{"id":307,"date":"2020-10-24T10:19:33","date_gmt":"2020-10-24T10:19:33","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=307"},"modified":"2021-12-17T17:12:18","modified_gmt":"2021-12-17T17:12:18","slug":"abad-queipo-manuel","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/abad-queipo-manuel\/","title":{"rendered":"ABAD QUEIPO (Manuel)"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el episcopologio de varones asturianos hay vidas ejemplares en sabidur&iacute;a y piedad religiosas; pero acaso ninguna inspire tan simp&aacute;tica atracci&oacute;n como la de don Manuel Abad Queipo, oscura y olvidada en nuestros d&iacute;as. Toda ella, desde el origen bastardo hasta la muerte en circunstancias desconocidas, es una existencia propicia a la leyenda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Con todo, no es el aspecto novelesco de su vida el m&aacute;s interesante. Durante su permanencia de algunos lustros en el entonces virreinato de Nueva Espa&ntilde;a, fue Abad Queipo uno de los servidores m&aacute;s inteligentes y honrados que nuestro pa&iacute;s tuvo entre la caterva de exploradores que concitaron contra Espa&ntilde;a la fundada aversi&oacute;n que atiz&oacute; las guerras de independencia. Pero le toc&oacute; vivir en los reinados funestos de Carlos IV y Fernando VII, en que los servidores inmediatos de los reyes y los reyes mismos estaban ahogados por la corrupci&oacute;n moral, y la palabra ilustrada y oportuna, el aviso y vaticinio sobre el desastre colonial que luego sobrevino y las denuncias de los males que aquejaban a nuestra desventurada administraci&oacute;n colonial no encontraron el eco que la autorizada pluma de Abad Queipo persegu&iacute;a sin fatiga. Leyendo ahora sus escritos, por otra parte admirables de estilo, nos damos cuenta de que fue la suya una mentalidad clarividente, asistida del conocimiento profundo adquirido en el estudio de cuantos problemas interesaban al progreso de las colonias americanas y la seguridad del dominio espa&ntilde;ol en ellas. Otros hubieran sido los destinos de Espa&ntilde;a de haber o&iacute;do y seguido sus leales e inteligentes consejos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El jurisconsulto y economista mejicano don Jos&eacute; Mar&iacute;a Luis Mora, al recoger algunos de los trabajos de Abad Queipo en Obras Sueltas (Par&iacute;s, 1837), dedicadas al estudio hist&oacute;rico del desenvolvimiento econ&oacute;mico-pol&iacute;tico de M&eacute;jico, tiene para nuestro biografiado palabras de exaltaci&oacute;n dignas de copia: &ldquo;Los escritos del obispo Abad y Queipo, hombre de talento claro, de comprensi&oacute;n vast&iacute;sima y de profundos conocimientos sobre el estado moral y pol&iacute;tico del pa&iacute;s, son el comprobante m&aacute;s decisivo de la antigua y ruinosa bancarrota de la propiedad territorial; del malestar de las clases populares y de su n&uacute;mero excesivo; en una palabra, de los elementos poderosos que el transcurso de los siglos y una administraci&oacute;n imprevisora han acumulado en M&eacute;jico, para determinar la crisis pol&iacute;tica en que hoy se halla envuelto este pa&iacute;s.&rdquo; Por su parte, el bar&oacute;n de Humboldt, en sus investigaciones sobre la vida mejicana, ha tenido tambi&eacute;n muy en cuenta los escritos de Abad Queipo, tan desconsiderados por los gobernantes espa&ntilde;oles de su &eacute;poca.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Abad Queipo naci&oacute; en Santa Mar&iacute;a de Villarpedre, del concejo de Grandas de Salime, el 26 de agosto de 1751. En algunas enciclopedias se consigna el a&ntilde;o 1775 como el de su natalicio, cuando en esa fecha andaba ya pr&oacute;ximo a ordenarse de sacerdote. Si bien reconocido como leg&iacute;timo, era hijo de padres solteros.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Fueron &eacute;stos don Jos&eacute; Abad de Queipo y do&ntilde;a Mar&iacute;a Garc&iacute;a de la Torre. Tal circunstancia influy&oacute; en su vida para proporcionarle desazones, como estigma que era en su tiempo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ni&ntilde;o todav&iacute;a, pas&oacute; a residir a una localidad desconocida de Catalu&ntilde;a, al amparo de un t&iacute;o paterno que le coste&oacute; la carrera eclesi&aacute;stica. Parece que obtuvo las &oacute;rdenes sacerdotales hacia 1778. Como se le acredita de doctor en C&aacute;nones, pudiera suceder que esa fecha correspondiera a la obtenci&oacute;n de dicho grado acad&eacute;mico, si no es que se gradu&oacute; despu&eacute;s, residente en M&eacute;jico, a cuyo virreinato pas&oacute; a vivir un a&ntilde;o m&aacute;s tarde.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En M&eacute;jico desempe&ntilde;&oacute; cargos en el Juzgado de Capellan&iacute;as de Valladolid (hoy Morelia), del Estado de Michoac&aacute;n. All&iacute; fue primero promotor fiscal y luego juez de Estamentos, como se dec&iacute;a entonces. En tales ocupaciones transcurri&oacute; una buena parte de su vida, de la que se conocen escasas noticias.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">EI se&ntilde;or Garc&iacute;a Teijeiro asegura que renunci&oacute; al cargo de juez &ldquo;para volver a Espa&ntilde;a y abrirse nuevos horizontes a su carrera y estudios&rdquo;. Desconocemos el fundamento de esta afirmaci&oacute;n, que contradice el propio Abad Queipo cuando, en su informe dirigido muchos a&ntilde;os despu&eacute;s al rey (n&uacute;mero XIX), se refiere al &ldquo;fruto de mis desvelos en treinta y seis a&ntilde;os de Am&eacute;rica&rdquo;. Cabe suponer que si, en la &eacute;poca de referencia, vino a Espa&ntilde;a, habr&aacute; sido de paso, como en ocasiones posteriores, y no repatriado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lo que puede asegurarse es que nutr&iacute;a su esp&iacute;ritu, abierto y liberal, de las ideas filos&oacute;ficas predominantes entonces y que ten&iacute;an su matriz en los enciclopedistas franceses. Esto, unido a que era un hombre de rectos principios y nobles procederes, le rode&oacute; en Valladolid de Michoac&aacute;n de simpat&iacute;as y estimaciones generales. En &eacute;l ten&iacute;a aquella poblaci&oacute;n un excelente consejero y decidido defensor de sus intereses, antes que a un funcionario dispuesto a esquilmarla, cual era lo corriente. Hay sobre esta conducta suya un concluyente testimonio cuando, por Real c&eacute;dula de 26 de diciembre de 1804, se dispuso la enajenaci&oacute;n de los bienes pertenecientes a fundaciones piadosas e ingreso de estos fondos en la Caja de Amortizaci&oacute;n del Estado. La medida caus&oacute; desconfianza y disgusto tales en Valladolid de Michoac&aacute;n, que Abad Queipo&mdash;no menos desconfiado de las d&eacute;biles seguridades que ofrec&iacute;a el empobrecido Erario Espa&ntilde;ol&mdash;se puso al frente de descontentos y protestantes, que era ponerse al lado de la causa justa. Redact&oacute; una Representaci&oacute;n, dirigida al rey, en queja de aquella medida y en demanda de que fuese derogado o suspendido el decreto que la dictaba. Propuso luego que, para mayor eficacia de la diligencia, se trasladara a Madrid una comisi&oacute;n de elementos afectados por el decreto, al frente de la cual hubo de figurar &eacute;l mismo como presidente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De sus gestiones sobre este asunto, en Madrid, dan noticias los razonados escritos n&uacute;meros II y Ill.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A comienzos de 1807 se dedic&oacute; a promover la suspensi&oacute;n de la citada Real c&eacute;dula. &ldquo;Uno de los medios que puse en pr&aacute;ctica&mdash;dice &eacute;l mismo en unas notas puestas al segundo de los aludidos escritos&mdash;fue el de lograr una audiencia del favorito Godoy por medio de un teniente general de su confianza, el cual, habi&eacute;ndome entretenido por cuatro meses con vanas esperanzas, me desenga&ntilde;&oacute; al fin dici&eacute;ndome que la materia era tan delicada, que no se atrev&iacute;a a toc&aacute;rsela.&rdquo; Consigui&oacute; luego una entrevista con don Manuel Sixto Espinosa por mediaci&oacute;n de don Antonio Porcel, que era secretario del Consejo y C&aacute;mara de Indias. &ldquo;Habl&eacute; en presencia de los dos una hora&mdash;dice&mdash; sobre los inconvenientes que hab&iacute;a en las Am&eacute;ricas para la ejecuci&oacute;n de la citada Real c&eacute;dula. Me escuch&oacute; Espinosa con dulzura sin contradecirme una palabra, y al fin me dijo que le formara un apunte de las razones expuestas en la concurrencia, con cuyo motivo form&eacute; en dos ma&ntilde;anas el escrito que antecede (n&uacute;mero III en el presente estudio), en cuya vista me contest&oacute; Espinosa que se conceder&iacute;an a las Am&eacute;ricas todas las gracias que yo ped&iacute;a en su favor; pero que el estado de los negocios no permit&iacute;a por entonces la suspensi&oacute;n de la referida Real c&eacute;dula.&rdquo; Tan galana y lisonjera negativa&mdash;tramoya del lenguaje oficial&mdash;habr&iacute;a acabado con el empe&ntilde;o de Abad Queipo; pero meses despu&eacute;s, invadida Espa&ntilde;a por los franceses, present&oacute; el mismo escrito a la Junta Suprema nacional. &ldquo;Creo&mdash;presume&mdash;que mi solicitud pudo haber tenido alg&uacute;n influjo en la suspensi&oacute;n general de la consolidaci&oacute;n que decret&oacute; la referida Junta.&rdquo; Poco despu&eacute;s de su regreso a Valladolid de Michoac&aacute;n qued&oacute; vacante en ese obispado una canonj&iacute;a con dignidad de penitenciario, a la que se present&oacute; como aspirante. Saber y m&eacute;ritos los ten&iacute;a suficientes para que no se viera su pretensi&oacute;n como esperanza infundada; pero lo cierto es que no le fue concedida la canonj&iacute;a, so pretexto de que no era hijo natural. Posiblemente, m&aacute;s que esto pes&oacute; en el &aacute;nimo de los concesionarios la opini&oacute;n que envolv&iacute;a al pretendiente de hombre de ideas liberales; pero la bastard&iacute;a de su origen fue lo que sirvi&oacute; de fundamento para la negativa. Este suceso era indicio claro de cierta enemistad que Abad Queipo supon&iacute;a contra s&iacute; por parte del Cabildo catedralicio amargado por tal proceder injusto decidi&oacute; regresar a Espa&ntilde;a, dispuesto a no volver a Am&eacute;rica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Residi&oacute; entonces alg&uacute;n tiempo en su pa&iacute;s y viaj&eacute; algo por Europa, pero desalentado por la nostalgia de los afectos que ten&iacute;a en Michoac&aacute;n y coincidiendo esto con la idea de que los intereses de la patria, invadida por los franceses, le impon&iacute;an el deber de defenderlos all&iacute; donde mejores servicios pod&iacute;a prestar a la causa nacional, regres&oacute; a la ciudad mejicana de sus destinos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Poco despu&eacute;s se reparaba con &eacute;l la injusticia de que hab&iacute;a sido objeto concedi&eacute;ndosele la canonj&iacute;a antes denegada. Por entonces la efervescencia revolucionaria de los mejicanos se abr&iacute;a ante &eacute;l como pr&oacute;logo de importantes actuaciones. Elevado en los primeros meses de 1809 a vicario capitular de la di&oacute;cesis, tanto por el cargo como por su patriotismo, se sinti&oacute; movido a intervenir pacificadoramente en medio de los antagonismos prontos a estallar entre nativos y espa&ntilde;oles, y, requiri&oacute; la pluma con actividad no usada antes para amonestar a unos y otros y requerirles a que todos se sometieran a la autoridad del virrey. La invasi&oacute;n de Espa&ntilde;a por las huestes napole&oacute;nicas ten&iacute;a a M&eacute;jico, como a los otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica, entonces colonias, sumidos en la confusi&oacute;n y el desorden.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Contra tal estado de cosas luchaba denodadamente el vicario de Valladolid de Michoac&aacute;n con la palabra y la pluma. Uno de sus escritos m&aacute;s notables fue el dirigido entonces a la Audiencia de M&eacute;jico (n&uacute;mero IV). Pero todos sus esfuerzos encaminados a evitar la revoluci&oacute;n latente resultaron est&eacute;riles. Las admoniciones dirigidas a los nativos exacerbaban sus odios frente a la funesta administraci&oacute;n colonial, mientras los consejos a los espa&ntilde;oles se estrellaban contra la intransigencia de unos y el burocratismo rapaz de otros.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Elevado en los primeros meses de 1810 a obispo electo de Valladolid por la Junta Central del Gobierno de Nueva Espa&ntilde;a, como sucesor de Fr. Antonio de San Miguel, la elevaci&oacute;n de autoridad le sirvi&oacute; para redoblar sus actividades pacificadoras, y de su pluma salieron abundantes representaciones, cartas pastorales y escritos de car&aacute;cter patri&oacute;tico que, con otros varios, habr&iacute;a de recoger en un volumen (n&uacute;mero XVI) a&ntilde;os adelante.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entregado el obispo electo a estas nobles actividades, vino a sorprenderle la insurrecci&oacute;n del cura de Dolores (Guanajuato), don Miguel Hidalgo Castilla, iniciada a las once de la noche del 15 de septiembre de 1810. Abad Queipo se aprest&oacute; con las m&aacute;ximas energ&iacute;as a combatir aquel brote revolucionario que, pese a todo, habr&iacute;a de ser la iniciaci&oacute;n de la independencia de M&eacute;jico. Su mejor arma era la pluma, con autoridad de obispo ahora, y pocos d&iacute;as despu&eacute;s de iniciada la revoluci&oacute;n, public&oacute; un Edicto (n&uacute;mero IX) con fulminantes acusaciones para los insurgentes, condenando al cura Hidalgo y sus secuaces a la pena de excomuni&oacute;n mayor. El edicto no tuvo de momento fuerza ejecutiva, porque el nombramiento de prelado por la Junta Central de M&eacute;jico carec&iacute;a de las confirmaciones real y pontificia, y fue preciso que el arzobispo autorizara la extralimitaci&oacute;n, ordenando, al mes siguiente, el cumplimiento de lo dispuesto por el obispo electo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como la revoluci&oacute;n se extend&iacute;a, Abad Queipo necesit&oacute; desplegar energ&iacute;as y actividades menos rom&aacute;nticas, ante el peligro inminente de que Valladolid cayera en poder de los insurrectos. Coincidente con estas disposiciones, lleg&oacute; a la ciudad el obispo titular Fr. Antonio de San Miguel, a quien hubo de acompa&ntilde;ar en una ausencia, durante la cual cay&oacute; la capital de Michoac&aacute;n en poder del cura Hidalgo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se asegura que la ausencia fue huida ante la imposibilidad de resistir la invasi&oacute;n, huida a M&eacute;jico en la que participaron con ellos otros can&oacute;nigos y algunas personalidades civiles. Lo cierto es que Abad Queipo no pudo volver a Valladolid hasta despu&eacute;s de recuperada la poblaci&oacute;n, pasadas algunas semanas, en diciembre de 1810, por las tropas espa&ntilde;olas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Poco m&aacute;s tarde fallec&iacute;a el nuevo obispo titular, y Abad Queipo ocup&oacute; la mitra en propiedad, refrendado el nombramiento por el Gobierno de la Regencia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La insurrecci&oacute;n estaba ya generalizada en el pa&iacute;s y los dos bandos combatientes comet&iacute;an tropel&iacute;as y represalias. El buen obispo no daba reposo a la pluma y la palabra para condenar los desmanes, en nombre de la Religi&oacute;n y de los m&aacute;s elementales principios de humanidad. La buena opini&oacute;n que merec&iacute;a de muchos jefes y oficiales de las tropas realistas influy&oacute; grandemente para que le oyeran y obedecieran en muchos casos. Pero entre los que menospreciaban la palabra evang&eacute;lica del prelado descollaba el general Calleja, conde de Calder&oacute;n, inepto, cruel y vicioso, que ten&iacute;a a gala sus desmanes, por lo que el obispo fulmin&oacute; contra &eacute;l encendidos anatemas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No menos atento que a estas medidas de piedad estuvo a la defensa de Valladolid contra otro posible asalto de los revolucionarios. No todo iban a ser descargas de tinta y de palabras. Cuentan entre esas medidas de defensa armada, el haber fundido la campana de la Catedral para material de artiller&iacute;a y el reclutamiento y equipo, a su costa, de un cuerpo de voluntarios, que puso bajo el mando del can&oacute;nigo don Agustin Sedois.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ya implantado en Espa&ntilde;a el r&eacute;gimen constitucional, Abad Queipo prest&oacute; de buen grado acatamiento a la moderna legislaci&oacute;n liberal. Solo hubo de pronunciarse en contra de la implantaci&oacute;n de la libertad de imprenta. No rechazaba esta innovaci&oacute;n a t&iacute;tulo de reaccionario, puesto que admit&iacute;a y hasta propugnaba ideas liberales que casi ning&uacute;n obispo de su &eacute;poca ten&iacute;a por compatibles con los C&aacute;nones; la oposici&oacute;n a tal medida se fundaba en la oportunidad de su implantaci&oacute;n. Pareci&eacute;ndole bien la libertad de imprenta como excelente medio difusorio de progreso y cultura, la estimaba contraproducente en aquellas circunstancias anormales, porque la consideraba arma poderosa en manos de los enemigos, que se valdr&iacute;an de ella para sus propagandas revolucionarias. No obstante, la libertad de imprenta fue implantada con su acatamiento igual que los dem&aacute;s preceptos constitucionales.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al ser elevado en 1813 a virrey de Nueva Espa&ntilde;a el general Calleja&mdash;aqu&eacute;l que, seg&uacute;n un autor de la &eacute;poca, habr&iacute;a de llevar Riego prisionero &ldquo;en su equipaje&rdquo; en 1820&mdash;, el obispo de Valladolid, que tanto le hab&iacute;a combatido por su viciosa conducta, se encontr&oacute; en situaci&oacute;n comprometida, temeroso de posibles represalias. Sin embargo, como Calleja segu&iacute;a de virrey una conducta no menos turbia y censurable que de simple general, Abad Queipo, sin flaquezas en su rectitud, continu&oacute; combati&eacute;ndola con ejemplar civismo. Pero si de su parte estaban la raz&oacute;n y la justicia, de parte del otro estaban el poder y la fuerza, y en esta lucha le iba a tocar la derrota por la inferioridad de sus armas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al volver por su imperio en Espa&ntilde;a el absolutismo de Fernando VII, con anulamiento de toda la legislaci&oacute;n constitucional Abad Queipo se qued&oacute; esperando, entre esperanzado y receloso, la confirmaci&oacute;n del nombramiento de obispo que deb&iacute;a a la Regencia, y lo que recibi&oacute; fue una Real Orden, dictada el 29 de enero de 1815, para que se trasladara a Espa&ntilde;a a informar del estado de la revoluci&oacute;n mejicana.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No se escap&oacute; a su perspicacia que esta Real Orden pudiera encubrir el deseo de pedirle otra clase de cuentas que la anunciada, ya que para informes acerca de la revoluci&oacute;n ten&iacute;a el rey medios menos irregulares. Pero, no obstante, sumiso al mandato, se puso en camino de Espa&ntilde;a. Ya en M&eacute;jico, capital, despu&eacute;s de un penoso viaje rodeado de peligros, determin&oacute; enviar delante por escrito al rey aquella informaci&oacute;n que se le ped&iacute;a de palabra, y redact&oacute; la representaci&oacute;n (n&uacute;mero XIX), de la que &eacute;l mismo dice en ella &ldquo;que vendr&aacute; a ser mi testamento&rdquo;, por lo que se la conoce como su testamento pol&iacute;tico. Declara en ese documento que se considera envuelto en peligros superiores a su previsi&oacute;n y resistencia, &ldquo;v&iacute;ctima del odio de los rebeldes y de la prepotencia de un ministro (alude al ministro Lardizabal), por la &uacute;nica raz&oacute;n de que mi pluma ha estado siempre consagrada a la verdad, y mi coraz&oacute;n al bien de la Iglesia y del Estado&rdquo;, y asegura, dominado por un gran pesimismo: &ldquo;Jam&aacute;s tendr&eacute; el consuelo de informar a V. <\/span><a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/m\/\"><span style=\"font-weight: 400; color: #333333;\">M<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\"> de palabra.&rdquo; En esa representaci&oacute;n, de indudable inter&eacute;s hist&oacute;rico, Abad Queipo hace un atinado estudio de la vida social y pol&iacute;tica de M&eacute;jico y, por extensi&oacute;n, de toda la Am&eacute;rica hispana, para presentar los remedios al estado ca&oacute;tico tra&iacute;do por la revoluci&oacute;n. Enjuicia los sucesos con civismo, y al referirse a la conducta de Calleja, aplaude, bien que con reservas, algunos hechos militares de &eacute;ste, y concluye as&iacute;: &ldquo;Por la conducta del general Calleja, como virrey, es preciso confesar que no merece elogio alguno.&rdquo; Con la misma severidad censura al ministro Lardizabal. Y tiene palabras de elogio para las actuaciones de los Gobiernos y las Cortes que guiaron los destinos nacionales en ausencia del rey.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Llegado Abad Queipo a Madrid en la primavera de 1816, es recibido por Fernando VII en audiencia. Tales y tan convincentes fueron las razones aducidas por el obispo de Michoac&aacute;n en apoyo de sus denuncias y tantas las muestras de su probidad y talento, que el rey, en desagravio de sus quejas, le confiri&oacute; all&iacute; mismo el cargo de ministro de Gracia y Justicia. Pero en el mismo d&iacute;a revocaba Fernando VII este nombramiento, a pretexto de que el inquisidor general le hab&iacute;a informado de que se le segu&iacute;a al obispo un proceso por el Santo Oficio. Con lo cual, la actuaci&oacute;n del flamante ministro de Gracia y Justicia qued&oacute; reducida a una probable burla del rey.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">D&iacute;as despu&eacute;s se desataba contra el obispo una franca persecuci&oacute;n. Al entrar en su residencia el 8 de julio de dicho a&ntilde;o fue sorprendido con una orden terminante de detenci&oacute;n dictada por el Santo Oficio. Ni las razones de ser obispo y, adem&aacute;s, inocente, ni la resistencia f&iacute;sica le valieron de nada. Don Lucas Alam&aacute;n (Historia de M&eacute;jico, tomo IV) refiere as&iacute; este momento: &ldquo;fue aprehendido por orden del mismo Tribunal, haciendo uso de la fuerza los ministros comisionados para la prisi&oacute;n, por la resistencia que opuso, hasta arrojarse al suelo para no dejarse conducir, protestando que, como obispo, no reconoc&iacute;a otra autoridad superior m&aacute;s que la del papa&rdquo;. Apoderados de &eacute;l a viva fuerza, los ejecutores de la ley le condujeron preso a un convento que se le hab&iacute;a destinado por c&aacute;rcel.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En esta situaci&oacute;n de detenido estuvo algunos meses, y no hasta el a&ntilde;o 1820, como aseguran algunos. En todo el tiempo de su encarcelamiento nadie le di&oacute; raz&oacute;n del motivo ni se le sigui&oacute; causa por &eacute;l conocida, y se le puso en libertad por el mismo arbitrario procedimiento empleado en la detenci&oacute;n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ya excarcelado, parece que no se dej&oacute; de vigilarle. Posiblemente hab&iacute;a motivo para ello, ya que, a juzgar por el importante papel que tiempo despu&eacute;s desempe&ntilde;&oacute; en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, cabe suponer que sus opiniones, y acaso actuaciones, ser&iacute;an muy contrarias a las iniquidades del r&eacute;gimen absolutista que sostuvo Fernando VII hasta el derrumbamiento del sistema en 1820 bajo la espada libertadora de Riego en Las Cabezas de San Juan. Con el triunfo de los constitucionalistas y el cambio de atm&oacute;sfera pol&iacute;tica, cambi&oacute; tambi&eacute;n radicalmente la situaci&oacute;n de Abad Queipo. Por eminente se tendr&iacute;a su personalidad entre los partidarios del nuevo r&eacute;gimen, cuando se le design&oacute; miembro de la Junta provisional encargada de la fiscalizaci&oacute;n de los actos de gobierno hasta que se reunieran las Cortes. Presid&iacute;a esta Junta el cardenal y arzobispo de Toledo, don Luis de Borb&oacute;n, y, con Abad Queipo, la integraban, adem&aacute;s, el general Ballesteros, don Vicente Sancho, el conde de Taboada, don Bernardo Tarrins, don Francisco Crespo de Tejada y don Ignacio de la Pezuela.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Posesionado de ese alto cargo, tuvo ocasi&oacute;n de conocer el origen de algunas persecuciones, ocultas o descubiertas, de que hab&iacute;a sido objeto. Todo el fundamento de ellas estaba en unas antiguas denuncias, recogidas en confesiones por frailes carmelitas de Valladolid de Michoac&aacute;n, por leer obras prohibidas y sustentar en privado opiniones liberales. Resultado de tales denuncias fue que se le incoara una causa por hereje y otros motivos en el Tribunal de la Inquisici&oacute;n de M&eacute;jico, del que hab&iacute;a pasado al Supremo de la misma jurisdicci&oacute;n de Madrid.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sin embargo, hay motivos para creer que Abad Queipo no desconocer&iacute;a antes de ese momento la existencia de tal causa. Don Lucas Alaman (obra citada) dice que Abad Queipo en 1814 &ldquo;en circulares a sus diocesanos, declar&oacute; que Cos (el sacerdote rebelde doctor don Jos&eacute; Mar&iacute;a Cos) hab&iacute;a incurrido en las herej&iacute;as de Wiclef y de Lutero y que, por un efecto de rebeld&iacute;a, no reconoc&iacute;a en su persona la dignidad episcopal. Cos contest&oacute; que, en efecto, no lo reconoc&iacute;a, porque no hab&iacute;a podido ser penitenciario, ni mucho menos obispo de Valladolid, estando acusado muchos a&ntilde;os hac&iacute;a de ser hereje formal&rdquo;. Se deduce de esto que no era ning&uacute;n secreto que Abad Queipo estaba incurso en delitos perseguidos por la Inquisici&oacute;n, y suponer que &eacute;l estaba enterado es lo l&oacute;gico.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aunque ninguna noticia concreta le afirma como vinculado por los afectos y las devociones a la tierra asturiana, abandonada de ni&ntilde;o, seguramente manten&iacute;a con ella un fuerte nexo, ya que, en la elecci&oacute;n de diputados para representar en las Cortes a la reci&eacute;n, fue uno de los elegidos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esta designaci&oacute;n le dio motivo para confirmar, una vez m&aacute;s, la integridad de car&aacute;cter y la limpieza de conducta que realzaban su personalidad, porque, contrariando los sentimientos de sus paisanos y los suyos propios, tuvo el gesto noble y digno de imitaci&oacute;n de renunciar al cargo de diputado por incapacidad f&iacute;sica para el desempe&ntilde;o de su cometido. El solo encabezamiento del escrito (n&uacute;mero XX) enviado al Congreso y le&iacute;do en &eacute;l en la sesi&oacute;n del 12 de julio (1820) es de un valor poem&aacute;tico aleccionador de muchas conductas. Dice as&iacute;: &ldquo;Exposici&oacute;n dirigida a las Cortes en que renuncia al cargo de diputado por Asturias, porque su edad y falta de o&iacute;do no le permiten prestar atenci&oacute;n a las discusiones y votar con acierto.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En ese mismo a&ntilde;o di&oacute; a la imprenta uno de sus escritos m&aacute;s importantes (n&uacute;mero XXI), relacionado con la elecci&oacute;n de obispos en Am&eacute;rica y derechos de los mismos antes de ser confirmados por el Papa. Esta obra fue prohibida por la Congregaci&oacute;n del &iacute;ndice y ratificada la prohibici&oacute;n luego por Le&oacute;n XII. Como se ve, tampoco gozaba Abad Queipo el favor de Roma, cosa que conviene tener en cuenta para lo que se dir&aacute; m&aacute;s adelante. A partir del citado a&ntilde;o 1820, cuando Abad Queipo andaba por los sesenta y nueve, se inicia la &eacute;poca m&aacute;s oscura de su vida, al punto de que nada verdaderamente cierto volvemos a saber de &eacute;l. Se afirma, generalmente, que fue obispo de Tortosa. Otros, como don Miguel Garc&iacute;a Teijeiro, se limitan a consignar &ldquo;que fue electo obispo de Tortosa, cargo del que no es posible saber, hoy por hoy, si ha tomado posesi&oacute;n&rdquo;. Donde primeramente, al parecer, se acredita esta designaci&oacute;n de tal obispado es en el Diccionario biogr&aacute;fico dirigido por don Juan Sala, sin que se sepa de qu&eacute; fuente se ha tomado la noticia. Don M&aacute;ximo Fuertes Acevedo la da por falsa y dice que Abad Queipo concluy&oacute; su vida &ldquo;en medio del mayor misterio, que hasta hoy no ha sido posible aclarar, pero que confiamos llegar a conocer, pues estamos sobre la pista&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desconocemos nosotros qu&eacute; pista era &eacute;sa ni si Fuertes Acevedo, tan bien orientado, lleg&oacute; al descubrimiento que se propon&iacute;a. Por nuestra parte, con la codicia de esclarecer punto tan interesante para un investigador, hemos llevado a cabo pacientes pesquisas; pero todas infructuosas. Que sepamos, no hay nada impreso que confirme de un modo indudable la elevaci&oacute;n de Abad Queipo a la mitra de Tortosa, ni siquiera su nombramiento de obispo. Mas nos inclinamos a creer que la Santa Sede se habr&iacute;a opuesto al nombramiento y m&aacute;s a la toma de posesi&oacute;n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El can&oacute;nigo de Tortosa y erudito investigador <\/span><span style=\"color: #808080;\"><a style=\"color: #808080;\" href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/r\/\"><span style=\"font-weight: 400;\">R<\/span><\/a><\/span><span style=\"font-weight: 400;\">.O&rsquo;Callaghan, que tanto y tan documentadamente ha escrito sobre ese obispado, a la vista de los c&oacute;dices custodiados en esa Catedral, no tiene ninguna referencia relacionada con este caso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En su Episcopologio de Tortosa aparecen ocupando la mitra don Manuel Ros de Medrano hasta el a&ntilde;o 1821, y don V&iacute;ctor Dami&aacute;n S&aacute;ez desde el a&ntilde;o 24. Llama la atenci&oacute;n que nada se diga de si estuvo o no vacante la mitra en ese tiempo, precisamente el que se dice ocupada por Abad Queipo. Como tambi&eacute;n se afirma que &eacute;ste fue exonerado como obispo al triunfar nuevamente la reacci&oacute;n borb&oacute;nica, en 1823, la sospecha adquiere mayor fundamento. Pero no deja de desvanecerla que don Modesto Lafuente, al referirse a la provisi&oacute;n del obispado entonces, no diga nada tampoco respecto a nuestro caso, cuando en tantos pormenores abunda su historia sobre las persecuciones dispuestas por Fernando VIl. Dice: &ldquo;El mismo d&iacute;a que relev&eacute; de la Secretaria de Estado a don V&iacute;ctor S&aacute;ez, le agraci&eacute; con la mitra de Tortosa.&rdquo; Mas si se estima impropio pedir que en una historia de car&aacute;cter general se descienda a recoger noticias como &eacute;sa, en las que tan pr&oacute;digo fue aquel periodo, no se podr&aacute; opinar as&iacute; en trabajos hist&oacute;ricos que buscan el esclarecimiento del detalle, como los de O&rsquo;Callaghan, que nada dice, cuando nada le impide decirlo y hasta se sumar&iacute;a un m&eacute;rito dici&eacute;ndolo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si queremos extremar las deducciones para admitir la posibilidad de que Abad Queipo haya sido, efectivamente, obispo de Tortosa, tenemos desde Iuego elementos en qu&eacute; fundarla. En la amnist&iacute;a promulgada por Fernando VII el 1 de mayo de 1824, quedaban exceptuados de indulto, para que fueran &ldquo;o&iacute;dos, juzgados y sentenciados&rdquo;, entre otros, &ldquo;los autores principales de la conspiraci&oacute;n tramada en Madrid en principios de marzo del mismo a&ntilde;o 1820, a fin de obligar y compeler por la violencia a la expedici&oacute;n del referido real decreto de 7 del mismo y consiguiente juramento de la llamada Constituci&oacute;n&rdquo;. Entre los no amparados por esa amnist&iacute;a estaba el ex obispo de Michoac&aacute;n, por su destacada actuaci&oacute;n en aquel movimiento que trajo el cambio de sistema pol&iacute;tico. Y puede suponerse, sin que parezca disparate, que al ser depuesto Abad Queipo como obispo de Tortosa, lo fuese sin que quedara rastro suyo all&iacute;, ya que Fernando VII dispon&iacute;a con voluntad omn&iacute;moda los anulamientos, cual lo atestigua aquel su primer decreto de 1814, cuando regresaba del cautiverio, en el que daba por abolida toda la labor constitucional, &ldquo;como si no hubiesen pasado jam&aacute;s tales actos y se quitasen de en medio del tiempo&rdquo;. Pero nuestro parecer es que Abad Queipo, si fue nombrado obispo de Tortosa, no ha llegado a regentar aquella sede.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y para terminar este estudio de vida tan interesante, diremos lo que se dice, hasta que alguien pueda esclarecer la verdad hist&oacute;rica. Se dice que al triunfar nuevamente el absolutismo e instituirse de nuevo el Tribunal de la Inquisici&oacute;n, fue exhumada la causa seguida contra Abad Queipo, y que, condenado a seis a&ntilde;os de c&aacute;rcel, muri&oacute; en ella al cumplirse el primero, o sea del 1824 al 25, a los setenta y cuatro a&ntilde;os de edad.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">I.&mdash;Representaci&oacute;n sobre la inmunidad personal del Clero, reducida por la ley del nuevo C&oacute;digo, en la cual se propuso al rey el asunto de diferentes leyes que, establecidas, har&iacute;an la base de un Gobierno liberal y ben&eacute;fico para las Am&eacute;ricas y para la metr&oacute;poli. (Valladolid de Michoac&aacute;n, diciembre 11 de 1799; folleto escrito por encargo del obispo Fr. Antonio de San Miguel; reproducido en el tomo Il de Obras sueltas, Par&iacute;s, 1837, de Jos&eacute; Maria Luis Mora.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">II.&mdash;Representaci&oacute;n a nombre de los labradores y comerciantes de Valladolid de Michoac&aacute;n, en que se demuestran con claridad los grav&iacute;simos inconvenientes de que se ejecute en las Am&eacute;ricas la Real c&eacute;dula de 26 de diciembre de 1804, sobre enajenaci&oacute;n de bienes ra&iacute;ces y cobro de capitales de Capellan&iacute;as y obras p&iacute;as para la consolidaci&oacute;n de vales. (Valladolid de Michoac&aacute;n, 24 de octubre de 1805; folleto reproducido en &iacute;dem id.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ill. &mdash; Escrito presentado a don Manuel Sixto Espinosa, del Consejo de Estado y director&nbsp; del Pr&iacute;ncipe de la Paz en asuntos de Real Hacienda, dirigido a fin de que se suspendiese en las Am&eacute;ricas la Real c&eacute;dula de 26 de diciembre de 1804, sobre enajenaci&oacute;n de bienes ra&iacute;ces y cobro de capitales p&iacute;os para la consolidaci&oacute;n de vales. (Madrid, 1807; folleto reimpreso en idem id.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">IV.&mdash;Representaci&oacute;n al Real Acuerdo de M&eacute;jico, como director del excelent&iacute;simo se&ntilde;or virrey Garibay, sobre la necesidad de aumentar la fuerza militar de este reino, para mantener la tranquilidad p&uacute;blica y defenderlo de la invasi&oacute;n extraordinaria del tirano de Europa. (Valladolid de Michoac&aacute;n, 16 de marzo de 1809; folleto reproducido en idem id.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">V.&mdash;Representaci&oacute;n al excelent&iacute;simo e Ilustr&iacute;simo se&ntilde;or arzobispo virrey sobre las dificultades de ejecutar la Real c&eacute;dula de 12 de marzo de 1809, sobre el pr&eacute;stamo a intereses de veinte millones de pesos; en la cual se proponen los medios de auxiliar a la madre Patria y atender a la conservaci&oacute;n de este reino por medio de contribuciones de m&aacute;s producto y menos perjuicio. (Valladolid de Michoac&aacute;n, 14 de agosto de 1809; folleto reproducido en idem id.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">VI.&mdash;Representaci&oacute;n a la Junta central. (Valladolid de Michoac&aacute;n, 18 de agosto de 1809; folleto que reproduce los dos anteriores; reimpreso en idem id.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">VII.&mdash;Respuesta a uno de los vocales de la Junta de Comercio para realizar el pr&eacute;stamo a intereses de veinte millones, en que se proponen las dificultades de este proyecto y medios diferentes para atender a las necesidades del Estado. (Valladolid de Michoac&aacute;n, 1809; folleto que afirma y ampl&iacute;a el contenido de los n&uacute;meros V y VI; reimpreso en idem id.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">VIII.&mdash;Representaci&oacute;n a la primera Regencia, en que se describe compendiosamente el estado de fermentaci&oacute;n que anunciaba un pr&oacute;ximo rompimiento, y se propon&iacute;an los medios con que tal vez se hubiera podido evitar. (Valladolid de Michoac&aacute;n, 30 de marzo de 1810; folleto reimpreso en idem id.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">IX.&mdash;Edicto en que, como obispo electo de Valladolid de Michoac&aacute;n, lanza excomuni&oacute;n mayor contra el cura Hidalgo y sus secuaces, que hab&iacute;an dado el grito de independencia en Dolores. (Valladolid de Michoac&aacute;n, 24 de septiembre de 1810.)<\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/x\/\"><span style=\"font-weight: 400;\"><span style=\"color: #333333;\">X<\/span>.<\/span><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Edicto instructivo sobre la revoluci&oacute;n del cura de Dolores y sus secuaces, (M&eacute;jico, 1810.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XI.&mdash;Pastoral contestando a las razones que expuso el cura Hidalgo para justificar su alzamiento. (Valladolid de Michoac&aacute;n, 10 de octubre de 1810.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XII.&mdash;Carta pastoral sobre la insurrecci&oacute;n de los pueblos del obispado de Michoac&aacute;n. (M&eacute;jico, 1811.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XIII.&mdash;Pastoral sobre ordenaci&oacute;n de cl&eacute;rigos, cumplimiento y estipendio de misas. (M&eacute;jico, 1811.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XIV.&mdash;Edicto importante, dirigido a evitar la nueva anarqu&iacute;a que nos amenaza, si no se dividen con equidad entre deudores y acreedores los da&ntilde;os causados por la insurrecci&oacute;n y no se pone modo y t&eacute;rmino en las ejecuciones. (Valladolid de Michoac&aacute;n, 19 de mayo de 1812; folleto reproducido en el II tomo de Obras sueltas, de Jos&eacute; Maria Luis Mora.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XV.&mdash;Carta pastoral sobre el riesgo que amenaza la insurrecci&oacute;n de Michoac&aacute;n a la libertad y a la religi&oacute;n. (M&eacute;jico, 1813.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XVI.&mdash;Colecci&oacute;n de los escritos m&aacute;s importantes que en diferentes &eacute;pocas dirigi&oacute; al Gobierno don Manuel Abad Queipo, obispo electo de Michoac&aacute;n, movido de un celo ardiente por el bien general de la Nueva Espa&ntilde;a y felicidad de sus habitantes, especialmente de los indios y las castas; y los da a luz en contraposici&oacute;n de las calumnias atroces que han publicado los cabecillas insurgentes a fin de hacerle odioso en el pueblo y destruir por este medio la fuerza de los escritos con que los ha combatido desde el principio de la insurrecci&oacute;n. (M&eacute;jico, 1813.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XVII.&mdash;Representaci&oacute;n can&oacute;nico-jur&iacute;dica en favor del fuero criminal del clero en Am&eacute;rica. (M&eacute;jico, 1814.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XVIII.&mdash;Edicto publicado por el Ilustr&iacute;simo se&ntilde;or don&hellip;, obispo electo y gobernador de Michoac&aacute;n. (M&eacute;jico, 1815.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XIX.&mdash;Representaci&oacute;n acerca de los intereses de Espa&ntilde;a en M&eacute;jico.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">(M&eacute;jico&hellip;; informe dirigido a Fernando VII, que se conoce con el nombre de Testamento pol&iacute;tico, fechado en M&eacute;jico a 20 de julio de 1815; folleto reproducido en el ap&eacute;ndice 10 del tomo IV de la Historia de M&eacute;jico, de Lucas Alam&aacute;n. M&eacute;jico, 1851.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XX.&mdash;Exposici&oacute;n dirigida a las Cortes, en que renuncia al cargo de diputado por Asturias, porque su edad y falta de o&iacute;do no le permiten prestar atenci&oacute;n a las discusiones y votar con acierto. (Madrid, 12 de julio de 1820.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XXI.&mdash;Breve exposici&oacute;n sobre el Real Patronato y sobre los derechos de los obispos electos de Am&eacute;rica, que, en virtud de los Reales despachos de representaci&oacute;n y gobierno, administran sus iglesias antes de la confirmaci&oacute;n pontificia. (Madrid, 1820; obra prohibida por la Congregaci&oacute;n del &iacute;ndice en noviembre de ese a&ntilde;o y ratificada la prohibici&oacute;n por el Papa Le&oacute;n XI.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XXII.&mdash;Manifiesto de la Junta provisional a la naci&oacute;n espa&ntilde;ola, a virtud de la convocaci&oacute;n a Cortes para los a&ntilde;os de 1820 y 1821. (Madrid, 24 de marzo de 1820; firmado por &eacute;l y por los otros miembros de la Junta.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">XXIII.&mdash; Manifiesto de la Junta provisional a las Cortes. (Madrid, 9 de julio de 1820; firmado tambi&eacute;n por los otros miembros de la Junta; reproducido por Crist&oacute;bal de Castro en Antolog&iacute;a de las Cortes de 1820.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras in&eacute;ditas:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&mdash;Colecci&oacute;n de papeles hist&oacute;ricos. (MS. en la Academia de la Historia.)<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Fuertes Acevedo (M&aacute;ximo).&mdash; Los asturianos de ayer: Don Manuel Abad y Queipo. (En El Carbay&oacute;n, Oviedo, 3, 5 y 6 de 1885.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Garc&iacute;a Teijeiro (Miguel).&mdash; Un boceto biogr&aacute;fico. (En el folleto Siluetas: Hombres c&eacute;lebres del Occidente de Asturias. Lugo, 1907.)<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su&aacute;rez, Espa&ntilde;olito (Constantino).&mdash; Asturianos de anta&ntilde;o: Manuel Abad Queipo. (En el Diario de la Marina, Habana Febrero 21 de 1932; reproducido por La Prensa, de Gij&oacute;n, abril 16 del mismo a&ntilde;o.)<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":7376,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-307","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/307","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7376"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=307"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=307"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}