{"id":5268,"date":"2021-05-03T20:48:18","date_gmt":"2021-05-03T20:48:18","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=5268"},"modified":"2021-11-20T20:39:21","modified_gmt":"2021-11-20T20:39:21","slug":"alvarez-laviada-y-suarez-paulino","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/alvarez-laviada-y-suarez-paulino\/","title":{"rendered":"ALVAREZ LAVIADA Y SUAREZ (Paulino)"},"content":{"rendered":"<p>Perito qu&iacute;mico y escritor contempor&aacute;neo, hermano de los dos precedentes e hijo de don Paulino &Aacute;lvarez Laviada, en sus primeras nupcias, y do&ntilde;a Natividad Su&aacute;rez y Fern&aacute;ndez. Nacido en Oviedo el 25 de diciembre de 1889.<\/p>\n<p>En posesi&oacute;n de la instrucci&oacute;n primaria, adquirida en algunos colegios de Oviedo y perfeccionada en la academia que all&iacute; dirig&iacute;a el padre por entonces, se matricul&oacute; en el Instituto de esa ciudad para seguir los estudios del bachillerato, que dej&oacute; despu&eacute;s de aprobado el primer curso, para ingresar en 1901 en la Escuela de Artes y Oficios. Trasladado con la familia a Madrid, estudi&oacute; en la Escuela de Artes e Industrias la carrera de qu&iacute;mico industrial, que concluy&oacute; en 1910 con premios extraordinarios en las principales asignaturas de la especialidad.<\/p>\n<p>Desde entonces ha desempe&ntilde;ado cargos de qu&iacute;mico en numerosas empresas industriales, especialmente en La Papelera Espa&ntilde;ola y la Sociedad General Azucarera. Esta profesi&oacute;n le ha obligado a muy frecuentes viajes por Espa&ntilde;a y a residencias m&aacute;s o menos eventuales en Valencia, Barcelona, Granada y poblaciones de menor importancia, como las de Calahorra, Aranjuez, Alag&oacute;n, Veguellina y otras. Pero el domicilio verdadero lo ha venido teniendo en Madrid, particularmente, despu&eacute;s de conde haber intentado atraerle a su lado por todos los medios. Dec&iacute;a Salamanca: &iquest;Qui&eacute;n puede entenderse con un hombre que est&aacute; satisfecho almorzando un par de huevos?.<\/p>\n<p>Desempe&ntilde;&oacute; ese cargo con aciertos reconocidos por todos, no siendo el menor haber elevado el tono de la literatura gacetable, tan caracterizada de ramplona, llegando en la redacci&oacute;n de algunos decretos a verdaderos primores de lenguaje y estilo.<\/p>\n<p>En 1858 fue declarado cesante; pero en ese mismo a&ntilde;o, al constituirse el Gobierno de Ist&uacute;riz y Posada-Herrera y despu&eacute;s bajo la presidencia de este &uacute;ltimo, desempe&ntilde;&oacute; el cargo de subsecretario de Gobernaci&oacute;n y habr&iacute;a ocupado el de ministro con s&oacute;lo haber querido aceptarlo. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s pas&oacute; destinado a la Secci&oacute;n de Gobernaci&oacute;n y Fomento del Consejo de Estado, cargo que dimiti&oacute; al encargarse del poder el general Narv&aacute;ez en septiembre de 1864.<\/p>\n<p>Volvi&oacute; entonces a las actividades period&iacute;sticas a combatir a los nuevos gobernantes, moderados, contrarios al r&eacute;gimen constitucional aun cuando figuraba entre ellos su viejo amigo y protector el famoso hacendista Alejandro Mon, quien hab&iacute;a pretendido que continuara en su puesto. &Uacute;nicamente se hizo cargo de nuevo de ese destino en el Consejo de Estado mientras dur&oacute; la nueva etapa de Gobierno del general O&rsquo;Donnell, desde julio del 65 a igual mes del 66.<\/p>\n<p>Desde 1857 tuvo representaci&oacute;n en Cortes, durante seis elecciones consecutivas, siempre por distritos asturianos. Esta investidura, sin embargo, contribuy&oacute; poco al robustecimiento de su personalidad, porque carec&iacute;a de aptitudes oratorias. Su fuerza combativa extraordinaria y temible estaba en la pluma, diestra en deslizar la s&aacute;tira m&aacute;s mortificante entre halagos y consideraciones y servida por una cultura enciclop&eacute;dica muy s&oacute;lida. &ldquo;Si como ten&iacute;a el don de la inteligencia &ndash; anota Fr. Fabi&aacute;n Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a &ndash; hubiese tenido tambi&eacute;n el don de la palabra, no hubiera tenido rival en el Parlamento, como no lo tuvo en la prensa period&iacute;stica.&rdquo;<\/p>\n<p>Al abandonar su cargo oficial en 1866, siempre al servicio de las fuerzas acaudilladas por el duque de Tetu&aacute;n, y dispuesto con &eacute;ste a desencadenar la revoluci&oacute;n contra Isabel II, no se di&oacute; descanso con la pluma y la acci&oacute;n para llegar a esa finalidad. Form&oacute; parte de la Junta revolucionaria de Madrid y redact&oacute; &eacute;l mismo el manifiesto y las proclamas. Se puede asegurar que fue uno de los principales propulsores de la Revoluci&oacute;n de Septiembre (1868). &ldquo;Dos o tres art&iacute;culos suyos, La Clave y Misterios &ndash; dice Cejador &ndash; fueron los m&aacute;s formidables arietes contra el trono de Isabel II&rdquo;.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n por entonces escribi&oacute; en la Revista de Espa&ntilde;a, fundada en marzo del 68, y en otras publicaciones.<\/p>\n<p>Diputado a Cortes por la jurisdicci&oacute;n de Avil&eacute;s (1865-71) que, con la de Oviedo, era una de las dos en que estaba entonces pol&iacute;ticamente dividida Asturias, tom&oacute; parte en las constituyentes de 1869, producto de la Revoluci&oacute;n: pero su liberalismo le conten&iacute;a dentro del marco de la monarqu&iacute;a constitucional, y con este car&aacute;cter acept&oacute; en el gobierno provisional la cartera de Estado, que desempe&ntilde;&oacute; desde el 8 de octubre del 68 al 18 de junio del 69, y fu&eacute; luego uno de los 27 diputados que votaron al duque de Montpensier para ocupar el Trono de Espa&ntilde;a.<\/p>\n<p>Como Ministro de Estado, se recuerda con elogio su circular de 20 de octubre enviada a los representantes diplom&aacute;ticos espa&ntilde;oles acreditados en el extranjero. De ella asegura Fuertes Acevedo que se trata de un &ldquo;notabil&iacute;simo escrito, modelo del m&aacute;s puro y castizo lenguaje castellano, y de un perfecto conocimiento de la historia pol&iacute;tica espa&ntilde;ola del siglo actual&rdquo;. Se refiere al siglo XIX. A dicho documento se le concede importancia hist&oacute;rica.<\/p>\n<p>Del cargo de Ministro de Estado present&oacute; la renuncia, fundamentada en el quebrantamiento de salud, y esta retirada de la vida p&uacute;blica casi fu&eacute; definitiva, pues aunque luego tuvo representaci&oacute;n senatorial por Asturias (1871-72), como carec&iacute;a de facultades oratorias, la tuvo tan pasivamente como hab&iacute;a tenido la de diputado.<\/p>\n<p>Viudo de su primera esposa, do&ntilde;a Rosa Fern&aacute;ndez de Cueto &mdash;de la que hered&oacute; en usufructo cuantiosa fortuna&mdash;, contrajo segundas nupcias en 1870 con do&ntilde;a Adela Antoine, de quien hubo sucesi&oacute;n, cosa no lograda en el primer matrimonio. En ese mismo a&ntilde;o, y acaso contrariando su natural modestia, solicit&oacute; y obtuvo el t&iacute;tulo nobiliario de vizconde de Barrantes, que hab&iacute;a pertenecido en lo antiguo a su familia, pero que no se sabe que lo haya usado en ning&uacute;n caso.<\/p>\n<p>Vivi&oacute; desde entonces alejado de las luchas pol&iacute;ticas, casi dedicado por entero a la familia y sus estudios, y de esta inactividad le sac&oacute; el nombramiento de embajador cerca del Vaticano en enero de 1874, cargo al que renunci&oacute; al restablecerse la Monarqu&iacute;a con la proclamaci&oacute;n de Alfonso XII. Volvi&oacute; entonces a su voluntario retiro, al margen de la pol&iacute;tica y el periodismo, sin que el nombramiento de senador vitalicio el 1&ordm; de mayo de 1877 le sacara del pl&aacute;cido reposo de sexagenario a que deseaba entregarse. S&oacute;lo dedic&oacute; alguna actividad al cargo de juez-protector de la Fundaci&oacute;n Figueroa, que desempe&ntilde;&oacute; desde el a&ntilde;o 1865 hasta el fallecimiento.<\/p>\n<p>&ldquo;Su apartamiento del mundo pol&iacute;tico en los &uacute;ltimos a&ntilde;os &mdash;escribe el citado Canella&mdash; no le fu&eacute; dif&iacute;cil, pues, aparte de que se lo impon&iacute;a la salud quebrantad&iacute;sima, nunca tuvo gran afici&oacute;n al ruido y brillo sociales; su pasi&oacute;n predilecta fu&eacute; para el estudio y los viajes, sobre todo para los libros, de los que nunca quiso apartarse, pudiendo decirse que pas&oacute; la vida leyendo. Nunca se preocup&oacute; con inter&eacute;s del atav&iacute;o personal ni de vestir con elegancia; por no perder tiempo con el barbero, como &eacute;l dec&iacute;a, gast&oacute; barba corrida. M&aacute;s que al descuido se rend&iacute;a a la sencillez, desde el nudo de la corbata, al azar, hasta los caracter&iacute;sticos botines que llev&oacute; siempre sobre las botas altas.&rdquo;<\/p>\n<p>&ldquo;Yo le alcanc&eacute; &mdash;dice el mismo&mdash; en pleno ocaso de su existencia, poco despu&eacute;s del primer per&iacute;odo de la Revoluci&oacute;n de Septiembre, escondido y encerrado en el sotabanco que hab&iacute;a hecho construir en modesta casa de Caballero de Gracia, en habitaci&oacute;n caldeada a temperatura fija, rodeado de sus muchos, variad&iacute;simos y desordenados libros, y con el pavimento como alfombrado por los peri&oacute;dicos del d&iacute;a.&rdquo;<\/p>\n<p>Se conoc&iacute;a ese departamento especial de la casa entre sus amigos con los nombres de El Palomar y El Tabor. All&iacute; acud&iacute;an sus amistades, especialmente acogidos los asturianos, con quienes gustaba de recordar sucesos y lugares de los a&ntilde;os mozos. Todos iban animados por el deseo de escuchar su amena e ilustrada conversaci&oacute;n y acud&iacute;an tambi&eacute;n personajes pol&iacute;ticos a recibir su siempre acertado consejo.<\/p>\n<p>&ldquo;Se sub&iacute;a (al Tabor)&mdash;recuerda Protasio Gonz&aacute;lez Sol&iacute;s&mdash;por una estrecha escalera, que pronto declaraba haber sido tendida para un servicio especial. Posada Herrera, por esta causa, bautiz&oacute; a su antiguo y querido amigo Lorenzana con el nombre de El Nigrom&aacute;ntico, sin duda usando de una figura antit&eacute;tica, porque los que se dedicaban a esa profesi&oacute;n en lo antiguo no buscaban, ni mucho menos, las alturas, ni se rodeaban de la claridad del cielo. La verdad es que para ascender al Tabor hab&iacute;a que pedir pr&aacute;ctico.&rdquo;<\/p>\n<p>A reconocer la labor desarrollada por &Aacute;lvarez de Lorenzana le llegaron los consabidos honores oficiales: Grandes Cruces de Isabel la Cat&oacute;lica y Carlos III, espa&ntilde;olas; de San Mauricio y San L&aacute;zaro, italianas, y otras varias extranjeras. Sus m&eacute;ritos literarios, afamados por todos en su tiempo, pudieron tener tambi&eacute;n el marchamo que dan las Academias. Las de la Lengua y de la Historia quisieron reiteradamente llevarle a su seno; pero &eacute;l rechaz&oacute; de pleno en todo momento, por estimarlo vejatorio, que hubiese que solicitar el voto favorable de los acad&eacute;micos, y se neg&oacute; rotundamente al acatamiento de tal norma al uso, dando con ello una magn&iacute;fica prueba de su car&aacute;cter independiente y de su admirable modestia.<\/p>\n<p>Cada vez m&aacute;s achacoso, &Aacute;lvarez de Lorenzana dej&oacute; de existir el 15 de julio de 1883. De sus facultades de escritor ha dicho Roque Barcia: &ldquo;De tal suerte encarnaba la m&aacute;s alta y leg&iacute;tima representaci&oacute;n del periodista digno, pensador y elegante, que decir Lorenzana en la prensa equivale a recordar una de las m&aacute;s leg&iacute;timas glorias del periodismo. Su estilo era el m&aacute;s acabado de la ruda forma de la prensa diaria. Castizo, sin afectaciones acad&eacute;micas; ligero, sin frivolidad; siempre intencionado, sin ser jam&aacute;s inconveniente, sus art&iacute;culos son y ser&aacute;n modelo de comedimiento y de elevaci&oacute;n.&rdquo;<\/p>\n<p>Su viuda, la vizcondesa de Barrantes, recogi&oacute; en un volumen (n&uacute;mero II) una selecci&oacute;n de art&iacute;culos del esposo, especialmente de los publicados en el combativo Diario Espa&ntilde;ol. De ellos dice Ossorio y Bernard: &ldquo;Hoy, serenamente le&iacute;dos, se advierten en ellos todas las condiciones de estilo e intenci&oacute;n que los avaloran, pero no se explica, sin haber vivido en la &eacute;poca en que fueron escritos, el af&aacute;n con que eran buscados, el inter&eacute;s con que se le&iacute;an y el poderoso empuje que marcaban en la opini&oacute;n p&uacute;blica, contribuyendo a los cambios de situaci&oacute;n y a las crisis ministeriales.&rdquo;<\/p>\n<p>De su probidad y hombr&iacute;a de bien intachables dej&oacute; un recuerdo digno de todo elogio por su ejemplaridad. Hab&iacute;a heredado de su primera esposa una fortuna que ascend&iacute;a a quinientas mil pesetas. El testamento no establec&iacute;a ninguna obligaci&oacute;n ulterior, pero s&iacute; advert&iacute;a la testadora que si a &eacute;l no le obligaran en contrario otras circunstancias, en el caso de testar a su vez libremente, que prefer&iacute;a pasase la riqueza como patrimonio del Hospicio de Oviedo. Y cumpli&oacute; &eacute;l con tan excesiva escrupulosidad aquel deseo de la finada, que no tuvo en cuenta ni a los hijos del segundo matrimonio, y la herencia pas&oacute; a esa instituci&oacute;n ben&eacute;fica &iacute;ntegramente.<\/p>\n<p>Oviedo y Madrid han consagrado sendas calles a perpetuar la memoria de tan esclarecido asturiano.<\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen:<\/strong><\/p>\n<p>I.&mdash;Memoria presentada a las Cortes constituyentes por el ministro de Estado, don Juan &Aacute;lvarez de Lorenzana. (Madrid, 1863; folleto.)<\/p>\n<p>II.&mdash;Lorenzana y su obra. (Madrid, 1899; art&iacute;culos; obra p&oacute;stuma con pr&oacute;logo de F. Canella y Secades.)<\/p>\n<p><strong>Trabajos sin formar volumen:<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>&mdash;Circular a los agentes diplom&aacute;ticos de Espa&ntilde;a en los pa&iacute;ses extranjeros. (En Gaceta de Madrid, 20 de octubre de 1868.)<\/li>\n<li>&mdash;Carta-pr&oacute;logo al libro Cursos y art&iacute;culos pol&iacute;ticos, de&nbsp; Jos&eacute; Luis Alvareda. (Madrid, 1883.)<\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>Obras in&eacute;ditas:<\/strong><\/p>\n<p>&mdash;Estudio critico sobre don Pedro&nbsp; Jos&eacute; Pidal. (MS. de paradero desconocido.)<\/p>\n<p><strong>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/strong><\/p>\n<p>An&oacute;nimos.&mdash;Art&iacute;culos necrol&oacute;gicos. (En El Liberal, El Imparcial y La Epoca, de Madrid, y El Carbay&oacute;n, de Oviedo, todos de julio de 1883.)<\/p>\n<p>Barcia (Roque). &mdash; Un bosquejo biogr&aacute;fico. (En su obra Diccionario etimol&oacute;gico de la lengua castellana, Madrid, 1855-83.)<\/p>\n<p>Canella y Secades (Ferm&iacute;n).&mdash; Pr&oacute;logo a Lorenzana y su obra. (Madrid, 1883.)<\/p>\n<p>Fern&aacute;ndez Brem&oacute;n ( Jos&eacute;). &mdash; Un apunte necrol&oacute;gico. (En la secci&oacute;n Cr&oacute;nica General de la Ilustraci&oacute;n Espa&ntilde;ola y Americana, Madrid, 22 de julio de 1883)<\/p>\n<p>Segovia (&Aacute;ngel Mar&iacute;a) &ndash; Un bosquejo biogr&aacute;fico. (En la obra Figuras y figurones, Madrid, 1880.)<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":4903,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-5268","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/5268","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4903"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5268"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5268"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}