{"id":3916,"date":"2021-04-02T15:18:26","date_gmt":"2021-04-02T15:18:26","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=3916"},"modified":"2021-12-15T10:34:55","modified_gmt":"2021-12-15T10:34:55","slug":"valdes-salas-fernando-de","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/valdes-salas-fernando-de\/","title":{"rendered":"VALDES SALAS (Fernando de)"},"content":{"rendered":"<p align=\"left\">Una de las m&aacute;s conspicuas personalidades espa&ntilde;olas de los reinados de Carlos I y Felipe II. En lo eclesi&aacute;stico y en lo civil lleg&oacute; a los puestos m&aacute;s eminentes del Estado. Un&iacute;a a un saber extenso, claro talento. Fu&eacute; un gran benefactor. Para los asturianos representa una de sus m&aacute;s leg&iacute;timas glorias, por haber sido el fundador de la Universidad de Oviedo, Y por lo mismo, &laquo;quien arranc&oacute; la lepra de la ignorancia a la m&iacute;sera gente asturiana&raquo;, como dice Canella y Secades. Pero esta medalla de anverso bello y simp&aacute;tico tiene su reverso agrio y repelente: aparte de algunos lunares que afean su conducta, Fernando Vald&eacute;s fu&eacute; un inquisidor general que llev&oacute; a la hoguera muchas vidas, al punto de que se le calificara de tost&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Los que s&oacute;lo contemplan la faz amable de ella, como creador de centros ben&eacute;ficos y de ense&ntilde;anza y otras obras de filantrop&iacute;a y algunos acertados hechos de gobernante, pueden expresarse como lo hace el marqu&eacute;s de Alventos, que le califica de &laquo;var&oacute;n, por cierto, merecedor de fama inmortal, honra de Espa&ntilde;a y bienhechor de toda nuestra naci&oacute;n. Su vida es digna de eterna alabanza y sus acciones le conservar&aacute;n en la memoria de los hombres&raquo;. Pero m&aacute;s acertados est&aacute;n los que justifican a Fernando de Vald&eacute;s como un producto de su tiempo; Sen&eacute;n Alvarez de la Rivera le enjuicia as&iacute;: &laquo;Cualquiera que haya sido la actuaci&oacute;n de don Fernando de Vald&eacute;s como inquisidor general de Espa&ntilde;a, hoy se reconoce que este eminente var&oacute;n asturiano no hizo sino cumplir con sus deberes de defensor del sistema social y pol&iacute;tico imperante. Si no se le puede alabar como esp&iacute;ritu superior a su &eacute;poca, debe reconocerse que encarn&oacute; en el desempe&ntilde;o de su cargo el modo de pensar de toda una naci&oacute;n. Por muy crueles que hayan sido los tormentos del Santo Oficio, por muy absurdos que hoy se juzguen los fundamentos de la odiada<\/p>\n<p align=\"left\">instituci&oacute;n, por m&aacute;s opresor que se estime el imperio del famoso Tribunal durante tantos siglos, hay un hecho que no puede negarse: Espa&ntilde;a, desde fines de la decimoquinta centuria hasta que empez&oacute; a operarse en ella la transformaci&oacute;n debida a los nuevos ideales. Voluntariamente , el Tribunal del Santo Oficio. Y decimos voluntariamente, porque jam&aacute;s r&eacute;gimen alguno ha logrado vivir siquiera un corto espacio de tiempo, sin contar con la opini&oacute;n de la gran mayor&iacute;a de los hombres sobre quienes impera, y la Inquisici&oacute;n se mantuvo cuatrocientos a&ntilde;os&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Toda discusi&oacute;n sobre los valores positivos del arzobispo e inquisidor general Vald&eacute;s tendr&aacute; que llegar forzosamente a la conclusi&oacute;n formulada por Jos&eacute; Caveda y Nava. &laquo;Es uno de aquellos hombres ilustres -dice- por sus talentos y consideraciones, por su car&aacute;cter y los altos destinos que ha obtenido, que m&aacute;s reputaci&oacute;n han alcanzado en el reinado de Felipe II, pero que habiendo pagado un triste tributo a las preocupaciones y fanatismo religioso de su siglo y a la pol&iacute;tica dominante en la Corte, deja a la par de las bellas acciones que le realzan, la funesta memoria de otras que la filosof&iacute;a y la humanidad reprueben hoy con tanto horror como entonces les aplaud&iacute;an una ciega tolerancia y una opini&oacute;n equivocada del verdadero esp&iacute;ritu del Cristianismo&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Fernando de Vald&eacute;s naci&oacute; en la villa de Salas en el a&ntilde;o 1483. Fueron sus padres don Juan Fern&aacute;ndez de Vald&eacute;s y do&ntilde;a Menc&iacute;a de Vald&eacute;s, se&ntilde;ora de Salas, descendientes ambos de familias nobles, pero de &ldquo;moderados bienes&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Despu&eacute;s de cursados estudios de Latinidad y Humanidades, ya adolescente se traslad&oacute; a Salamanca, donde prosigui&oacute; la carrera eclesi&aacute;stica. A&ntilde;os adelante alcanz&oacute; por m&eacute;ritos una beca e n el Colegio Mayor de San Bartolome de esta misma ciudad, que ocup&oacute; el 12 de junio de 1512 . Se supone y discute que haya sido colegial del Colegio de San Ildefonso de Alcal&aacute;, de cuyas Constituciones se dice que fu&eacute; colaborador. Pero de ser cierto &ndash; y acaso lo sea, si se le deduce la edad de veintinueve a&ntilde;os a que ingres&oacute; en el de San Bartolom&eacute; -, ocurri&oacute; esto con anterioridad como supone el marqu&eacute;s de Alventos, puesto que dichas Constituciones fueron escritas con fecha de 22 d e enero de 1510. De aquel Colegio de San Bartolome. fue elevado a rector el 9 de febrero de 1515. Por entonces tuvo a su cargo adem&aacute;s una c&aacute;tedra en la Facultad de C&aacute;nones de la Universidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero su brillant&iacute;sima carrera se puede decir que no comienza hasta que el cardenal Cisneros, entonces arzobispo de Toledo, le lleva consigo en calidad de consejero, puesto que luego contin&uacute;a desempe&ntilde;ando con el cardenal Croy. Desde entonces ya no hubo obst&aacute;culos para &eacute;l en la marcha ascensional hasta las m&aacute;s altas cimas de la Iglesia y del Estado. Fue can&oacute;nigo en la Colegiata de Alcal&aacute; de Henares, de donde pas&oacute; con dignidad de de&aacute;n al obispado de Oviedo. Despu&eacute;s desempe&ntilde;&oacute; los cargos de visitador de la Inquisici&oacute;n en Cuenca y miembro del Consejo de Navarra, destino este en el que consolid&oacute; su reputaci&oacute;n de hombre de claro entendimiento y cualidades de gobernante, sobre todo en la redacci&oacute;n de unas Ordenanzas que merecieron grandes pl&aacute;cemes de las personas doctas.<\/p>\n<p align=\"left\">Alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s fu&eacute; promovido al obispado de Elna, poblaci&oacute;n francesa entonces perteneciente a la provincia de Gerona, y que algunos escriben Helna y otros suponen que se trata de Huelva. Seguidamente se le nombr&oacute; obispo de Orense. Pero no lleg&oacute; a posesionarse de ninguna de las dos mitras por haberle llegado entretanto, muy de su gusto, el nombramiento de obispo de Oviedo, del que pas&oacute; a posesionarse en octubre de 1552, y no en el a&ntilde;o 1559, como registran nuestras dos grandes Enciclopedias. Precisamente en ese &uacute;ltimo a&ntilde;o dej&oacute; la silla episcopal ovetense. Al tiempo que la mitra de Oviedo se le confirieron los cargos de presidente de la Chanciller&iacute;a de Valladolid y de miembro del consejo de Castilla<\/p>\n<p align=\"left\">En tiempo de su prelac&iacute;a ovetense fue cuando ocurri&oacute; o se dice que ocurri&oacute; el c&eacute;lebre Pleito de los ratones, que merece por lo gracioso una referencia. Tomaremos directamente la que da Gonzalez D&aacute;vila en Teatro eclesi&aacute;stico, origen de todas las dem&aacute;s. Siendo obispo de esta Iglesia, y su provisor el licenciado Diego P&eacute;rez, arcediano de Villaviciosa, sucedi&oacute; que en el t&eacute;rmino de Oviedo carg&oacute; una plaga de ratones que talaban los frutos y cosechas. No bastaron conjuros. P&uacute;sose el caso en justicia. Los de la tierra pusieron su querella pidiendo se proveyese censurar contra ellos y que se notificase en los campos. El provisor, como aguardando justicta, mand&oacute; se nombrase letrado y provisor que defendiese su parte; y habiendo alegado en Derecho y, entre otras razones, &eacute;sta: que Dios a estos animales, como criaturas suyas, les hab&iacute;a se&ntilde;alado para el sustento de sus vidas las flores y frutas de aquellos t&eacute;rminos, que, conforme a Derecho, no se hab&iacute;an de dar censuras contra ellos.<\/p>\n<p align=\"left\">Y pasando el provisor adelante, no teniendo lo alegado por suficiente, mand&oacute; se publicasen, y que dentro de tres d&iacute;as desamparasen la tierra y se fuesen a lo m&aacute;s encumbrado de las monta&ntilde;as, sin poder salir de all&iacute;, y, de hacer lo contrario, incurriesen en las censuras. Di&oacute;se copia de su auto al abogado y procurador, y respondieron suplicando que, en caso de que sus partes hubiesen de obedecer, que ped&iacute;an que atento que para ir al lugar que se&ntilde;alaba hab&iacute;a r&iacute;os y arroyos, por donde no pod&iacute;an pasar sin da&ntilde;o manifiesto de sus vidas, que su merced mandase poner puentes para ello y que en el inter&iacute;n no les corriese el t&eacute;rmino. Mand&oacute; que se pusiesen maderos y que saliesen al punto. As&iacute; se hizo y de nuevo se leyeron las censuras. Fue cosa maravillosa que los ve&iacute;an venir a bondades, obedeciendo y teniendo las censuras, a tomar el paso de los puentes, sin que al d&iacute;a siguiente se hallase en todo aquel t&eacute;rmino uno solo&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Asegura Gonz&aacute;lez D&aacute;vila que vi&oacute; el original de este proceso en Salamanca, en poder de un deudo del obispo, llamado Pedro Junco de Posada.<\/p>\n<p align=\"left\">El autor an&oacute;nimo del manuscrito <em>Noticias de Asturias<\/em> conservado en la Biblioteca Nacional tomando en serio esto del Pleito de los ratones, dice que en el obispado de Oviedo no hay m&aacute;s noticias del asunto que le dada por &ldquo;el mismo Gil Gonz&aacute;lez, ni yo, siendo provisor, he podido encontrar el menor vestigio, ni en Tirso de Avil&eacute;s y can&oacute;nigo de Oviedo, que alcanz&oacute; este tiempo y escribi&oacute; las cosas notables que sucedieron en el obispado desde el a&ntilde;o 1516 en adelante, hace memoria de tal cosa, y, a ser cierta, no la hubiera omitido, pues no omite cosas muy menudas y menos dignas de noticia, como son tempestades de truenos y granizo, disensiones sobre elecciones de jueces, cap&iacute;tulos de religiones, hambres, muertes de particulares, venida de tropa al Principado y hasta la de un obispo armenio y, en fin para poder proceder con censura contra los ratones, era preciso que fueran criaturas racionales y, el suceso tiene todo el aire de f&aacute;bula, por lo que dejaremos su fe a cuenta del autor que la introdujo, como hacen los que la refieren. No s&oacute;lo aire de f&aacute;bula tiene el tal Proceso de los ratones, sino aire de burla muy asturiana para el provisor de la di&oacute;cesis don Diego P&eacute;rez y acaso para el obispo que tal provisor ten&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">Del obispado de Oviedo pas&oacute; Fernando de Vald&eacute;s al de Le&oacute;n en 1559 y, al a&ntilde;o siguiente, al de Sig&uuml;enza ( Guadalajara).<\/p>\n<p align=\"left\">Por ese tiempo fue exaltado a uno de los puestos m&aacute;s prestigiosos del estado: la Presidencia del Consejo de Castilla, &ldquo;que tuvo muchos a&ntilde;os &ndash; dice Alventos-, gobern&aacute;ndola con prudencia y haciendo justicia con igualdad&hellip;Vi&eacute;ndose oprimido con tantos puestos y ocupaciones, suplic&oacute; al se&ntilde;or Emperador le exonerase de la Presidencia del Consejo; condescendi&oacute; el Emperador en esto, pero h&iacute;zole del Consejo de Estado, en quien est&aacute; representada la cabeza de esta dilatada Monarqu&iacute;a, y cuyo presidente es el rey mismo&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Pocos a&ntilde;os de esa alta consejer&iacute;a del Estado, llegaba a la cumbre de la carrera eclesi&aacute;stica con la designaci&oacute;n (1546) de arzobispo de Sevilla y al, a&ntilde;o siguiente, y no en 1549 como se anota en alg&uacute;n sitio, le llegaba otra alta investidura: la de inquisidor general, al fallecimiento del arzobispo Garc&iacute;a Loa&iacute;sa, por Bula del papa Paulo III de fecha de 20 de enero de 1547. El aprecio en que le tuvieron papas y reyes-Carlos I hasta 1556 y Felipe II posteriormente- fu&eacute; tal que Paulo IV le concedi&oacute;, para el mayor esplendor del Tribunal de la Inquisici&oacute;n, cien mil ducados de los fondos eclesi&aacute;sticos y una canong&iacute;a en cada una de las Catedrales y Colegiatas de los reinos de Castilla, Le&oacute;n, Arag&oacute;n y Canarias, y Felipe II le design&oacute; gobernador regente de Espa&ntilde;a al trasladarse a Inglaterra llevado por sus proyectos de matrimonio, mereciendo su gesti&oacute;n los reales pl&aacute;cemes.<\/p>\n<p align=\"left\">De todas sus actuaciones, la de mayor importancia hist&oacute;rica fu&eacute; como inquisidor general, en lo que result&oacute; muro inexpugnable de la religi&oacute;n y de la fe, el decir del aludido autor an&oacute;nimo de Noticias asturianas.<\/p>\n<p align=\"left\">Este es el reverso a que nos refer&iacute;amos al comienzo del presente estudio.<\/p>\n<p align=\"left\">Reproducimos al respeto lo dicho en otra ocasi&oacute;n: &ldquo;Para que no nos parezca Vald&eacute;s un ser aborrecible como tal inquisidor general, precisamos recordar que esa instituci&oacute;n del Santo Oficio, por &eacute;l regentada cerca de veinte a&ntilde;os en Espa&ntilde;a, tuvo en todos los pa&iacute;ses donde fu&eacute; establecida las mismas acusadas notas de crueldad e inhumana intransigencia, de cuyos excesos no se puede condenar a Espa&ntilde;a en primer t&eacute;rmino, precisamente. Y en lo que se refiere a Espa&ntilde;a, vayan por delante dos datos: en la d&eacute;cada en que fu&eacute; inquisidor general el cardenal Cisneros &ndash; gloria inmarcesible de nuestra historia- fueron quemados vivos m&aacute;s de 3.500 delincuentes por actos de herej&iacute;a, y durante el reinado de Felipe II, unos 4.000. Dicho esto, digamos algo del inquisidor general D. Fernando de Vald&eacute;s. El, como los antecesores &ndash; pose&iacute;dos todos de un fanatismo demencial &ndash; ,con tal de mantener incorruptible una religi&oacute;n que manda no matar e inculca el bell&iacute;simo precepto de amar al pr&oacute;jimo como a uno mismo, habr&iacute;a achicharrado a media Espa&ntilde;a. No vale contra esto el argumento de que no era el Santo Oficio quien ejecutaba las sentencias, sino el brazo secular o civil, porque la Inquisici&oacute;n era la que iniciaba y segu&iacute;a los procesos hasta el momento mismo de la ejecuci&oacute;n, si alguna disculpa se quiere oponer, b&uacute;squese en que as&iacute; eran los principios inconmovibles del orden social en aquellos tiempos, porque no se conceb&iacute;an ni comprend&iacute;an otros. Apoya esto que el mismo Felipe II haya dicho: Si mi propio hijo fuera hereje, yo llevar&iacute;a la le&ntilde;a para quemarle.<\/p>\n<p align=\"left\">En los comienzos del reinado de este monarca, algunos espa&ntilde;oles que hab&iacute;an residido en los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos introdujeron y propagaron en Espa&ntilde;a ideas maduradas por la Reforma iniciada con Lutero. El inquisidor Vald&eacute;s se propuso acabar con esta plaga, como atribuci&oacute;n de su cargo, dispuesto a no detenerse en ning&uacute;n procedimiento, por cruel y abominable que ahora nos parezca. Fueron perseguidas, encarceladas y sujetas a proceso muchas personas, algunas distinguidas y el 2 de mayo de 1559 se celebr&oacute; un auto de fe en el que fueron quemadas vivas m&aacute;s de treinta. Se quemaron entre otros el maestro P&eacute;rez, el jurisconsulto Herrezuelo y su esposa Leonor de Cisneros, Francisco Cazalla y a un hermano de &eacute;ste, Agust&iacute;n, que hab&iacute;a sido confesor de Carlos I, despu&eacute;s de retractado de sus ideas luteranas, se le di&oacute; garrote y se quem&oacute; su cad&aacute;ver. El 8 de octubre de ese mismo a&ntilde;o y en la misma ciudad, esta vez a presencia de Felipe II, se celebr&oacute; otro auto de fe de parecida importancia en cuanto al n&uacute;mero de cremaciones. Entre &eacute;stas, las del cura del Pedroso, don Juan S&aacute;nchez y don Carlos de Sese. Y al a&ntilde;o siguiente (1560), como resultas de la actividad del inquisidor Vald&eacute;s en exterminar aquel brote de herej&iacute;a, se celebraron en Sevilla dos autos de fe con m&aacute;s de cuarenta sacrificios en total. En la imposibilidad de quemar vivos al Dr. Constantino y al can&oacute;nigo sevillano Egidio, porque hab&iacute;an muerto martirizados en los calabozos del Santo Oficio, fueron incinerados sus huesos&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">El furor desplegado por Vald&eacute;s en el mantenimiento de la pureza del dogma le llev&oacute; a descubrir con lupa herej&iacute;as hasta donde nadie las hubiera podido encontrar. En la destrucci&oacute;n y quema de libros calificados de imp&iacute;os, apenas se salvaron otros que los del herm&eacute;tico apoyo al catolicismo.<\/p>\n<p align=\"left\">El Indice de libros prohibidos que public&oacute; en 1559 es una rotunda demostraci&oacute;n de tal intransigencia extrema. Y en los escritos suyos que se conocen, todos ellos relacionados con su misi&oacute;n de inquisidor general, se advierte esa misma posici&oacute;n r&iacute;gida e inflexible.<\/p>\n<p align=\"left\">Donde la censura a su cometido de inquisidor se ha detenido m&aacute;s ha sido en el origen y las circunstancias en que se inici&oacute; y sigui&oacute; el c&eacute;lebre proceso contra la m&aacute;s alta autoridad de la Iglesia espa&ntilde;ola, el primado de las Espa&ntilde;as y arzobispo de Toledo Fr. Bartolom&eacute; de Miranda y Carranza. Se ha llegado a sospechar que el m&oacute;vil de tal proceso haya sido la envidia. Cuesta gran esfuerzo suponer envidioso a quien gozaba de toda clase de opulencias y preeminencias. Cierto que la m&aacute;s alta dignidad para un eclesi&aacute;stico era y sigue siendo el arzobispado de Toledo, para llega al cual le faltaba un pelda&ntilde;o a Fernando de Vald&eacute;s; pero la jefatura de la Iglesia espa&ntilde;ola no ten&iacute;a porque parecerle tan codiciada a quien era jefe de tantas cosas.<\/p>\n<p align=\"left\">De todos modos el incidente oscurece no poco la gloria del inquisidor general.<\/p>\n<p align=\"left\">Por la importancia que el tal proceso tiene como suceso hist&oacute;rico hemos de dar aqu&iacute; de &eacute;l alguna referencia, sacada del Memorial elevado al rey por Mart&iacute;n de Azpileneta, defensor del arzobispo Carranza. (Si bien este memorial ha sido impreso, nosotros utilizamos para el caso el manuscrito que se conserva en la Academia de la Historia, que contiene documentos in&eacute;ditos. Titulase el tal Memorial Vida.<\/p>\n<p align=\"left\">Sucesos pr&oacute;speros y adversos de Fr. Bartolom&eacute; de Carranza). Azpilineta presenta entre otras razones a demostrar la injusticia del proceso seguido por la Inquisici&oacute;n, las siguientes: ser el arzobispo &ldquo;conocido antes por muchos a&ntilde;os y por muchas v&iacute;as su cristiandad y religi&oacute;n en Espa&ntilde;a, Inglaterra y Flandes. Y el libro en que apoyan dicha prisi&oacute;n es tal, que visto en el Sacro Concilio tridentino, no solamente no fu&eacute; desechado, m&aacute;s elevado en todos los reinos y provincias. y fue de los en que viven sus &eacute;mulos muy le&iacute;do y tenido por maza de herejes; como cierto lo es y lo presentaron los diputados del Santo Concilio&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">El &ldquo;hab&eacute;rsele diferido tanto tiempo el comienzo de su causa&rdquo;. Que hayan intervenido en el proceso, &ldquo;al cabo de dos a&ntilde;os&hellip;jueces partidos, los unos ausentes y los otros presentes, para que remitiendo la causa los unos a los otros, y los otros a los otros, se dilatase como se ha dilatado en manera nunca vista, le&iacute;da ni o&iacute;da&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">La prohibici&oacute;n de que comunicara sin testigos con sus letrados defensores y en ninguna forma con el rey ni con el papa. &laquo;El aumentarle muchas acusaciones unas tras otras &hellip; En permitir que los te&oacute;logos que eligieron para calificar sus libros y papeles se hayan detenido en calificar los ajenos por suyos, Y los otros papeles indign&iacute;simos de ser calificados&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Por su cuenta Azpilineta pide al rey que la causa se sustancie en Roma y desoiga a los que opinen en contrario, porque &raquo; pueden tener buen celo, pero no buen parecer&raquo;, y estima que sancionar la causa en Espa&ntilde;a &laquo;es poner en gran peligro la justicia del Rmo. por estar muchos muy apasionados, tanto que les pes&oacute; en las &aacute;nimas que los diputados del Concilio hubiesen aprobado su libro y de que no hubiesen en &eacute;l hallado herej&iacute;a, debi&eacute;ndose holgar mucho de lo contrario y de que no se hubiese ofendido Dios en &eacute;l y porque no se hallase hereje el segundo prelado de la Iglesia universal&raquo;, e insin&uacute;a que si en el fallo por el Tribunal espa&ntilde;ol se le condenara, dir&iacute;an los cat&oacute;licos de ac&aacute; y de all&aacute; que lo condenaron por envidia. Y concluye Azpileneta su razonado escrito pidiendo al rey : &laquo;debe V. <a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/m\/\" target=\"_self\" title=\"Seud&oacute;nimo de V&aacute;zquez de Mella (Juan).\" class=\"encyclopedia\">M.<\/a> quitar esta causa de manos apasionados &hellip; y mostrar que quiere que se haga justicia contra grandes y peque&ntilde;os, porque las malas lenguas no menoscaben su soberana gloria&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Como es admisible suponer no menos pasi&oacute;n en un letrado defensor que en los acusadores, antes de llegar a la conclusi&oacute;n de lo injusto de tal proceso contra Fr. Bartolom&eacute; de Carranza, recojamos lo que dice alguien situado, si no en frente, s&iacute; en otro sector, Fr. Ambrosio de Morales, cronista del rey, en el manuscrito a&ntilde;adido al extractado bajo el t&iacute;tulo de <em>Prisi&oacute;n del arzobispo de Toledo don Fr. Bartolom&eacute; de Carranza.<\/em> Asegura Morales que al enterarse el arzobispo de los rumores que corr&iacute;an sobre su inminente prisi&oacute;n argument&oacute; : &laquo;No hay que pensar en tal disparate&hellip;Dios nuestro Se&ntilde;or me confunda de los infiernos si en mi vida he sido tentado de caer en error ninguno, cuyo conocimiento pueda tocar ni pertenecer al Santo Oficio&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Reconoce Morales con palabras de protesta puestas en labios de Carranza en el momento de prenderle (encontr&aacute;ndose acostado en su alcoba), que la orden firmada por el inquisidor general Fernando de Vald&eacute;s estaba fuera de la competencia de &eacute;ste, ya que trat&aacute;ndose del cardenal primado de las Espa&ntilde;as s&oacute;lo compet&iacute;a el procedimiento &ldquo;inmediatamente al papa y no a otro alguno&rdquo;, Le fu&eacute; le&iacute;do entonces al arzobispo un Breve del papa, que autorizaba al inquisidor general para seguir procesos en Espa&ntilde;a por herej&iacute;a incluso a obispos y arzobispos y expresamente en su causa, y dice Morales: &ldquo;Al o&iacute;rse nombrar al arzobispo en el Breve, dicen unos que se dej&oacute; caer con alguna turbaci&oacute;n sobre la almohada, otros defienden que no, y que, con las misma constancia y valor intr&iacute;nseco de su sagrado car&aacute;cter, o de su inocencia, o de todo junto, que es m&aacute;s veros&iacute;mil&rdquo;. Y lamenta el suceso por lo que ten&iacute;a de atropello con &ldquo;un tan gran prelado, que no hay otra mayor dignidad ni aun como ella en Espa&ntilde;a, reducido a esta deplorable miseria, o por su poca ventura o por envidia ciega de sus enemigos, de quien &eacute;l harto se quejaba&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">El arzobispo recus&oacute; al inquisidor general y dem&aacute;s miembros de la Junta Suprema &ldquo;como hombres sospechosos&rdquo;, y se tuvieron &ldquo;por bien recusados&rdquo;. Apelaron ellos contra esta sentencia sin resultado favorable, al fin el papa resolvi&oacute; llevar el procesado y al proceso a Roma. La sentencia del proceso sustanciado en roma reconoce entre otros cargos menos graves que entre los escritos de Carranza hay algunos &ldquo;que son err&oacute;neos, escandalosos, temerarios y her&eacute;ticos y de otras cualidades malas&rdquo;. Esto sirve de portillo de escape a las imputaciones contra el inquisidor Vald&eacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero el resultado de dicha sentencia es que se le deja &ldquo;absuelto de cualesquiera censuras eclesi&aacute;sticas y penas en que por tales cosas hab&iacute;a incurrido&hellip;. Per porque los tales excesos no se queden por castigar y &eacute;l proceda con m&aacute;s recato adelante, determinamos que el dicho Bartolom&eacute;, arzobispo, sea suspendido de la administraci&oacute;n de su Iglesia por cinco a&ntilde;os&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">No alcanz&oacute; la vida del arzobispo el final de la condena, con Ambrosio de Morales. Muy enfermo ya Carranza, el papa &raquo; le di&oacute; su apost&oacute;lica bendici&oacute;n, absolvi&eacute;ndole a culpa y pena&raquo;, dice Salazar Mendoza. Pero la culpa sigue sin aparecer, porque el arzobispo, en los &uacute;ltimos instantes de su existencia, seg&uacute;n dicho autor, confes&oacute; a cuantos le rodeaban en el lecho de muerte: &laquo;Por la sospecha que ha habido contra m&iacute;, por los errores que en materia de fe se me han imputado, me hallo en este paso con obligaci&oacute;n de decir lo que siento y para ello he hecho llamar los secretarios de mi negocio. Pongo por testigos a la<\/p>\n<p align=\"left\">Corte Celestial y por juez a este Soberano Se&ntilde;or que viene en este Sacramento (el del vi&aacute;tico que le llevaron) y a los Santos &Aacute;ngeles que con &eacute;l est&aacute;n y tuve siempre por mis abogados; juro por el mismo Se&ntilde;or y por el paso en que estoy, y por la cuenta que pienso dar a su Divina Majestad que en todo el tiempo que le&iacute; en mi religi&oacute;n y despu&eacute;s escrib&iacute;, prediqu&eacute;, ense&ntilde;&eacute; y disput&eacute; en Espa&ntilde;a, Alemania e Inglaterra, tuve siempre por fin ensalzar la fe de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo e imponerla a los herejes. Su Divina Majestad se sirvi&oacute; ayudarme en esta empresa suya, de manera que con su gracia convert&iacute; en Inglaterra muchos herejes a la fe Cat&oacute;lica, y cuando fu&iacute; all&aacute; con el rey nuestro se&ntilde;or, con su acuerdo hice desenterrar los cuerpos de los mayores herejes que hubo en aquel tiempo y que se quemasen, con gran autoridad de la Santa Inquisici&oacute;n. Los cat&oacute;licos y tambi&eacute;n los herejes me llamaron el primer defensor de la fe. Puedo decir con verdad que he sido siempre uno de los primeros que trabajaron en este santo negocio. Y entend&iacute; en muchas cosas de &eacute;stas por orden del rey nuestro se&ntilde;or &hellip; No s&oacute;lo nunca en toda mi vida prediqu&eacute;, ense&ntilde;&eacute; o defend&iacute; alguna herej&iacute;a o cosa contraria al verdadero sentido de la Iglesia romana o ca&iacute; en alguno de los errores que se han sospechado de m&iacute;, tomando dichos o proposiciones m&iacute;as en diferente sentido del que yo tuve en ellas; pero juro por lo que tengo dicho, y por el mismo Se&ntilde;or a quien puse por juez, que jam&aacute;s me pas&oacute; a&uacute;n por el pensamiento cosa de ellas, ni de las que se me han puesto en el proceso, ni en toda mi vida tuve duda, ni imaginaci&oacute;n cerca de esto &hellip; No solamente perdono ahora a todos los que han sido parte en esta causa o han entendido en ella de cualquier manera, pero siempre les he perdonado cualquier agravio que hayan pretendido hacerme de cualquiera manera. Jam&aacute;s ofend&iacute; a Nuestro Se&ntilde;or en tener rencor contra alguno de ellos&raquo;.&middot;<\/p>\n<p align=\"left\">Tal confesi&oacute;n de un verdadero creyente moribundo no dej&oacute; lugar a la duda de su inocencia. Pero no aumenta las seguridades conocidas sobre la supuesta mala fe por parte del inquisidor Vald&eacute;s. Parece que no fue limpio el juego del famoso proceso, y esto es lo que s&iacute; se puede afirmar. Respecto de &eacute;l, y s&oacute;lo a t&iacute;tulo de curiosidad, anotaremos lo que dice Gil Gonz&aacute;lez D&aacute;vila: &ldquo;Goz&oacute; el arzobispado en posesi&oacute;n pac&iacute;fica diez y siete meses; dur&oacute; su causa diez y siete a&ntilde;os; imput&aacute;ronsele diez y siete proposiciones; vivi&oacute; despu&eacute;s que se pronunci&oacute; la sentencia diez y siete d&iacute;as, y se lo dio sepultura en el coro del convento de Santa Mar&iacute;a de la Minerva de Roma, de la Orden de Predicadores; y est&aacute; en medio de los pont&iacute;fices Le&oacute;n D&eacute;cimo y Clemente S&eacute;ptimo&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Fu&eacute; Fernando de Vald&eacute;s inquisidor general, cerca de veinte a&ntilde;os hasta el de 1566, dos antes de su fallecimiento, sucedi&eacute;ndole en esa suprema jerarqu&iacute;a del Santo Oficio el cardenal Espinosa.<\/p>\n<p align=\"left\">En contraste con el ingrato recuerdo del inquisidor est&aacute; su ejecutoria en pro de la cultura y el bienestar de los menesterosos. Casi todas las ciudades donde residi&oacute; guardaron recuerdo de su magnanimidad como las de Cuenca y Sevilla, en las que fund&oacute; hospitales y Salamanca, donde estableci&oacute; el Colegio Mayor de San Pelayo. Se calcula que, adem&aacute;s, ha dado en limosnas durante su larga vida m&aacute;s de seiscientos mil ducados.<\/p>\n<p align=\"left\">Se podr&aacute; arg&uuml;ir, no sin poderosas razones, que fu&eacute; pr&oacute;digo porque lo fueron con &eacute;l, al punto de que, a pesar del fausto de su vida y de permitirse el lujo de ser fil&aacute;ntropo, pudo reunir una de las mayores fortunas de Espa&ntilde;a, que se calcula sobre los dos mil quinientos ducados de renta anual. Pero no es menos cierto que entonces, despu&eacute;s y siempre fueron muy pocos los que al acumular riquezas se acordaron del pr&oacute;jimo.<\/p>\n<p align=\"left\">Para los asturianos este aspecto magn&aacute;nimo de Fernando de Vald&eacute;s entra&ntilde;a motivos de inextinguible gratitud, Su amor a la tierra natal por alejado que estuviese de ella, se ha reflejado en muchos actos de perenne recuerdo. Contribuy&oacute; con su peculio a la construcci&oacute;n de la catedral de Oviedo. En Oviedo tambi&eacute;n, atento a propulsar la instrucci&oacute;n superior de los que por ser de condici&oacute;n humilde no pod&iacute;an marchar a adquirirla a Valladolid o Salamanca, fund&oacute; el Colegio de San Gregorio, que ide&oacute; siendo obispo, en 1534-, pero que no fu&eacute; inaugurado formalmente hasta 1561. Instituy&oacute; tambi&eacute;n en la misma ciudad el Colegio de Hu&eacute;rfanas Recoletas, destinado la ense&ntilde;anza de las ocupaciones propias de su sexo y su tiempo.<\/p>\n<p align=\"left\">No menor importancia para Asturias tuvo el establecimiento del aludido Colegio de San Pelayo en Salamanca. &ldquo;Animado siempre el Principado de su esp&iacute;ritu regional &ndash; dice Sen&eacute;n &Aacute;lvarez de la Rivera &ndash; hac&iacute;a falta un establecimiento donde los estudiantes universitarios nacidos en Asturias tuvieran un hogar com&uacute;n intelectual que los reuniera, y a ello provey&oacute; el arzobispo Vald&eacute;s fundando el Colegio de San Pelayo&rdquo;. Data la fundaci&oacute;n de este Colegio &ndash; popularmente conocido por el de los verdes, nombre que le di&oacute; el h&aacute;bito de los colegiales &ndash; del a&ntilde;o 1556, y para su sostenimiento don&oacute; Fernando de Vald&eacute;s varias casas de su propiedad en Salamanca y, posteriormente, otras propiedades urbanas y r&uacute;sticas que ascend&iacute;an a crecid&iacute;sima suma. Se establecieron en dicho Colegio veinticinco becas, doce de ellas destinadas a asturianos, y al amparo de las cuales formaron no pocos una personalidad intelectual ilustre.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero descuella entre sus generosidades con la tierra de nacimiento una que le proclama digno de todas las exaltaciones: la fundaci&oacute;n de la Universidad de Oviedo. La Universidad ovetense supuso para Asturias el salto del atraso en que viv&iacute;a la regi&oacute;n, hundida y aislada entre monta&ntilde;as, a la luz de la cultura y de la civilizaci&oacute;n. Fu&eacute; y sigue siendo el crisol donde se han fundido muchas de las m&aacute;s altas glorias regionales literarias y cient&iacute;ficas. Fernando de Vald&eacute;s no logr&oacute; ver plasmado en la realidad su prop&oacute;sito de crear la Universidad asturiana, el m&aacute;s grande y laudable de todos los suyos. Cuando todo su entusiasmo se aprestaba a dar cima a tal empresa le sorprendi&oacute; la muerte en Madrid, a los ochenta y cinco a&ntilde;os de nacido, el 9 de diciembre de 1568.<\/p>\n<p align=\"left\">Su fallecimiento di&oacute; ocasi&oacute;n para que los herederos se negaran a ejecutar la iniciativa que el arzobispo hab&iacute;a dejado en marcha. Fu&eacute; preciso sostener con ellos un largo pleito, que perdieron, y al cabo de cuarenta a&ntilde;os, en 1608, fu&eacute; abierta p&uacute;blicamente a los estudios la Universidad. Esta Escuela dedic&oacute; muchos a&ntilde;os despu&eacute;s a inmortalizar la memoria del fundador con una l&aacute;pida en uno de los muros interiores y una estatua sedente, de bronce, en medio del claustro. Tambi&eacute;n con la villa de nacimiento fu&eacute; magn&aacute;nimo Fernando de Vald&eacute;s. En ella instituy&oacute;, con capital propio para su sostenimiento, un hermoso templo -con pante&oacute;n para &eacute;l y los de su linaje-, y un hospital de caridad. Adem&aacute;s, en su testamento dej&oacute; donaciones a los agricultores necesitados y a las doncellas pobres de su estirpe como dote matrimonial. El cad&aacute;ver de Fernando de Vald&eacute;s fu&eacute; trasladado a Salas en los &uacute;ltimos d&iacute;as del mismo a&ntilde;o de su muerte (1568).<\/p>\n<p align=\"left\">El paso de la gran comitiva que preced&iacute;a a la litera f&uacute;nebre a trav&eacute;s de Asturias, principalmente en Oviedo y a la llegada a Salas, fu&eacute; un suceso tal vez singular en la historia de la regi&oacute;n, por la pompa e importancia de los actos oficiales y el inter&eacute;s popular que lo envolvieron. Se inhum&oacute; el cad&aacute;ver en el templo de esa villa. Sus cenizas fueron trasladadas en 1587 al magn&iacute;fico mausoleo erigido en la misma iglesia, obra que se supone con todo fundamento del gran escultor italiano Pompeyo Leoni.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<\/p><p align=\"left\"><strong>Obras publicadas en volumen:<\/strong><\/p>\n<p align=\"left\">I.&ndash;Censura generalis contra erroris (Valladolid, 1554)<\/p>\n<p align=\"left\">II.&ndash;Cathalogus librorum, qui prohibetur mandato Ilustriddim,(Valladolid, 1559).<\/p>\n<p align=\"left\">III.&ndash; Instrucciones del Santo Oficio de la Inquisici&oacute;n, que en todas las Inquisiciones se tenga y guarde un mismo estilo de proceder. (Madrid 1612; op&uacute;sculo en folio de 8 hojas; manuscrito de 1561)<\/p>\n<p align=\"left\">\n<\/p><p align=\"left\"><strong>Trabajos sin formar volumen:<\/strong><\/p>\n<p align=\"left\">1.&ndash; Orden del inquisidor general D&hellip;. mandando a la Universidad de Alcal&aacute; que no se de censura de ning&uacute;n libro sin presentarla antes a la Inquisici&oacute;n. (En el tomo V de la Colecci&oacute;n de documentos in&eacute;ditos para la Historia de Espa&ntilde;a; manuscrito fechado en Valladolid a 11 de abril de 1559) .<\/p>\n<p align=\"left\">Obras in&eacute;ditas: -Constituciones del arzobispado de Sevilla. (MS. ) .<\/p>\n<p align=\"left\">\n<\/p><p align=\"left\"><strong>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/strong><\/p>\n<p align=\"left\">Alvarez de la Rivera (Sen&eacute;n) .-Alusiones. (En el pr&oacute;logo al Libro de recepciones del Colegio de San Pelayo de Salamanca, Santiago de Chile, 1930).<\/p>\n<p align=\"left\">Alventos (Marqu&eacute;s de) .-Del Iltmo. Sr. D . Femando de Vald&eacute;s. (En la obra Historia del Colegio viejo de San Bartolom&eacute;, Madrid, 1766, tomo I).<\/p>\n<p align=\"left\">An&oacute;nimo.-D. Fernando de Vald&eacute;s. (En el tomo III de la colecci&oacute;n de manuscritos Noticias de Asturias de la Biblioteca Nacional)<\/p>\n<p align=\"left\">Idem.-El arzobispo Vald&eacute;s Salas, fundador de la Universidad de Oviedo. (En El Carbay&oacute;n, Oviedo, 28 de mayo y 1 y 2 de junio de 1886).<\/p>\n<p align=\"left\">Idem.- El arzobispo de Sevilla D. Fernando de Vald&eacute;s Salas. (En &iacute;dem, diciembre de 1906)<\/p>\n<p align=\"left\">Azpileneta (Mart&iacute;n de) .- Alusiones. (En Sucesos pr&oacute;speros y adversos de Fr. Bartolom&eacute; de Carranza. MS. en la Academia de la Historia).<\/p>\n<p align=\"left\">Canella y Secades (Ferm&iacute;n) &ndash; Un estudio biogr&aacute;fico. (En la ilustraci&oacute;n Gallega y Asturiana, Madrid, 1880).<\/p>\n<p align=\"left\">Idem.-Un bosquejo biogr&aacute;fico. (En El Carbay&oacute;n, Oviedo, 1897) Idem.-Tercer Centenario de la Universidad de Oviedo. El arzobispo Vald&eacute;s. (En &iacute;dem, octubre de 1908 ; biograf&iacute;a en romance)<\/p>\n<p align=\"left\">Caveda y Nava (Jos&eacute; ).-Un boceto biogr&aacute;fico. (En el tomo I de la Biblioteca Hist&oacute;rico-Geneal&oacute;gica Asturiana, de Sen&eacute;n Alvarez de la Rivera. Santiago de Chile, 1924)<\/p>\n<p align=\"left\">Gonz&aacute;lez D&aacute;vila (Gil.)-Una biograf&iacute;a. (En la obra Teatro de la Santa Iglesia Catedral de San Salvador de la ciudad de Oviedo).<\/p>\n<p align=\"left\">Miguel Viril (Ciriaco).-Biograf&iacute;a del Excmo. Sr. D&hellip;. (En el peri&oacute;dico El Nal&oacute;n, Oviedo, 27 de marzo de 1842).<\/p>\n<p align=\"left\">Sandoval y Abell&aacute;n (Arturo de).- El arzobispo de Sevilla, D. Fernando Vald&eacute;s Sala: Algunas de las fundaciones debidas a este var&oacute;n insigne. (En El Carbay&oacute;n. Oviedo, 28 y 30 de julio y 4 y 9 de agosto, 1897).<\/p>\n<p align=\"left\">Su&aacute;rez (Constantino).-Asturianos de anta&ntilde;o: Fernando de Vald&eacute;s. (En el Diario de la Marina, Habana, 1932).<\/p>\n<p align=\"left\">Vald&eacute;s (Diego de).&ndash;De dignitate regir regum regnorum Hispaniae. (Granada, 1602).<\/p>\n<p align=\"left\">Vald&eacute;s (Luis de).-Memorias del arzobispo D. Fernando de Vald&eacute;s (MS. en la Biblioteca Nacional. fechado el 15 de diciembre de 1622).<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":7316,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-3916","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/3916","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/7316"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3916"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3916"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}