{"id":3503,"date":"2021-03-24T08:25:18","date_gmt":"2021-03-24T08:25:18","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=3503"},"modified":"2021-12-03T18:21:04","modified_gmt":"2021-12-03T18:21:04","slug":"rivero-y-muniz-nicolas-maria","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/rivero-y-muniz-nicolas-maria\/","title":{"rendered":"RIVERO Y MU\u00d1IZ (Nicolas Maria)."},"content":{"rendered":"<p>Escritor contempor&aacute;neo, fallecido. Uno de los periodistas de fama y prestigio m&aacute;s s&oacute;lidos entre los que han florecido en las colonias espa&ntilde;olas de Am&eacute;rica. Nunca mejor aplicado el calificativo de batallador a un periodista; muy pocos han llegado como &eacute;l a servir a modo de or&aacute;culo para p&uacute;blicos extensos. &ldquo;Fu&eacute; un esp&iacute;ritu inquieto y ejemplar &mdash;dice Pedro Giral&mdash;, un gran idealista y a la vez un hombre de acci&oacute;n que no descansaba hasta convertir en realidad sus nobles designios. Ese car&aacute;cter decidido y en&eacute;rgico lo demostr&oacute; en todos sus actos y en las prontas resoluciones que adoptaba&rdquo;.<\/p>\n<p>Como escritor, lo que principalmente contribuy&oacute; a cimentar y consolidar su reputaci&oacute;n como escritor fu&eacute; la labor cotidiana en el Diario de la Marina, de La Habana, (que dirig&iacute;a), por espacio de diecis&eacute;is a&ntilde;os (1903-1919) como comentador de la vida que pasa en su secci&oacute;n Actualidades. &ldquo;El suceso cotidiano &mdash;dice Leon Ichaso&mdash; no era para &eacute;l m&aacute;s que la tramoya tras la cual ve&iacute;a lo que pasaba entre bastidores al vibrar espont&aacute;neo y libre de la pasi&oacute;n humana; la atalaya desde donde divisaba la infinita caravana de gentes y de pueblos que iban desfilando en la jornada diaria con el arca de sus venturas o con la cruz de sus desdichas, con el tesoro de sus virtudes o con el fardo de sus vicios y pecados.&rdquo; Y dice el citado autor en otro sitio: &ldquo;Actualidades esperadas por los lectores del Diario de la Marina, sobre todo en los d&iacute;as de m&aacute;s fuertes sacudidas y hondas inquietudes, como la &uacute;ltima palabra&rdquo;.<\/p>\n<p>Esas actualidades eran regularmente de corta extensi&oacute;n, escritas con magistral sinteticidad, en estilo robusto, jugoso, certeras de intenci&oacute;n y siempre sugiriendo m&aacute;s de lo que dec&iacute;an. Quiz&aacute; por esta &uacute;ltima circunstancia como manejada por un esp&iacute;ritu sagac&iacute;simo y dotado de extensa ilustraci&oacute;n, alcanz&oacute; Nicol&aacute;s Rivero, m&aacute;s que por todos los otros elementos que contribu&iacute;an al poder y el brillo de su pluma, el renombre, la popularidad y la autoridad que disfrut&oacute;.<\/p>\n<p>Pose&iacute;a dem&aacute;s su pluma grandes recursos dial&eacute;cticos para recorrer toda la escala desde el concepto y la entonaci&oacute;n graves hasta el desahogo gracioso y zumb&oacute;n, sin decir m&aacute;s ni menos de lo que quer&iacute;a decir. Y algunas veces quer&iacute;a decir y dec&iacute;a, con iron&iacute;a o humorismo, nunca con actitudes, censuras y acusaciones reveladoras de una c&aacute;ustica intenci&oacute;n que le cost&oacute; no pocos disgustos. Esto eran reminiscencias del polemista de los a&ntilde;os mozos, agitados y dif&iacute;ciles.<\/p>\n<p>Este Nicol&aacute;s Mar&iacute;a Rivero, que ni es hijo ni nada tiene que ver con el famoso tribuno andaluz del mismo nombre y apellidos, como quiere Julio Cejador, naci&oacute; en el lugar de Las Callejas, de la parroquia de Carda (Villaviciosa), y no en esta villa, como asegura Giral y otros, el d&iacute;a 23 de setiembre de 1849.<\/p>\n<p>Hizo los estudios primarios en Villaviciosa y comenz&oacute; a estudiar Latinidad y Humanidades en el Seminario Menor de Valdedi&oacute;s, inmediato a esa villa. Despu&eacute;s pas&oacute; a cursar los estudios de Filosof&iacute;a en el Seminario Conciliar de Oviedo, porque, como dice Giral, &ldquo;sus padres, muy devotos, abrigaban la idea de inclinarlo al sacerdocio&rdquo;. No fue entonces, como dice el citado autor, cuando curs&oacute; el bachillerato, ni menos en la Universidad ovetense porque ya estaba creado el Instituto de segunda ense&ntilde;anza, sino que, siendo estudiante de Teolog&iacute;a en dicho Seminario dej&oacute; los estudios para empu&ntilde;ar las armas (1872) en favor del pretendiente al Trono de Espa&ntilde;a, principe don Carlos.<\/p>\n<p>Consecuente con su ideolog&iacute;a profundamente tradicionalista, formada bajo la divisa de Dios, Patria y Rey, Nicol&aacute;s Rivero se sinti&oacute; atra&iacute;do por la lucha armada para el logro de esos ideales, y con otros ocho condisc&iacute;pulos form&oacute; una partida que recorri&oacute; los campos de Quir&oacute;s y Teverga con el prop&oacute;sito de unirse a las fuerzas que acaudillaba el cabecilla Viguri. &ldquo;La aventura, en efecto, les sali&oacute; mal&mdash;dice Ichaso&mdash;. Don Nicol&aacute;s y sus compa&ntilde;eros de urnas se descalabraron contra los molinos de Viento: cayeron prisioneros. Don Nicol&aacute;s pas&oacute; de los campos carlistas a la c&aacute;rcel de Oviedo, donde estuvo nueve meses. Dura suerte aquella para un esp&iacute;ritu hecho a pasear cotidianamente por los espacios infinitos de la quimera y para un cuerpo que chorreaba dinamismo de juventud!&rdquo;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de esa detenci&oacute;n pas&oacute; otros nueve meses en Canarias en calidad de deportado, &ldquo;Alli, en Tenerife &mdash;escribe Giral&mdash;, el es Rivero se gan&oacute; con su ilustraci&oacute;n y su buen car&aacute;cter la voluntad del Sr. Obispo y del Gobernador; y en su tenaz prop&oacute;sito, explor&oacute; los &aacute;nimos de sus compa&ntilde;eros de destierro, concibi&oacute; y puso en acci&oacute;n la idea de evadirse. Pudo ir a la Gran Canaria y all&iacute; madur&oacute; el plan de una sublevaci&oacute;n embarcandose en el vapor franc&eacute;s Verit&eacute; con algunos de sus correligionarios. Pero tambi&eacute;n fracasaron esta vez, porque el vapor que deb&iacute;a ir directo a C&aacute;diz, hubo de hacer escala en Tenerife, y all&iacute; fueron detenidos los carlistas pr&oacute;fugos&rdquo;. Entonces, con otros cuatrocientos deportados, se le destin&oacute; a Cuba como soldado al servicio del arma de Artiller&iacute;a de monta&ntilde;a; tres meses despu&eacute;s desertaba de un ej&eacute;rcito que no defend&iacute;a su ideal, sino el contrario. Todos sus ardores ideales y sentimentales estaban con la causa absolutista que en la Pen&iacute;nsula sosten&iacute;a una guerra civil encarnizada. Huy&oacute; de Cuba a Francia y por los Pirineos pas&oacute; a tierras de Navarra, donde eran fuertes los suyos. En los alrededores de Estella, donde operaban con &eacute;xito los carlistas, se incorpor&oacute; a ellos. &ldquo;Tom&oacute; parte activa y arrojada &mdash;dice Giral&mdash; en el combate de Montejurra y sigui&oacute; en campa&ntilde;a desde 1873 a 1875 por Navarra. Arag&oacute;n y el Maestrazgo, alcanzando por m&eacute;ritos de guerra el grado de comandante. Poco despu&eacute;s, cuando finalizaba la guerra, hubo de migrar a Francia. En Par&iacute;s vivi&oacute; con modestos recursos, hasta que, declarada la paz, regres&oacute; a Oviedo&rdquo;.<\/p>\n<p>Lo hizo a favor de la amnist&iacute;a decretada en 1876. En este mismo a&ntilde;o fu&eacute; cuando incorpor&oacute; parte de las asignaturas estudiadas en el Seminario de Oviedo al Instituto de segunda ense&ntilde;anza de la misma ciudad, y alcanz&oacute; el grado de bachiller el d&iacute;a 18 de noviembre del citado a&ntilde;o. Seguidamente se matricul&oacute; en la Escuela del Notariado, que funcionaba en la Universidad, quedando facultado para ejercer esa profesi&oacute;n el 11 de octubre de 1878.<\/p>\n<p>No sabemos si ejerci&oacute; la profesi&oacute;n; Nos inclinamos a creer que no. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, seg&uacute;n todas las opiniones que hemos encontrado, pero probablemente antes de finalizar el a&ntilde;o 1879, se traslad&oacute; a Cuba, al amparo de un destino burocr&aacute;tico: el de secretario del Ayuntamiento de Bauta. &ldquo;Pero aquel cargo de formulismo &ndash; dice Ichaso -, de rutina, de zalemas y flexibilidades curialescas no pod&iacute;a cuadrar ning&uacute;n modo al car&aacute;cter entero e inquieto del excomandante de Don Carlos de Borb&oacute;n. No procedi&oacute; una vez con raz&oacute;n y en justicia el gobernador civil de La Habana y Rivero, en vez de buscar para su causa el valimiento de las alturas o importunar la pluma de un periodista amigo para su protesta, se defendi&oacute; &eacute;l mismo en la prensa contra aquella arbitrariedad&rdquo;.<\/p>\n<p>Con esto Nicol&aacute;s Rivero hab&iacute;a encontrado su camino. Desde entonces fu&eacute; periodista. Su bautismo hab&iacute;a sido con una pluma convertida en arma de ataque contra el gobernador civil de la Habana, y tal postura y af&aacute;n de lucha, aunque decreciente al madurar con los a&ntilde;os, nunca se extingui&oacute; en &eacute;l por completo. Al encontrarse armado periodista, fund&oacute; en La Habana El Rel&aacute;mpago. Lo dirig&iacute;a y redactaba casi &iacute;ntegramente; era un peri&oacute;dico de combate, de duro combate, en defensa de sus ideales tradicionalistas y de ataque contra las autoridades satel que en la direcci&oacute;n y administraci&oacute;n de aquel todav&iacute;a territorio de la soberan&iacute;a espa&ntilde;ola se descuidaban por negligencia o adrede en sus deberes. Era un peri&oacute;dico agresivo, con ribetes de libelo. El capit&aacute;n general de la isla, general Blanco, suprimi&oacute; El Rel&aacute;mpago y quit&oacute; de en medio al director deport&aacute;ndolo a Espa&ntilde;a en el mismo a&ntilde;o de la fundaci&oacute;n del peri&oacute;dico (1881).<\/p>\n<p>Su permanencia en Espa&ntilde;a dur&oacute; solamente algunos meses. Seguramente entonces contrajo compromiso de matrimonio con Mar&iacute;a Teresa Garc&iacute;a Cia&ntilde;o, de distinguida familia de Villaviciosa, que figura en el tomo IV de esta obra. Poco despu&eacute;s de regresar a Cuba Nicolas Rivero en 1882, march&oacute; a unirse a &eacute;l, ya casada por poder y acompa&ntilde;ada del hermano Carlos, tambi&eacute;n escritor incluido en el tomo indicado. Breve fu&eacute; su vida de desposada, pues dejaba de existir en La Habana en 1883.<\/p>\n<p>Algunos a&ntilde;os despu&eacute;s, Rivero contrajo segundas nupcias con do&ntilde;a Herminia Alonso, matrimonio del que descienden los actuales director y gerente del Diario de la Marina, Jos&eacute; Ignacio y Nicolas.<\/p>\n<p>Regres&oacute; Rivero a Cuba en 1882 sin que el castigo de la expulsi&oacute;n hubiese surtido en &eacute;l el buscado efecto de escarmiento. Inmediatamente fund&oacute;, dirigi&oacute; y escribi&oacute; El Rayo para los que no quer&iacute;an rel&aacute;mpagos. Cuando le suspendieron este peri&oacute;dico, fund&oacute; La Centella. A cada suspensi&oacute;n gubernativa del peri&oacute;dico que dirig&iacute;a, echaba a la calle otro con los mismos zurriagazos bajo distinto Marbete; As&iacute; salieron a la calle despu&eacute;s El General Tac&oacute;n, El Pensamiento Espa&ntilde;ol y El Espa&ntilde;ol, (este &uacute;ltimo, ya de modales m&aacute;s finos, fu&eacute; el que vivi&oacute; m&aacute;s tiempo y se sostuvo con cierto auge). Adem&aacute;s, entreverados con esos peri&oacute;dicos, dirigi&oacute; otros dos de distinto tono: El Eco de los Voluntarios Y El Eco de Covadonga.<\/p>\n<p>Fueron estos a&ntilde;os de Rivero una &eacute;poca bastante turbulenta por sus campa&ntilde;as period&iacute;sticas. Muchas cosas que se dec&iacute;an en voz baja, reales o supuestas, &eacute;l las gritaba en letras de molde. Impetuoso, audaz, c&aacute;ustico, no se conten&iacute;a ante nada ni ante nadie. Hizo de la pluma daga para asestar golpes a quienes combatieran cuanto entraba en su ideario de espa&ntilde;olismo tradicional y catapulta contra quienes comet&iacute;an o amparaban corruptelas en la vida p&uacute;blica cubana. Cada art&iacute;culo suyo era un esc&aacute;ndalo, cuando menos. Los hubo que originaron trifulcas y lances de honor. En uno de &eacute;stos muri&oacute; un amigo &iacute;ntimo suyo, Jos&eacute; Palacios, capit&aacute;n de ingenieros, a quien atraves&oacute; el cuello de una estocada un teniente de dragones, cubano, en el Teatro Payret. Sembrador de tempestades, se cre&oacute; muchos enemigos entre cubanos y entre espa&ntilde;oles, pero a la vez, muchos incondicionales en ambos campos, de esos que hacen de la amistad un fanatismo. Los disgustos, los contratiempos y las persecuciones menudearon en torno suyo. Acusado de graves injurias estuvo una temporada en el presidio militar de la Habana conocido por el Castillo del Pr&iacute;ncipe. Como no ten&iacute;a peri&oacute;dico en que seguir con sus ataques, escribi&oacute; el libro Retratos al minuto, semblanzas sangrientas de las m&aacute;s descollantes personalidades espa&ntilde;olas y cubanas de la isla. Libro del que a&ntilde;os adelante, cuando la vida le puso en relajaci&oacute;n de amistad con muchos de los atacados, recogi&oacute; y quem&oacute; cuantos ejemplares pudo conseguir, que fueron muchos.<\/p>\n<p>De este libro, que le proporcion&oacute; algunos disgustos, nada dicen sus bi&oacute;grafos, acaso temerosos de que el recuerdo quite m&eacute;rito e importancia, lo cual es un error. Cuando se alcanza una personalidad relevante, muchas cosas a su tiempo juzgadas como demeritorias se convierten en simples an&eacute;cdotas. No nos atrevemos, sin embargo, a tener por cosa absolutamente cierta la causa del aludido silencio, porque ya pudiera consistir en un deseo de brevedad o de rapidez en la labor de documentaci&oacute;n, ya que, al hacer referencia dichos bi&oacute;grafos a la labor llevada al libro por Nicol&aacute;s Rivero nada dicen de otras labores literarias en volumen desarrolladas por &eacute;l en la &eacute;poca a que nos venimos refiriendo. Nada se dice de un juguete c&oacute;mico que escribi&oacute; en aquel mismo a&ntilde;o (1884) con el t&iacute;tulo de &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el padre? ni de otra obra publicada dos a&ntilde;os despu&eacute;s titulada Vivir de milagro, en colaboraci&oacute;n con Calixto Navarro y firmando &eacute;l con el seud&oacute;nimo de Nicol&aacute;s M&ordf; Oriver, anagramatizado el apellido.<\/p>\n<p>&laquo;A los rel&aacute;mpagos, rayos y centellas de Rivero&mdash;copiamos a Ichaso&mdash;contra los enjuagues y manipuleos administrativos respondieron los de los J&uacute;piter ol&iacute;mpicos de la Capitan&iacute;a y don Nicol&aacute;s anduvo de fortaleza en fortaleza purgando sus verdades. No fueron sin embargo Caif&aacute;s. Anna y Herodes cuantos encontr&oacute; en su camino. Como si quisiera protestar contra las iracundas vengativas de los pont&iacute;fices palatinos, contra las certeras estocadas del director de La Centella el pueblo, recaudados mil ochocientos pesos (capital rochildesco en aquel tiempo), por suscripci&oacute;n abierta en La Voz de Cuba, le hizo el significativo regalo de una escriban&iacute;a. Ya ten&iacute;a donde mojar la pluma. Con ella lleg&oacute; al fin a imponerse y hacerse o&iacute;r y a hacerse respetar. Ocup&oacute; sucesivamente los cargos de diputado provincial, vicepresidente y presidente interino de la Diputaci&oacute;n de la Habana. Tres a&ntilde;os desempe&ntilde;&oacute; este &uacute;ltimo puesto.<\/p>\n<p>Algo calmados los br&iacute;os del combatiente, desde la direcci&oacute;n del peri&oacute;dico El Espa&ntilde;ol por los a&ntilde;os inmediatos a 1890, fue conquistando una robusta personalidad con sus campa&ntilde;as en favor de reformas pol&iacute;ticas y administrativas que pudieran desembocar en un r&eacute;gimen aut&oacute;nomo para la isla de Cuba. De esta forma se fue encontrando m&aacute;s en disposici&oacute;n de lo que suponen algunos para su ingreso en el ya veterano Diario de la Marina, acreditado de peri&oacute;dico conservador, pero respetado hasta por sus contrincantes, lo cual tuvo lugar en 1893 y no en el 91 ni el 94 como aseguran Giral e Ichaso, respectivamente.<\/p>\n<p>Entr&oacute; en el Diario de la Marina por la puerta grande, como suele decirse. En junio de 1895 era elevado a la direcci&oacute;n del peri&oacute;dico, puesto que desempe&ntilde;&oacute; hasta su fallecimiento, algo m&aacute;s de veinticuatro a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Acerca de esta mudanza del periodista que salta del peri&oacute;dico de combate, a veces virulento, a la direcci&oacute;n de otro grave, reposado y sentencioso, hace Le&eacute;n Ichaso estas reflexiones: &ldquo;&iquest;Se hab&iacute;a entibiado y debilitado acaso su impetuosidad y vehemencia? &iquest;Se hab&iacute;an apagado sus fervores? No; ellos iban dentro de su esp&iacute;ritu como algo vital y esencial. Se hab&iacute;an orientado y encauzado definitivamente. Para el valor y el tes&oacute;n de propugnar sus inmutables ideales y creencias. par golpear torres huecas y abatir cervices engoladas, para erguirse cor santa rebeld&iacute;a contra todo abuso y para cruzar con la tralla de su iron&iacute;a rostros histri&oacute;nicos enharinados de solemne gravedad, el Rivero del Diario de la Marina es en substancia el mismo Rivero de El Rayo&rdquo;.<\/p>\n<p>Y lo fue hasta en el efecto social. Continu&oacute; siendo tan apasionadamente combatido y ensalzado como antes. Tuvo enemigos moment&aacute;neos o de largo arrastre como antes. En el mismo a&ntilde;o de su exaltaci&oacute;n a director del Diario fu&eacute; victima de una traidora pu&ntilde;alada asestada por un negro, al abandonar un dia la redacci&oacute;n del peri&oacute;dico; el negro fu&eacute; solo el instrumento del crimen que se quer&iacute;a perpetrar. Aun en fechas bastante posteriores fu&eacute; objeto de otras amenazas y atentados.<\/p>\n<p>De todos modos, y a pesar de la ideolog&iacute;a hondamente conservadora por no decir reaccionaria, del Diario de la Marina y su director, en contraste con el medio, hay que reconocer que han contribuido grandemente a limar asperezas y establecer relaciones de armon&iacute;a entre cubanos y espa&ntilde;oles. Entretanto el lustre y la autoridad crecientes de la pluma de Rivero, sobre todo desde su aludida y famosa secci&oacute;n Actualidades, ha sido el factor m&aacute;s decisivo para que el Diario de la Marina se convirtiera en uno de los tres o cuatro grandes peri&oacute;dicos de la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola.<\/p>\n<p>En esta &uacute;ltima &eacute;poca de su vida y como descanso de las abrumadoras tareas del peri&oacute;dico, llev&oacute; a cabo Nicolas Rivero algunos viajes al extranjero &mdash;M&eacute;jico, Estados Unidos y varios pa&iacute;ses europeos&mdash; y Espa&ntilde;a, viajes que fueron aprovechados para escribir los libros que se indican con los n&uacute;meros IV al VII, que es su labor puramente literaria de estos a&ntilde;os. Uno de sus viajes a Espa&ntilde;a, que hizo en uni&oacute;n de la familia en 1909, lo efectu&oacute; a la vez como representante en favor de un tratado comercial entre nuestro pa&iacute;s y Cuba, ocasi&oacute;n en que el Instituto Nacional de Previsi&oacute;n le nombr&oacute; consejero honorario.<\/p>\n<p>El auge de las instituciones culturales, recreativas y ben&eacute;ficas establecidas por los espa&ntilde;oles en Cuba debe a Rivero un concurso y apoyo moral de gran volumen. Aunque siempre huy&oacute; de ocupar puestos de representaci&oacute;n en ellas, ha tenido para el Centro Asturiano de La Habana una excepci&oacute;n en los primeros a&ntilde;os del desenvolvimiento de Cuba independiente; entonces (1901-2) fue vocal de la Junta directiva y presidente de la Secci&oacute;n de Instrucci&oacute;n. Dicho Centro Asturiano en abril de 1905 le concedi&oacute; el nombramiento de socio honorario.<\/p>\n<p>Otros honores los recibi&oacute; del Gobierno espa&ntilde;ol, no obstante su historial carlista. En 1905 fue agraciado con la Gran Cruz de Alfonso XII y poco antes de morir, a comienzos de 1919 le fu&eacute; concedido el t&iacute;tulo nobiliario de Conde del Rivero. Tambi&eacute;n la Santa Sede tuvo en cuenta sus largas y perseverantes defensas de la fe cat&oacute;lica y le concedi&oacute; la Encomienda de San Gregorio Magno con placa y cruz.<\/p>\n<p>Falleci&oacute; Nicolas Rivero en su casa del barrio de La V&iacute;bora, de la Habana, el dia 2 de julio de 1919.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen<\/strong>:<\/p>\n<p>l.&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el padre? (Habana, 1884; juguete c&oacute;mico)<\/p>\n<p>II.&mdash;Retratos al minuto, o ecos del Castillo del Pr&iacute;ncipe. (Habana, 1884; semblanzas de los espa&ntilde;oles y cubanos m&aacute;s distinguido esa &eacute;poca).<\/p>\n<p>III.&mdash;Vivir de milagro, (Habana, 1886; con el seud&oacute;nimo de Nicol&aacute;s M&ordf; Oriver y en colaboraci&oacute;n con Calixto Navarro). I<\/p>\n<p>IV.&mdash;Recuerdos de viaje. (Habana, 1904; colecci&oacute;n de erox e escritas en Espa&ntilde;a, algunas en Asturias, con pr&oacute;logo de Antonio Escobar).<\/p>\n<p>V.&mdash;El Colorado. Excursiones por las monta&ntilde;as rocallosas. ( Habana, 1905; con pr&oacute;logo de Juan Bances Conde).<\/p>\n<p>VI.&mdash;Recuerdos de M&eacute;jico, (Habana, 1911).<\/p>\n<p>VIl.&mdash;Veinte d&iacute;as en autom&oacute;vil por Francia y Suiza.(Habana, 1913)<\/p>\n<p>VIII.&mdash;El conflicto europeo (Habana, 1916: en colabora con Joaquin Gil del Real)<\/p>\n<p>IX.&mdash;Actualidades 1903-1929 (Habana, 1929: con un pr&oacute;logo de Le&oacute;n Ichaso),<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Trabajos sin formar volumen:<\/strong><\/p>\n<p>1.&mdash;Pr&oacute;logo a Burla Burlando, de Manuel Alvarez Marr&eacute;n habana, 1910)<\/p>\n<p>2.&mdash;Memorias de mi vida. (En el Diario de la Marina, Habana 1911 a 1914)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas<\/strong>:<\/p>\n<p>Giral (Pedro)&mdash;Biograf&iacute;a del Excmo. Sr. D. Nicol&aacute;s Rivero y Mu&ntilde;iz, primer conde del Rivero. (En el Diario de la Marina, de julio de 1929 y en hoja suelta).<\/p>\n<p>Ichaso (Le&oacute;n)- Un estudio biogr&aacute;fico-cr&iacute;tico. (Al frente del libro Actualidades. 1903-1959, de Nicol&aacute;s Rivero, Habana, 1929)<\/p>\n<p>Ortega y Munilla (Jos&eacute;)- Un estudio.(En La Esfera, Madrid. 1919).<\/p>\n<p>Rivero (Nicol&aacute;s Mar&iacute;a)- Recuerdos de mi vida. (En el Diario de la Marina, Habana, 1911-14)<\/p>\n<p>Varios autores.-Juicios y comentarios.(En &iacute;dem,8 de julio de 1919 y siguientes)<\/p>\n<p>Idem.-Paneg&iacute;ricos y juicios cr&iacute;ticos. (En &iacute;dem, 2 de julio de 1929; n&uacute;mero especial)<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":5224,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-3503","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/3503","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5224"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3503"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3503"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}