciencia a la Biblia. Ateni&eacute;ndose noblemente a la primera, rechaz&oacute; el sentido literal de la cosmogon&iacute;a Mosaica; acept&oacute; la de Laplace sin distingos ni reservas; hizo todas las concesiones posibles a la Geolog&iacute;a y a la Paleontolog&iacute;a de la &eacute;poca; critic&oacute; el darwinismo, pero sin rechazarlo, y hasta mirando a armonizarlo con la narraci&oacute;n b&iacute;blica en el mismo orden antropol&oacute;gico; si demostr&oacute; cient&iacute;ficamente la unidad de la especie humana, desestim&oacute; la antig&uuml;edad que le hab&iacute;a atribuido la tradici&oacute;n de la Iglesia; por &uacute;ltimo neg&oacute; de plano la universalidad geogr&aacute;fica del Diluvio&rdquo;.<\/p>\n<p>En Madrid, Fr. Ceferino Gonz&aacute;lez se retir&oacute; a vivir en una modesta casa del entonces naciente barrio de Salamanca, buscando reposo y alivio a su mal. Pero la enfermedad sigui&oacute; su curso, degenerando en un c&aacute;ncer. Ya muy grave, traslad&oacute; su residencia a la Procuraci&oacute;n dominicana de la Pasi&oacute;n, donde falleci&oacute; el 29 de noviembre de 1894.<\/p>\n<p>Su muerte tuvo consideraciones de luto nacional. Se rindieron a su cad&aacute;ver honores de capit&aacute;n general del Ej&eacute;rcito y fu&eacute; conducido, por expresa voluntad suya, a Oca&ntilde;a, donde tiempo despu&eacute;s se le erigi&oacute; un monumental pante&oacute;n.<\/p>\n<p>Se celebraron en su honor funerales y veladas f&uacute;nebres en numerosas poblaciones espa&ntilde;olas. El Ayuntamiento de Oviedo puso nombre, pocos d&iacute;as despu&eacute;s del fallecimiento, a una calle de la ciudad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen:<\/strong><\/p>\n<p>I.&mdash;Los temblores de tierra. (Manila. 1857; folleto).<\/p>\n<p>II&mdash;La electricidad atmosf&eacute;rica y sus principales manifestaciones. (Manila, 1857; folleto).<\/p>\n<p>III.&mdash;Serm&oacute;n de Santo Tom&aacute;s de Aquino. (Manila, 1862).<\/p>\n<p>IV.&mdash;La Econom&iacute;a pol&iacute;tica y el Cristianismo. (Manila,1862)<\/p>\n<p>V.&mdash;Estudios sobre la filosof&iacute;a de Santo Tom&aacute;s. (Manila, 1864; obra reimpresa en Madrid en 1886; tres tomos en cuarto).<\/p>\n<p>VI.&mdash;Reglamento del Colegio de Santa Catalina de Sena, de Manila. (Madrid, 1866).<\/p>\n<p>VI. &mdash;Philosophia elementaria, ad usum academiae ac paa Ml tam eclesiasticae juventutis, opera et estudio. (Madrid, 1868; obra en lat&iacute;n en tres tomos, que alcanz&oacute; nueve ediciones. Refundida en castellano, n&uacute;mero XIV).<\/p>\n<p>VII.&mdash;La inmortalidad del alma. (Oca&ntilde;a, 1869; op&uacute;sculo).<\/p>\n<p>IX.&mdash;Biblioteca de te&oacute;logos espa&ntilde;oles. (Oca&ntilde;a, 1869; op&uacute;sculo),<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/x\/\" target=\"_self\" title=\"&nbsp; Seud&oacute;nimo de Delbrouck (Aurelio), Espina (Eladio), Huelmo (Tadeo) y otros escritores.\" class=\"encyclopedia\">X.<\/a>&mdash;La definici&oacute;n de la infalibilidad pontificia. (Oca&ntilde;a, 1870; Op&uacute;sculo).<\/p>\n<p>XI.&mdash;Filosof&iacute;a de la historia. (Oca&ntilde;a, 1870; op&uacute;sculo).<\/p>\n<p>XII&mdash;El positivismo materialista. (Oca&ntilde;a, 1872; op&uacute;sculo).<\/p>\n<p>XIII- Estudios religiosos, filos&oacute;ficos, cient&iacute;ficos y sociales. (Madrid, 1873 : obra en dos vol&uacute;menes que recoge muchos trabajos menores Publicados antes; pr&oacute;logo de Alejandro Pidal y Mon).<\/p>\n<p>XIV.&mdash;Filosof&iacute;a elemental. (Madrid, 1873; refundici&oacute;n y traducci&oacute;n efectuadas por el propio autor de la obra n&uacute;mero VII; siete ediciones posteriores).<\/p>\n<p>XV.&mdash;La filosof&iacute;a cat&oacute;lica y la racionalista. (Madrid, 1874?).<\/p>\n<p>XVI.&mdash;Pastoral de su entrada en C&oacute;rdoba. (Madrid, 1875).<\/p>\n<p>XVIL.&mdash; Historia de la Filosof&iacute;a. (Madrid, 1878; tres vol&uacute;menes en cuarto; obra reimpresa en 1886 y en 1907).<\/p>\n<p>XVII. &mdash;Pastoral sobre la enc&iacute;clica &ldquo;Aeternis patris&rdquo;. (C&oacute;rdoba, 1879).<\/p>\n<p>XIX.&mdash;La negaci&oacute;n de Dios que entra&ntilde;a el principio racionalista perjudica a la marcha regular de la sociedad. (Madrid, 1883; discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas).<\/p>\n<p>XX.&mdash;Pastoral de su entrada solemne en Sevilla. (Sevilla, 1883).<\/p>\n<p>XXI&mdash;La antig&uuml;edad del hombre y de la Prehistoria. (Madrid, 1889: discurso en el Congreso Cat&oacute;lico).<\/p>\n<p>XXIL&mdash;La Biblia y la ciencia. (Madrid, 1891; dos tomos; Segunda edici&oacute;n, Sevilla, 1892).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Trabajos sin formar volumen:<\/strong><\/p>\n<p>1.&mdash;La moral independiente. (En La Defensa de la Sociedad, enero de 1875).<\/p>\n<p>2.&mdash;Observaciones a una carta del se&ntilde;or Salmer&oacute;n. (En idem, junio de 1875).<\/p>\n<p>3.&mdash;El lenguaje y la unidad de la especie humana. (En La Espa&ntilde;a Moderna, Madrid, noviembre de 1890; tomo 23).<\/p>\n<p>4.&mdash;Los m&iacute;sticos. (En Memorias de la Academia de la Lengua, 1896; discurso escrito para su ingreso en esta Corporaci&oacute;n).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/strong><\/p>\n<p>Alonso (Fr. Manuel).&mdash;Necrolog&iacute;a. (En el Diario de Manila, 1894,).<\/p>\n<p>Alonso Morgado (Jos&eacute;).&mdash;Dos apuntaciones biogr&aacute;ficas. (En la obra Prelados sevillanos o Episcopologio de la Santa Iglesia metropolitana y patriarcal de Sevilla. Sevilla, 1899-1904).<\/p>\n<p>Alvarez (Fernando).&mdash;Contestaci&oacute;n al Discurso de ingreso de Fr. Ceferino Gonz&aacute;lez en la Academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas: (Madrid, 1883; en el mismo volumen que el discurso).<\/p>\n<p>Alvarez (Fr. Paulino).&mdash;Un paneg&iacute;rico. (En el tomo II de la obra Santos, bienaventurados, venerables de la Orden de Predicadores, Vergara, 1922).<\/p>\n<p>An&oacute;nimo.&mdash;Efem&eacute;rides de su pontificado. (En el Bolet&iacute;n Oficial del Obispado, C&oacute;rdoba, marzo de 1883).<\/p>\n<p>Idem.&mdash;El P. Ceferino Gonz&aacute;lez. (En el diario El D&iacute;a, Madrid, 1884. Trabajo reproducido en El Carbay&oacute;n, Oviedo, 4 de diciembre de 1884).<\/p>\n<p>Idem.&mdash;Una semblanza. (En El Carbay&oacute;n, Oviedo, 13 de abril de 1890).<\/p>\n<p>Idem.&mdash;Los asturianos de hoy: Fray Zeferino Gonz&aacute;lez, cardenal de la Santa Iglesia Romana. (En Asturias, &oacute;rgano del Centro de Asturianos, Madrid, mayo de 1890).<\/p>\n<p>Idem.&mdash;Una necrolog&iacute;a. (En El Carbay&oacute;n, Oviedo, 30 de noviembre de 1894).<\/p>\n<p>Berm&uacute;dez de Ca&ntilde;as (F.)&mdash;Discurso necrol&oacute;gico del Excmo. Y Rvdmo. Sr. D. Fray Ceferino Gonz&aacute;lez y D&iacute;az Tu&ntilde;&oacute;n. (Sevilla, 1895: op&uacute;sculo).<\/p>\n<p>Clar&iacute;n.&mdash;Una semblanza. (En El Imparcial, Madrid, 1901).<\/p>\n<p>Garc&iacute;a Cienfuegos (Fr. Cayetano).&mdash;Discurso necrol&oacute;gico sobre el cardenal Ceferino Gonz&aacute;lez en el Ateneo de Madrid. (Madrid, 1895)<\/p>\n<p>Gonz&aacute;lez Blanco (Edmundo).&mdash;De la Asturias pensadora: El Padre Ceferino Gonz&aacute;lez. (En la revista Norte, Madrid, abril de 1930).<\/p>\n<p>Idem.&mdash;De Laviana a la Giralda: El P. Zeferino en Sevilla. (En Norte, Madrid, febrero de 1931). .<\/p>\n<p>Mestre y Alonso (Antonio).&mdash;El P. Ceferino. (En la Revista de Espa&ntilde;a, Madrid, 28 de agosto y 13 y 28 de setiembre de 1883; tomos XCIII y XCIV).<\/p>\n<p>Mart&iacute;nez Vigil (Fr. Ram&oacute;n).&mdash;Oraci&oacute;n f&uacute;nebre del Excmo. :sefor don Fray Ceferino Gonz&aacute;lez Tu&ntilde;&oacute;n, de la Orden de Predicadores. (Madrid. 1894: op&uacute;sculo).<\/p>\n<p>Pidal y Mon (Alejandro).&mdash;El Padre Zeferino. (En el libro Discursos y art&iacute;culos literarios, Madrid. 1887; publicado antes en La Ilustraci&oacute;n Gallega y Asturiana, Madrid. 1880, y despu&eacute;s, ligeramente reformado en el tomo 1 de la obra Asturias, Gij&oacute;n. 1894, dirigida por Octavio Bellmunt y Ferm&iacute;n Canella y Secades).<\/p>\n<p>Segovia (Angel Mar&iacute;a).&mdash;Excmo. e Ilmo. Sr. D. Ceferino Gonz&aacute;lez, obispo de C&oacute;rdoba. (En el tomo VI de la obra Figuras Y figurones, Segunda edici&oacute;n. Madrid, 1881).<\/p>\n<p>Varios. &mdash;Certamen Cient&iacute;fico-Literario y velada. (Manila,1885).<\/p>\n<p>Varios.&mdash;Cr&oacute;nicas y poes&iacute;as. (En Asturias, &oacute;rgano del Centro Asturiano, Madrid. diciembre de 1894: n&uacute;mero especial dedicado al fallecimiento de Fr. Ceferino Gonz&aacute;lez).<\/p>\n<p>Idem.&mdash;Paneg&iacute;ricos y semblanzas. (En La Opini&oacute;n de Asturias, Oviedo, diciembre de 1894: n&uacute;mero especial dedicado a la memoria de Fr. Ceferino Gonz&aacute;lez).<\/p>\n<p>Idem.&mdash; Art&iacute;culos y poes&iacute;as. (En la revista Laviana, de esta villa, Junio de 1896; n&uacute;mero especial).<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/x\/\" target=\"_self\" title=\"&nbsp; Seud&oacute;nimo de Delbrouck (Aurelio), Espina (Eladio), Huelmo (Tadeo) y otros escritores.\" class=\"encyclopedia\">X.<\/a> Z.&mdash;Una semblanza. (En El Carbay&oacute;n, Oviedo, 29 de noviembre de 1906).<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":6616,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-2344","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/2344","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6616"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2344"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2344"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}