{"id":3648,"date":"2021-03-26T10:17:02","date_gmt":"2021-03-26T10:17:02","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=3648"},"modified":"2021-12-16T19:02:03","modified_gmt":"2021-12-16T19:02:03","slug":"sanchez-calvo-estanislao","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/sanchez-calvo-estanislao\/","title":{"rendered":"SANCHEZ CALVO (Estanislao)."},"content":{"rendered":"<p>En nuestro estudio biogr&aacute;fico en volumen sobre S&aacute;nchez Calvo hemos escrito: &ldquo;Propone Francisco de la Rochefoucauld que la gloria de los grandes hombres debe medirse por los medios de que se han valido para adquirirla. Admitido este dictado. quien la alcance sin buscarla por ning&uacute;n medio no dar&aacute; lugar a que se la discutan ni menos se la nieguen. Y de don Estanislao S&aacute;nchez Calvo nadie podr&aacute; decir que haya hecho la menor diligencia, el esfuerzo m&aacute;s insignificante, por fabricarse una fama, como nadie se atrever&aacute; a negar, despu&eacute;s de conocidas su vida y su obra, que es muy raqu&iacute;tica la cantidad de gloria que aureola este nombre. Fu&eacute; un potente luminar entre los que derramaron sabidur&iacute;a en la Espa&ntilde;a del siglo XIX. Si brill&oacute; poco, en extensi&oacute;n e intensidad, dependi&oacute; de lo mal situado que estuvo, am&eacute;n de otras circunstancias, as&iacute; externas como &iacute;ntimas, que propendieron &mdash;y no fu&eacute; un caso ins&oacute;lito el suyo, ciertamente&mdash;, a que el sabio viviese y muriese casi desconocido o poco menos. Y, si esto es as&iacute;, el aforismo de La Rochefoucauld sugiere este consideraci&oacute;n, no menos admisible: cuando un grande hombre no alcanza a poseer toda la gloria que merece, &iquest;de qu&eacute; medios nos valdremos para aquilatar la parte pose&iacute;da y darle posesi&oacute;n de la que en justicia le corresponde? Tal es el caso, lamentable, y, lo que es peor, irreparable, de don Estanislao S&aacute;nchez Calvo. Irreparable, asimismo, porque el incontenible transcurso del tiempo se encarga de que, cuando reflorecen al calor del recuerdo las pret&eacute;ritas reputaciones, el reflorecimiento sea cada vez m&aacute;s fugaz, de irradiaci&oacute;n menos fulgurante y deslumbradora, al punto de que de reputaciones verdaderamente universales, no es preciso que transcurran muchos a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte para que s&oacute;lo quede en la memoria de la gente un nombre que suena con cierta sonora vaguedad. Compadezcamos a quienes todo lo supeditan, egol&aacute;tricamente, a esta quim&eacute;rica aspiraci&oacute;n. La Fama, la Gloria, la Inmortalidad, entre mortales, concluyen por no ser nada&hellip; Y para esto, seguramente que el preclaro avilesino; cuyo nombre evocamos ahora, habr&aacute; pensado sabiamente que no val&iacute;a la pena de abandonar su retiro, oscuro y silencioso, pero muy apacible, atra&iacute;do por las vocingler&iacute;as de los fabricantes de reputaciones.<\/p>\n<p>&ldquo;Fu&eacute; S&aacute;nchez Calvo una personalidad doblemente malograda: muere joven a&uacute;n y muere desconocido. No produce todo lo que pudo producir, y la merit&iacute;sima labor que deja no trasciende lo que merece trascender. Vivi&oacute; poco y fu&eacute; sencillo. He aqu&iacute; dos graves, grav&iacute;simos inconvenientes, por los que su nombre no ha sonado con estr&eacute;pito en el clar&iacute;n de la Fama. La consagraci&oacute;n de una personalidad intelectual, en pa&iacute;ses de pobre econom&iacute;a como Espa&ntilde;a, no se alcanza, de ordinario, hasta despu&eacute;s que blanquea el pelo y se ha producido una labor ingente, literaria, cient&iacute;fica o art&iacute;stica. Y esto, si se ha cuidado meticulosamente de aprovechar y buscar cuantas coyunturas advengan a favorecer la ascensi&oacute;n de la pina escalera. Ya puede legar a la posteridad labor portentosa un intelectual que muera joven: el olvido le servir&aacute; de pante&oacute;n. Si, adem&aacute;s, no ha cuidado del reclamo, tanto peor. Y si no respaldaran inn&uacute;meros ejemplos este aserto, nos bastar&iacute;a el de S&aacute;nchez Calvo, una de las m&aacute;s esclarecidas mentalidades del siglo XIX; al que nadie aventaj&oacute; en pensamiento profundo y saber extenso, como fil&oacute;sofo y ling&uacute;ista, y, sin embargo, de menguada nombrad&iacute;a.<\/p>\n<p>&ldquo;Advi&eacute;rtase que no hablamos de popularidad en estas quejas, porque las disciplinas a que S&aacute;nchez Calvo consagr&oacute; sus actividades mentales no son de las asequibles a la comprensi&oacute;n de los p&uacute;blicos extensos. El escribi&oacute; para sabios, para gente pensadora y estudiosa. Al formular esas quejas, nos dirigimos a esta clase de p&uacute;blico, a su p&uacute;blico. Entre el cual sucede tambi&eacute;n que, si se le nombra &mdash;y esto acontece de una manera espor&aacute;dica&mdash;, casi siempre es porque se le ha o&iacute;do nombrar y casi nunca porque se haya bebido cultura en la fuente rica y pr&oacute;diga de sus libros.<\/p>\n<p>&ldquo;Escrib&iacute;a Clar&iacute;n a la muerte de S&aacute;nchez Calvo, su gran amigo, estas condolidas frases: Poco m&aacute;s que nada ha dicho la Prensa espa&ntilde;ola para llamar la atenci&oacute;n del p&uacute;blico hacia la figura interesante y noble de este obrero de la inteligencia que, joven todav&iacute;a, acaba de morir en Avil&eacute;s, su patria. Poco m&aacute;s que nada, efectivamente, se coment&oacute; este luctuoso suceso entre los intelectuales espa&ntilde;oles, su p&uacute;blico. Lo dicho por Clar&iacute;n, un cari&ntilde;oso recuerdo de Mariano de Cavia en el Heraldo de Madrid, y las consiguientes gacetillas necrol&oacute;gicas de la prensa regional, fu&eacute; todo. Y trat&aacute;ndose de este su p&uacute;blico, gente de letras, obligado a enterarse de vidas y hechos ejemplares, no basta como disculpa que S&aacute;nchez Calvo haya vivido recogido en s&iacute; mismo, apartado de alharacas y bullicios, ni tampoco que haya muerto a&uacute;n joven. Porque, en este caso, si por haber muerto joven se le quisiera suponer elegido de los dioses, &iquest;c&oacute;mo nos enteramos de que lo ha sido?&hellip; Lo cierto es que entre mortales de inmortalidad posible, la notoriedad, no suele corresponder a los valimientos, y la fama se distribuye con notoria injusticia&rdquo;.<\/p>\n<p>Sin embargo, es de justicia reconocer que no han faltado algunas plumas reconocedoras de los altos m&eacute;ritos de S&aacute;nchez Calvo. F&eacute;lix de Aramburu los ponderaba con estas palabras: &ldquo;Las notas m&aacute;s salientes de su car&aacute;cter fueron, a mi juicio, dos: la originalidad y la bondad. S&aacute;nchez Calvo era incapaz de hacer mal a nadie y era incapaz de ser vulgar en nada&rdquo;. Y en la l&aacute;pida con que Avil&eacute;s inmortaliz&oacute; su recuerdo. en 1903, en la casa donde S&aacute;nchez Calvo vivi&oacute; y muri&oacute;, el propio Aramburu redact&oacute; esta bella leyenda: &ldquo;Tan culto y sabio como sencillo y bueno&rdquo;. Clar&iacute;n, en otro lugar, reconoce que fu&eacute; &ldquo;pensador profundo de alma angelical&rdquo;. Y tan un&aacute;nime fu&eacute; la apreciaci&oacute;n de su bondad que hasta su adversario pol&iacute;tico, Juli&aacute;n Garc&iacute;a San Miguel asegura que &ldquo;pocos como &eacute;l habr&aacute;n bajado al sepulcro sin un solo enemigo&rdquo;.<\/p>\n<p>Hasta Julio Somoza, tan agrio en la censura como parco en el elogio, tiene para S&aacute;nchez Calvo subidas ponderaciones: &ldquo;Fu&eacute; este preclaro escritor &mdash;dice en Registro asturiano&mdash;, malogrado en lo mejor de su vida, una de las inteligencias m&aacute;s luminosas y profundas de su &eacute;poca&rdquo;. Juicio m&aacute;s concreto es &eacute;ste de Edmundo Gonz&aacute;lez Blanco: &ldquo;S&aacute;nchez Calvo ha sido el &uacute;nico cultivador de la ciencia de las religiones en Espa&ntilde;a durante el pasado siglo&rdquo;.<\/p>\n<p>Y con mayores pormenores escribe Julio Cejador: &ldquo;En Espa&ntilde;a, triste es confesarlo, la Lingii&iacute;stica y la Mitolog&iacute;a son ciencias que hoy no se cultivan. Consol&eacute;monos con que no son las &uacute;nicas que est&aacute;n en este caso. Dign&iacute;sima excepci&oacute;n ha sido el genial, erudito y profundo pensador don Estanislao S&aacute;nchez Calvo&rdquo;. Y refiri&eacute;ndose a los estudios hechos por &eacute;ste de la lengua &eacute;uskara, dice: &ldquo;Con raz&oacute;n acude, pues. a ella nuestro docto asturiano. Este nuevo derrotero abierto a la Historia y a la Mitolog&iacute;a comparada en las primeras l&iacute;neas de su obra (Los nombres de los dioses). bien merec&iacute;a que a su autor se le considerara como un escritor genial, por lo menos, por no decir como al fundador de la Mitolog&iacute;a comparada del porvenir. No es esto s&oacute;lo: &eacute;l ha dado los primeros pasos por el nuevo camino y ha puesto los primeros jalones&rdquo;. Y tan sincero es el elogio de Cejador, que &eacute;l mismo ha basado a&ntilde;os adelante. aunque no lo diga entonces, sobre la teor&iacute;a de S&aacute;nchez Calvo de que el vascuence es una lengua primitiva y originaria, su obra<em> El lenguaje.<\/em><\/p>\n<p>Hasta en los juicios desfavorables que concretamente ha tenido esa obra <em>Los nombres de los dioses<\/em> se envuelven elogios rotundos. Rafael Urbano. probablemente equivocado &eacute;l, dice en una nota marginal de El Diablo: su vida y su poder: &ldquo;la obra de S&aacute;nchez Calvo, atrevida, equivocada, es con todo una obra de m&eacute;rito que honra a la ciencia espa&ntilde;ola&rdquo;.<\/p>\n<p>Otras varias voces se podr&iacute;an traer a este concierto de alabanzas al sabio. En cambio. ninguna, que nosotros conozcamos, en elogio del literato. Tal parece que se le desconoce en este aspecto, lo cual no puede sorprender demasiado, porque su obra de amena literatura no se encuentra en la vida m&aacute;s perdurable y asequible del libro, sino en viejas colecciones de peri&oacute;dicos, sobre todo en la Revista de Asturias, de Oviedo (1878-83), donde hay unas novelitas y unos cuentos suyos que, si no son modelo de estilo &mdash;todo hay que decirlo&mdash;, merecen todav&iacute;a por su enjundia, emoci&oacute;n y originalidad, al cabo de m&aacute;s de medio siglo, la divulgaci&oacute;n y el conocimiento que s&oacute;lo tuvieron en el momento de publicados en ef&iacute;meras p&aacute;ginas de peri&oacute;dicos.<\/p>\n<p>Hay por &uacute;ltimo otro aspecto de la vida de S&aacute;nchez Calvo, el que resultaba del admirable consorcio de su intelecto y su car&aacute;cter como hombre de gran agudeza de ingenio en la conversaci&oacute;n, y que s&oacute;lo han conocido los que le han tratado personalmente. Al recordar al sabio, Juan Ochoa se refiere a ello, y escribe: &ldquo;No ofrece inter&eacute;s alguno la biograf&iacute;a externa de este, ilustre escritor asturiano. Fu&eacute; un hombre dedicado siempre al estudio y sin m&aacute;s ambici&oacute;n que la de poseer algunas verdades. Lo interesante ser&iacute;a conocer la historia de su pensamiento, la manera, siempre original, que ten&iacute;a S&aacute;nchez Calvo de ver todas las cuestiones. De esta originalidad de su saber, muestras bien elocuentes quedan en los libros que ha publicado: pero de aquella inteligencia siempre en actividad, de aquellas paradojas llenas de ingenio con que el escritor salpimentaba su conversaci&oacute;n amen&iacute;sima, de sus juicios geniales, de sus frases y ocurrencias, quedar&aacute; muy poco&rdquo;.<\/p>\n<p>Estanislao S&aacute;nchez Calvo naci&oacute; en Avil&eacute;s el 6 de mayo de 1842 en hogar acomodado, hijo de don Jos&eacute; S&aacute;nchez Calvo y Quince de Barrosa y do&ntilde;a Efigenia Ochoa y S&aacute;nchez Calvo.<\/p>\n<p>Hu&eacute;rfano de padre en la infancia, se acoge con la madre al abrigo del abuelo materno, el escribano Ram&oacute;n Ochoa, y estudia en la villa de nacimiento bajo la vigilancia de &eacute;ste la instrucci&oacute;n primaria y preparatoria de la segunda ense&ntilde;anza. Al cursar &eacute;sta se traslada con la madre a Oviedo en 1852 y en la Facultad de Filosof&iacute;a de la Universidad comienza el bachillerato, estudios que contin&uacute;a en el Instituto, al crearse &eacute;ste &laquo;dos a&ntilde;os despu&eacute;s, y en el que obtiene el grado y t&iacute;tulo de bachiller en Filosof&iacute;a el 25 de junio de 1858. Se decide su vocaci&oacute;n por la carrera de Leyes y en la correspondiente Facultad universitaria cursa esos estudios brillantemente y recibe el grado de la licenciatura en Derecho civil y can&oacute;nico el 26 de junio de 1864. con calificaci&oacute;n de sobresaliente. No es exacto, como hemos dicho en otros lugares por estar peor documentados que al presente, que se haya doctorado en 1865. El grado de doctor lo alcanz&oacute; algunos a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando la Universidad de Oviedo estaba facultada para conferirlo, y se le confiri&oacute; el 1 de marzo de 1873.<\/p>\n<p>Durante los nueve a&ntilde;os que median entre su licenciatura y el doctorado y muy poco tiempo despu&eacute;s tiene precisamente desarrollo lo poco que de biograf&iacute;a exterior, como dice Ochoa, hay en esta vida de escaso dinamismo. Entonces fu&eacute; profesor auxiliar en las c&aacute;tedras de Hacienda p&uacute;blica y Econom&iacute;a pol&iacute;tica regentadas por Piernas Hurtado en la Universidad, inclinado por entonces al estudio profundo de esas ciencias; abri&oacute; en Oviedo bufete de abogado, sin ninguna vocaci&oacute;n profesional y menos para soportar las marruller&iacute;as aldeanas de sus probables clientes, por lo que, en vista de que apenas sacaba para pagar la contribuci&oacute;n, dej&oacute; pronto las actividades abogaciles; militante, aunque bastante pasivamente, en la pol&iacute;tica republicana, durante el per&iacute;odo revolucionario desde la ca&iacute;da de Isabel II en setiembre de 1868 hasta la proclamaci&oacute;n de la primera Rep&uacute;blica en febrero del 73, fu&eacute; alcalde de Oviedo y diputado provincial suplente, sin dejar rastro duradero de tales actividades; despu&eacute;s de instaurado el r&eacute;gimen republicano, ya doctorado, se traslad&oacute; a Madrid, donde sirvi&oacute; al ministro de Hacienda, su cu&ntilde;ado Manuel Pedregal y Ca&ntilde;edo como secretario particular y fu&eacute; posteriormente oficial letrado en el mismo Ministerio. Por cierto que de su ardor pol&iacute;tico dar&aacute; idea la siguiente an&eacute;cdota: una ma&ntilde;ana, la camarera de la fonda donde se hospedaba. al entrar en su alcoba para anunciarle la aproximaci&oacute;n de la hora en que ten&iacute;a que acudir a su puesto del Ministerio de Hacienda, le dijo: &mdash;Don Estanislao, &iquest;no sabe la noticia? Que cay&oacute; la Rep&uacute;blica&mdash;. Se desperez&oacute; S&aacute;nchez Calvo y, sin asombros ni lamentos ante la noticia que derrumbaba sus ideales pol&iacute;ticos y le anticipaba la cesant&iacute;a, contest&oacute;: &mdash;Bueno. Entonces podr&eacute; dormir la ma&ntilde;ana&mdash;. Y di&oacute; media vuelta en la cama para buscar el sue&ntilde;o del otro lado.<\/p>\n<p>Todas las actividades que significaran esfuerzo y m&aacute;s las que supusieran lucha estaban re&ntilde;idas con su idiosincrasia, y como su desenvolvimiento econ&oacute;mico, adem&aacute;s, le consent&iacute;a dar rienda libre a su deseo, el resultado era que por todos los cargos y puestos iba de paso. Para todo fu&eacute; indolente menos para la actividad &iacute;ntima, la espiritual; lo ajeno a sus pensamientos era absolutamente ajeno a sus anhelos.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s de favorecerle en este sentido su holgada posici&oacute;n econ&oacute;mica, seguramente le inclinaba tambi&eacute;n a ello, por retraimiento, un defecto f&iacute;sico que padec&iacute;a: una acentuada sordera. Pero probablemente, dado su modo de ser, no consider&oacute; esto como una desgracia. Por lo menos, al anunciarle su amigo Armando Palacio Vald&eacute;s en cierta ocasi&oacute;n que un especialista de Madrid le curar&iacute;a la sordera por dos mil pesetas, S&aacute;nchez Calvo le replic&oacute; asombrado: &ldquo;&iexcl;Dos mil pesetas no vale lo que me queda por o&iacute;r en toda mi vida!&rdquo;<\/p>\n<p>Cuando S&aacute;nchez Calvo acab&oacute; los estudios oficiales fu&eacute; para continuar siendo, libremente, un estudiante a perpetuidad. En lo &uacute;nico en que pon&iacute;a toda su alma era en un af&aacute;n acuciante de saber. Los estudios de materias pr&aacute;cticas y &uacute;tiles que le dominaron al principio, los abandon&oacute; Casi por completo pronto para enfrascarse en abstrusas especulaciones de nula productividad. Un libro de abstracta ciencia y una pluma a la mano para hacer anotaci&oacute;n de las sugerencias, en un rinc&oacute;n apacible, colmaban sus anhelos de felicidad. Como dice Clar&iacute;n, &ldquo;encontraba en los problemas teol&oacute;gicos y &eacute;ticos los negocios m&aacute;s importantes del mundo&rdquo;. La captaci&oacute;n de alguna verdad hundida en los arcanos de la Naturaleza y s&oacute;lo por el gusto de la posesi&oacute;n, fu&eacute; su m&aacute;ximo ideal de vida.<\/p>\n<p>Tales afanes tomaron como rumbo dos caminos convergentes en las m&aacute;s remotas posibilidades: el conocimiento profundo y meditado de Humanidades y Lenguas. &ldquo;Tuvo trato &iacute;ntimo &mdash;hemos dicho en otro lugar con todas las doctrinas religiosas y todas las escuelas filos&oacute;ficas. En cuanto a conocimientos lingi&iacute;sticos, estaba en posesi&oacute;n de casi todos los idiomas literarios europeos; dominaba con profundidad las lenguas sabias latina y griega y, poco menos, hebreo y s&aacute;nscrito. Entre otros idiomas de que se val&iacute;a en sus estudios con suficiente autoridad, estaban el caldeo, el copto, el armenio, el sirio y algunos de los hablados por los indios americanos. Acaso fu&eacute; el primer pol&iacute;glota espa&ntilde;ol de su siglo&rdquo;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de su regreso de Madrid, ya ca&iacute;da la Rep&uacute;blica que le cont&oacute; entre sus funcionarios, S&aacute;nchez Calvo se entreg&oacute; todav&iacute;a con mayor ah&iacute;nco a sus estudios y especulaciones, Fu&eacute; por estos a&ntilde;os cuando sus conocimientos ling&uuml;&iacute;sticos y filos&oacute;ficos adquirieron la extensi&oacute;n y hondura de la sabidur&iacute;a.<\/p>\n<p>Desconocemos cu&aacute;ndo comenz&oacute; S&aacute;nchez Calvo a exteriorizar como escritor los frutos de su ingenio y especulaci&oacute;n mental. Dado su car&aacute;cter, probablemente no mostr&oacute; prisas en esto como en nada. Lo m&aacute;s antiguo que conocemos como fruto de su pluma no va m&aacute;s all&aacute; del a&ntilde;o 1878, cuando contaba treinta y seis a&ntilde;os de edad. Pero seguramente se di&oacute; a conocer antes como escritor. Sus colaboraciones period&iacute;sticas, nunca prodigadas, se esparcieron por publicaciones asturianas como El Comercio, de Gij&oacute;n. y El Constituyente, La Libertad y acaso otros peri&oacute;dicos democr&aacute;ticos de Oviedo, y los diarios madrile&ntilde;os El D&iacute;a y La Justicia y la Revista de Espa&ntilde;a. Desde luego, la publicaci&oacute;n que recogi&oacute; gran parte de sus mejores trabajos breves y acaso su producci&oacute;n &uacute;nica de literato, como novelista y cuentista, fu&eacute; la Revista de Asturias, dirigida en Oviedo en su segunda &eacute;poca por F&eacute;lix de Aramburu, desde 1878 al 83. Emple&oacute; alguna vez los seud&oacute;nimos de Le&oacute;n Calvo y Hans Czolvaec.<\/p>\n<p>En 1884 S&aacute;nchez Calvo publica la obra <em>Los nombres de los dioses.<\/em> &ldquo;Es una de las obras &mdash;hemos comentado en otro lugar&mdash; de m&aacute;s audaz especulaci&oacute;n lingii&iacute;stica que se hayan escrito dentro y fuera de Espa&ntilde;a. No se detiene en ella, como otros tratadistas, en m&aacute;s o menos profundos estudios de filosof&iacute;a comparada. El fil&oacute;sofo original va por los senderos de las m&aacute;s antiguas y remotas lenguas y a trav&eacute;s de las selvas intrincadas de las mitolog&iacute;as primitivas, a la busca de un posible idioma subsistente o desaparecido, originario de todos los dem&aacute;s. Y llega en su incursi&oacute;n a la cuna de la Humanidad, afanoso de descubrir los primeros balbuceos del primitivo lenguaje articulado. El hombre, seg&uacute;n &eacute;l, ha empezado por expresar algunas onomatopeyas o copias fon&eacute;ticas de sonidos naturales, como el ruido del trueno, el glogloteo del agua, el rugir de las fieras, el piar de los p&aacute;jaros. y llega a la afirmaci&oacute;n categ&oacute;rica de que el sonido ber, onomatopeya que &eacute;l supone tomada del hervor del agua &mdash;y abundante como ra&iacute;z idiom&aacute;tica en el &eacute;uskaro&mdash;, es una de sus iniciaciones del lenguaje humano. Los nombres de los dioses es obra que supone un caudal inmenso de sabidur&iacute;a y erudici&oacute;n; &ldquo;Clar&iacute;n&rdquo; dec&iacute;a de ella: &ldquo;En Espa&ntilde;a se habl&oacute; muy poco de Los nombres de los dioses, no se vendieron muchos ejemplares. &iquest;Qui&eacute;n hab&iacute;a de juzgar? &iquest;Qui&eacute;n hab&iacute;a de leer?&rdquo; Sin embargo, el libro encontr&oacute; fervientes panegiristas espa&ntilde;oles. Y algunos sabios extranjeros tuvieron para &eacute;l los m&aacute;s c&aacute;lidos encomios. &ldquo;Entre &eacute;stos figuran el sabio investigador ingl&eacute;s Max Muller y el gran orientalista vien&eacute;s Augusto Thomas, que tradujo la obra al alem&aacute;n, si bien desconocemos si lleg&oacute; a publicarla.<\/p>\n<p>Coincidente con la publicaci&oacute;n de esta obra, S&aacute;nchez Calvo, ya hombre de cuarenta y dos a&ntilde;os (1884), contrajo matrimonio en Oviedo con do&ntilde;a Asunci&oacute;n Fern&aacute;ndez Cuesta y Vigil. Se traslada entonces a la villa de nacimiento, como si buscara en Avil&eacute;s mayor apacibilidad y aislamiento para sus estudios que los disfrutados en el medio m&aacute;s populoso de Oviedo. La fuerza atractiva de su hogar venturoso le a&iacute;sla m&aacute;s todav&iacute;a del mundo, muy a su placer. Desde entonces es mayor a&uacute;n su recogimiento. La d&eacute;cada a que se alarga posteriormente su vida carece casi en absoluto de movilidad, reducida a alg&uacute;n viaje r&aacute;pido a Madrid y uno a Par&iacute;s con motivo de la Exposici&oacute;n Universal de 1889. Otro hecho solamente le recuerda como de haber ocupado espacio entre los vivos: haber sido postulado por entonces como diputado a Cortes por el distrito de Avil&eacute;s, en unas elecciones aprovechadas por el partido republicano para recuento de votos en Espa&ntilde;a. S&aacute;nchez Calvo, tan estimado y admirado por todos los avilesinos, s&oacute;lo cont&oacute; con veinticuatro que estuvieran dispuestos a darle su voto. Es posible que el suceso le haya servido para hilar algunas agudezas en sus comentarios con los amigos, puesto que no le habr&aacute; dado mayor importancia. Poco despu&eacute;s de establecido en Avil&eacute;s tuvo lugar un peque&ntilde;o episodio que encierra, sin embargo, mucha importancia para llegar al conocimiento de su eximia personalidad. Lo hemos comentado en el aludido estudio biogr&aacute;fico de este modo: &ldquo;De las lenguas turanianas, la que dominaba perfectamente era la &eacute;uskara. A tal punto resultaban profundos sus conocimientos sobre el vascuence que, habiendo enviado a El Noticiero Bilba&iacute;no un documentad&iacute;simo trabajo intitulado El &eacute;uskaro, sobre la morfolog&iacute;a de tan extra&ntilde;o idioma, no s&oacute;lo fu&eacute; acogido con entusiasmo por ese diario y publicado con gran preferencia (octubre de 1885), sino que por haber asombrado y desconcertado a los doctos en esa materia, &eacute;stos asediaron al director del peri&oacute;dico, inquiriendo qui&eacute;n era el autor de tan admirable estudio. Ignor&aacute;ndolo asimismo el propio director, pues el trabajo hab&iacute;a llegado a &eacute;l por correo, public&oacute; una gacetilla donde confesaba ser el primero en desconocer quien fuera el autor; pero que, dados los profundos y s&oacute;lidos conocimientos que luc&iacute;a sobre tan intrincada cuesti&oacute;n cient&iacute;fica, &eacute;l opinaba que S&aacute;nchez Calvo ser&iacute;a, indudablemente, &ldquo;modesto pseud&oacute;nimo&rdquo; con que se ocultar&iacute;a una suprema autoridad en estudios vasc&oacute;filos. Hasta que don Galo Garc&iacute;a Vaquero, a la saz&oacute;n delegado de Aduanas en Bilbao. que hab&iacute;a sido vista en la de Avil&eacute;s, aclar&oacute; el aparente misterio en carta al director de El Noticiero Bilba&iacute;no, publicada el d&iacute;a 19 del mes y a&ntilde;o citados. &iexcl;El sabio vasc&oacute;filo no era otro que el eximio avilesino!&rdquo; . Tanto porque las materias a que dedic&oacute; S&aacute;nchez Calvo sus estudios preferentes no admiten la fecundidad, como porque lo fecundo era cualidad re&ntilde;ida con su car&aacute;cter y la muerte prematura le impidi&oacute; dejar fruto copioso, su producci&oacute;n principal se reduce a dos libros. El otro, apareci&oacute; cinco a&ntilde;os despu&eacute;s (1889) y lleva el t&iacute;tulo de Filosof&iacute;a de lo maravilloso positivo. Al salir al p&uacute;blico, escrib&iacute;a Clar&iacute;n: &ldquo;Los dos trabajos citados van a dar a Dios, uno por el camino de la Filolog&iacute;a y otro por &eacute;l de la Filosof&iacute;a de lo que hoy se llama por antonomasia la ciencia&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;Siendo el de S&aacute;nchez Calvo &mdash;copiamos palabras nuestras&mdash; un esp&iacute;ritu inquietado por los insolubles problemas que la Naturaleza plantea en la vida del hombre, no pod&iacute;a menos de ocurrir lo que Clar&iacute;n observa y anota muy atinadamente&hellip; <em>Filosof&iacute;a de lo maravilloso positivo<\/em> es un libro de la m&aacute;s alta y m&aacute;s honda especulaci&oacute;n cient&iacute;fica. Cierto que es, a la vez, la obra de un esp&iacute;ritu asediado por las m&aacute;s inquietantes preocupaciones m&iacute;stico-religiosas. El problema que plantea y quiere resolver ya es por s&iacute; mismo de una gran fuerza sugerente. Tratase de aceptar, dentro de una realidad cient&iacute;fica en las lindes de la intuici&oacute;n humana, los fen&oacute;menos que, por inexplicables, nos parecen maravillosos, para someterlos a leyes de la Naturaleza ya conocidas cient&iacute;ficamente o que la ciencia pueda formular alg&uacute;n d&iacute;a, Don Nemesio Fern&aacute;ndez Cuesta dijo de esta obra: &ldquo;El libro del se&ntilde;or S&aacute;nchez Calvo es dign&iacute;simo de ser le&iacute;do por todos los que piensan en los problemas importantes que la ciencia hasta ahora no ha podido resolver: &iquest;Que somos? &iquest;De d&oacute;nde venimos? &iquest;A d&oacute;nde vamos?&rdquo; Pero es libro, a la vez, a&ntilde;adimos nosotros, que tiene tanto de obra de estudio y consulta como de mero entretenimiento culto, y en ambos aspectos alcanza el m&eacute;rito de que se le recuerde siempre como uno de esos pocos libros que dejan indeleble huella en el esp&iacute;ritu del lector, entre los innumerables de m&aacute;s fama y de los que no se conserva luego ning&uacute;n sedimento intelectual. Es de una amenidad y un inter&eacute;s sugestionantes. Se estudian en &eacute;l las relaciones de lo maravilloso con la Ciencia, la Filosof&iacute;a, la Religi&oacute;n y los estados anormales del organismo humano. Es libro de optimismo y esperanza, lo cual se delata en la p&aacute;gina 6 de la Introducci&oacute;n, donde S&aacute;nchez Calvo promete: &ldquo;D&iacute;a llegar&aacute;, as&iacute; lo esperamos, en que una Ciencia m&aacute;s universal y una Teolog&iacute;a menos dogm&aacute;tica ofrezcan, puestas de acuerdo, al mundo una arm&oacute;nica s&iacute;ntesis, en la cual los inevitables misterios dejen de ser absurdos y los hechos maravillosos, incre&iacute;bles&rdquo;. Claramente se ve correr el pensamiento de S&aacute;nchez Calvo, bajo estos conceptos, a anegarse en la Teosof&iacute;a. Las cuestiones ultratel&uacute;ricas le embargan poderosa y crecientemente la atenci&oacute;n. Afronta estos problemas con una serenidad pasmosa y, si no los resuelve, por lo menos los plantea con visi&oacute;n original y certera.<\/p>\n<p>De que esto es as&iacute;, no es prueba despreciable que Rafael Urbano haya tomado el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la<em> Filosof&iacute;a de lo maravilloso positivo<\/em> para uno de los ap&eacute;ndices del libro<em> La Telepat&iacute;a<\/em>, de <a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/w\/\" target=\"_self\" title=\"&nbsp; Seud&oacute;nimo de Gonz&aacute;lez Wes (Manuel).\" class=\"encyclopedia\">W.<\/a> Fowler Shell, por &eacute;l traducido y comentado, A la cabeza de este cap&iacute;tulo el se&ntilde;or Urbano escribi&oacute;: &ldquo;La Metaps&iacute;quica tiene en Espa&ntilde;a sus precursores, y ocupa entre ellos un puesto preeminente Estanislao S&aacute;nchez Calvo, por su obra Filosof&iacute;a de lo maravilloso positivo, Madrid. 1889, de la cual ofrecemos este cap&iacute;tulo como expresi&oacute;n de la filosof&iacute;a espa&ntilde;ola en estos problemas&rdquo;.<\/p>\n<p>Continuaci&oacute;n de esa tendencia filos&oacute;fica de S&aacute;nchez Calvo era una obra que dej&oacute; in&eacute;dita bajo el t&iacute;tulo de <em>La elecci&oacute;n de fe en el mundo moderno<\/em> y acaso iba a seguir esa orientaci&oacute;n otra que dej&oacute; apenas comenzada con el t&iacute;tulo de <em>La vida de Jes&uacute;s.<\/em><\/p>\n<p>Se apag&oacute; esta vida silenciosa, v&iacute;ctima de un ataque de uremia en pleno vigor f&iacute;sico e intelectual, a los cincuenta y tres a&ntilde;os de edad, el d&iacute;a 22 de mayo (y no el 20 de marzo como se anota en el breve apunte biogr&aacute;fico de la Enciclopedia Espasa) del a&ntilde;o 1895.<\/p>\n<p>&ldquo;En los &uacute;ltimos a&ntilde;os &mdash;dice Juan Ochoa&mdash;, una de las preocupaciones m&aacute;s aferradas a su esp&iacute;ritu era la desigualdad de clases; y cuando algunas horas antes de morir, le propusieron otorgar testamento, contest&oacute;: Si; es preciso dejar algo a las criadas. Al ver la aflicci&oacute;n de su familia, dijo &eacute;stas, que fueron sus palabras &uacute;ltimas: No os disgust&eacute;is, que m&aacute;s podr&eacute; serviros desde all&aacute; que desde aqu&iacute;. Y as&iacute; se extingui&oacute; para siempre una de las inteligencias m&aacute;s esclarecidas de nuestra patria&rdquo;.<\/p>\n<p>Aunque el nombre de S&aacute;nchez Calvo no alcanz&oacute; resonancias nacionales y la posteridad le desconoce o ha olvidado, Avil&eacute;s, su cuna, ha sabido tenerle presente como a uno de sus hijos m&aacute;s ilustres, en las horas de los homenajes. Lleva su nombre una de las calles por acuerdo del Ayuntamiento del 5 de mayo de 1897, con que se quiso conmemorar el segundo aniversario de la muerte del fil&oacute;sofo. Seis a&ntilde;os despu&eacute;s, el 31 de agosto de 1903, fu&eacute; descubierta una l&aacute;pida de m&aacute;rmol y bronce con el busto del preclaro avilesino en relieve, en la casa donde falleci&oacute;.<\/p>\n<p>Y &uacute;ltimamente, en el verano de 1927, en un certamen literario celebrado en esa villa se estableci&oacute; un premio para un estudio biogr&aacute;fico-cr&iacute;tico, que gan&oacute; el autor de las presentes l&iacute;neas,<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen:<\/strong><\/p>\n<p>I.&mdash;Los nombres de los dioses. (Madrid. 1884; un tomo en 4.&rdquo;; estudio lingi&iacute;stico).<\/p>\n<p>II.&mdash;Filosof&iacute;a de lo maravilloso positivo. (Madrid, 1889: un tomo en 4.&rdquo;).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Trabajos sin formar volumen:<\/strong><\/p>\n<p>1.&mdash;El &eacute;uskaro y sus vestigios en Asturias. (En la Revista de Asturias, Oviedo, marzo de 1878).<\/p>\n<p>2.&mdash;Ense&ntilde;anzas de un libro nuevo: &ldquo;Estudios sobre el engrandecimiento y la decadencia de Espa&ntilde;a&rdquo;, de Pedregal y Ca&ntilde;edo. (En idem, 1878, n&uacute;meros 18, 20 y 21).<\/p>\n<p>3.&mdash;La idea del Derecho en la guerra, (En idem, 1878, n&uacute;meros 28 y 29).<\/p>\n<p>4.&mdash;Recuerdos de un viaje desgraciado. (En idem, 1878; n&uacute;meros 40 y 41, recuerdos de un viaje a Portugal en 1868).<\/p>\n<p>5.&mdash;El castillo de Picos Pardos. (En idem, 1879, n&uacute;meros 8, 9 y 10; novela corta con el anagrama de Hans Czolvaec).<\/p>\n<p>6.&mdash;Un m&eacute;dico espa&ntilde;ol del siglo XVI: Observaciones a la ciencia moderna motivadas por un libro antiguo. (En idem, 1879, n&uacute;meros 14 al 17, 20, 24 y 25. y 1880, n&uacute;meros 4. 5, 9 y 16).<\/p>\n<p>7.&mdash;Mariflor y Josefin. (En &iacute;dem, diciembre del 79 y enero del 80; novela corta).<\/p>\n<p>8.&mdash;Prehistoria y origen de la civilizaci&oacute;n. (En idem, 1880, n&uacute;meros 13 y 14).<\/p>\n<p>9.&mdash;La Lingi&iacute;stica y el discurso del se&ntilde;or Moreno Nieto en el Ateneo de Madrid. (En idem, 1880, n&uacute;meros 22 y 24).<\/p>\n<p>10.&mdash;La estrella de un punto. (En &iacute;dem, 1881, n&uacute;meros 1 y 2: cuento con el anagrama de Hans Czolvaec).<\/p>\n<p>11.&mdash;La Nochebuena de Perant&oacute;n, o Los tres Reyes. (En idem. 1881, n&uacute;meros 24 y 25: cuento reproducido en el libro Cuentistas asturianos del autor de la presente obra, Madrid. 1930).<\/p>\n<p>12.&mdash;Bosquejo de la civilizaci&oacute;n asturiana en la Edad Media. (En idem, 1882, n&uacute;meros 6 y 7).<\/p>\n<p>13.&mdash;Estudios y noticias de libros viejos. (En idem. 1882, n&uacute;meros 15, 18 y 22).<\/p>\n<p>14.&mdash;Las visiones del maestro Mart&iacute;nez. (En idem, 1882, n&uacute;mero 24: cuento).<\/p>\n<p>15.&mdash;La sugesti&oacute;n y sus aplicaciones en la Terap&eacute;utica. (En idem, 1886, tomo 1).<\/p>\n<p>16.&mdash;Perspectivas republicanas. (En &iacute;dem, 1887, tomo 1, con el seud&oacute;nimo de La&iacute;n Calvo).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Obras in&eacute;ditas:<\/strong><\/p>\n<p>&mdash;_La elecci&oacute;n de fe en el mundo moderno. (MS. en poder de sus herederos).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/strong><\/p>\n<p>An&oacute;nimo.&mdash;Una necrolog&iacute;a. (En El Carbay&oacute;n, Oviedo, 24 de mayo de 1895).<\/p>\n<p>Cejador (Julio).&mdash;El mit&oacute;grafo don Estanislao S&aacute;nchez Calvo. (En el libro Cabos sueltos, Madrid, 1907).<\/p>\n<p>Clar&iacute;n.&mdash;Una necrolog&iacute;a. (En la Revista de Derecho y Sociolog&iacute;a, Madrid, junio de 1895).<\/p>\n<p>D&iacute;az P&eacute;rez (Viriato).&mdash;Un juicio cr&iacute;tico. (En la revista Sophia, Madrid, 1905).<\/p>\n<p>Idem.&mdash;Un estudio. (En Nosotros, Buenos Aires, 1917).<\/p>\n<p>Fern&aacute;ndez Cuesta (Nemesio) .&mdash;Apuntaciones cr&iacute;ticas. (En el Anuario hist&oacute;rico-cr&iacute;tico, Madrid, 1891).<\/p>\n<p>Gonz&aacute;lez Blanco (Edmundo).&mdash;Un estudio. (En Nuestro Tiempo, Madrid, octubre de 1903).<\/p>\n<p>Ochoa (Juan).&mdash;S&aacute;nchez Calvo. (En la Revista Cr&iacute;tica de Historia y Literatura, Madrid, 1895).<\/p>\n<p>Palomero (A ntonio).&mdash;Un paneg&iacute;rico. (En El Liberal, Madrid, 7 de setiembre de 1903).<\/p>\n<p>Posada (Adolfo).&mdash;Un estudio. (En El Noroeste, Gij&oacute;n, 27 de agosto de 1912).<\/p>\n<p>Idem.&mdash;Un bosquejo biogr&aacute;fico-cr&iacute;tico. (En La Naci&oacute;n, Buenos Aires, 18 de octubre de 1925).<\/p>\n<p>Su&aacute;rez (Constantino).&mdash;E. S&aacute;nchez Calvo. Apuntaciones biogr&aacute;ficas. (Madrid, 1930; estudio premiado en el certamen literario celebrado en Avil&eacute;s en el verano de 1927).<\/p>\n<p>Idem.&mdash;Una semblanza. (En el libro Cuentistas asturianos, Madrid, 1930).<\/p>\n<p>Idem.&mdash;Asturianos de anta&ntilde;o: Estanislao S&aacute;nchez Calvo. (En el Diario de la Marina, Habana, 16 de febrero de 1932).<\/p>\n<p>Varios autores (Aramburu, Marcos del Torniello, Orb&oacute;n y otros): Art&iacute;culos y poes&iacute;as. (N&uacute;mero &uacute;nico de la revista S&aacute;nchez Calvo, Avil&eacute;s, agosto de 1903; publicada con motivo del descubrimiento de una l&aacute;pida).<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":6806,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-3648","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/3648","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6806"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3648"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3648"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}