{"id":3495,"date":"2021-03-23T21:59:01","date_gmt":"2021-03-23T21:59:01","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=3495"},"modified":"2023-03-10T16:57:16","modified_gmt":"2023-03-10T16:57:16","slug":"rivero-atanasio","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/rivero-atanasio\/","title":{"rendered":"RIVERO (Atanasio)"},"content":{"rendered":"<p>Escritor contempor&aacute;neo, fallecido, hermano de los dos de que se da noticia a continuaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Si dij&eacute;ramos que Atanasio Rivero fue uno de los escritores m&aacute;s castizos e ingeniosos de las letras espa&ntilde;olas contempor&aacute;neas no habr&iacute;a hip&eacute;rbole en la afirmaci&oacute;n. Que un escritor sea m&aacute;s o menos conocido, y Atanasio Rivero, el Bachiller Atanasio Rivero, apenas lo fue en Espa&ntilde;a, no puede servir como regla general para la valoraci&oacute;n de &eacute;l. Para que su fama fuera poco extensa bastaron dos circunstancias: que floreci&oacute; en tierras de Am&eacute;rica, m&aacute;s concretamente, en Cuba, y que derroch&oacute; a raudales su talento, su vasta ilustraci&oacute;n, las sutiles agudezas de su ingenio y su aticismo, tir&aacute;ndolo todo a la sima de la prensa peri&oacute;dica. Le podr&iacute;an salvar del olvido y la inconsideraci&oacute;n en que se le tiene en Espa&ntilde;a, donde s&oacute;lo lo recuerdan algunos eruditos cervantistas, si se conocieran algunas de las escasas producciones que ha dejado en forma de libro. Hay dos entre ellas que bastan para sustentar una alta reputaci&oacute;n literaria, ambas publicadas en la Habana, donde fueron deleite y regocijo de cuantos tuvieron la dicha de leerlas, que ni fueron ni son muchos, porque se trata de libros que han pasado a ser manos de muy raro hallazgo. Me refiero a la novela de mayorazgo de Villahueca y al cuento Polliner&iacute;a andante, monologo humor&iacute;stico de lo que le pas&oacute; a Sancho Panza al ir caballero en una borrica, y que suele ser retrato de lo que sucede muchas veces entre humanos.<\/p>\n<p>Atanasio Rivero tiene su m&aacute;s exacto parecido con el famoso Mariano de Cavia: grandes hablista y grandes humoristas ambos y ambos semejantes en el derroche diario para los peri&oacute;dicos de las excelsas cualidades que les daban personalidad de escritores de primera l&iacute;nea. Fue Rivero, como dice Oscar Garc&iacute;a en El libro del Centro Asturiano de la Habana, &laquo;estilista de chispeante ingenio, mordaz y donairoso, cuyo dominio de la lengua vern&aacute;cula le ha colocado en puesto de honor entre Ios cervantistas&raquo;. Fu&eacute;, adem&aacute;s, hombre sencillo, desprovisto de audacia y ambiciones materiales, modesto sin artificios, fundamentalmente bueno y un poco bohemio&rdquo;.<\/p>\n<p>Desconocemos la fecha de nacimiento de este insigne escritor. De los comienzos de su vida s&oacute;lo sabemos lo que medio en broma medio en veras confes&oacute; a Alfonso Cam&iacute;n en una entrevista literaria. Por ello podr&iacute;amos deducir que su nacimiento habr&aacute; tenido lugar entre los a&ntilde;os 1865 y 1870. Dice Atanasio Rivero: &ldquo;Soy de Oviedo&mdash;y no es alarde&mdash;fui a la escuela, como el que m&aacute;s, y estudi&eacute; como el que menos. No recuerdo de mi infancia m&aacute;s que la cara de mi maestro, que era barbada y aborrascada, y unos calzones rotos, que deb&iacute; traer luengos d&iacute;as, porque aun los tengo entre ceja y ceja. Fui campanero amateur de la Catedral. ingres&eacute; en el Instituto sin saber c&oacute;mo y estudi&eacute; algunos a&ntilde;os sin saber para qu&eacute;. Se sabe que mi bachillerato fu&eacute; algo serio y algo glorioso&hellip;Lo cierto es que sal&iacute; suspenso, por junio, de las trece asignaturas, y que en setiembre me aprobaban en todas por quitarme de delante. Estudi&eacute; dos a&ntilde;os de lat&iacute;n sin entender que lo estudiaba para saber hablarlo. De esto sal&iacute; en faldeta. En el transcurso de mi vida literaria me hizo falta codearme con Cicer&oacute;n y con Horacio, y hube de inventar un lat&iacute;n macarr&oacute;nico que me s&eacute; al dedillo. Pero, &iexcl;ni Dios lo entiende!&hellip;La mocedad era, en tiempos de la m&iacute;a, pendenciera y borracha. En vez de estudiar, beb&iacute;amos, en vez de leer, bail&aacute;bamos y cultiv&aacute;bamos la moza, hostigados por el afrodis&iacute;aco alcoholismo. En Asturias se sabe sin estudiar. No hay explicaci&oacute;n posible, pero es cierto. Aqu&iacute; estoy yo, que me doy a cata y cala. No estudi&eacute; nada, no estudi&eacute; nunca, y sostuve airosamente mil pendencias literarias y pol&iacute;ticas&raquo;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de algunos a&ntilde;os como mal estudiante se hizo telegrafista y pas&oacute; a prestar servicios en la villa de Salas; De esas actividades como telegrafista cuenta &eacute;l mismo: &ldquo;Fui telegrafista Breguet en ferrocarriles y telegrafista Morse en el Estado. Hice algunas gansadas notables. Instal&eacute; un artificio para transmitir, recibir y dar paso sin levantarse el funcionario de la cama. El invento hizo &eacute;poca. El director de la provincia, un hombre piadoso, que lo vi&oacute;, me pidi&oacute; cuenta rigurosa de aquella diablura. Se la expliqu&eacute; y sali&oacute; de la oficina hipando y haci&eacute;ndose Cruces. Mas tarde dijo al personal de tel&eacute;grafos de Oviedo que yo ol&iacute;a a azufre. Me adelante a mi tiempo, suprimiendo del Morse el aparato de relojer&iacute;a y recibiendo siempre a o&iacute;do. En ocasi&oacute;n de apuro, recib&iacute; a ojo cuarenta telegramas seguidos&hellip;En la estaci&oacute;n telegr&aacute;fica que yo regia trabajaba veinticuatro horas diarias. Me echaron encima, el cargo de administrador de Correos, sin ning&uacute;n aumento de vi&aacute;tico, y como las diligencias pasaban durante toda la noche, porque la nieve de los puertos y aun la del llano no les permit&iacute;a tener hora fija, all&iacute; estaba yo centinela alerta. Cualquier otro burro se hubiera echado con la carga. Yo resist&iacute; cuanto pude y, por fin, me ech&eacute;, Me ech&eacute; de cabeza al mar. Ganaba yo por aquellas veinticuatro horas de trabajos forzados quince duros al mes&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;Este pueblo de mis haza&ntilde;as &ndash; contin&uacute;a Rivero &ndash; se llama Salas, y me dispens&oacute; muy gentilmente cuantas bondades pude desear. Fund&eacute; una Sociedad de recreo que muri&oacute; el mismo d&iacute;a que abandon&eacute; mi cargo; establec&iacute; las Fiestas de Agosto, que a&uacute;n se celebran, y me atrev&iacute; con una velada literaria, que tuvo tres perendengues. El d&iacute;a de la inauguraci&oacute;n sal&iacute; a caballo, me tom&oacute; una tempestad en el camino de pasto y rozo y regres&oacute; a Salas ya pasada la hora de la apertura. La Direcci&oacute;n no se atrevi&oacute; a comenzar la velada; el p&uacute;blico esperaba sentado y ya serio de inquietud, cuando llegu&eacute; yo. Para evitar el fracaso, me ape&eacute; de roc&iacute;n, sub&iacute; al fundo social y tom&oacute; posesi&oacute;n de la tribuna, calado hasta el tu&eacute;tano, enlodado hasta los corvejones y con las espuelas puestas. Espl&eacute;ndida ovaci&oacute;n. La segunda ovaci&oacute;n explot&oacute; cuando, sin darme cuenta, me tosi&oacute; de un solo sorbo todo un vaso de grosella puesto al alcance de mi sed, excitada por la charla. El p&uacute;blico crey&oacute; que la grosella era vino de toro y se fu&eacute; tras el se&ntilde;uelo. Al final de la fiesta se celebr&oacute; un plebiscito cobre si se me nombraba benem&eacute;rito de la patria o si se me hac&iacute;a un homenaje de tortilla de chorizo. Venci&oacute; el chorizo. As&iacute; empez&oacute; mi vida literaria&rdquo;.<\/p>\n<p>El porvenir de la adolescencia y, algo menos, de la juventud asturiana sin caminos f&aacute;ciles en la tierra natal, estaba por aquella &eacute;poca y sigui&oacute; estando largo tiempo en Am&eacute;rica. Atanasio Rivero no era ya un adolescente, sino un hombre con toda la barba o todo el bigote, como &eacute;l mismo dir&iacute;a, y resolvi&oacute; tentar a la fortuna allende el mar,ya que por tierras conocidas ni llevaba trazas de vislumbrarla siguiera alg&uacute;n d&iacute;a. En el a&ntilde;o 1893 emigr&oacute; a Cuba. En la Habana desarroll&oacute; persistentes diligencias para entrar a trabajar en alg&uacute;n comercio, pero en todas partes se le rechazaba porque ya estaba muy crecidito para entrar en el escalaf&oacute;n cerrado, de uso riguroso entonces, por donde hab&iacute;a de entrar, por el &uacute;ltimo puesto. A la mala acogida en el ambiente comercial correspondi&oacute; el literario con atracciones simp&aacute;ticas, y vivi&oacute; entre escritores y artistas una vida un tanto bohemia,estimado por su prendas intelectuales y morales.<\/p>\n<p>Oscuro tambi&eacute;n su porvenir en la isla, ya sacudida por los azares de la guerra que le di&oacute; la independencia de la soberan&iacute;a espa&ntilde;ola, y aquejado por quebrantos de salud decidi&oacute; trasladarse a tierras mexicanas. De aqu&iacute; pas&oacute; luego a la Rep&uacute;blica del Salvador.<\/p>\n<p>En El Salvador, como en Cuba, al igual que en M&eacute;jico &eacute;l en este pa&iacute;s se hubiese quedado, el campo de sus luchas ten&iacute;a que ser el literario, porque, adem&aacute;s, sent&iacute;a por esta forma de luchador sus m&aacute;s hondas inclinaciones. Prosigue &eacute;l mismo refiri&eacute;ndose a su acomodaci&oacute;n en El Salvador. &ldquo;Fustigado por un c&oacute;mico &mdash;Rafael Galb&aacute;n&mdash;, que vi&oacute; en condiciones de escritor y que ten&iacute;a cr&eacute;dito hasta veinte pesos en una imprenta, fund&oacute; un peri&oacute;dico a lo que se le deparara. Sali&oacute; algo malicioso; lo alabaron los cr&iacute;ticos, me fui adelante con el cebo y result&oacute; un satiric&oacute;n de tomo y lomo. El peri&oacute;dico se llamaba Sancho Panza, y se populariz&oacute; tanto, que las viejas sol&iacute;an pedir en el mercado: &ldquo;Deme medio de pan, medio de queso y medio de Sanchito Panza&rdquo;. Mi nombre qued&oacute; acurrucado en mi fe de bautismo, y desde entonces fui Sancho. Un ministro de Fomento, del que fui secretario particular,a los cuatro meses de estar a su lado, me telegrafiaba a mi nombre de El Salvador: Se&ntilde;or D.Sancho Rivero&rdquo;.<\/p>\n<p>En la Rep&uacute;blica salvadore&ntilde;a se vio envuelto en una de sus frecuentes revoluciones. Sucedi&oacute; esto cuando se form&oacute; la Rep&uacute;blica de Centroam&eacute;rica con las de Honduras, Nicaragua y El salvador, con la capitalidad en la primera, con lo que no estuvo la &uacute;ltima conforme, por lo que se levant&oacute; en armas contra el acuerdo. &ldquo;Conspiremos&mdash;dice&mdash;, y la conspiraci&oacute;n prendi&oacute; como la p&oacute;lvora. A los doce d&iacute;as de Rep&uacute;blica mayor, la echamos abajo. Se di&oacute; el cuartelazo en trece Estados a la vez, y se ganaron doce de los trece cuarteles, a nombre de la Rep&uacute;blica salvadore&ntilde;a y de su presidente, el general Tom&aacute;s Regalado, hombre valent&iacute;simo, pendenciero y borrach&oacute;n. Nicaragua y Honduras no quisieron reconocer el nuevo estado de cosas, y nosotros tocamos a generala en montes y collados&hellip;Ascend&iacute; a coronel en la toma de Cojutepeque, que no nos cost&oacute; m&aacute;s de seis disparos. Al d&iacute;a siguiente, para acreditar mi sueldo, en vista de mi hero&iacute;smo, pas&oacute; revista de coronel&hellip;mi coronelato se empareja con mi bachillerato: fui bachiller sin esgrimir un libro y llegu&eacute; a coronel sin mancillar el sable&rdquo;.<\/p>\n<p>El coronel Sanchito dej&oacute; El Salvador pasado alg&uacute;n tiempo y volvi&oacute; a ser vecino de la Habana, donde form&oacute; el hogar propio en matrimonio con do&ntilde;a Aurora Quiroga y donde ya residi&oacute; el resto de sus d&iacute;as, aunque no los haya terminado en Cuba, su segunda patria, como probablemente habr&iacute;a supuesto.<\/p>\n<p>Su segunda entrada en la Isla fue la de un escritor en plenitud y a esta dedicaci&oacute;n consagr&oacute; sus afanes m&aacute;s &iacute;ntimos y nobles. Aparte de algunas otras producciones ligeras en prosa y verso, diseminadas en diferentes publicaciones cubanas, desde 1901 tuvo tribuna propia en el Diario de la Marina, en el que fu&eacute; durante muchos siglos una de las plumas que m&aacute;s contribuyeron al auge de ese peri&oacute;dico. Como dice C&aacute;ndido posada, &ldquo;sus Pistos manchegos primero, y sus comidillas despu&eacute;s, eran una delicia. La prosa y el verso no ten&iacute;an secretos para &eacute;l. El asunto m&aacute;s balad&iacute; tratado por su pluma adquir&iacute;a proporciones admirables. Su estilo inimitable&mdash;mitad cl&aacute;sico y mitad moderno y&hellip;asturiano&mdash;hac&iacute;a re&iacute;r y pensar profundamente a sus admiradores, que formaban legi&oacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p>Con la misma puma que rend&iacute;a la jornada cotidiana period&iacute;stica produjo obras de creaci&oacute;n, manos de las que convendr&iacute;a a la perdurabilidad de su fama, que no contribuyeron menos a consolidar su gran prestigio literario en la isla. Entre esas producciones figuran dos cuentos que ganaron los dos primeros puestos en concursos p&uacute;blicos: el primero, el ya citado Polliner&iacute;a andante, que, resultando muy superior a los otros presentados estuvo a punto de ser desechado porque pareci&oacute; a algunos elementos del Jurado calificador que conten&iacute;a alusiones que estaban obligados a no amparar, pero se impuso a todos la poderosa fuerza de la originalidad y del ingenio del cuento mismo. El otro primer premio lo conquist&oacute; en el Certamen literario con que el Centro Asturiano celebr&oacute; en 1911 las bodas de plata de su fundaci&oacute;n llevaba por t&iacute;tulo el de Virgilio, gran patriota, deliciosa iron&iacute;a del que era maestro en ella.<\/p>\n<p>Al florecimiento de ese mismo Centro Asturiano entreg&oacute; Atanasio Rivero no pocos entusiasmos, pero sin ocupar puestos de mando de los que huy&oacute; siempre, reconocido su valimiento, sin embargo, desde 1907 con designaci&oacute;n de socio de Honor.<\/p>\n<p>Era Atanasio Rivero un esp&iacute;ritu empapado en las lecturas de los cl&aacute;sicos castellanos, a los que conoc&iacute;a profundamente, sobre todos, a Corvantes,al que admiraba idol&aacute;tricamente. Tan hondamente conoci&oacute; su vida y su obra, que pudo presentarse como descubridor de los secretos que contin&uacute;an rodeando una y otras. Sus amigos &iacute;ntimos sab&iacute;an que trabajaba ahincadamente en dilucidar esos secretos. Lo fundamental de su labor es que hab&iacute;a descubierto que el Quijote estaba escrito con doble sentido, uno el que pod&iacute;an leer todos y otro el que mediante una combinaci&oacute;n matem&aacute;tica de sus letras permit&iacute;an el reconstrucci&oacute;n del texto que quiso ocultar Cervantes bajo la forma presente. A nadie, que se sepa, confes&oacute; jam&aacute;s que se trataba de un artilugio de su invenci&oacute;n, muy adecuado a un ingenio travieso y burl&oacute;n como lo era el suyo en alt&iacute;simo grado. El aseguraba, con muestras de invulnerable convencimiento, que todo el texto del Quijote estaba trazado, es decir, escrito con las mismas letras de otro texto que &eacute;l reconstru&iacute;a ante Ias miradas bobaliconas de quienes le pidieran una prueba. &ldquo;Fui a Madrid con la traza&mdash;dice&mdash;el a&ntilde;o 14; pero una pulmon&iacute;a que me dej&oacute; como un gui&ntilde;apo, me volvi&oacute; a Cuba cantando bajito, a sin que yo descubriera a nadie mi secreto&rdquo;. Lo probable es que en Madrid, al compulsar textos de que no dispondr&iacute;a en Cuba, haya determinado no descubrir el secreto hasta no darle todos los toques y retoques que le permitieran presentarlo sin fallos y como la exactitud misma del sistema destrozador que hab&iacute;a inventado. Era de sobra temeraria la empresa de convencer a los Inteligentes de una traza de tan magnas proporciones, cuando era sistema que s&oacute;lo se hab&iacute;a admitido en frases sueltas y aun as&iacute; estaba totalmente desacreditado.<\/p>\n<p>Pero en 1916 volvi&oacute; a Madrid con su secreto o con su broma de gran calibre. Desde las columnas del diario Madrile&ntilde;o El Imparcial comenz&oacute; a lanzar en una serie de art&iacute;culos, por lo dem&aacute;s, magistrales de lenguaje y estilo, jugosos de gracia y humorismo, el gran descubrimiento del texto oculto bajo el texto aparente del Quijote. Todas las plumas cervantistas, que son legi&oacute;n en Espa&ntilde;a, se movieron para terciar en el asunto, y el asunto absorbi&oacute; &ndash; como pocas veces sucede en empresas literarias &ndash; la actualidad espa&ntilde;ola. Claro que los m&aacute;s de cuantos terciaron p&uacute;blicamente en la cuesti&oacute;n se mostraban esc&eacute;pticos, pol&eacute;micos o combatientes, pero el hecho mismo de la mediaci&oacute;n demostraba que hab&iacute;an tomado en serio el asunto. Hubo plumas que, como la de Rodr&iacute;guez Marin, creyeron al autor del revuelo un alucinado o sugestionado de buena fe, pero portador de falsa mercanc&iacute;a, como se pudo demostrar con anacronismos y contradicciones en que Cervantes no pod&iacute;a haber incurrido en el texto que Rivero iba descubriendo con su infalible sistema. Pero el propio Rodr&iacute;guez Marin hubo de tributar pleites&iacute;a a Rivero con estas palabras: &ldquo;Los mismos que hemos patentizado la equivocaci&oacute;n proceder&iacute;amos con mala fe, si no estim&aacute;semos al luchador de La Lucha por un excelente periodista de pluma &aacute;gil, de movido y agradable estilo, de vocabulario copioso y pintoresco, de ingenio f&eacute;rtil y lozano, que sabe travesear de lo lindo, derrochando la sal morena y donairosa.., De las notables dotes de escritor de que ha hecho gala el Se&ntilde;or Rivero no habr&iacute;amos tenido noticia sin el ruidoso yerro de quien las posee&rdquo;, El caso fu&eacute; que todos cuantos se pusieron mas o menos abiertamente contra Rivero, no lo hicieron sin reconocer que estaban ante un maestro del bien decir, y en breves d&iacute;as alcanz&oacute; una fama de escritor que otros no han conquistado en a&ntilde;os y su nombre rod&oacute; entre admiraciones hasta m&aacute;s all&aacute; de las fronteras espa&ntilde;olas. &iquest;Ser&iacute;a esto lo que se hab&iacute;a propuesto Atanasio Rivero? Si esto era lo consigui&oacute; en medida colmada. puesto Atanoslo R&iacute;vero?.8&iacute; esto era lo consigui&oacute; en medida colmada. Pudo decir como Julio Cesar : legue, vi y venc&iacute;. Se le hicieron ofer as por peri&oacute;dicos y casas editoras para que se quedara en Madrid pero su vida estaba ya demasiado vinculada a Cuba,donde,a pesar de los ofrecimientos,estaba seguro de desenvolver&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cilmente, y, despu&eacute;s de recibir el agasajo de sus paisanos, que consisti&oacute; en un banquete en el Centro Asturiano madrile&ntilde;o, ya desaparecido, regres&oacute; a su amada lisa, seguramente con la satisfacci&oacute;n de haber triunfado, aunque el triunfo haya parecido un fracaso a mucha gente. Conviene advertir que todo ello sucedi&oacute; (1916-17) bastante antes del golpe de estado del general Primo de Rivera, que no pudo interrumpir este litigio literario, como supone Candido Posada.<\/p>\n<p>En torno a ese asunto escribi&oacute; el libro El crimen de Avellaneda, referente al autor encubierto de la segunda parte ap&oacute;crifa del Quijote, que Atanosio Rivero asegura estar escrita por Gabriel Leonardo Albi&oacute;n y Argensola, sobrino de los famosos poetas de este apellido, con la colaboraci&oacute;n del tambi&eacute;n conocido poeta Antonio Mira de Amescua. Ruiz Castillo recogi&oacute; en otro volumen, El secreto de Cervantes, los principales art&iacute;culos de esa ruidosa e interesante pol&eacute;mica, y Rodrigues Mar&iacute;n public&oacute; el folleto El ap&oacute;crifo &ldquo;Secreto de Cervantes&rdquo;, con los cinco remaches definitivos que, efectivamente evidenciaron la no existencia de la traza riverista.<\/p>\n<p>Continu&oacute; Atanasio Rivero en la Habana esparciendo por todos los &aacute;mbitos de la isla la gracia de su inimitable pluma desde la famosa secci&oacute;n Comidilla, que traslad&oacute; en sus &uacute;ltimos a&ntilde;os al peri&oacute;dico El Mundo.<\/p>\n<p>A vueltas con una vieja y grave afecci&oacute;n bronquial, origen de un asma pertinaz que &eacute;l llamaba humor&iacute;sticamente la ruin, con deje asturiano, hizo un tercer viaje a Madrid con la esperanza de encontrar la panacea en unos lavados pulmonares que efectuaba con &eacute;xito el Dr. Vicenti. Pero su organismo ten&iacute;a ya escasas resistencias para combatir el mal, y falleci&oacute; en un sanatorio de Madrid el 3 de enero de 1930.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen:<\/strong><\/p>\n<p>I.&mdash;El mayorazgo de Villahueca. (Habana, 1904: novela).<\/p>\n<p>Il.&mdash;Duelos y quebrantos. (Habana, 1905; ensayos).<\/p>\n<p>III.&mdash;Pollineria andante. (Habana. 1905; cuento premiado).<\/p>\n<p>IV.&mdash;El crimen de Avellaneda. (Madrid, 1916; sobre el autor del falso Quijote).<\/p>\n<p>V.&mdash;El secreto de Cervantes. (Madrid, 1916; pol&eacute;mica sobre la traza del Quijote)<\/p>\n<p>VI.&mdash;EI bien de Espa&ntilde;a en Cuba, (Habana, 1921; sobre la labor de las Sociedades creadas y sostenidas por la colonia espa&ntilde;ola).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/strong><\/p>\n<p>Cam&iacute;n (Alfonso) &ndash; Una entrevista. (En el libro Hombres de Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica, Habana, 1925) trabajo reproducido en la revista norte, de Madrid.<\/p>\n<p>Idem.- Los &uacute;ltimos momentos de Atanasio Rivero. (En Norte, Madrid, mayo de 1930)<\/p>\n<p>Posada (C&aacute;ndido).- El Bachiller Atanasio. (En el Progreso de Asturias. Habana, 29 de febrero de 1936).<\/p>\n<p>Rivero (Atanasio)- Alusiones. (En su libro El secreto de Cervantes)<\/p>\n<p>Rodr&iacute;guez Mar&iacute;n (Francisco)- Alusiones. (En el folleto El ap&oacute;crifo &ldquo;Secreto de Cervantes&rdquo;. Madrid, 1916).<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":5225,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-3495","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/3495","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5225"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3495"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3495"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}