{"id":3278,"date":"2021-03-19T17:54:56","date_gmt":"2021-03-19T17:54:56","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=3278"},"modified":"2021-12-11T10:28:45","modified_gmt":"2021-12-11T10:28:45","slug":"pidal-y-carneado-pedro-jose","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/pidal-y-carneado-pedro-jose\/","title":{"rendered":"PIDAL Y CARNIADO (Pedro Jos\u00e9)"},"content":{"rendered":"<p>Primer marqu&eacute;s de Pidal, Pol&iacute;tico y escritor, &ldquo;Var&oacute;n tan egregio &mdash;dice Men&eacute;ndez Pelayo&mdash; por su entereza y sabidur&iacute;a de legislador y estadista cuanto por la huella profunda que imprimi&oacute; en la direcci&oacute;n de nuestros estudios&rdquo;&rsquo;.<\/p>\n<p>Eugenio de Ochoa, su contempor&aacute;neo, recuerda las condiciones personales de Pidal con estas palabras: &ldquo;Brusco y desabrido al primer aspecto, era en la intimidad amabil&iacute;simo; pocos hombres he conocido m&aacute;s bondadosos ni cuyo trato familiar fuese m&aacute;s agradable. Pasaba por altanero, ten&iacute;anle muchos por orgulloso, y no pod&iacute;a en verdad ser m&aacute;s Ilano, y, con frecuencia, Ilevaba la modestia hasta los l&iacute;mites de la timidez. Desconoc&iacute;a la ficci&oacute;n y detestaba la lisonja y el fraude y juzg&aacute;ndole pol&iacute;ticamente, dice que &ldquo;en la elocuencia parlamentaria el se&ntilde;or Pidal brill&oacute; con gloria entre los primeros&rdquo;.<\/p>\n<p>Otro elogio como pol&iacute;tico se lo dedica Olay Arg&uuml;elles con estas palabras: &ldquo;Era el se&ntilde;or Pidal uno de esos hombres que, por sus virtudes alteza de miras, inmenso talento y caudal de ingenio, figuran entre los estadistas m&aacute;s eminentes y h&aacute;biles de nuestra patria&rdquo;.<\/p>\n<p>Claro est&aacute; que, como a todo pol&iacute;tico que alcanza elevada talla, no le faltaron los ara&ntilde;azos de adversarios o simplemente de bromistas; aunque tan leves como &eacute;ste de un poeta coet&aacute;neo suyo:<\/p>\n<p align=\"center\">&ldquo;Se han empe&ntilde;ado en decir<\/p>\n<p align=\"center\">que es sabio, y pasa por tal,<\/p>\n<p align=\"center\">pero ello es que habla muy mal<\/p>\n<p align=\"center\">y nadie le vio escribir&rdquo;.<\/p>\n<p>La posteridad, cualquiera que sea la posici&oacute;n ideol&oacute;gica en qu&eacute; se sustente el juicio, tiene que reconocer en Pidal y Carniado a uno de los pol&iacute;ticos m&aacute;s serios, inteligentes y probos del reinado de lsabel II, en el que tanto abundaron, algunos con m&aacute;s fama que la suya, lo logreros y trapisondistas.<\/p>\n<p>Brill&oacute; parlamentariamente rodeado del m&aacute;ximo respeto de todos por su elocuencia nutrida de doctrina maciza y nobles argumentos y fu&eacute; como gobernante hombre de rectos procederes que se desvel&oacute; por dotar al pa&iacute;s, dentro de las normas conservadoras que segu&iacute;a, de cuanto estimaba que pod&iacute;a enriquecer la cultura y el bienestar nacionales.<\/p>\n<p>(&ldquo;Todos sus instintos &mdash;dice el citado Ochoa&mdash;, todas las aficiones del se&ntilde;or Pidal le arrastraban imperiosamente hacia la vida literaria&hellip; la fuerza irresistible de las circunstancias, no su voluntad, le apart&eacute; de ella en casi todo el transcurso de su edad civil y de sus maduros a&ntilde;os hasta el de su muerte&rdquo;).<\/p>\n<p>Y &eacute;ste es el aspecto m&aacute;s lamentable que ofrece la vida de Pidal y Carniado. De saber profundo y pluma magistral, de no haberle absorbido tan asiduamente la pol&iacute;tica, habr&iacute;a dejado una ingente labor de investigaci&oacute;n hist&oacute;rico-literaria inigualada por nadie de su siglo. Gracias a su energ&iacute;a f&iacute;sica y mental y a su extraordinaria capacidad de trabajo, pudo desarrollar una erudita labor de investigaci&oacute;n que le coloc&oacute; en su tiempo entre los m&aacute;s ilustres especialistas en la materia y ha venido a ser su labor piedra fundamental para el moderno desenvolvimiento de esa clase de estudios.<\/p>\n<p>De haberse podido entregar Pidal y Carniado con todo entusiasmo a su vocaci&oacute;n dilecta, la posteridad le habr&iacute;a reservado uno de los m&aacute;s refulgentes nombres de gloria. Esta es la desventaja de la pol&iacute;tica con relaci&oacute;n a las letras y al arte. Proporciona en vida fama mucho m&aacute;s estrepitosa que una ejecutoria literaria o art&iacute;stica por inteligente y perseverante que sea pero, salvado el rar&iacute;simo caso de que un gobernante deje tras de s&iacute; un hecho que resulte un hito inconmovible en las historia, la fama del pol&iacute;tico acaba por parecer incomprensible y cae en el olvido, mientras que el menos sonado renombre del escritor o del artista puede permanecer sin marchitarse y hasta desarrollar lozanamente. Y de esto tenemos un testimonio en Pidal y Carniado, mucho m&aacute;s olvidado como pol&iacute;tico que como hombre de letras.<\/p>\n<p>No naci&oacute; Pedro Jos&eacute; Pidal y Carniado en 1880, como se asegura en las dos grandes Enciclopedias espa&ntilde;olas, sino el 25 de noviembre de 1799. en Villaviciosa. Fueron sus padres don Jos&eacute; y do&ntilde;a Antonia de esos respectivos apellidos, ambos descendientes de ilustres familias, pero de escasos bienes de fortuna. (Es padre de los hermanos Pidal y Mon que se rese&ntilde;an seguidamente y abuelo de Pidal y Bernaldo de Quir&oacute;s, del que se ha hecho menci&oacute;n m&aacute;s atr&aacute;s).<\/p>\n<p>En la villa de nacimiento hizo los estudios primarios y los de Latinidad y Humanidades; en 1814 se traslad&oacute; a Oviedo y fu&eacute; alumno de las Facultades de Filosof&iacute;a y Jurisprudencia.<\/p>\n<p>Aunque en su formaci&oacute;n intelectual entraba como elemento b&aacute;sico una educaci&oacute;n profundamente cat&oacute;lica, figur&oacute; entre los estudiantes que luc&iacute;an mayores arrestos liberales frente al despotismo imperante de Fernando VII. Debido a esto, cuando el general Riego di&oacute; comienzo en tierras sevillanas al movimiento liberador para la conquista del sistema constitucional, fue Pidal y Carniado de los estudiantes que se prestaron con mayor entusiasmo a figurar en la famosa Compa&ntilde;&iacute;a Literaria, capitaneada por algunos profesores de la Universidad como apoyo a osa sublevaci&oacute;n. Al aceptar en marzo de ese a&ntilde;o Fernando VII el acatamiento de la Constituci&oacute;n promulgada en C&aacute;diz en 1812 y quedar por lo mismo disuelta esa compa&ntilde;&iacute;a, Pidal depuso las armas para continuar sus estudios, que concluy&oacute; con el grado de licenciado en Leyes y C&aacute;nones en 1822.<\/p>\n<p>Desde los primeros tiempos de su ingreso en la Facultad de Jurisprudencia se revel&oacute; su vocaci&oacute;n literaria, particularmente como poeta, con inclinaciones preferentes a la poes&iacute;a epigram&aacute;tica de lo que di&oacute; una admirable muestra cuando todav&iacute;a andaba por los diecinueve a&ntilde;os (n&uacute;mero I) en un folleto que contiene varias composiciones. A esa afici&oacute;n se junt&oacute; en seguida en &eacute;l la pol&iacute;tica, a ra&iacute;z de la participaci&oacute;n tomada con las armas en la revoluci&oacute;n de 1820. En ese mismo a&ntilde;o, don L&oacute;pez Acevedo y otros j&oacute;venes intelectuales, contribuy&oacute; a la fundaci&oacute;n y sostenimiento en Oviedo de los peri&oacute;dicos El Ciudadano y El Aristarco, ambos de corta vida. Tanto en ellos como en otros posteriores desarroll&oacute; entusiasta labor en defensa de las libertades pol&iacute;ticas conquistadas, dentro de una ideolog&iacute;a de liberalismo moderado.<\/p>\n<p>Inmediatamente despu&eacute;s de concluida la carrera y de recibido de abogado en Oviedo (1822), se traslad&oacute; a Madrid con el deseo de encontrar campo m&aacute;s propicio a sus aspiraciones literarias y pol&iacute;ticas. Entr&oacute; como pasante en el bufete del renombrado jurisconsulto Cambronero. Pero las letras le atra&iacute;an con mayor fuerza que las tareas forenses, y lo mejor del tiempo lo dedicaba a traducir a los poetas cl&aacute;sicos o componer poes&iacute;as originales, a participar en las actividades del antiguo Ateneo y a colaborar con trabajos, de &iacute;ndole pol&iacute;tica casi siempre, en el Espectador, fundado y dirigido en Madrid por Evaristo Fern&aacute;ndez San Miguel tambi&eacute;n asturiano.<\/p>\n<p>Al sobrevenir la segunda invasi&oacute;n francesa, la llanada de Los cien mil hijos de San Lu&iacute;s (1823), sigui&oacute; la marcha del gobierno y las cortes en su huida a Sevilla y C&aacute;diz, sin abandonar sus colaboraciones en El Espectador en favor de las libertades pol&iacute;ticas entonces holladas y public&oacute; entre otros trabajos algunas de sus composiciones po&eacute;ticas in&eacute;ditas, como las intituladas A la libertad de Espa&ntilde;a y Ep&iacute;stola a Fabio.<\/p>\n<p>Al triunfar en ese mismo a&ntilde;o la reacci&oacute;n apoyada en aquella invasi&oacute;n capitaneada por el duque de Angulema, Pidal y Carneado no ten&iacute;a una ejecutoria pol&iacute;tica que le obligara a huir a la emigraci&oacute;n del despotismo de Fernando VII, resoluci&oacute;n que se vieron obligados para no perder la vida o pudrirse en los presidios cuantos hab&iacute;an participado en el Gobierno y en las Cortes durante el mal llamado trienio 1820 -182. Pero su situaci&oacute;n no dejaba de ofrecerle peligros y decidi&oacute; a ocultarse en C&aacute;diz bajo un nombre supuesto. Y fu&eacute; una decisi&oacute;n acertada, porque la Audiencia de Oviedo abri&oacute; entonces proceso contra los estudiantes sediciosos y organizadores de la Compa&ntilde;&iacute;a Literaria del a&ntilde;o 20, y &eacute;l fu&eacute; sentenciado a ocho a&ntilde;os de presidio. Permaneci&oacute; escondido en C&aacute;diz y despu&eacute;s en Puerto de Santa Mar&iacute;a, de la misma provincia, hasta que, al socaire de un decreto de indulto promulgado en 1828,pudo regresar a la villa de nacimiento, no sin pasar antes algunos d&iacute;as en la c&aacute;rcel de Oviedo en espera de que se legalizara su situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Residi&oacute; entonces durante algo m&aacute;s de un lustro en Villaviciosa dedicado exclusivamente a ampliar sus estudios y a la investigaci&oacute;n en materias hist&oacute;ricas y jur&iacute;dicas, asociado en estas tareas a un amigo de la ni&ntilde;ez y luego eminente investigador, Jos&eacute; Caveda y Nava. A esta &eacute;poca corresponden algunas obras suyas que han quedado in&eacute;ditas.<\/p>\n<p>A favor del cambio producido en la vida espa&ntilde;ola con la muerte de Femando VII, Pidal empez&oacute; a desempe&ntilde;ar cargos a servicio del estado, como iniciaci&oacute;n de su brillante carrera pol&iacute;tica. Fue el primero el de alcalde mayor de Cangas del Narcea (entonces, Cangas de Tineo), en 1834. Luego desempe&ntilde;&oacute; el de juez de primera instancia sucesivamente en Villafranca del Bierzo (Le&oacute;n) y en Lugo. En 1837 ascendi&oacute; a magistrado de la Audiencia de Pamplona y al a&ntilde;o siguiente pas&oacute; como fiscal al Tribunal de Cuentas del Reino, con lo que satisfizo su ardiente deseo de establecerse de nuevo en Madrid.<\/p>\n<p>A la satisfacci&oacute;n de haber dejado memoria respetable por su talento y probidad en todos esos destinos, juntaba la de poder situarse en campo m&aacute;s amplio y adecuado para el despliegue de sus actividades intelectuales y pol&iacute;ticas. El ejercicio de esos destinos y otras influencias de car&aacute;cter social fueron templando su ardoroso liberalismo pol&iacute;tico, situ&aacute;ndole en el Partido Moderado, en el cual milit&oacute; ya siempre en adelante. Esta evoluci&oacute;n hacia la tendencia conservadora la disculpa Placer Bouzo diciendo que defendi&oacute; vigorosamente principios que lealmente cre&iacute;a ciertos, y practic&oacute; de buena fe un sistema de gobierno que juzg&oacute;, debemos creerlo as&iacute;, razonable y &uacute;til a la patria.<\/p>\n<p>Coincidente que su traslado a Madrid sali&oacute; triunfante como diputado a Cortes por Asturias, lo que le colocaba de lleno en el goce de sus aspiraciones pol&iacute;ticas de entonces. A partir de esa fecha(1838) tuvo ya, fuera de un breve intervalo, representaci&oacute;n parlamentaria como diputado primero, siempre por distritos asturianos, y como senador vitalicio despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Su triunfo como parlamentario no se hizo esperar. R&aacute;pidamente conquist&oacute; s&oacute;lida reputaci&oacute;n por la competencia y levantada intenci&oacute;n en sus intervenciones. Un discurso en favor del restablecimiento de los diezmos, recientemente suprimidos por Mendiz&aacute;bal le confirm&oacute; en el naciente cr&eacute;dito de elocuente orador.<\/p>\n<p>Cuando la revuelta pol&iacute;tica de 1840 bajo la regencia del general Espartero, Pidal fue depuesto de su cargo de fiscal del Tribunal de Cuentas y aprovech&oacute; la inactividad en que se le dejaba para residir una temporada en Par&iacute;s dedicado a estudios. Regres&oacute; a Espa&ntilde;a a favor del nuevo cambio pol&iacute;tico operado en octubre del a&ntilde;o siguiente.<\/p>\n<p>Por esta &eacute;poca Pidal y Carniado estuvo decidido a dar lo mejor de sus actividades a las letras. A comienzos de 1839 comenz&oacute; a compartir con Gervasio Gironella la direcci&oacute;n de la Revista de Madrid en la que public&oacute; por espacio de unos cuatro a&ntilde;os algunos de sus mejores trabajos de investigaci&oacute;n literaria y jur&iacute;dica, entre ellos un estudio sobre preceptiva dram&aacute;tica (n&uacute;mero l) que luego di&oacute; como propio Gil y Z&aacute;rate en su Manual de literatura. En el Ateneo regent&oacute; la catedral (1841-43) de Materia del Gobierno y de la Legislaci&oacute;n de Espa&ntilde;a y esta dedicaci&oacute;n de conferenciante la llev&oacute; tambi&eacute;n a la Academia de Legislaci&oacute;n y Jurisprudencia, que presidi&oacute; durante tres a&ntilde;os, del 1840 al 43.<\/p>\n<p>En esto &uacute;ltimo a&ntilde;o la pol&iacute;tica le requiri&oacute; de nuevo. Triunfante su candidatura como diputado a Cortes por Asturias, fue elevado a la Presidencia del Congreso, cargo que desempe&ntilde;&oacute; con reconocida ecuanimidad. Entonces tuvo lugar el hecho escandaloso de que Ol&oacute;zaga, que presid&iacute;a el Gobierno, arrancara de la reina el decreto de disoluci&oacute;n de las Cortes. Referido el suceso por Isabel II a Pidal delante de los vicepresidentes del Congreso, aconsej&oacute; a la reina la destituci&oacute;n de Ol&oacute;zaga y la retirada del decreto, como as&iacute; se hizo. Entonces recibi&oacute; el encargo regio de formar gobierno, pero fracasaron sus gestiones.<\/p>\n<p>Alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s, el 3 de mayo de 1844,al constituirse el Gobierno presidido por el general Ram&oacute;n Mar&iacute;a de Narv&aacute;ez, entr&oacute; a formar parte de &eacute;l como ministro de la Gobernaci&oacute;n. Estuvo al frente de este ministerio hasta el 1 de febrero del 46 y volvi&oacute; a regentarlo, en el Gobierno presidido por Ist&uacute;riz, desde el 12 de abril de ese a&ntilde;o hasta el 28 de enero del siguiente (1847). Como ministro y a la vez diputado cooper&oacute; con inteligencia y actividad extraordinarias a la reorganizaci&oacute;n administrativa y pol&iacute;tica del Estado, al discutirse la Constituci&oacute;n de 1845. Public&oacute;, como ministro, las leyes y reglamentos pero el funcionamiento de las Diputaciones y Consejos provinciales, de los Ayuntamientos y otros organismo. Implant&oacute; un nuevo plan de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, que fue muy celebrado, estableci&oacute; la primera l&iacute;nea del actual servicio oficial de Tel&eacute;grafos; reform&oacute; Ios servicios de Correos y di&oacute; un mayor impulso a la construcci&oacute;n de carreteras, para lo que concert&oacute; un empr&eacute;stito especial e introdujo nuevas normas en el r&eacute;gimen de presidios.<\/p>\n<p>Entonces fue cuando, debido a sus intervenciones en las negociaciones para las bodas de Isabel II y su hermana Luisa Fernanda la reina le concedi&oacute; el marquesado, cuyo t&iacute;tulo verdadero es marqu&eacute;s de Casa-Pidal y vizconde de Villaviciosa (octubre de 1846).<\/p>\n<p>Hombre de laboriosidad extraordinaria, no bastaron sus enormes tareas ministeriales a dejarle al margen de las literarias, por entonces di&oacute; al p&uacute;blico nuevos trabajos de investigaci&oacute;n literaria e hist&oacute;rica en volumen y revistas, una de ellas, la Revista Hispano-Americana, en la que apareci&oacute;, entre otros, su estudio de Juan de Vald&eacute;s y de si es autor del &ldquo;Di&aacute;logo de las Lenguas&rdquo;.<\/p>\n<p>El prestigio ya alcanzado como escritor empez&oacute; por esa &eacute;poca a abrirla las puertas de Corporaciones literarias y cient&iacute;ficas de car&aacute;cter oficial. Fu&eacute; la primera la Academia de la Lengua, que le non or&oacute; acad&eacute;mico honrarlo el 1 de junio de 1843, categor&iacute;a de que se le ascendi&oacute; a numerario el 5 de diciembre del a&ntilde;o siguiente. La Academia de la Historia le dio ingreso como honorario el 13 de junio de 1845, le elev&oacute; a acad&eacute;mico de n&uacute;mero el 30 de abril de 1847 y, en opaca algo posterior, en el a&ntilde;o 1852, le exalt&oacute; a la presidencia. Tambi&eacute;n fue acad&eacute;mico de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y presidente del Ateneo.<\/p>\n<p>Desde que en 1845 se implant&oacute; la norma de elecci&oacute;n de diputados a Cortes por peque&ntilde;os distritos, lo fue casi siempre por Villaviciosa. En varias elecciones obtuvo el triunfo por dos y hasta tres distritos no asturianos los otros.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de cesar en enero de 1847 como ministro de la gobernaci&oacute;n permaneci&oacute; por espacio de a&ntilde;o y medio dedicado solamente a sus estudios y trabajos literarios y a la representaci&oacute;n parlamentaria que ostentaba. Al volver el Partido Moderado al poder con Gobierno presidido por Narv&aacute;ez el 29 de junio de 1848, pas&oacute; a regentar el Ministerio de Estado, que tuvo a su cargo, con una breve ausencia en 1849, hasta el 14 de enero del 51. Lo m&aacute;s importante de la labor desarrollada por &eacute;l desde ese Ministerio fu&eacute; la armonizaci&oacute;n de las quebrantadas relaciones con el Vaticano mediante la redacci&oacute;n del Concordato que ha estado vigente hasta el advenimiento de la Rep&uacute;blica en 1931, ochenta a&ntilde;os. Aunque redactado por &eacute;l mismo, no lleva su firma, porque fue firmado el d&iacute;a siguiente de su cese como ministro.<\/p>\n<p>Tampoco esta vez las tareas ministeriales le impidieron proseguir las literarias. Vali&eacute;ndose del cargo, procesalmente prest&oacute; entonces a las letras espa&ntilde;olas un se&ntilde;alado servicio, que fue el de gestionar y conseguir cerca del Gobierno franc&eacute;s el pr&eacute;stamo del Cancionero, de Alfonso de Baena, que se guardaba manuscrito e in&eacute;dito en la Biblioteca Nacional de Par&iacute;s y que, merced a ese pr&eacute;stamo, edit&oacute; el estado espa&ntilde;ol con un magistral estudio a modo de Introducci&oacute;n del propio Pidal.<\/p>\n<p>Hasta entonces y a&uacute;n despu&eacute;s pocas veces hab&iacute;a concedido a su pluma la funci&oacute;n pol&iacute;tica con destino a la publicidad. Sus colaboraciones eran casi siempre fruto de trabajos de investigaci&oacute;n que fueron publicados en las ya citadas revistas y en El Faro (1847-48). Revista Espa&ntilde;ola de Ambos Mundos. Cr&oacute;nica Jur&iacute;dica y otras publicaciones. Pero al dejar el cargo de ministro en 1851 se dedic&oacute; al periodismo de combate desde El Parlamentario y el Diario Espa&ntilde;ol principalmente en robustecimiento de los principios fundamentales del Partido Moderado tales como la unidad cat&oacute;lica, el sistema parlamentario bicameral, la sanci&oacute;n real y otros. A que sostuviera con creciente ardor esas campa&ntilde;as contribuy&oacute; no poco que, cuando la revoluci&oacute;n de julio de 1854, como consecuencia de la persecuci&oacute;n desatada contra el Partido Moderado, hab&iacute;a sido objeto de algunas medidas vejatorias como la de un registro domiciliario y una orden de encarcelamiento. Aunque luego se le ofrecieron algunos cargos uno de ellos de car&aacute;cter diplom&aacute;tico, los rehus&oacute; todos y hasta la representaci&oacute;n parlamentaria mientras durara aquella situaci&oacute;n pol&iacute;tica.<\/p>\n<p>Al hacerse cargo nuevamente del poder el general Narv&aacute;ez el 12 de octubre de 1856, el marqu&eacute;s de Pidal ocup&oacute; otra vez el Ministerio de Estado, que regent&oacute; hasta el 15 de ese mismo mes del a&ntilde;o siguiente. En este mismo a&ntilde;o (1857), se constituy&oacute; la Academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas, de lo que fue designado presidente poco despu&eacute;s fue nombrado embajador de Espa&ntilde;a en Roma, donde permaneci&oacute; cosa de un a&ntilde;o, hasta que dimiti&oacute; del cargo al tomar la direcci&oacute;n del Gobierno el general O&rsquo;Donell.<\/p>\n<p>De regreso en Madrid volvi&oacute; a sus actividades de acad&eacute;mico y parlamentario. Pero ya por poco tiempo con la dedicaci&oacute;n acostumbrada. Su salud sufri&oacute; una grav&iacute;sima crisis en el a&ntilde;o 1859. Una par&aacute;lisis progresiva, si bien no le perturbaba la lucidez de inteligencia, le iba destruyendo facultades de las indispensables en un pol&iacute;tico y hombre de Estado, entre ellas la expresi&oacute;n hablada, que le anulaba como orador. En la Enciclopedia Espasa se recuerda esto con las siguientes palabras &ldquo;A fines de 1859 le empez&oacute; la enfermedad que habr&iacute;a de llevarle al sepulcro y que desde luego paraliz&oacute; en gran parte sus fuerzas f&iacute;sicas. Aun asisti&oacute; al Parlamento alguna que otra vez y en ocasiones solemnes lleg&oacute; a tomar la palabra. En una de esas ocasiones, habi&eacute;ndose desatado alg&uacute;n orador de la izquierda en rudos combates contra la religi&oacute;n cat&oacute;lica, lleno de ardor y entusiasmo levant&oacute;se Pidal, para replicarle, pero observando en seguida que no le obedec&iacute;a la palabra y que se le acababa la respiraci&oacute;n en el pecho fatigoso rompi&oacute; a llorar como un ni&ntilde;o, palpable prueba de sus arraigad&iacute;simas convicciones cat&oacute;licas; desde aquel d&iacute;a no volvi&oacute; a asistir m&aacute;s al Parlamento&raquo;.<\/p>\n<p>Ya en los &uacute;ltimos momentos de su vida, a propuesta de Joaqu&iacute;n Fern&aacute;ndez Pacheco, el 23 de abril de 1864, el Gobierno le nombr&oacute; senador vitalicio y la reina le concedi&oacute; las insignias del Collar del Tois&oacute;n de Oro.<\/p>\n<p>En esos postreros a&ntilde;os de su existencia vivi&oacute; aislado del trato social de las luchas pol&iacute;ticas, pero no inactivo en cuanto a sus dedicaciones de escritor. Por entonces redact&oacute; y public&oacute; una de sus obras principales que lleva por t&iacute;tulo Historia de las alteraciones de Arag&oacute;n en el reinado de Felipe II, muy celebrada tanto en Espa&ntilde;a como en el extranjero.<\/p>\n<p>En el transcurso de su vida, adem&aacute;s de las ya citadas, se le fueron confiriendo numerosas condecoraciones espa&ntilde;oles y extranjeros, como las de Carlos III, de Leopoldo de Austria, de Leopoldo de B&eacute;lgica, la vaticanista de P&iacute;o IX, las de San Mauricio y San L&aacute;zaro de Cerde&ntilde;a, del Le&oacute;n Newland&eacute;s, Alejandro Nevniski de Prusia, las de San Francisco y del M&eacute;rito de las dos Sicilias, de Cristo y de la Concepci&oacute;n de Portugal, de la Legi&oacute;n de honor francesa y otras de Turqu&iacute;a, Persia, etc<\/p>\n<p>Dej&oacute; una riqu&iacute;sima biblioteca en la que figuraba el manuscrito original que se considera como leg&iacute;timo del Poema del Cid, que muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1898, ha sido impreso en facs&iacute;mil con gran riqueza bibliogr&aacute;fica por el hispanista norteamericano M.Huntington.<\/p>\n<p>Falleci&oacute; el marqu&eacute;s de Pidal el 28 de diciembre de 1865, y su cad&aacute;ver fu&eacute; trasladado a Covadonga e inhumado en un antiguo sepulcro que hab&iacute;a sido concedido en vida por el Cabildo de aquella Colegiata.<\/p>\n<p>Como homenaje p&oacute;stumo a su memoria s&oacute;lo tenemos noticia del tributado por el Ayuntamiento ovetense, que dedic&oacute; una calle a su nombre en 1887.<\/p>\n<p>Pidal y Carneado figura en el cat&aacute;logo de autorizados editado por la Academia de la lengua.<\/p>\n<p><strong>Obras Publicadas en volumen:<\/strong><\/p>\n<p>I&mdash;Ocios de mi edad Juvenil. (Oviedo. 1818: colecci&oacute;n de poes&iacute;as).<\/p>\n<p>II&mdash;Discurso Parlamentario sobre el restablecimiento del diezmo. (Madrid, 1838?)<\/p>\n<p>III&mdash;Galer&iacute;a de hombres c&eacute;lebres contempor&aacute;neos o biograf&iacute;as y retratos de todos los personajes distinguidos en nuestros d&iacute;as en las ciencias, en Ia Pol&iacute;tica, en las armas, en las letras y en las artes. Madrid 1841-46; nueve tomos en octavo Mayor, en colaboraci&oacute;n con otros escritores)<\/p>\n<p>IV.&mdash;Colecci&oacute;n de algunas poes&iacute;as castellanas anteriores al siglo XV para servir de continuaci&oacute;n a las publicadas por don Antonio S&aacute;nchez. (Madrid, 1841, recogidas despu&eacute;s estas dos colecciones en el tomo LVII de la Biblioteca de Autores Espa&ntilde;oles, de Rivadeneyra ).<\/p>\n<p>V.&mdash;&iquest;tom&oacute; de Burguillos y Lope de Vega son una misma persona? (Madrid, ,1842&iquest;trabajo publicado antes en la Revista de Madrid).<\/p>\n<p>VI.&mdash;Importancia del estudio de la Jurisprudencia y la Legislaci&oacute;n, (Madrid, 1843, discurso de apertura de la Academia de Legislaci&oacute;n y Jurisprudencia)<\/p>\n<p>VII.&mdash;Formaci&oacute;n del lenguaje vulgar en los C&oacute;digos espa&ntilde;oles. (Madrid, 1844, discurso de ingreso en la Academia de la Lengua)<\/p>\n<p>VII&mdash;Fragmento de un Poema castellano antiguo. (Madrid, 1856).<\/p>\n<p>IX.&mdash;Discurso. (Madrid, 1858: en la inauguraci&oacute;n de la academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas el 19 de diciembre de ese a&ntilde;o)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/x\/\" target=\"_self\" title=\"&nbsp; Seud&oacute;nimo de Delbrouck (Aurelio), Espina (Eladio), Huelmo (Tadeo) y otros escritores.\" class=\"encyclopedia\">X.<\/a>&mdash;Historia de las alteraciones de Arag&oacute;n en el reinado de Felipe II, (Madrid, 1862-63. Tres tomos en cuarto)<\/p>\n<p>XI.&mdash;Vindicaci&oacute;n de un Prelado de Ia Iglesia cat&oacute;lica. (Madrid, 1866? . Sobre don Alonso de Cartagena)<\/p>\n<p>XIl.&mdash;Lecciones sobre la historia del Gobierno y la Legislaci&oacute;n de Espa&ntilde;a, desde los tiempos primitivos hasta la reconquista, pronunciadas en el Ateneo de Madrid en los a&ntilde;os de 1841 y 42. (Madrid, 1880; Obra p&oacute;stuma).<\/p>\n<p>XIII.&mdash;Estudios literarios, (Madrid, 1890; dos tomos en octavo que recogen la mayor parte de los trabajos publicados en peri&oacute;dicos, con una noticia biogr&aacute;fica de introducci&oacute;n).<\/p>\n<p><strong>Trabajos sin formar volumen:<\/strong><\/p>\n<p>1.&mdash;Colaboraci&oacute;n en la Enciclopedia espa&ntilde;ola del siglo XIX Biblioteca completa de ciencias, literatura, artes, oficios, etc., por una Sociedad de literatos espa&ntilde;oles y hombres especiales en diversas ciencias y profesiones. (Madrid, 1842).<\/p>\n<p>2.&mdash;Adiciones al Fuero Viejo de Castilla, (En el tomo I de c&oacute;digos espa&ntilde;oles, Madrid, 1847).<\/p>\n<p>3.&mdash;Colaboraci&oacute;n en los tomos XXIV al XLIII de documentos in&eacute;ditos para la historia de Espa&ntilde;a. (Madrid, 1854-63; con Salva y Miraflores)<\/p>\n<p>4.&mdash;Discurso de contestaci&oacute;n al ministro de Fomento en el acto de apertura de la Academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas. (En el tomo I de Memorias de esa Academia, Madrid, 1861).<\/p>\n<p><strong>Obras in&eacute;ditas:<\/strong><\/p>\n<p>&mdash;Elementos de Derecho civil. (MS.).<\/p>\n<p>&mdash;Tablas hist&oacute;ricas y cronol&oacute;gicas de la Historia de Espa&ntilde;a desde los tiempos primitivos hasta nuestros d&iacute;as (MS.).<\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/strong><\/p>\n<p>&Aacute;lvarez de Lorenzana (Juan).&mdash;Un estudio biogr&aacute;fico.<\/p>\n<p>Amezua (A. G. de) &mdash;D. P. J. Pidal&hellip; Bosquejo biogr&aacute;fico. (Madrid, 1913)<\/p>\n<p>An&oacute;nimo&mdash;Introducci&oacute;n. (Al frente del primer tomo de la obra Estudios literarios, Madrid, 1890, del propio Pidal).<\/p>\n<p>Ochoa (Eugenio de).&mdash;Memoria necrol&oacute;gica del Excmo. Sr, D. (En Memorias de la Academia de la Lengua, tomo I. 1870. le&iacute;da en la sesi&oacute;n de abril de 1866}.<\/p>\n<p>Olay Arg&uuml;elles (Leopoldo).&mdash;Biograf&iacute;a. Don Pedro Jos&eacute; Pidal, primer marqu&eacute;s de Pidal, (En Asturias, &Oacute;rgano del Centro de Asturianos, Madrid, octubre de 1896).<\/p>\n<p>Placer Bouzo (C.).&mdash;El Marqu&eacute;s de Pidal. Apuntes biogr&aacute;ficos: (En la Ilustraci&oacute;n Gallega y Asturiana, Madrid, 8 de febrero de 1880)<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":4833,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-3278","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/3278","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4833"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3278"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3278"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}