ESPANOLITO.

Fue el seudónimo utilizado por Constantino Suárez Fernández, nacido en Avilés el 10 de setiembre de 1890. Cursó el bachillerato en los Institutos de Oviedo y Gijón donde realizó después los estudios de profesor mercantil. A los catorce años emigraba a Cuba, donde residió hasta 1921 siendo, sucesivamente, pinche, dependiente y viajante-comisionista de un almacén de tejidos de La Habana. Tales trabajos le dejaron tiempo para menesteres de otro tipo: leer y escribir, por ejemplo, en 1908 el Diario de Avilés comenzó a publicar crónicas y cuentos suyos: sus primicias periodísticas y literarias. Más tarde, y con una cierta asiduidad, colaboró también en: Diario Español y Diario de La Marina(periódicos de La Habana), La Correspondencia (de Cienfuegos), Voz Astur (revista de La Habana), El Faro del Emigrante y El Emigrante, algunos de estos artículos pasarían a integrase en los volúmenes La des-unión hispanoamericana (1919) e Ideas (1920).

El seudónimo de Españolito lo empleó por vez primera en las columnas del Diario Español, en 1913 y surgió en una controversia con un periodista nacionalista cubano apodado El Cubanito. De sus viajes en tren por la isla y movido por la curiosidad realiza el Vocabulario cubano, que fue adenda del diccionario la RAE de 1921.

En 1915 vio la luz el primer libro de ficción de Constantino Suárez, ¡Emigrantes…!, por él mismo definido como “exposición en forma novelesca acerca de los dolores de la emigración española en América». Siguió a este libro, año 1919, la novela Oros son triunfos, historia también de la emigración española en América y Doña Caprichos, una historia de amoríos en 1920.

Por otro lado, colaboró, desde la prensa y su reputación en las colonias de ultramar, con Rafael Altamira en la campaña popular para la erección del monumento a los Héroes de Cavite en Cartagena (Murcia), en recuerdo a los muertos en esta batalla de la guerra hispano-estadounidense que desembocó en la independencia cubana. Su importante contribución le hizo merecedor de la Gran Cruz del merito naval con distintivo blanco.

A su regreso a España, establecido en Madrid, desarrolla una intensa actividad literaria, pues colabora en diversas publicaciones periódicas -Heraldo de Madrid, La Esfera, Nuevo Mundo, Por esos mundos, España y América (todas de Madrid), El Progreso de Asturias (La Habana), La Razón y Heraldo de Asturias (Buenos Aires); El Noroeste y La Prensa (de Gijón); Región (Oviedo); La Voz de Avilés (Avilés)-, y apenas pasa un año sin que salga a los escaparates algún nuevo libro suyo.

El 2 de junio de 1924 contrae matrimonio en Avilés con Dolores Suárez, con la que tuvo dos hijas, Lolín y África.

Isabelina y Sin testigos y a oscuras son acaso las dos novelas más conocidas de Españolito. La acción de Isabelina de la primera -publicada en 1924- ocurre en la villa de Miracielo (fácilmente identificable con Avilés) y la protagonizan don Cipri (Cipriano) e Isabelina; la época de los sucesos referidos es mediados del siglo XIX. La parte costumbrista de esta novela, lo que en ella se da de ambiente asturiano típico, merece ser destacada. Supersticiosas creencias en trasgos, guaxas y entes semejantes, la danza prima, concretas costumbres, notas sobre indumentaria ya en total desuso, canciones populares, etc. Cabe advertir, por lo demás, una excesiva ingenuidad en ciertos momentos y situaciones. En Sin testigos y a oscuras (1925) estamos situados en Puertoalegre (que es Luanco), “villina graciosa y pulcra, nido de mareantes escondido en una de las múltiples sinuosidades pintorescas que festonean el litoral asturiano”. Ernestina y Enrique son los principales personajes de la acción, que sucede poco tempo después de concluida la guerra de 1914-1918. El clima moral de la pequeña villa, estrecho y mezquino, esta conseguido, el carácter de Ernestina tiene cierta dignidad y prestancia, deben destacarse algunos personajes episódicos como el erudito y filosofo don Senén, o el campanudo y vacuo periodista Agapito Nuevo.

Con unos amigos, en Avilés ante la estatua de Pedro Menéndez

Su exitosa entrada en la literatura de ficción no le hizo abandonar su perfil periodístico, realizando en 1923 el libro de viajes Galicia la calumniada, obra con la que quería contribuir a borrar la imagen de retraso e ignorancia que tenía esta región en Hispanoamérica y mostrar su amplia e interesante cultura. Asimismo, en 1924 presenta el estudio crítico sobre las relaciones entre España y sus antiguas colonias americanas, La Verdad desnuda. En 1926, influenciado por su ideario democrático y la corriente reformadora nacional impulsada por la Institución Libre de Enseñanza escribe el libro Rafael, novela para muchachos, dedicada a su hija Lolín y con el afán de entretener y ser didáctico a la vez.

Es 1927 en la biografiá de Constantino Suárez un año de laureles, pues obtuvo tres premios en otros tantos certámenes literarios: por un cuento enviado al concurso que había convocado el Diario Español, de Buenos Aires; por una semblanza del polígrafo avilesino Estanislao Sánchez Calvo y por el relato Los flacos de la soberbia, presentado al concurso de El Imparcial (Madrid) y al que acudieron otros setecientos veintisiete originales. En 1927, asimismo, sale otra novela: Una sombra de mujer y la compilación Galería de poetas cubanos, de la cual había la intención de publicar seis volúmenes y por quiebra editorial quedó en uno, Floresta patriótica.

Fue en 1930 cuando en Publicación Nueva de Oviedo dio a la luz la novela corta Ramonín, historia que transcurre en Salinas, Castrillón. También en ese año, de la mano de la casa CIAP, apareció su florilegio de Cuentistas asturianos . Le mueve un noble propósito: el de airear cumplidamente el hombre de Asturias, a base del recuerdo debido a sus hijos ilustres, en el resto de España piensa él que no se les hace la justicia que merecen y en la misma provincia reina con frecuencia absoluta ignorancia de los propios valores. Veinte autores figuran en la antología, ordenados cronológicamente por el año de nacimiento: desde Ceferino Suárez Bravo hasta José Díaz Fernández, junto a las cimas indiscutibles -Leopoldo Alas y Palacio Valdés, Juan Ochoa o Francisco Acebal -, hombres mas modestos o mas distinguidos en el cultivo de otros géneros literarios. Al tiempo que llega a España su anhelada democracia, al instaurarse la Segunda República, saca a la luz su última novela, Un hombre de nuestro tiempo, donde inserta sus vivencia como repatriado americano en su villa natal (Miracielo – Avilés) y su esperanza en que los tiempos nuevos trajesen renovación y progreso. Por 1930 y 1931, Constantino Suárez, sin desatender su labor literaria, hace política de signo republicano, son los días en que la República se presenta a los ojos de muchos españoles como una esperanzadora solución de viejos y enconados problemas. Militó en el Partido Republicano Radical Socialista y posteriormente en Izquierda Republicana. En el congreso regional del PRRS de 1931 trabajó con el catedrático Francisco Aragón en el “Proyecto de autonomía administrativa de Asturias” y en el “Procedimientos para la proclamación de candidatos dentro del PRRS”. Desde Madrid continuó vinculado la agrupación asturiana trabajando como representante de esta ante el partido central.

Foto de un artículo de La Voz, Madrid, 15 de octubre de 1937

Una vez asentado el nuevo régimen, desde junio de 1932 en su afán de colaborar en el desarrollo patrio, estuvo adscrito al Patronato de Misiones Pedagógicas, presidido por el prestigioso pedagogo Manuel Bartolomé Cossio y dentro del cual ocupó diferentes puestos como colaborado de Luís Álvarez Santullano, y forjó su amistad con los misioneros Alejandro Casona y Eduardo Martínez Torner.

En 1936, poco antes de que comenzase la Guerra Civil, Españolito experimentó sin duda una de las mayores satisfacciones de su vida literaria al ver en los escaparates de las librerías los tres primeros tomos del que es, sin disputa, su trabajo maestro: el diccionario de Escritores y Artistas Asturianos. Unos años de silenciosa e incansable laboriosidad tenían así cumplido remate.

Constantino Suárez vivió en Madrid los años de la Guerra Civil trabajando como gestor en el Archivo de la Guerra que la República había creado para recopilar todas la publicaciones generadas por sus instituciones civiles y militares durante la contienda. A pesar de las dificultas del Madrid asediado continuó trabajando en su obra literaria, preparando para su impresión un libro sobre el economista y político liberal, Álvaro Flórez Estada, el hombre, el pensador, las obras, que dejó listo para la imprenta. Esta obra no salió a la luz hasta 1992 por Monumenta Historica Asturiansia de Gijón con introducción de Rafaél Anes, aunque ya había sido utilizada por autores sin escrúpulos en obras anteriores sin mencionar la fuente.

La Guerra la vivió solo en Madrid pues su hija mayor, Lolín, se encontraba veraneando con sus abuelos en Avilés y su mujer, de la cual se había separado el año anterior, y su hija menor, África, vivían con la familia del arquitecto Luis Lacasa en Chamartín. Pasada la Guerra y llegada la represión feroz con todos aquellos que habían defendido la democracia, Españolito falleció el 4 de marzo de 1941 en Madrid, enfermo y solo en una cola de un cuartel esperando el resto del rancho, once años más tarde sus restos morales eran trasladados al panteón familiar en el cementerio de la Carriona, Avilés.

Se sabe que en 1924 Españolito hizo las primeras búsquedas para la confección de sus Escritores y Artistas Asturianos, labor que alternó (según acabamos de ver) con sus otros trabajos literarios, pero a partir de 1930 su atención y su tempo se dedicaron casi por entero a esta empresa. Cuando a comienzos de 1936 sale el tomo I de ella – letra A , las restantes letras han sido ya elaboradas y están listas para ir a la imprenta.

Pasma considerar el esfuerzo y el tesón que han debido de ser precisos para proseguir y concluir este muy meritorio y utilísimo trabajo. Solo personas poseedoras de paciencia, meticulosidad y entusiasmo en grado máximo son capaces de salir con bien del empeño. Hemos de afirmar que Constantino Suarez era una de estas escasas personas excepcionales.

Lo que ofrece en esos volúmenes es un indice bio-bibliográfico -la valoración critica no era, por tanto, objetivo suyo, aun cuando en algún momento, y de pasada, la esboce. Su intención era claramente recuperar y rememorar a todos aquellos asturianos que a lo largo de la historia se hayan dedicado, con más o menos fecundidad y con acierto mayor o menor, a la literatura y a las demás artes. Quedan excluidos solamente los que “pudiéramos considerar como intérpretes” : los meros ejecutantes en música, los traductores. La generosidad de Constantino Suárez característica primordial de su ánimo tiene reflejo en su obra Escritores… Acaso no figuren todos los que son o fueron artistas y escritores, de lo cual era consciente el autor cuando advertía que “en lo que se refiere a contemporáneos también es posible que fallen algunos de consideración, no obstante el gran número de recursos puestos en juego para evitarlo”. Y es verdad que tampoco son todos los que están, pero ya él mismo se encargó de adelantar que pretendía componer “a manera de un censo de la población intelectual asturiana”.

Por literatura entiende Españolito todo el lenguaje escrito y así considera escritor al que ha redactado y publicado algo, cualquiera que sea su materia y asunto. Desde el novelista, el dramaturgo y el poeta hasta el ingeniero, el jurista y el medico que tratan temas de su especial incumbencia, todos merecen la denominación de escritores y la consiguiente inclusión. La obra consta de siete tomos. Los tres primeros -I (letra A), II (letras B a CH) y III (letras D-F) – fueron publicados en vida del autor Madrid 1936, impresos en Sáenz Hermanos (Martín de los Heros, 65). De los cuatro restantes, que Españolito dejó hasta mecanografiados y con las ilustraciones correspondientes, se hizo cargo para su impresión, de acuerdo con la viuda del autor, el Instituto de Estudios Asturianos, editado y revisado su texto por José Maria Martínez Cachero vieron la luz en 1955 (IV, letras G-K), 1956 (V, letras L-O), 1957 (VI, letras P-R) y 1959 (VII, letras S-Z). Con esta obra, para muchos excepcional le volvió a suceder lo mismo que con su obra sobre Flórez Estrada, su trabajo fue utilizado sin citación ni reconocimiento en la Gran Enciclopedia Asturiana editada en los años 70 del pasado siglo.