{"id":5386,"date":"2021-05-05T17:23:16","date_gmt":"2021-05-05T17:23:16","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=5386"},"modified":"2021-10-20T15:55:21","modified_gmt":"2021-10-20T15:55:21","slug":"alfonso-iii","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/alfonso-iii\/","title":{"rendered":"ALFONSO III"},"content":{"rendered":"<p>Rey de Asturias en quien se puede decir que concluye la Monarqu&iacute;a asturiana y cuyo reinado, rico en vicisitudes diversas, tiene una enorme importancia hist&oacute;rica, no s&oacute;lo por los triunfos guerreros de ensanchamiento hacia la unidad nacional, sino por lo que contribuy&oacute; a propulsar el progreso material y espiritual en sus dominios. Monarca, dice el P. Risco, &ldquo;cuya magnanimidad se ostent&oacute; al mundo con el esplendor de tan soberanas virtudes y gloriosos triunfos, que desde su tiempo hasta el presente es conocido con el renombre de Magno&rdquo;. Se le incluye en esta galer&iacute;a como autor de un famos&iacute;simo Cronic&oacute;n que ha venido siendo objeto de ruidoso y largo pleito entre eruditos.<\/p>\n<p>Alfonso III, el Magno, primog&eacute;nito de Ordo&ntilde;o I y do&ntilde;a Nu&ntilde;a o Munia, naci&oacute; en Oviedo en el a&ntilde;o 848. Algunos autores anotan el 849. Jurado heredero del Trono a los quince a&ntilde;os (863), Alfonso se encontraba ausente de la Corte, en &Aacute;lava, seg&uacute;n algunos autores, pero m&aacute;s probablemente en Sahag&uacute;n, estudiante en el monasterio de frailes benedictinos, cuando falleci&oacute; el padre en mayo del 866, y no en el 62 ni en el 67 como se afirma en diversos sitios. Unos autores anotan el d&iacute;a 6 y otros el 27.<\/p>\n<p>En tanto Alfonso acud&iacute;a a posesionarse de la corona, el conde de Galicia, Froila, hijo de Bermudo el Di&aacute;cono, se proclam&oacute; rey de ese territorio y seguidamente de Asturias, reinado que result&oacute; ef&iacute;mero por haber sido asesinado a manos de los mismos magnates que le proclamaron rey. Esta usurpaci&oacute;n que habr&iacute;a perturbado el naciente reinado de Alfonso, no lleg&oacute; a impedir que, ya en Oviedo, se le proclamara con gran j&uacute;bilo rey de Asturias. Pero, contra su deseo de iniciar una era de paz que permitiera el engrandecimiento de la Monarqu&iacute;a, no todos los poderosos se&ntilde;ores de ella estaban dispuestos a permanecer sumisos al rey, y muy pronto comenz&oacute; la larga serie de conspiraciones e insurrecciones que tendr&iacute;a que sofocar. Fue la primera rebeli&oacute;n armada, en el a&ntilde;o siguiente de su proclamaci&oacute;n (867), la sostenida por el conde Gil&oacute;n (otros escriben Eyl&oacute;n) en tierras de &Aacute;lava. Sali&oacute; personalmente Alfonso a combatir a sus enemigos y &Aacute;lava&mdash;dice la cr&oacute;nica de Sampiro&mdash;qued&oacute; reducida a su se&ntilde;or&iacute;o, y Gil&oacute;n, su conde, cargado de cadenas, fue conducido a Oviedo a una oscura prisi&oacute;n, donde acab&oacute; sus d&iacute;as&rdquo;.<\/p>\n<p>Dej&oacute; Alfonso el gobierno de &Aacute;lava confiado a un cortesano suyo llamado Vigila. Dicen que la insurrecci&oacute;n no qued&oacute; sofocada y que el rey se vi&oacute; obligado a enviar nuevas fuerzas leales al mando de su caudillo Odario, que pereci&oacute; con muchos de sus hombres en la batalla de Padura (lugar donde mucho despu&eacute;s se levant&oacute; la villa de Bilbao); pero este suceso de la segunda rebeli&oacute;n de los alaveses carece de confirmaci&oacute;n hist&oacute;rica, ya por fabuloso, bien porque lo hayan querido ocultar los cronistas coet&aacute;neos.<\/p>\n<p>Un a&ntilde;o despu&eacute;s (868), se aprest&oacute; Alfonso a continuar la campa&ntilde;a emprendida por sus antecesores de reconquista contra los musulmanes y consigui&oacute; ensanchar las fronteras llevando sus armas victoriosamente hasta Salamanca y Coria (C&aacute;ceres). Los vencidos, rehechos y dispuestos a la represalia, y capitaneados por el hijo del califa cordob&eacute;s, El Mondhir y el aguerrido Alkama, llevaron a cabo una atrevida incursi&oacute;n por tierras de la Monarqu&iacute;a asturiana hasta poner duro cerco a la ciudad de Le&oacute;n; pero las huestes cristianas, mandadas por el propio rey, causaron nuevas derrotas a los moros en las proximidades de esa ciudad y en la comarca de El Bierzo, y regresaron a Oviedo con espl&oacute;ndido bot&iacute;n y numerosos prisioneros.<\/p>\n<p>Atento Alfonso a mantener alianza y relaciones cordiales con otros Estados, que le permitieran asegurarse en el dominio de sus conquistas a los mohametanos y ensanchar a&uacute;n m&aacute;s las fronteras de la Monarqu&iacute;a, contrajo matrimonio con la princesa de Navarra, que descend&iacute;a de reyes franceses llamada Amelina, y conocida en nuestra historia por do&ntilde;a Jimena. Este matrimonio le permiti&oacute; contar con el apoyo de navarros y franceses. Aliado con ellos, emprendi&oacute; el rey nuevas conquistas a los sarracenos, que fueron derrotados en muchos lugares de Castilla y en tierras lusitanas, hasta dominar m&aacute;s all&aacute; de la margen opuesta del r&iacute;o Duero. As&iacute; fue como, a la vez que fortificaba las m&aacute;rgenes del Duero, reconstruy&oacute; en Castilla algunas ciudades, entre ellas, Zamora, Simancas, Due&ntilde;as y Toro, y fund&oacute; otras. En la Lusitania atendi&oacute; a la repoblaci&oacute;n por cristianos de Porto, Viseo, Braga, Chaves y Lamego, en una ampl&iacute;sima labor restauradora.<\/p>\n<p>Pero su matrimonio, que le favoreci&oacute; en estas nuevas expansiones de sus dominios, fu&eacute; causa de disturbios interiores. Sus hermanos Veremundo, Nu&ntilde;o, Odario y Fruela vieron en esto restringidos sus privilegios y perdida la seguridad de sucederle en el trono, por lo que provocaron revueltas con la idea de destronarle, audacia que, seg&uacute;n la cr&oacute;nica de Sampiro, pagaron con la terrible pena de que les fuesen vaciados los ojos, crueldad que no sofoc&oacute; por completo esas conspiraciones, pues Veremundo consigui&oacute;, con el apoyo de algunos leales, moros y cristianos, proclamarse rey de Astorga, territorio que gobern&oacute; por espacio de siete a&ntilde;os, huyendo despu&eacute;s, vencido, a tierras del dominio musulm&aacute;n.<\/p>\n<p>Este castigo de Alfonso a sus hermanos, por mucho que se aten&uacute;e al enjuiciarlo dentro de las b&aacute;rbaras costumbres de la &eacute;poca, as&iacute; como otros actos suyos no menos espeluznantes, oscurece bastante el juicio transcrito m&aacute;s arriba del P. Risco, al proclamarle en posesi&oacute;n de &ldquo;soberanas virtudes&rdquo;. Aunque Alfonso continu&oacute; combatiendo a los moros y venci&eacute;ndoles, el resto de su reinado m&aacute;s bien estuvo dedicado a propulsar el engrandecimiento de la Monarqu&iacute;a que a extenderla. En el a&ntilde;o 876 tuvo lugar el importante Concilio celebrado en Santiago de Compostela, en el que se consagr&oacute; nuevamente al culto la Catedral, a cuya reconstrucci&oacute;n contribuy&oacute; grandemente, as&iacute; como a su sostenimiento con notables privilegios. Un a&ntilde;o despu&eacute;s tuvo en Oviedo un suceso de parecida &iacute;ndole, cual la reuni&oacute;n de Cortes y Concilio, consiguiendo que esta jurisdicci&oacute;n episcopal fuese elevada a categor&iacute;a de arzobispado. Fueron muchas las construcciones levantadas de nueva planta destinadas a servicios guerreros, religiosos y civiles, entre ellas, numerosos castillos, como los famosos de Gord&oacute;n y Luna, en Le&oacute;n; de Tudela, en Oviedo; de Gauz&oacute;n, en Avil&eacute;s, nombre este &uacute;ltimo de donde tom&oacute; el suyo el concejo de Goz&oacute;n. Este castillo parece que fu&eacute; su residencia de recreo.<\/p>\n<p>En el a&ntilde;o 884 di&oacute; comisi&oacute;n al conde Rodr&iacute;guez Porcellos de que levantara en tierra de Castilla, sobre la frontera con los moros, una gran fortaleza, la cual di&oacute; origen a la ciudad de Burgos. Zamora fu&eacute; una de las ciudades m&aacute;s amadas por &eacute;l, y la dot&oacute; de importantes construcciones, unos ba&ntilde;os entre ellas (903). Restaur&oacute; tambi&eacute;n (905) el monasterio de Sahag&uacute;n. &ldquo;Por aquella &eacute;poca&mdash;dice Nicol&aacute;s Castor de Caunedo&mdash;, queriendo el rey Magno consignar un recuerdo al c&eacute;lebre Pelayo y hacer al mismo tiempo una ofrenda a la Catedral de Oviedo, tuvo el feliz pensamiento de hacer engastar en oro y cubrir de rica pedrer&iacute;a la antigua cruz de roble que el libertador llevaba por bandera, y que se guardaba en la iglesia de Santa Cruz, de Cangas.&rdquo; Esta llamada Cruz de la Victoria, testimonio elocuente del alto grado alcanzado por el gusto art&iacute;stico bajo Alfonso III, se considera una joya de inestimable valor en arte y arqueolog&iacute;a y se custodia en la Catedral ovetense.<\/p>\n<p>Con estos esfuerzos y entusiasmos de Alfonso el Magno por mejorar y enaltecer los medios de vida y las costumbres, contrastan algunos actos suyos que, vistos desde la altura del siglo XX, no pueden menos de ser juzgados como inspirados en una soberbia de tono b&aacute;rbaro. Es lo &uacute;nico que ensombrece su reinado. Otro caso de ensa&ntilde;amiento, semejante al cometido con los hermanos, es el llevado a cabo con uno de los prisioneros habidos en una fracasada conquista de Toledo por los mahometanos. Este prisionero, llamado Adamnino, fue convertido en esclavo y dedicado por el rey a su servicio. Descubierto, al parecer, en un intento de regicidio (907), no s&oacute;lo pag&oacute; con su vida, sino con la de sus hijos.<\/p>\n<p>Acaso su conducta y car&aacute;cter dieron, en parte, lugar a las conspiraciones de que siempre estuvo amenazado en el seno mismo de la familia. La &uacute;ltima y m&aacute;s importante (910 a 911), cuando ya sexagenario tendr&iacute;a derecho al bien ganado descanso de guerrero, fue la provocada y sostenida por su primog&eacute;nito don Garc&iacute;a, que ten&iacute;a confiado a su gobierno la ciudad de Zamora. Le apoyaba en la rebeli&oacute;n su suegro, el conde &Ntilde;u&ntilde;o Fern&aacute;ndez. Acudi&oacute; el rey en persona a sofocar la insurrecci&oacute;n, cosa que consigui&oacute;, apoder&aacute;ndose del hijo rebelde, al cual carg&oacute; de cadenas y encarcel&oacute; en una torre del castillo de Gauz&oacute;n. Pero la trama de ese levantamiento ten&iacute;a ramificaciones insospechadas para el rey. Su propia esposa, do&ntilde;a Jimena, secundada por los cinco hijos, Garc&iacute;a, Ordo&ntilde;o, Froila, Ramiro y Gonzalo, se puso al frente del levantamiento en franca guerra civil. En apoyo de &eacute;stos entr&oacute; en Asturias con mucha y aguerrida gente el conde y gran se&ntilde;or de Castilla &Ntilde;u&ntilde;o Fern&aacute;ndez, y la guerra alcanz&oacute; tales proporciones y causaba tales estragos, que el rey se avino a la abdicaci&oacute;n de la corona en sus tres hijos mayores, ante las Cortes de obispos y magnates reunidos al efecto en el palacio de Boides (cercan&iacute;as de Gij&oacute;n), en el que Alfonso fij&oacute; su residencia por alg&uacute;n tiempo.<\/p>\n<p>Qued&oacute; entonces el reino dividido en tres: el de Le&oacute;n, que abarcaba el territorio castellano, donde rein&oacute; don Garc&iacute;a; el de Galicia con parte de Portugal, que le fu&eacute; asignado a don Ordo&ntilde;o, y las dos Asturias, que quedaron bajo el se&ntilde;or&iacute;o de don Froila. El padre se reserv&oacute; la ciudad de Zamora como lugar de descanso de sus &uacute;ltimos d&iacute;as.<\/p>\n<p>Ya despose&iacute;do de la investidura regia, Alfonso hizo una peregrinaci&oacute;n a Santiago de Compostela; de regreso, en Astorga, supo que su hijo don Garc&iacute;a se aprestaba a combatir a los moros, y le pidi&oacute; que le permitiera ponerse al frente de las fuerzas, a lo que el hijo accedi&oacute;, dando ocasi&oacute;n al padre para obtener nuevos triunfos sobre la morisma.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de estas victorias se retir&oacute; a Zamora, donde vivi&oacute; pac&iacute;ficamente hasta su muerte, ocurrida el 19 de diciembre del a&ntilde;o 912.<\/p>\n<p>Su cad&aacute;ver qued&oacute; inhumado en la Catedral de Astorga, de donde fueron trasladados los restos tiempo despu&eacute;s al sepulcro que &eacute;l mismo hab&iacute;a mandado construir en la de Oviedo para s&iacute; y su esposa. Siglos despu&eacute;s, a mediados del XVIII, los huesos de ambos fueron objeto de un nuevo traslado dentro de la misma catedral ovetense a otro sepulcro, en el pante&oacute;n destinado a los reyes, en la capilla del rey Casto.<\/p>\n<p>Alfonso III, el Magno, o el Grande, que tambi&eacute;n por este sobrenombre se le distingue, no s&oacute;lo tiene en nuestra historia un puesto notable como caudillo victorioso e impulsador del progreso en su tiempo, sino, como ya se ha indicado, por el c&eacute;lebre Cronic&oacute;n que lleva su nombre y que abarca los reinados anteriores a &eacute;l desde que comenz&oacute; la reconquista contra los moros. Dicho Cronic&oacute;n, de valor fundamental para nuestra historia civil y pol&iacute;tica, est&aacute; escrito por &eacute;l mismo, seg&uacute;n unos, y mandado escribir al obispo de Salamanca, don Sebasti&aacute;n, en opini&oacute;n de otros. Se trata de uno de esos litigios interminables en que todos los contendientes parecen tener raz&oacute;n, porque para todos hay argumentos de fuerza en apoyo de sus conjeturas.<\/p>\n<p>Nada tendr&iacute;a de particular que tal problema no llegue a soluci&oacute;n. Nosotros, tras examinar este asunto con el mejor deseo de ver de qu&eacute; lado estar&iacute;a la raz&oacute;n, hemos acabado por no tener opini&oacute;n propia. No nos atrever&iacute;amos a defender ninguna de las dos tendencias. &Uacute;ltimamente han contendido en el pleito el jesu&iacute;ta Garc&iacute;a Villada a favor de la atribuci&oacute;n del Cronic&oacute;n al rey en su estudio Cr&oacute;nicas de Alfonso III, y don Antonio Bl&aacute;zquez con sus dos estudios citados m&aacute;s abajo, con argumentos no menos s&oacute;lidos en favor del obispo Sebasti&aacute;n.<\/p>\n<p>El P. Garc&iacute;a Villada dice que el discutido cronic&oacute;n &ldquo;ha sido atribuido a Alfonso III y al obispo Sebasti&aacute;n. Al primero se lo adjudican, entre otros, Juan Bautista P&eacute;rez, Mariana, Nicol&aacute;s Antonio y Perreras; y al segundo, Ocampo, Ambrosio de Morales, Sandoval y Fl&oacute;rez. La autoridad de este &uacute;ltimo escritor ha arrastrado en pos de s&iacute; a la mayor&iacute;a de los eruditos que han venido despu&eacute;s, y hoy se cita com&uacute;nmente la cr&oacute;nica con el nombre de Sebasti&aacute;n. Sin embargo, esta opini&oacute;n carece de fundamento. Como argumento principal, el P. Garc&iacute;a Villada aduce el de &ldquo;la carta que el rey Alfonso dirige a don Sebasti&aacute;n al principio de la cr&oacute;nica&rdquo;. Y remata su opini&oacute;n as&iacute;: &ldquo;Dif&iacute;cil es precisar la intervenci&oacute;n del rey en el escrito. Quiz&aacute;s s&oacute;lo di&oacute; el impulso; pero fuera que lo redactara por s&iacute; mismo o por otra persona, a &eacute;l hay que atribu&iacute;rselo mientras no se aduzcan razones m&aacute;s fuertes en contrario.&raquo;<\/p>\n<p>Obras publicadas:<\/p>\n<p>&mdash;Cronic&oacute;n. (En el tomo XIII de Espa&ntilde;a Sagrada, del P. Enrique Fl&oacute;rez, y en la Revista de Filosof&iacute;a, Literatura y Ciencias, Sevilla, i 871, con la versi&oacute;n en castellano Por don Ram&oacute;n Cobo y Sampedro.)<\/p>\n<p>Referencias biogr&aacute;ficas:<\/p>\n<p>Farrau-Dihigo (<a href=\"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/l\/\" target=\"_self\" title=\"Seud&oacute;nimo de Huelmo (Tadeo).\" class=\"encyclopedia\">L.<\/a>). &mdash; Une r&eacute;daction in&eacute;dite du pseudo Sebastien de Salamanque. (En Revieu Hispanique, Par&iacute;s, 1910.)<\/p>\n<p>Idem.&mdash;Pour l&rsquo;edition critique du Pseudo Sebastien. (En Revieu des B&iacute;bliotheques, Par&iacute;s, 1914.)<\/p>\n<p>Bl&aacute;zquez (Antonio).&mdash;Estudios historia y critica medievales: Cr&oacute;nica de Alfonso III. (En la revista La Ciudad de Dios, 1925.)<\/p>\n<p>Idem. &mdash; A prop&oacute;sito de la Cr&oacute;nica de Alfonso III: Contestaci&oacute;n a don Zacar&iacute;as Garc&iacute;a Villada. (Madrid, 1926; folleto.)<\/p>\n<p>Castro (Pedro).&mdash;Impugnaci&oacute;n del ap&eacute;ndice VII del tomo Xlll de la Espa&ntilde;a Sagrada, donde su autor atribuye a Sebasti&aacute;n, obispo de Salamanca, el Cronic&oacute;n de Alfonso III. (MS. en la Academia de la Historia.)<\/p>\n<p>Canedo (Nicol&aacute;s C&aacute;stor de).&mdash; Alfonso el Magno o el castillo de Gauz&oacute;n. (Madrid, 1851; drama hist&oacute;rico.)<\/p>\n<p>Idem. &mdash; Estudios biogr&aacute;ficos: Alfonso el Magno. (En Ilustraci&oacute;n Gallega y Asturiana, Madrid, julio 18 y 28 de 1881.)<\/p>\n<p>Cirot (G.).&mdash;La chronique leonaise et les chroniques de Sebastien et de Silos. (En el Bulletin Hispanique, Par&iacute;s, 1916.)<\/p>\n<p>Cotarelo y Valledor (Armando). .&mdash; Vida militar, pol&iacute;tica y literaria de Alfonso III el Magno. (Madrid, 1916.)<\/p>\n<p>Fern&aacute;ndez Men&eacute;ndez (J.).&mdash;El lugar donde fu&eacute; confinado el destronado Alfonso III el&nbsp;Magno. (En el Bolet&iacute;n de la Academia de la Historia, Madrid, enero-marzo de 1930.)<\/p>\n<p>Fita (Fidel).&mdash;Sebasti&aacute;n I, obispo de Arc&aacute;vica y de Orense, su cr&oacute;nica y la del rey Alfonso III.<\/p>\n<p>Fl&oacute;rez (P. Enrique).&mdash;Espa&ntilde;a Sagrada. (Tomo IV y ap&eacute;ndice VII del tomo&nbsp;XIII.)<\/p>\n<p>Garc&iacute;a Villada (P. Zacar&iacute;as).&mdash; Cr&oacute;nicas de Alfonso III. (Madrid, 1918.)<\/p>\n<p>Puyol (Julio).&mdash;Or&iacute;genes del reino de Le&oacute;n y de sus instituciones pol&iacute;ticas. (Madrid, 1926; el tomo XII, &iacute;ntegramente, de Memorias de la Academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas.)<\/p>\n<p>Sampiro.&mdash;Cronic&oacute;n, (Manuscrito del siglo X o XI, publicado por el P. Fl&oacute;rez en el tomo XIV de la Espa&ntilde;a Sagrada y tambi&eacute;n en la Revista de Filosof&iacute;a, Literatura y Ciencias, Sevilla, 1872 y 1873, con la versi&oacute;n espa&ntilde;ola de don Ram&oacute;n Cobo y Sampedro.)<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-5386","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/5386","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5386"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5386"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}