{"id":773,"date":"2020-11-01T09:53:51","date_gmt":"2020-11-01T09:53:51","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/?post_type=encyclopedia&#038;p=773"},"modified":"2021-11-21T18:38:59","modified_gmt":"2021-11-21T18:38:59","slug":"alvarez-perera-jose-vicente","status":"publish","type":"encyclopedia","link":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/encyclopedia\/alvarez-perera-jose-vicente\/","title":{"rendered":"ALVAREZ PERERA (Jose Vicente)"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Escritor sat&iacute;rico en prosa y verso de la primera mitad del siglo XIX. Tuvo por carrera la de abogado; por actividades, cargos diferentes, y sigui&oacute; la causa de don Carlos de Borb&oacute;n como pretendiente al Trono de Espa&ntilde;a, en cuanto a ideal pol&iacute;tico. &ldquo;Defensor denodado&mdash;dice Fuertes Acevedo en Biblioteca de escritores asturianos&mdash; de las pretensiones de don Carlos al Trono de Espa&ntilde;a y de las ideas pol&iacute;tico-sociales que &eacute;ste representaba, si bien despojadas de todo esp&iacute;ritu exagerado, a cuya defensa consagr&oacute; su vida, sus intereses y su pluma. Desgraciadamente para &eacute;l, su lealtad y su constancia s&oacute;lo le valieron sinsabores y amarguras sin cuento; si bien hallaron un consuelo a tanto mal en el aprecio que han sabido hacer cuantos le conocieron de su talento, su virtud y su honradez.&rdquo;&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Naci&oacute; &Aacute;lvarez Perera en Oviedo en el a&ntilde;o 1798, hijo de don Andr&eacute;s de esos apellidos y do&ntilde;a Josefa Mu&ntilde;iz Lorenzana. Curs&oacute; los estudios de Filosof&iacute;a, equivalentes al bachillerato, y la carrera de Leyes en la Universidad ovetense, hasta licenciarse en Jurisprudencia el 14 de junio de 1820. En ese mismo a&ntilde;o se matricul&oacute; de abogado, incorpor&aacute;ndose al Colegio de Oviedo<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su vocaci&oacute;n por el cultivo de las letras tuvo sus manifestaciones primeras, de estudiante, como poeta sat&iacute;rico, vena que le acompa&ntilde;&oacute; toda la vida. Le distingu&iacute;an en la s&aacute;tira tendencias reaccionarias, que le llevaron a actividades pol&iacute;ticas en tal sentido durante el trienio de cuatro a&ntilde;os que dur&oacute; el r&eacute;gimen constitucional (1820 &ndash; 23) implantado a consecuencia del levantamiento de Riego en Las Cabezas de San Juan. Esas actuaciones suyas le llevan a participar directamente en disturbios p&uacute;blicos durante el a&ntilde;o 1822 y m&aacute;s a&uacute;n en el 23, sobre todo en los sucesos ocurridos en Pola de Lena al finalizar el mes de junio. Al fracasar esta intentona subversiva, se vi&oacute; obligado a huir y ocultarse de la persecuci&oacute;n y condena consiguientes. Desde el oculto retiro, imposibilitado para la lucha activa, esgrimi&oacute; la pluma como arma y escribi&oacute; varias s&aacute;tiras en verso contra los constitucionalistas, entre ellas la n&uacute;mero I. Al ser restaurado por Fernando VII el r&eacute;gimen absolutista, a fines de ese &uacute;ltimo a&ntilde;o citado, &Aacute;lvarez Perera pudo reintegrarse a su vida normal.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En enero de 1825 recompens&oacute; el rey su lealtad con el cargo de asesor de la comisi&oacute;n militar de Castilla la Vieja. Al mes siguiente le nombr&oacute; relator de la Sala de Hijosdalgo, en la Chanciller&iacute;a de Valladolid, y en abril, fiscal de la Audiencia de Guerra en esa capitan&iacute;a general, puesto que tuvo a su cargo hasta que pas&oacute; en 1829 a desempe&ntilde;ar el de auditor interino.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En 1832, por sus opiniones y actividades en favor de la causa que ya comenzaba a sostener don Carlos de Borb&oacute;n como pretendiente a la Corona, fu&eacute; destituido de la Auditor&iacute;a, y desterrado sucesivamente a Sevilla y a Burgos. Permaneci&oacute; aqu&iacute; unos ocho meses, al cabo de los cuales consigui&oacute; volver a Valladolid, dispuesto a seguir aqu&iacute; su profesi&oacute;n de abogado, con abandono de toda labor pol&iacute;tica. As&iacute; parece que llev&oacute; a efecto su decisi&oacute;n, pero en 1836, ya en plena guerra civil provocada por don Carlos, se le encarcel&oacute; por sospechoso de espionaje al servicio de las tropas carlistas que amenazaban a Valladolid. Al caer esta ciudad en poder de los partidarios de don Carlos, se le puso en libertad inmediatamente y le fu&eacute; conferido el cargo de segundo alcalde, cargo que ocup&oacute; con tales pruebas de discreci&oacute;n y justicia, que le valieron el reconocimiento un&aacute;nime de partidarios y adversarios.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Reverdecidos sus entusiasmos por la causa carlista, al abandonar Valladolid, en septiembre de 1837, la divisi&oacute;n que la hab&iacute;a ocupado al mando del general Zari&aacute;tegui. &Aacute;lvarez Perera se incorpor&oacute; a sus filas, mereciendo despu&eacute;s del propio don Carlos el nombramiento de auditor de guerra. En septiembre de 1838 ocup&oacute; una plaza de capit&aacute;n en el batall&oacute;n de Segovia, con mando en la cuarta compa&ntilde;&iacute;a, que desempe&ntilde;&oacute; hasta que en marzo del a&ntilde;o siguiente pas&oacute; al puesto de jefe de Estado Mayor de la columna del general Valmaseda, toc&aacute;ndole participar en todos los encuentros de este conf&iacute;n gente carlista con las tropas nacionales durante siete meses y conquistando por su arrojo y pericia la Cruz de San Fernando. As&iacute; continu&oacute; toda la campa&ntilde;a, hasta el Convenio de Vergara.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lleg&oacute; a este final de la primera guerra civil inv&aacute;lido, amputada una pierna a cerc&eacute;n a causa de una herida. No obstante su invalidez, fu&eacute; de los que no quisieron acatar el Convenio de Vergara, decidido a no deponer las armas. Perseguido con otros por las fuerzas del general Maroto, se vi&oacute; precisado a trasponer la frontera de Francia, donde estableci&oacute; su residencia en la villa de Clermont-Ferrand, capital del departamento Puy-de-Dome.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como participante en esta guerra carlista, &Aacute;lvarez Perera supo acreditarse, en medio de las ferocidades que la caracterizaron, de hombre humanitario, sin dejar de ser valiente. Fue de los pocos con mando y responsabilidad que repel&iacute;an los desmanes y de los todav&iacute;a menos que ganaron gratitudes perdurables de enemigos salvados de una muerte segura. &ldquo;De genio apacible &mdash;dice Fuertes Acevedo&mdash; y car&aacute;cter dulce y afable, Perera se condol&iacute;a de los estragos que causaba aquella lucha fratricida; y m&aacute;s de una vez, pasado el ardor y entusiasmo del combate, logr&oacute; salvar de una muerte cierta a infelices que iban a ser sacrificados a poco de haber ca&iacute;do prisioneros.&raquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Emigrado en Clermont&nbsp; hasta 1847, tuvo que improvisarse all&iacute; medios para subsistir, y apel&oacute; a dar lecciones de lengua espa&ntilde;ola y tambi&eacute;n de guitarra, arte en el que era &ldquo;un profesor consumado&rdquo;, seg&uacute;n Fuertes Acevedo. Los ocios que le consent&iacute;an esas ocupaciones y sus achaques los empleaba en proseguir sus ejercicios literarios. De muchas de sus breves composiciones po&eacute;ticas y otras producciones de entonces s&oacute;lo se conserva el recuerdo de que han existido. Queda algo de lo mejor de su producci&oacute;n, que es el volumen Palabras de un cristiano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Vuelto a Espa&ntilde;a y a Valladolid en el citado a&ntilde;o 1847, ocup&oacute; en esa ciudad, sucesivamente, los cargos de interventor y director del Hospicio provincial. No obstante su imposibilidad f&iacute;sica y el cansancio producido por una vida llena de agitaciones y desenga&ntilde;os, continu&oacute; en esta &eacute;poca, tal vez con mayor intensidad que antes, sus dedicaciones literarias como periodista y comedi&oacute;grafo, aunque no se haya llegado a estrenar ninguna obra suya. Por entonces, al parecer, escribi&oacute; en verso su autobiograf&iacute;a, de tonos sat&iacute;ricos y melanc&oacute;licos, a la que pertenece este fragmento:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Curs&oacute; las letras, trabaj&oacute; en estrados, fui militar en armas diferentes, con carnes crudas arruin&oacute; mis dientes, y nutr&iacute; con la m&iacute;a a mil cuidados; priv&aacute;ronme de cama los cuidados, fueron el hambre y sue&ntilde;o impertinentes, hiri&eacute;ronme mil veces los ardientes rayos del sol, y soport&oacute; nublados. Alude aqu&iacute; (x) a la pierna que le fu&eacute; amputada como consecuencia de una herida de guerra. Tambi&eacute;n sostuvo entonces sus grandes aficiones filarm&oacute;nicas de toda la vida, por lo que se le nombr&oacute; Presidente de Honor de la Sociedad musical de Santa Cecilia, de Valladolid.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">As&iacute; transcurrieron los postreros a&ntilde;os de su existencia, admirado por su ingenio y querido por sus bondades de cuantos con &eacute;l se relacionaban. En la &uacute;ltima etapa, la herida de la pierna, nunca totalmente curada, no obstante la amputaci&oacute;n, se le agrav&oacute; de tal manera, que le caus&oacute; la muerte el 8 de enero de 1854. Es err&oacute;nea la fecha anotada por Fuertes Acevedo de 1858 en Biblioteca de escritores asturianos, rectificada por &eacute;l mismo en otros sitios.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Dice el citado autor, para acreditar la hombr&iacute;a de bien de &Aacute;lvarez Perera, que &ldquo;su muerte fu&eacute; muy sentida por todos, siendo su cad&aacute;ver acompa&ntilde;ado hasta la &uacute;ltima morada por los m&aacute;s importantes hombres pol&iacute;ticos de todas las opiniones&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ha dejado en poder de sus herederos numerosos trabajos manuscritos, entre ellos varias comedias.<\/span><\/p>\n<p><strong>Obras publicadas en volumen:&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">I. &mdash;Calendario del a&ntilde;o 1823 para la ciudad de Oviedo. (Oviedo, 1823; s&aacute;tira pol&iacute;tica en verso.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">II. &mdash; Palabras de un cristiano. (Clermont-Ferrand, 1839; obra publicada en franc&eacute;s ese mismo a&ntilde;o por Mr. Auf-La-Sombiere, con un gran elogio por pre&aacute;mbulo.)&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">III.&mdash;Ciencia de la vida, o Recreaciones morales en verso por un cat&oacute;lico espa&ntilde;ol. (Impreso sin lugar ni fecha; en colaboraci&oacute;n con Domingo Hevia y Prieto; reimpreso en el Semanario Religioso, Segovia, 1853.)<\/span><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"template":"","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":""},"categories":[],"class_list":["post-773","encyclopedia","type-encyclopedia","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia\/773","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/encyclopedia"}],"about":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/encyclopedia"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=773"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/xn--espaolito-o6a.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=773"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}