{"id":3604,"date":"2021-03-25T09:17:44","date_gmt":"2021-03-25T09:17:44","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=3604"},"modified":"2021-12-12T20:43:49","modified_gmt":"2021-12-12T20:43:49","slug":"ruiz-gomez-servando","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/ruiz-gomez-servando\/","title":{"rendered":"RUIZ GOMEZ (Servando)."},"content":{"rendered":"<p>Padre del rese&ntilde;ado anteriormente. Pol&iacute;tico y escritor de la segunda mitad del siglo XIX, del que hemos dicho en otro lugar: &ldquo;Pocas vidas de pol&iacute;ticos asturianos del siglo XIX habr&aacute; tan interesantes como la de don Servando Ruiz Gomez, no s&oacute;lo por su propio desenvolvimiento sino por la mirada panor&aacute;mica que permite sobre una extensa &eacute;poca de la turbulenta pol&iacute;tica espa&ntilde;ola de esa centuria. Aumenta ese inter&eacute;s la dispar interpretaci&oacute;n que ofrece esa existencia individual: voluble y contradictoria a una mirada simplista, y de una integridad, sinceridad y honradez en l&iacute;nea recta, vista con detenimiento; cualidades que le elevan al rango de uno de los pol&iacute;ticos m&aacute;s benem&eacute;ritos de su tiempo&rdquo;. Y hemos de a&ntilde;adir, como prueba irrecusable de que no ha hecho granjer&iacute;a de su predicamento pol&iacute;tico, que trat&aacute;ndose de un hombre austero en su vida privada, rico por su cuna y acrecentada esa riqueza con la considerable de su esposa, no s&oacute;lo no acrecent&oacute; sus riquezas como hubiera podido f&aacute;cilmente, al amparo de la pol&iacute;tica, sino que dej&oacute; considerablemente mermados su patrimonio y el de su compa&ntilde;era.<\/p>\n<p>Naci&oacute; Ruiz Gomez en Avil&eacute;s, en hogar opulento formado por don Antonio de esos apellidos y do&ntilde;a Juliana Gonzalez Llanos. Su fecha de nacimiento es la del 23 de octubre de 1821; todas las otras que se citan en diferentes lugares son err&oacute;neas.<\/p>\n<p>Caracterizado su padre de fervoroso constitucionalista, prest&oacute; entusiasta apoyo a este r&eacute;gimen pol&iacute;tico impuesto por el general Riego, por lo que al sobrevenir la reacci&oacute;n absolutista de Fernando VII en 1823, no le qued&oacute; otro recurso a Don Antonio que el de emigrar. Se traslada con la familia desde La Coru&ntilde;a a la isla de Jamaica y poco despu&eacute;s a la de Cuba; contaba su hijo Servando poco m&aacute;s de dos a&ntilde;os cuando esto suced&iacute;a.<\/p>\n<p>Muy entendido el padre en asuntos financieros, decidi&oacute; establecer en La Habana una casa de Banca, la que alcanz&oacute; r&aacute;pidamente cr&eacute;dito y movimiento extraordinarios, &eacute;xito al que concurr&iacute;an dos sucursales establecidas en Paris y Londres.<\/p>\n<p>Probablemente Servando asiste al Colegio dirigido en La Habana por el P. las Casas; al cumplir los trece a&ntilde;os su padre le envi&oacute; a Europa; el peque&ntilde;o Ruiz Gomez reside sucesivamente en colegios de Alemania, Francia e Inglaterra, en los que, a la vez que adquiere el perfecto dominio de esos respectivos idiomas, alcanza s&oacute;lida cultura en disciplinas de Econom&iacute;a, Derecho, Administraci&oacute;n y Finanzas, que habr&iacute;an de ser el fundamento de su personalidad pol&iacute;tica ulterior.<\/p>\n<p>En 1842 regresa a Espa&ntilde;a, al lado de la familia ya repatriada y residente en Gij&oacute;n. El amor le sale entonces al paso con una fogosa pasi&oacute;n de los veinti&uacute;n a&ntilde;os por una distinguida joven de la villa, y el padre, a fin de obstaculizarla, le aleja de Gij&oacute;n con la encomienda de algunas comisiones bancarias en Par&iacute;s y Londres, terminadas las cuales le env&iacute;a a La Habana, a la direcci&oacute;n de su casa de Banca, para donde sale Ruiz G&oacute;mez probablemente en 1845.<\/p>\n<p>De este suceso, aunque sin alusi&oacute;n a &eacute;l, probablemente han tomado pie algunos bi&oacute;grafos para asegurar que estuvo dedicado en los a&ntilde;os mozos al comercio en la capital de Cuba. Si por comerciar se entiende que estuvo m&aacute;s o menos al frente de los negocios paternos, nada hay que oponer. Pero conviene aclarar que Ruiz G&oacute;mez, pese a sus pocos a&ntilde;os, viv&iacute;a en la Habana casi como un gran personaje, al abrigo de las m&aacute;s altas protecciones, entre ellas, la del capit&aacute;n general de la isla, y que despleg&oacute; actividades de responsabilidad como individuo de la Junta de Fomento (1847-49), puesto que le inici&oacute; en su larga carrera pol&iacute;tico-administrativa. Se puede asegurar que m&aacute;s que administrador de los intereses paternos fue despilfarrador de ellos porque segu&iacute;a la t&aacute;ctica de gastar hasta el derroche para que el padre le llamara a su lado, con lo que podr&iacute;a volver al de su amada, cosa que consigui&oacute; al comiendo del a&ntilde;o 1849.<\/p>\n<p>Reside primeramente en La Coru&ntilde;a breve tiempo y comienza a actuar en pol&iacute;tica afiliado al Partido Progresista. Se traslada despu&eacute;s a Oviedo con la se&ntilde;orita avilesina Maria Teresa Arias Carvajal contrae matrimonio en 1849.<\/p>\n<p>Contin&uacute;a residiendo en Oviedo, alternando con sus estudios de car&aacute;cter econ&oacute;mico las actividades pol&iacute;ticas con acentos revolucionarios, y cuando la revoluci&oacute;n de julio de 1854 figura como miembro de la Junta encauzadora de ese movimiento, presidida por don Jos&eacute; Maria Bernardo de Quir&oacute;s, Marqu&eacute;s de Camposagrado. Fu&eacute; despu&eacute;s alcalde constitucional de Oviedo, puesto en el que acredit&oacute; sus nada comunes dotes de gobernante, sobre todo con motivo de la invasi&oacute;n del c&oacute;lera morbo asiatico.<\/p>\n<p>Esa mudanza pol&iacute;tica del a&ntilde;o 54 le favoreci&oacute; para adquirir relieve nacional. En las elecciones de diputados a las Cortes Constituyentes convocadas poco despu&eacute;s fu&eacute; de los electos por Asturias. Aunque de expresi&oacute;n premiosa, tanto por ciertas dificultades f&iacute;sicas como porque no dominaba completamente su propio idioma, acostumbrado al manejo diario de otros, era hombre de conceptos claros y rotundos lo que le permiti&oacute; distinguirse en esas Cortes como uno de los oradores del Partido Progresista m&aacute;s autorizados en materias de orden econ&oacute;mico, sobre todo en la defensa del sistema librecambista. &ldquo;Es de notar &ndash; hemos apuntado en otro sitio -, en esta su actuaci&oacute;n parlamentaria del 55 al 56 que, habiendo sido un decidido partidario del sistema unicameral, el tiempo se hab&iacute;a de encargar de darle por muchos a&ntilde;os actividades de senador electo y vitalicio, cosa que se presta, a una mirada simple, para sacar la contradicci&oacute;n la consecuencia de que Ruiz G&oacute;mez haya sido un pol&iacute;tico voluble&rdquo;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de disueltas esas Cortes y de anulada por O&rdquo;Donell la reciente aprobada Constituci&oacute;n, que nunca estuvo en vigor, Ruiz Gomez se retir&oacute; a Asturias en espera de un cambio pol&iacute;tico m&aacute;s favorable. Pero no se retir&oacute; a descansar. Residente en Gij&oacute;n, aqu&iacute; despleg&oacute; sus actividades pol&iacute;ticas cuanto lo permit&iacute;a la situaci&oacute;n. Las actividades de escritor escasamente ensayadas hasta entonces cobraron en &eacute;l los br&iacute;os de toda su energ&iacute;a y en esa villa fund&oacute; y dirigi&oacute; los semanarios El Eco de Gij&oacute;n (1861) y La Cr&oacute;nica (1863)<\/p>\n<p>En 1864 se traslad&oacute; nuevamente a Madrid, solicitado su concurso por destacados elementos gestores de la revoluci&oacute;n pol&iacute;tica ya iniciada. Entonces desarrolla intensas campa&ntilde;as period&iacute;sticas desde las columnas de El Universal, La Iberia y Las Novedades, pero muy principalmente desde La Soberan&iacute;a Nacional, periodico que redacta con Ol&oacute;zaga, Montemar, Sagasta y otros bajo la direcci&oacute;n de Angel Fern&aacute;ndez de los R&iacute;os, y del que hacen un gran baluarte contra Isabel II y la dinast&iacute;a borb&oacute;nica.<\/p>\n<p>A la vez toma parte activa en conspiraciones revolucionarias, especialmente en la dirigida por don Joaqu&iacute;n Aguirre y que culmina en la sublevaci&oacute;n del general Prim, jefe del Partido Progresista, desarrollada en Aranjuez en los primeros d&iacute;as de enero de 1866. Fracasada esa intentona antidin&aacute;stica, Ruiz G&oacute;mez pasa la frontera francesa y se refugia en Par&iacute;s, junto con otros revolucionarios, entre los que figura Sagasta, que se ven precisados a vivir en la expatriaci&oacute;n del auxilio de don Servando, &uacute;nico de ellos que dispon&iacute;a de recursos econ&oacute;micos abundantes.<\/p>\n<p>Tras dos a&ntilde;os largos de voluntario exilio regres&oacute; Ruiz G&oacute;mez a Espa&ntilde;a. Se situ&oacute; en Oviedo, sin desmayo ante los fracasos, dispuesto a prestar todo su concurso al proceso revolucionario. Figur&oacute; como uno de los miembros m&aacute;s activos en la Junta encauzadora en la provincia del movimiento antidin&aacute;stico, y al triunfar la revoluci&oacute;n en setiembre de 1868 con la ca&iacute;da de Isabel II, pas&oacute; a desempe&ntilde;ar el cargo de gobernador civil, que ejerci&oacute; con gran tino en medio de la conmoci&oacute;n honda experimentada por el pa&iacute;s, hasta el 18 de octubre.<\/p>\n<p>Requerido por su amigo el ministro de Hacienda del Gobierno provisional, Laureano Figuerola, se traslad&oacute; a Madrid a ocupar el cargo de director general de Rentas Estancadas y Loter&iacute;as. Debido a su tendencia a restringir el libre comercio del tabaco, que el ministerio no compart&iacute;a, &eacute;ste le traslad&oacute; a la Subsecretar&iacute;a del Ministerio. Continu&oacute; de subsecretario con el ministro siguiente, Ardanaz, pero remuneci&oacute; el cargo al tomar posesi&oacute;n de la cartera (1870) Segismundo Moret. Su gesti&oacute;n en esos altos cargos le granje&oacute; la aprobaci&oacute;n un&aacute;nime por la competencia que puso al servicio de ellos y la probidad de su conducta. Al mismo tiempo tuvo puesto en el Congreso por la jurisdicci&oacute;n de Avil&eacute;s, de las dos en que fue dividida la provincia para esas Cortes Constituyentes (1869-71), y volvieron a reverdecer los lauros conquistados a&ntilde;os antes como parlamentario. Su prestigio pol&iacute;tico qued&oacute; entonces bien cimentado en su extraordinaria cultura hacend&iacute;stica y la sinceridad en el mantenimientos de sus convicciones. No fue menos admirado por la agudeza de su ingenio en las interrupciones o al atacar a sus contrincantes. Le distingu&iacute;a como orador una gran frialdad de palabra y de actitud, por lo que el conde de Toreno (Francisco de Borja Queipo de Llano) dice que en sus discursos &ldquo;se diferenciaba poco cuando combat&iacute;a de cuando apoyaba a un Gobierno&rdquo;.<\/p>\n<p>Esta condici&oacute;n de su oratoria contribu&iacute;a a disimular su premiosidad, defecto que procuraba disculpar acus&aacute;ndose de que le faltaba la &ldquo;memoria de las palabras&rdquo;, cuando es lo cierto que pose&iacute;a una de las memorias m&aacute;s portentosas, reconocida por sus coet&aacute;neos. Pero ese defecto de vocalizaci&oacute;n no le impidi&oacute; ganar fama de palabra f&aacute;cil, como asegura el autor an&oacute;nimo del libro &ldquo;La Asamblea Constituyente de 1869, quien dice &ldquo;De f&aacute;cil palabra y vasta inteligencia, escritor intencionado y profundo&rdquo;.<\/p>\n<p>Y ya que de juicios ajenos se trata, recogeremos el estampado por su tambi&eacute;n contempor&aacute;neo Francisco Ca&ntilde;amaque en la obra Los oradores de 1869: Perfiles parlamentarios, juicio del que, salvada la intenci&oacute;n sat&iacute;rica que lo inspira, es una buena contribuci&oacute;n para un retrato f&iacute;sico y moral de Ru&iacute;z G&oacute;mez. Dice: &ldquo;Conocido por Servando el consecuente. Ha le&iacute;do mucho, mucho. Su cabeza es un almac&eacute;n. Habla de todo, y no pocas cosas las involucra, confunde, tergiversa y embrolla, acaso por exceso de lectura y de conocimientos&hellip; Puede ilustrar una cuesti&oacute;n cualquiera; pero t&aacute;pesele la boca para que no acabe por divagar y confundirse&hellip;Es alto, buen mozo, barbudo, y asturiano que no pierde ripio&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;En esos debates parlamentarios del 69 &ndash; copiamos palabras nuestras &ndash; dio nueva ocasi&oacute;n para que la posteridad la considera como un hombre inconsecuente, cuando sus volubilidades aparentes son producto exclusivo de una sinceridad de rigidez ejemplar. Siendo, como era, un hombre de ideolog&iacute;a abiertamente liberal, en asuntos econ&oacute;micos manten&iacute;a ideas conservadoras, y esto le llev&oacute; a defender con toda energ&iacute;a el estanco del tabaco, frente a los que propugnaban por la libertad de cultivo y venta, puesto que, seduc&iacute;a al Tesoro. Por esta su actitud fue combatido de inconsecuente con sus ideas revolucionarias. Otra posici&oacute;n que, sin impedirle sustentar ideas pol&iacute;ticas muy progresistas, apoy&oacute; en &iacute;ntimas convicciones, fue la de sostener con toda energ&iacute;a la idea de llevar al Trono a un rey extranjero, como posible soluci&oacute;n de los trastornos que ensombrec&iacute;an la vida pol&iacute;tica del pa&iacute;s. Tal actitud la adopt&oacute; con tanta entereza, que en junio 22 de 1870 renunci&oacute; a su acta de diputado, dispuesto a no participar m&aacute;s en la vida p&uacute;blica, mientras Espa&ntilde;a permaneciese sin rey digno de los destinos nacionales. Con tanta firmeza mantuvo su relaci&oacute;n que, reelegido diputado, no ocup&oacute; su asiento en las Cortes, motivo por el que no partici&oacute; en la proclamaci&oacute;n por ellas de Amadeo de Saboya&rdquo;.<\/p>\n<p>No obstante, su liberalismo &ndash; liberalismo mon&aacute;rquico &ndash; se acentu&oacute; m&aacute;s por entonces, afili&aacute;ndose al Partido Radical dirigido por Ruiz Zorrilla desde la muerte de Prim. En 1871 recibi&oacute; el mandato de diputado a Cortes por el distrito de La Vecilla (Le&oacute;n) dentro de esa fuerza pol&iacute;tica. Al constituirse en este mismo a&ntilde;o el Gobierno presidido por Ruiz Zorrilla, &eacute;ste le encomend&oacute; el Ministerio de Hacienda. Su paso por &eacute;l fue tan breve- desde el 24 de julio hasta el 6 de octubre -, que apenas pudo desplegar iniciativas. La pol&iacute;tica se desenvolv&iacute;a tan turbulentamente, que todos los buenos deseos de aquel rey caballeroso por reorganizar la vida nacional fueron al fracaso, y con ellos los de sus gobernantes.<\/p>\n<p>En las elecciones siguientes para disputados a Cortes (1872-73), Ruiz G&oacute;mez fue electo por el distrito de Llanes. En junio del 72 volvi&oacute; a desempe&ntilde;ar el puesto de Ministro de Hacienda tambi&eacute;n bajo la presidencia de Ruiz Zorrilla. Aunque la pol&iacute;tica desenfrenada lo trastornaba todo, esta vez pudo acometer proyectos y reformas administrativas que acreditaron su capacidad hacend&iacute;stica. Figuran entre otras iniciativas suyas menos importantes la creaci&oacute;n de los Bonos del Tesoro, una emisi&oacute;n de Deuda en el mes de setiembre por ciento cincuenta millones de pesetas, que alcanz&oacute; el &eacute;xito, nunca visto hasta entonces, de ser cubierta por peticiones que alcanzaban la cifra de 1.223 millones, y el proyecto de constituci&oacute;n del Banco Espa&ntilde;ol Hipotecario, que fue muy combatido en el Parlamento, pero que se aprob&oacute; al fin en el mes de noviembre.<\/p>\n<p>Invadida la vida p&uacute;blica por una efervescencia pol&iacute;tica de acentuado tono republicano, como esperanza de remedio a los males naciones, y no vista con disgusto ni desde las alturas del Poder tuvo la gallard&iacute;a de afirmar su credo mon&aacute;rquico, por estimar que el establecimiento de la Rep&uacute;blica, sobre ser posibilidad remota, no vendr&iacute;a a remediar nada, en su opini&oacute;n. Tal actitud &ndash; nueva apariencia de contradicci&oacute;n con su revolucionarismo &ndash; le cre&oacute; una situaci&oacute;n de alejamiento entre sus correligionarios y hasta entre sus compa&ntilde;eros de Gobierno, por lo que dimiti&oacute; su cargo de ministro en diciembre del mismo a&ntilde;o 1872.<\/p>\n<p>Deicidido entonces Ruiz G&oacute;mez a alejarse de las luchas pol&iacute;ticas, se traslad&oacute; a Francia. Residi&oacute; primeramente en Marsella y luego en Nimes. Aqu&iacute; se enter&oacute; en el mes de febrero (1873) de la abdicaci&oacute;n de Amadeo I y la proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica, sistema de gobierno que &eacute;l consideraba tan lejano. Inmediatamente regres&oacute; a Madrid y a su esca&ntilde;o del Congreso. Desde &eacute;l, con su ideario, firme en sus ideales, contra lo que sus adversarios daban en propalar, se ratific&oacute; como mon&aacute;rquico constitucional, sin perjuicio de apoyar al naciente r&eacute;gimen republicano en lo referente a orden p&uacute;blico y cr&eacute;dito nacional. A esta determinaci&oacute;n asoci&oacute; la de apartarse definitivamente del Partido Radical para militar en las filas liberales.<\/p>\n<p>Mientras dur&oacute; la Rep&uacute;blica se mantuvo alejado de la pol&iacute;tica. Pero despu&eacute;s de restaurada la Monarqu&iacute;a con Alfonso XIII, volvi&oacute; a ella. Entonces fue elevado a la categor&iacute;a (1875) de miembro del Consejo de Estado. Al a&ntilde;o siguiente pas&oacute; a ocupar un puesto de senador electo por la provincia de Cuenca. Y el 3 de mayo de 77 se le nombr&oacute; senador vitalicio, por si no bastaba que lo fuese de elecci&oacute;n para que la vida, con su gran fuerza que hace juguetes de los hombres, le obligara a ser lo que a&ntilde;os atr&aacute;s hab&iacute;a combatido.<\/p>\n<p>Dej&oacute; entonces de militar activamente en los partidos pol&iacute;ticos pero manteni&eacute;ndose en su ideario liberal, como lo demostr&oacute; al disentir con la Constituci&oacute;n de 1876 sosteniendo el criterio de que se implantara en ella la libertad de cultos.<\/p>\n<p>Probablemente lo mejor de su labor parlamentaria tuvo desarrollo entonces en el Senado, especialmente en los debates sobre Presupuestos y en los relacionados en la vida de las colonias espa&ntilde;olas de Am&eacute;rica, como lo demuestra el trabajo anotado con el n&uacute;mero I. Intervino brillantemente en favor de la abolici&oacute;n total de la esclavitud de los negros en la isla de Cuba, mediante indemnizaci&oacute;n a los due&ntilde;os, en 1879.<\/p>\n<p>A la ca&iacute;da del Gobierno presidido por C&aacute;novas del Castillo en mayo de ese a&ntilde;o, renunci&oacute; a su puesto de consejero de Estado. Pero volvi&oacute; despu&eacute;s a figurar en dicho Consejo en 1881 como presidente de la Secci&oacute;n de Hacienda. Al constituir Jos&eacute; Posada Gobierno, pas&oacute; a desempe&ntilde;ar el Ministerio de Estado, departamento que regent&oacute; desde el 13 de octubre de 1883 al 18 de enero del a&ntilde;o siguiente, con reconocida competencia.<\/p>\n<p>Por esta &eacute;poca volvi&oacute; a sus actividades, un tanto deca&iacute;das, de escritor y colabor&oacute; en diferentes publicaciones madrile&ntilde;as, especialmente sobre temas econ&oacute;micos, entre ellas la Revista de Espa&ntilde;a, Correo de Ultramar, El D&iacute;a y El Resumen.<\/p>\n<p>Su cr&eacute;dito de economista y hacendista recibi&oacute; por entonces (1885) la certificaci&oacute;n de ser electo acad&eacute;mico de n&uacute;mero de la Academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas, puesto del que se posesion&oacute; el 24 de noviembre de 1886 en la vacante que hab&iacute;a dejado su gran amigo y paisano Posada Herrera, con quien hab&iacute;a sido ministro pocos a&ntilde;os antes. Su discurso de ingreso (n&uacute;mero II) es prenda que acredita su pluma entre las m&aacute;s ilustres de su tiempo sobre problemas entonces latentes de Econom&iacute;a.<\/p>\n<p>&ldquo;Entre sus postreras actividades como senador &ndash; palabras nuestras &ndash; cuenta el apoyo en 1886 al proyecto de ley creando una Escuadra, actitud que le vali&oacute; censuras por lo que se opon&iacute;a a sus propias opiniones en otros intentos anteriores sobre lo mismo. Lo cual no implica que haya procedido en ambos casos con criterio honrado. De esto de otra muestra que habi&eacute;ndose opuesto al a&ntilde;o siguiente al arrendamiento de la Renta de Tabacos a una empresa particular, derrotado en su oposici&oacute;n, la compa&ntilde;&iacute;a arrendataria le eligiera director, destino que desempe&ntilde;&oacute; a satisfacci&oacute;n de ella hasta su fallecimiento. Cuando lo contradictorio no surg&iacute;a en s&iacute; mismo por la evoluci&oacute;n l&oacute;gica de las ideas, le llegaba de fuera dispuesto por las m&aacute;s raras circunstancias. A ese mismo a&ntilde;o 1887 corresponde una brillante actuaci&oacute;n &ndash; la &uacute;ltima importante de su vida &ndash; como acad&eacute;mico y senador: la de propugnar el establecimiento del patr&oacute;n era para el sistema monetario, idea tenida entonces poco menos que por absurda y que habr&iacute;a de ser despu&eacute;s el eje de programas y sistemas pol&iacute;ticos de gran envergadura en el mundo&rdquo;.<\/p>\n<p>En el mes de octubre de ese mismo a&ntilde;o (1887) Ruiz G&oacute;mez pas&oacute; por el dolo de quedar viudo, duelo del que no supo consolarse. A este respecto adscribe Jove y Hevia: &ldquo;Su vida hab&iacute;a sido f&aacute;cil y pr&oacute;spera: no hab&iacute;a experimentado contratiempos. Hab&iacute;a asistido a todas las escuelas, excepto una: no hab&iacute;a estudiado en la escuela del dolor&hellip; Por eso su primera profunda pena, la p&eacute;rdida de su esposa, imprimi&oacute; en &eacute;l una postraci&oacute;n y una misantrop&iacute;a impropias de su car&aacute;cter; y como, poco despu&eacute;s, perdiese tambi&eacute;n a su hija, su desconsuelo no conoci&oacute; l&iacute;mites&rdquo;.<\/p>\n<p>En efecto, no pudo sobrellevar esos reveses, que precipitaron su vida al ocaso y dej&oacute; de existir en el Hotel Continental de Vigo el 19 de agosto de 1888.<\/p>\n<p>Estaba condecorado con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Cat&oacute;lica.<\/p>\n<p>La villa de Avil&eacute;s, donde hab&iacute;a nacido, honr&oacute; su memoria poniendo su nombre a una de las calles m&aacute;s c&eacute;ntricas de la villa, por acuerdo del Ayuntamiento en 16 de octubre de 1896.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen:<\/strong><\/p>\n<p>|.&mdash;Examen cr&iacute;tico de los presupuestos generales de ingresos y gastos de la isla de Cuba para el a&ntilde;o de 1878-79. (Paris, 1880; trabajo publicado tambi&eacute;n en la Revista de Espa&ntilde;a, Madrid, 28 de enero de 1880).<\/p>\n<p>II.&mdash;La influencia de las costas y fronteras en la pol&iacute;tica y engrandecimiento de los Estados. (Madrid, 1886; discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas, le&iacute;do el 24 de noviembre de ese a&ntilde;o y contestado por el conde de Toreno).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Trabajos sin formar volumen:<\/strong><\/p>\n<p>1.&mdash;De la marina mercante y del derecho diferencial de bandera. (En la Revista de Espa&ntilde;a, Madrid, 13 de junio de 1878, tomo LXII).<\/p>\n<p>2.&mdash;La protecci&oacute;n arancelaria de los Estados Unidos de Am&eacute;rica. (En idem, 13 de abril de 187, tome LXVIII).<\/p>\n<p>3.&mdash;La reciprocidad arancelaria. (En idem, 13 de mayo de 1879, tomo LXVIII).<\/p>\n<p>4.- Ismael I, khedive de Egipto. (En idem, 28 de mayo de 1879, tomo LXVIII).<\/p>\n<p>5.&mdash;Un presupuesto portugu&eacute;s. (En idem, 13 de junio de 1879, tomo LXVIII).<\/p>\n<p>6.&mdash;El poder colonial de la Gran Breta&ntilde;a. (En idem, 28 de junio, 13 y 28 de julio, 13 y 28 de agosto y 13 y 28 de setiembre de 1879, tomos del LXVIII al LXX).<\/p>\n<p>7.&mdash;Las colonias francesas, (En idem, 28 de noviembre y 13 y 28 de diciembre de 1680, tomo LXXVII).<\/p>\n<p>8.&mdash;De nuestros vinos y comercio con Inglaterra, (En idem, 13 de diciembre de 1882, tomo LXXXIX).<\/p>\n<p>9.&mdash;Situaci&oacute;n econ&oacute;mica de Francia. (En Revista Contempor&aacute;nea de Madrid, 15 y 30 de diciembre de 1882 y 15 y 30 de enero de 1883).<\/p>\n<p>10.&mdash;Las siete grandes potencias de Europa: Rusia, Reino Unido de la Gran Breta&ntilde;a, Francia, Alemania, Austria-Hungr&iacute;a, Italia, (En la Revista de Espa&ntilde;a, Madrid, 25 de octubre y 10 y 25 de diciembre de 1886 y 10 y 25 de enero y 10 y 25 de febrero del 87, tomos CXIII y CXIV).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/strong><\/p>\n<p>Fernandez de los Rios (A.) y Prieto y Prieto (<a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/m\/\" target=\"_self\" title=\"Seud&oacute;nimo de V&aacute;zquez de Mella (Juan).\" class=\"encyclopedia\">M.<\/a>).&mdash;Don Servando Ruiz Gomez. (En el libro Asamblea constituyente de 1869. Biograf&iacute;as de todos los representantes de la naci&oacute;n, Madrid, 1869).<\/p>\n<p>Lada (C.).&mdash;Biograf&iacute;a, Excmo, Sr, D. Servando Ruiz Gomez. (En Asturias, &oacute;rgano del Centro de Asturianos, Madrid, setiembre de 1895).<\/p>\n<p>Segovia (Angel Maria)&mdash;Una semblanza. (En la obra Figuras y figurones, Madrid, 1880).<\/p>\n<p>Suarez (Constantino).&mdash;Asturianos de anta&ntilde;o: Servando Ruiz Gomez. (En el Diario de la Marina, Habana, 9 de agosto de 1932).<\/p>\n<p>Toreno (Conde de) (Francisco de Borja Queipo de Llano). Contestaci&oacute;n al Discurso de ingreso de Ruiz G&oacute;mez en la Academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas (Madrid, 1886).<\/p>\n<p>Toreno (Conde de) y Campo Grande (Vizconde de). (Placido de Jove y Hevia)&mdash;Necrolog&iacute;a del Excmo. Sr, D, Servando Ruiz G&oacute;mez. (Madrid, 1890; escrita en su mayor parte por el primero y, a su fallecimiento, concluida por el segundo; le&iacute;da por &eacute;ste en las sesiones de junio de 1889 y abril de 1890 de la Academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas).<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":7089,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-3604","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/3604","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7089"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3604"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3604"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}